A paso de carreta

La Justicia va a paso de carreta, ya se sabe, pero hay casos –y el del asesinato de la niña del Torrejón es uno de ellos—en que, aunque sólo fuera por la gravedad del hecho y la alarma social provocada, ese retraso no es aceptable. Medio año lleva esperando el Juzgado los resultados de la autopsias, a pesar de la intensa campaña llevada a cabo por la familia de la víctima,  y eso no entra en cabeza humana. Y remitir el retraso al accidente de Barajas, ocurrido antier como quien dice, menos todavía. De este triste caso, aparte de las reivindicaciones de parte que son bien conocidas, va a haber que sacar conclusiones bien desoladoras, entre ellas la de que la crisis de la Justicia es realmente, en muchos casos, verdadera parálisis.

Verdades y mentiras

El verano ha sido pródigo en camelos periodísticos, básicamente difundidos en Internet, mentiras amables o escalofriantes que luego ha habido que ir desmintiendo una a una, hay que suponer que ya sin garantías posible de remedio. Los periódicos compiten ahora, cuando la luz quebrada anuncia ya el otoño, en desfacer esos entuertos que cuentan con la credulidad humana y con el curioso prestigio de los medios para llevar a la opinión cuentos de todo tipo que, por lo general, gozan de una notabilísima capacidad de penetración. Claro que hay noticias y noticias, unas agradables o tonificantes, otras antipáticas y deprimentes, aunque a la prensa poco escrupulosa le de lo mismo su índole porque ya advirtió Henry de Montherlant que anunciando buenas nuevas se convierte uno en amable pero que difundiendo las malas se vuelve uno importante. Se nos ha dicho, por ejemplo, que los telefonillos móviles sirven, además de para engorilarnos, para tostar con sus radiaciones los granos de maíz y convertirlos en palomitas, o que un ‘hacker’ adolescente había previsto la colisión fatal de un  asteroide y nuestro planeta al corregir por su cuenta los cálculos de la NASA, curiosidades que llegaron a disfrutar de un éxito considerable en la difusión, tal como la inquietante noticia de que la mafia rusa habría comprado a otro as informático los ficheros de clientes de una importante cadena hotelera y que pensaba sacar una fortuna la subastándolos al mejor postor. Mil y una bobada, ciertamente tan imaginativas como audaces, cuyo valor reside más, a mi entender, en haber puesto en evidencia la escasa fiabilidad de la prensa tomada por los lectores como medios serios, que en los posibles efectos que hubiera podido causar la difusión misma. Se ha dicho que la credulidad hace más milagros de los que la impostura pudiera soñar.

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Durante la Edad Media y hasta muy avanzado el la Moderna proliferaron como setas los centones que recogían “maravillas” y “prodigios”, una literatura que es de justicia recordar que tuvo una espléndida acogida en los medios cultos y fue reelaborada en textos serios hasta muy tarde, incluso por gente –como recordábamos ayer—tan desmitificadora y combativa como Feijóo, dispuesto en plena batalla contra la superchería, a perder su valioso tiempo en torno al monstruo bicípite de Medinasidonia o la donosa ocurrencia (tan vieja como la Tana) de la transportación milagrosa de cierto obispo entre otras fantasías por el estilo. Es asombroso, en definitiva, el poder de la patraña, la capacidad de la media mentira o de la entera y plena para abducir la fe del rebaño, tan reacio, por otra parte, a admitir las verdades de la razón o de la ciencia. Pero sobre todo es asombroso e inquietante el poder mediático, la capacidad que tiene la información para penetrar hasta lo más recóndito el desconfiado almario colectivo. La mera sugestión de que la llegada a la Luna habría sido un montaje de la NASA cuenta con una legión de adeptos irreductibles a cualquier racionalización, sobre todo después de la oscura historia de la pérdida de materiales fotográficos relacionados con el hecho por parte de la Agencia. ¿No ha hecho fortuna la peregrina tesis de que los merovingios serían los descendientes directos del Cristo y María Magdalena, la más burda reescritura de la leyenda del Grial de que haya noticia? En USA hay millones de idiotas que sostienen que Elvis Preysler anda vivo aunque oculto a sus fieles. Está claro que lo grave no es la falsedad episódica, ocasional, ni la mentira deliberada, sino ese fondo de credulidad con el que los trujimanes de la información navegan bajo pabellón falso por los medios tradicionales o por el océano cibernético. Es posible que el personal necesite esas “maravillas” como nutrientes de su cotidianeidad. Lo acabamos de ver este verano como lo veremos el próximo.

Del dicho al hecho

El presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, ha suprimido del tirón una de cada cuatro consejerías de su Junta de gobierno, como ejemplar medida de urgencia frente a la crisis económica, cada día más galopante, que padecemos. El presidente de Andalucía, Manuel Chaves, por el contrario, ha aprovechado el “apagón” de agosto –mes vacacional y de despachos vacíos—para colar de matute 109 nuevos contratazos a dedo, incrementado con ello, en lugar de disminuir, el gasto evidentemente amortizable de la Junta autónoma. Son dos maneras de ver las cosas, dos estilos políticos, dos versiones de la responsabilidad diametralmente opuestas a pesar de pertenecer al mismo partido, dos estilos que marcan la diferencia entre el sentido común y la prepotencia rutinaria. La crisis está poniendo de manifiesto el papel decisivo que los “enchufados” juegan en el “régimen”.

En cabeza ajena

El Ayuntamiento de Aracena ha tenido la idea de instalar contenedores subterráneos de basura en diversos puntos clave de la ciudad. Es una ocurrencia estupenda, favorecedora del aspecto urbano, tan afeado por los convencionales, pero extraña que no hayan tenido en cuenta el fracaso absoluto de ese método en el centro de Sevilla, conde fueron instalado hace bien poco, y ahora están siendo retirados –a pesar de su elevado coste—porque dice el alcalde que “no funcionan”. Es de desear que en Sarracena la experiencia sea del todo positiva, porque en el caso de que no lo fuera, el alcalde debería explicar cómo no se había enterado de la experiencia sevillana de su correligionario. No sé si estarán a tiempo todavía, pero igual un simple telefonazo ahorraba una fortunita al hermoso pueblo de la Sierra.

Sueños de verano

Este verano no le ha tocado a “Nessie”, el monstruo del lago Ness, el protagonismo periodístico. Ya ha habido bastante con la tragedia de Barajas, con la nariz de Letizia, con el presunto enamoramiento de la duquesa, con la guerra de Osetia, con la crisis que nunca existió, con las cornadas de José Tomás y con el ‘scoop’ de ZP proclamando a que Aznar fue un gran presidente. Esta sociedad no es la que era, evidentemente, y para corroborarlo ahí está esa información saturada que nos invade por tierra, mar y aire, mezclando inextricablemente guerras, amores, tragedias y pamplinas. En el lago sueco de Storsjö parece que, además, han filmado –por primera vez con garantías técnicas—la imagen del famoso monstruo que hace tres siglos largos alimenta la imaginación de los campesinos y la fantasía de los turistas, y que ha resultado ser un sujeto alargado, cubierto de protuberancias y con orejas/aletas replegadas sobre una cabeza de sugestión perruna. En pleno XVIII un espíritu crítico tan severo como el padre Feijóo daba por comprobada y cierta la noticia del “peje Nicolao”, el hombre-pez de Liérganes que, habiéndose lanzado un buen día a las aguas cantábricas como un personaje cualquiera de Lövecraft, acabaría siendo “pescado” por unos marineros en la bahía gaditana y devuelto por el concejo a su lugar de origen con toda formalidad. A este, al sueco, van a vigilarlo ahora también bajo las aguas heladas del invierno con la intención de determinar, de una vez por todas, su entidad y circunstancias, pero este verano ya ha dado de sí bastante pues la comarca en cuestión se ha visto abarrotada de curiosos hasta desbordar su capacidad hotelera.  El verano es tiempo propicio para quimeras, está visto, aunque es bien cierto que el monstruo, en este planeta desacralizado y postmoderno, está perdiendo por la vía rápida su antiguo monopolio de la rareza y la expectación.

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La verdadera “serpiente de verano” hace unos años que es ese recurrido tema de la “vuelta al trabajo”, ahora considerada causa de un síndrome con todos sus avíos sobre el que se inclinan curiosos psicólogos y ergonomistas. Conquistado e incuestionable el derecho a la vacación se plantea ahora el que asiste al trabajador a resistirse a volver al tajo, abriéndose paso cada día más aquel “derecho a la pereza” sobre el que disertó con tanto tino Paul Lafargue, el yerno de Marx, pero contra el que ahora se levanta como una hidra la UE reclamando inhumanas jornadas de trabajo. Cada verano vuelve el tema al debate, y cada vez más recargado del hechizo que emana el instinto de ocio, en sorda pugna con las exigencias de una sociedad productivista nunca contenta con el resultado del trabajo. Las vacaciones han devuelto al ser humano –ese esclavo bíblico– el gusto por el ocio, le han hecho redescubrir la primigenia naturaleza pasiva del hombre, la olvidada ‘perrea’ del primate que sestea en su alta rama como si la vida no fuera más que un eterno recreo o una inevitable espera, y con ello su derecho superior al que rige las leyes del esfuerzo desde que fracasó el Edad de Oro. Realmente es admirable la cantidad de bobadas que hay que oír cada final de verano a propósito de este fenomenal equívoco del que se ha llegado a hablar como de una enfermedad y ante el que las propias empresas han adoptado medidas paliativas, no sé si curándose en salud o sugestionadas ellas mismas por la magia mediática. Desde la tumbona en la playa, aliñado en el chiringuito, preso en el atasco de la carretera, nos llega la voz del nuevo revolucionario con el cante de la infamia del trabajo e insinuando el futuro derecho a la post-vacación como santo y seña de un nuevo humanismo laboral. El currelo es un castigo, estamos de acuerdo. Más difícil sería creerse lo del monstruo y ya ven que funciona a la perfección.

El caos que lo era

Tanto negar el “caos urbanístico” y resulta que tenemos en la comunidad autónoma 200.000 viviendas y mil urbanizaciones ilegales, es decir, construidas al margen de la ley por la desidia de la Junta de Andalucía y la vista gorda de los Ayuntamientos. ¿Quién arreglará este desaguisado, quién pagará los platos rotos, cómo se podría justificar, en un eventual “arreglo”, el fraude de ley? Más interés todavía tiene preguntarse qué supondrá para los responsables administrativos y políticos esta barbaridad o si acaso, como viene siendo habitual, ninguno de ellos tendrá que pechar con cargo alguno, a la espera de que el más audaz lance la idea del borrón y cuenta nueva, de la “amnistía urbanística” que favorecería a los transgresores y desviaría hacia los contribuyentes la inevitable factura del disparate. Esto no era un “caos”, después de todo, tanto como un asalto en toda regla a la legalidad.