Pleitos tengas…

Lo aseguran tanto el Consejo Judicial del Poder Judicial como el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA): Huelva es la “provincia cenicienta” en materia de Administración de Justicia, una realidad que corroboran datos tan tremendos –sobre todo tras las protestas y rasgamientos de vestiduras provocados por el “caso Mari Luz”—como el de que los juzgados de lo Penal dejaran de ejecutar casi dos mil sentencias el año pasado. Están hasta las trancas y la consejería de la Junta no se propone más que paliar con tres nuevos Juzgados una situación que los sindicatos sostienen que precisa la menos de diez, aparte de que sigue dándole hilo a la cometa de la Ciudad de la Justicia provincial y sorda a las reclamaciones y sos de los funcionarios agobiados. CCOO habla incluso de “discriminación a la provincia”. Cierto o exagerado, la verdad es que en Huelva vale el cínico adagio de “`pleitos tengas y los ganes”.

Miradas altivas

Coincidencia general en los medios al calificar como altivas las miradas de Karadzy y De Juana. La altivez del loco y la del estúpido, finalmente no tan distintas, el recurso extremo ante la falta absoluta de razón. Hay dudas, eso sí. Sobre por qué Karadzy no fue detenido antes, teniendo en cuenta que la región en que ha vivido estuvo siempre plagada de tropas internacionales, una pregunta retórica, claro está, porque es sabido ya que su nueva identidad se la había dado la autoridad actual, ella sabrá pro qué. O sobre el pacto de impunidad, no sé si inverosímil o no, que el bárbaro sostiene que tenía tramado con la diplomacia yanqui y que ésta desmiente. Cualquiera sabe. En cuanto a De Juana, no se explica tanto revuelo en un país en el que todo el mundo sabía que el asesino sería liberado en breve y al que, no se olvide, ya liberó en su momento el Gobierno mientras negociaba con la banda terrorista. Es verdad que extraña la pasividad (excesiva, incluso para la Justicia de este país) a la hora de ver qué hay de cierto en la antigua y renovada denuncia de que sus redenciones de pena son fraudulentas, burdos trucos sumamente fáciles de aclarar, pero que la Justicia no ha sido capaz de hacerlo en tres largos años. ¿Será que no se quiere resolver el asunto, es posible que se tema alguna impertinencia por parte de quien, eventualmente, bien podría suceder que pusiera al Gobierno en un aprieto revelando la letra chica de aquella ignominiosa negociación? ¿O será que se pretende no liquidar enteramente la perspectiva negociadora como, no sabemos bien en qué términos, le confirmó ZP al PNV hace días? Lo único seguro es que los infames andan sueltos, a socaire del garantismo democrático y a despecho del sentido común, y que el Estado no tiene ni idea de qué hacer para conciliar ese prurito extremado y la exigencia de rigor que plantean unas sociedades lógicamente desconcertadas. Sobran las preguntas. Tanto los “aliados” como nuestro Gobierno hubieran preferido correr un velo sobre esos negros negocios y si no lo han hecho, tampoco van a explicar ahora por qué.

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Todos sabíamos que soltarían al asesino, que no pagaría sus indemnizaciones pendientes, que acabaría por vivir junto a las víctimas, puesto que no es el primero ni el segundo. Lo que no vale es seguir excusando esta ignominia con el argumento de que con ello no se hace sino cumplir la Ley, algo que es tan cierto como que esa Ley está ahí porque han querido todos y cada uno de los Gobiernos sucesivos, todos en la cuerda floja de los pactos con los nacionalistas y, en concreto, con el PNV. Como no vale continuar ignorando la contumacia de un personaje como este criminal, porque carece absolutamente de sentido que un convicto contumaz se aproveche –¡y hasta puede que mediando un fraude documental!–  de los beneficios de un sistema penitenciario permisivo donde los haya. ¿No van a mirar altivamente esos enemigos públicos, auténticos monstruos pero venerados en sus enloquecidos entornos, y al que el propio Presidente del Gobierno, que hoy lo desprecia, consideraba no hace mucho un hombre de paz, tal vez imprescindible para llevar a buen término su insensato “proceso”? Verán como ahora nos vienen con eso de que no hay que precipitarse, que vamos a abrir un debate muy serio sobre la materia y que nada tiene que reprocharse una política incapaz de meter el freno en ese tren desbocado durante los tres últimos decenios. ¿Por qué no querrían coger a Karadzy los gobernantes legítimos que vinieron luego, por qué no han querido nunca nuestros Gobiernos –sólo ahora comienza a oírse tímidamente hablar del delicado tema—plantear una reforma que contemplara el cumplimiento íntegro de las penas? No espero respuestas, por descontado, pero sé de sobra que las miradas altivas de esos malnacidos esconden más de un secreto. ¿O caso puede entenderse esta tragicomedia de otra manera?

Delitos raros

Escucho a un policía comentar en la tele el caso ignominioso de la agresión a la menor ecuatoriana que fue colgada luego en Internet por sus propios espectadores. Da el hombre sus buenas razones sobre el caso y añade que haría falta reforzar las medidas para defender a la sociedad de los “delitos raros” que cada día nos sorprenden, delitos inimaginables en muchas ocasiones, ciertamente, como esa misma infamia del linchamiento en cuestión. ¿Delitos raros? Como Internet se ha convertido en el escaparate universal de la infamia, estamos viendo, en efecto, un día sí y otro también, multitud de sucesos que, al margen de su monstruosidad intrínseca, resultan extravagantes, nunca oídos, desconcertantes novedades, como pueden ser la alevosa quema de un indigente que dormía en un banco de la calle, el acoso de los pedófilos en la Red, las reyertas filmadas en el ámbito escolar o el ensañamiento de muchos criminales con sus víctimas, un repertorio que no se explica con el recurso exclusivo al delirio de las drogas, sino que apunta a un fracaso global de la seguridad. Una ocurrencia como la del padre alemán capaz de secuestrar en un zulo y durante lustros a su propia hija hasta formar con ella una familia paralela, obliga a plantear la reflexión en torno al progreso del Mal, con mayúscula, pero acontecimientos como el de la libertad prematura de De Juana, probablemente el mayor asesino de nuestra crónica negra, apuntan también directamente al fracaso de una organización social incapaz de defenderse ya incluso en estos supuestos-límite. Se están produciendo, en efecto, delitos que tal vez nunca pasaron de excepcionales y no es el menor de ellos la osadía narcisista de sus autores demostrada al publicar en Internet, para que todo el mundo pueda verlas en directo, sus demenciales fechorías. Y eso exige una explicación pero también una reacción, porque es posible que lo que haya que acabar lamentando sea el fiasco del ingenuo humanitarismo sobre el que nuestra generación de narcisos trató de reconocerse como en un espejo.

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Sin discutir en círculo, para empezar. No tiene sentido replantear o prolongar el dilema entre Hobbes y Rousseau, entre el principio de la maldad innata del individuo y el sueño de su bondad natural, del que debería habernos sacado para siempre la tragedia contemporánea. El hombre no es ni bueno ni malo, en general, sino el producto de su entorno, la horma de su cultura, el producto de su tiempo y es más que probable, para empezar, que ese entorno socializador resulte hoy peligrosamente favorecedor de las conductas desviadas. Me parece una sandez el debatillo inacabable sobre la influencia negativa del mensaje audiovisual, hoy masivamente tentador y hasta, si me apuran, auténtica escuela en que se imparte esa pedagogía anómica en la que la violencia es un valor corriente, no pocas veces constituido en el único contenido de ese mensaje. La misma repetición de los hechos brutales y la identidad de sus modelos, está descubriendo su índole imitativa, su carácter de ‘moda’ y, como toda moda, sometida a un imperativo de cambio y novedad que obliga, en fin de cuentas, a al sofisticación de las acciones. Sin desdeñar el factor personal, que tiene su lógica importancia, el hombre acaba siendo lo que se le enseña además de lo que se le permite. No se suele inventar la maldad y sus complejas técnicas, sino aprenderlas. Y está claro que no faltan hoy al educando lecciones sobradas en esta sociedad que ha logrado anular la brutalidad autoritaria sin compensarla mínimamente. Contra la opinión de ese policía, no se trata de “delitos raros” sino justamente de una tipología aberrante que reproduce, aumentada trágicamente en sus rasgos atroces, la cara de la sociedad en que vivimos. No busquen en esos malvados ninguna singularidad porque no son más que el ínfimo y fiel reflejo de la locura colectiva.

La paradoja del “régimen”

Dicen los arúspices que pintan bastos contra Chaves en la opinión pública. Tanto que, sobre un 60 por ciento de andaluces que califican de mala o muy mala la situación económica y un 70 por ciento que no confía para nada en él, el 42 por ciento considera al Presidente poco o nada capacitado para sacarnos del atolladero, razón por la que, por primera vez, lo “suspende” junto al propio ZP. Y sin embargo… Sin embargo, dicen los mismos vigías que, si hoy se celebraran elecciones, ese “incapaz” y “suspendido” en el que no confía bastante más de la mitad de la gente, volvería a ganar perdiendo apenas un punto y medio respecto a los pasados comicios. ¿Ven como lo de Andalucía sólo resulta explicable desde la perspectiva del “régimen” que controla los estómagos y las manos de los votantes? Si no lo ven, intenten solucionar esta curiosa paradoja.

La Colombina, un año más

No todo es efímero en Huelva, como dicen las malas lenguas, aunque no sin un punto de razón. Perseveramos poco, ésa es la verdad, por lo general, pero hay excepciones gallardas que bien merecen el respeto y el homenaje. La Real Sociedad Colombina Onubense, por ejemplo, es una de ellas, y crece de año en año, tras tantos de aislamiento forzado y abandono oficial. Ella –y el nombre de José María Segovia es obligado aquí por imprescindible- organiza el gran acto histórico de Huelva y una de las pocas celebraciones españolas en torno al “mayor acontecimiento que vieron los siglos”, y lo hace en un monasterio de La Rábida hoy intacto y siempre memorable. No creo que haya país en el mundo que dedique tan poca memoria a sus glorias pasadas. En Huelva, al menos, por mano de unos pocos, se salva ese disparate que es más bien una vergüenza.

Mal de muchos

Las migraciones masivas que están caracterizando este comienzo de siglo han dado de sí un resurgimiento de la xenofobia y el racismo latente, se diga lo que se diga, en la mayoría de las naciones consolidadas. Cierto que las poblaciones inmigrantes provocan con frecuencia conflictos de gravedad innegable –las elites bien educadas no emigran, al menos en masa, claro está– que la estadísticas policiales reflejan con nitidez para reforzar el rechazo espontáneo de mucha gente hacia el extranjero al que se le exige quizá un comportamiento más estricto que al nativo. En Italia, el asesinato y violación de una joven dio lugar en octubre a un decretazo de Prodi destinado a facilitar la expulsión de los rumanos (se evitaba, por razones obvias, hablar de gitanos) cuando éstos hubieran actuado contraviniendo la dignidad humana (¡), los derechos fundamentales de la persona o la seguridad pública. En Francia –en Saint-Denis, en Saint Ouen, en Aubervilliers…– se está procediendo al fichaje masivo de rumanos y búlgaros, ciudadanos europeos de pleno derecho pero a los que se exige severamente lo que a los otros se les disimula –vivir sin un trabajo garantizado en el país– y hasta se están ensayando “villas de inserción” en las que se intenta socializar como sedentarios a estos viejos trashumantes, ahora sometidos a un severo fichaje biométrico con la excusa de la prevención del fraude en las ayudas. En naciones como Suiza o Alemania, viejas explotadoras de la mano de obra inmigrante y, en consecuencia, hechas a su problemática, la segregación funciona hace mucho de manera más sutil cuando no explota en auténticos  ‘pogroms’. Es inútil, a más de fariseo, el intento mismo de negar la xenofobia y el racismo de los países de Europa, que en España se ha manifestado en ocasiones de manera tan cruda como en los sucesos de El Egido pero también, con menor estridencia, en la corriente continua de la opinión pública. Es pura necedad negar esta evidencia. En Cataluña se le llama “charnego” hasta al ‘honorable President’ y en el País Vasco hay quien no valora igual la muerte de un “maketo” que la de un indígena, por no hablar de lo que se piensa –se diga o no—de la “etnia gitana” cuando no aparece redimida por el floclore.

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Estos días hemos escuchado a una autoridad decir con alivio que la inmigración –sin cuyo concurso no sería explicable el crecimiento pasado—va a menguar avisada por el “efecto rechazo” que supone la noticia de la caída del empleo en nuestro país, y he visto, con cierta extrañeza, una disposición que, por primera vez, daba prioridad a los españoles en el tajo agrícola. Por lo demás, las altas tasas delincuentes registradas entre esos forasteros –y todo hay que decirlo, la brutalidad exhibida por algunos de sus grupúsculos, mafiosos o no—han convertido en una falsa polémica partidista el tema de la xenofobia que, en realidad, unos y otros vienen  a ver de la misma manera incluso si, previendo un voto favorable, proponen concederles el derecho de sufragio. Hoy nadie dice, como un Maurice Barrès cualquiera, que el extranjero es un parásito que nos envenena la vida nacional, pero una amplísima mayoría lo rumia hasta acabar largándolo en cuanto la ocasión de presenta. Claro que no es ningún secreto antropológico que el hombre es un animal xenófobo y etnocéntrico que se adorna a sí mismo con esa preceptiva solidaria que expresan las leyes de buena acogida, la leche y los dátiles a la puerta de la tienda, la mano fraterna tendida desde los mercados a esos incómodos tantas veces imprescindibles. Ya ven, rumanos y búlgaros –gitanos, para entendernos—son fichados y expulsados en las democracias más preclaras. En Padua vi yo mismo, hace un par de años, un muro de la vergüenza municipal para cercar el gueto inmigrante y aquí en España, incluso se mete ya en el lote a los extremeños desde la extrema izquierda de Llamazares. Barrès podría militar hoy en IU.