La mujer fuerte

Candidata sobrevenida, inesperada figura de la oferta republicana, la candidata Palin se está revelando como una ‘mujer fuerte’, me temo que no en el mejor sentido bíblico de la expresión. La ceremonia de entregar su propio hijo a la injusta guerra de Irak entra en el papel marcado, evidentemente, pero su amenaza de declarar la guerra a Rusia –una expresión que no se escuchaba en el país desde hacía muchos años—revela un talante poco sensato y, lo que es peor, una perspectiva poco tranquilizadora para el caso en que los electores decidieran apoyar ese ‘ticket’. Tanto o incluso más inquietante, sin embargo, puede resultar el hecho de que el temerario anuncio haya sido acogido con simpatía por buena parte del electorado, porque ello permite colegir que los errores de la era Bush podrían no terminar con su mandato sino prolongarse con los nuevos mandatarios en una situación especialmente compleja que está permitiendo el rebrote del antiamericanismo a gran escala. El ejemplo de la señora Tathcher prueba que la firmeza ‘varonil’ en la mujer poderosa juega a su favor, al menos si hemos de creer en la subida de su estima pública tras la guerra de las Malvinas, pero ni la Palin es la Tathcher, ni un conflicto provocado por la dictadura argentina como fue aquel resulta comparable a la cuestión georgiana a la que se refiere la nueva candidata, inconsciente baza que sin duda jugará el antiyanquismo del subcontinente sudamericano en el que un tipo como Chávez encabeza con brutalidad no disimulada un fuerte movimiento de rechazo y hasta alardea de la presencia de bombarderos rusos en su territorio como una advertencia prebélica a los EEUU. Parece sencillo pensar que esa rentoy le ha caído a Palin desde la asesoría electoral pero, en ése y en todo caso, resucitar el lenguaje de la Guerra Fría constituye una temeridad a la que resultaría difícil encontrarle parangón, incluso en estos EEUU.

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Esta historia de que los candidatos ganan mostrando el lado femenino así como las candidatas ganarían dejando entrever su lado macho es una de esas hipótesis nunca demostradas pero siempre peligrosas dada la naturaleza de la decisión política. Pero más allá de psicologías y electoralismos lo que resulta claro es que volver a la tensión bipolar del mundo, aunque sólo sea en términos hipotéticos, constituye una soberana demostración de insensatez, al lado de la cual, tal vez el propio conflicto irakí –liquidable tarde o temprano—se quede pequeño, en especial ahora que se habla del eventual entendimiento entre las potencias orientales. La Guerra Fría, además de un juego temerario, fue un irresponsable ejercicio de riesgos en el que se consumieron demasiadas energías sin que, al menos el llamado “mundo libre” consiguiera beneficios claros durante varias generaciones, una ruleta suicida de la que sólo nos salvó el llamado “equilibrio del terror” y una buena dosis de fortuna. Volver a montar aquel tinglado, aunque sea de boquilla, no deja de ser un disparate que, eso sí, puede favorecer a los nuevos bárbaros que acechan en las fronteras de la civilización y también, por descontado, dentro de ella. Dicen que en su primera comparecencia televisada, la candidata Palin no ha salido de temas domésticos y que aún en ellos ha mostrado una explicable bisoñez, pero todo eso tiene, como es natural, arreglo. Lo que no lo tendría sería desenterrar el hacha olvidado, y menos mientras Irak siga siendo un Vietnam por resolver, Hispanoamérica un polvorín y el Cáucaso otra santabárbara. A uno le hiela la sangre, más que la amenaza misma, la frialdad con que esta ‘mujer fuerte’ ha osado invocar el espíritu de la guerra, y más aún, como dijimos, el hecho de que esa locura despierte simpatía y adhesión entre la gente de la calle. Un chiste de su país decía hace unos días que es posible que acabemos echando de menos a Bush. Tocando madera, no sería yo quien le llevara la contraria.

Más sobre la justicia

Lleva razón quien, desde la competencia, acusa a ZP y a Rajoy de “fariseos” por rasgarse las vestiduras ante la ridícula sanción impuesta por el CGPJ saliente al juez que no ejecutó la sentencia del asesino de la niña onubense. La lleva hasta el punto que demostró ayer la imagen de los juzgados sevillanos expuestos por los jueces a la televisión para que el ciudadano vez en directo la realidad insostenible de una Justicia atestada, falta de recursos y, en consecuencia, caótica. Lo que le ha ocurrido al juez Tirado con tan trágica fortuna le puede ocurrir en cualquier momento a cientos y cientos de jueces desbordados por las circunstancias y ésa es responsabilidad ante todo del Poder –en nuestro caso de la Junta de Andalucía, pero también del Ministerio—que sabe lo que está ocurriendo y lo deja correr porque la inversión en Justicia no da votos.

Podemos linchar al juez entre todos, es lo más sencillo. Lo más eficaz sería afrontar de una vez la miseria en que se mueve la Justicia.

El ‘medio’ es mío

Incluso un político con tanta cintura política, como el “comandante Millán”, el alcalde de Cartaza, no ha resistido a la tentación de apagar la tele y escamotear al pueblo su derecho a asistir, siquiera virtualmente, al debate municipal y sus decisiones políticas. La oposición reclama ahora que se vuelvan a retransmitir los Plenos, cosa bien saludable, pero me extraña que se deje en el tintero la pregunta de por qué no querrá Millán que haya luz y taquígrafos en el Ayuntamiento, eligiendo la siempre sospechosa e injusta fórmula del apagón informativo. Las tv públicas, que se pagan con dinero de todos, a todos deben permanecer abierta, por encima y más allá del capricho de un monterilla expeditivo. Millán, que es más que eso y tiene sobrada experiencia, no debería comportarse como los minúsculos que carecen de ella.

El enroque italiano

No cabe duda de que las nuevas circunstancias en que viven los países occidentales están propagando un difuso cuando no expreso sentimiento de miedo. Hay demasiados indicios de repliegue, de enroque en la legislación más exigente, de reacción –y tomen el término como gusten—ante el avance de unos cambios que, en cierto modo, apuntan, al menos en el imaginario colectivo, a la anomia y al peligro consiguiente para la vida tradicional. Es verdad que, en el caso de Italia, ese sentimiento de inseguridad afecta incluso a realidades tan antiguas como la prostitución pública, que ahora acaba de ser  prohibida enérgicamente en una ley que impone penas de cárcel a las que la ejercen y severas sanciones a los usuarios, pero más en general, es de temer que la prevención general apunte sin más a la amenaza de cambios que supone la presencia de unas poblaciones forasteras. Bien elocuente fue la medida de fichar policialmente a los gitanos extranjeros (rumanos, en especial) sin distinción de edad ni sexo, una medida que provocó, por cierto, el éxodo masivo hacia nuestro país de muchos de los afectados. Y ahora, de la mano de la xenófoba Liga del Norte, pero desde luego con el apoyo tácito de una notable mayoría, una nueva disposición dirigida a controlar la presencia islámica, va a disponer la prohibición de mezquitas en el radio de un kilómetro alrededor de las iglesias, los requisitos de aprobación por referéndum local, permiso de la administración regional, exigencia de que los imanes hablen italiano y estén registrados en un censo oficial, prohibición de establecer escuelas coránicas y minaretes y, en fin, descarte radical de la poligamia. El multiculturalismo, como se ve, no vive sus mejores momentos ni las sensatas propuestas de integración parece que estén siendo aceptadas ni por los extranjeros afectados ni por una mayoría social que, más allá del voluntarismo, desconfía seriamente de ellos. Mucho me temo que la xenofobia no sea ya sólo cuestión de xenófobos declarados.

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Lo que pone de relieve al enroque italiano es, a mi juicio, el profundo sentimiento de inseguridad actual que la presencia de poblaciones foráneas y de culturas radicalmente diferentes ha acabado de disparar en nuestros países desarrollados. En el muro del gueto municipal de Padua podía leerse una pintada exigiendo ingenuamente esa “alianza de civilizaciones” que ha vendido barato el oportunismo político pero que queda seguramente tan a trasmano como cualquier otra utopía, como hemos podido comprobar con tristeza en el reciente conflicto multirracial ocurrido en Roquetas de Mar en el consabido marco de pobreza y necesidades elementales no atendidas. Crece la sensación de inseguridad y con ella la ideología ‘defensiva’, propiamente ‘reaccionaria’, que sustenta como única solución el cierre a cal y canto frente a terceros de la convivencia tradicional. El problema está en que esa presencia no deseada es ahora un fenómeno estructural, algo que no va a dejar de aumentar en el futuro y con lo que habrá que contar, disponiendo, a ser posible, alguna fórmula de acogida que ni imponga la diferencia ni fuerce la absorción sino que, como ocurriera en la Europa post-romana o en los propios EEUU, prepare una fórmula de progresiva aceptación de la cultura huésped sin menoscabo de la peculiaridad de las otras. Cierto que el xenófobo no es éste ni aquel de manera aislada sino el mundo en su conjunto –en el mundo islámico no se permiten iglesias o se castiga con la muerte la apostasía—pero no menos verdadero es que hay en sobrados ejemplos de convivencia razonable. El enroque es hoy una jugada imposible, al menos a medio plazo. La asustada Italia que anda cerrándose en banda ante la nueva demografía va a comprobar más pronto que tarde la inutilidad de todo intento de ponerle puertas al campo.

La Junta de autoabsuelve

Carpetazo, como estaba cantado, a la investigación interna en la Junta para determinar posibles responsabilidades con motivo del caos burocrático que propició, no cabe duda, la tragedia de la niña Mari Luz. Nada tiene que ver la Junta –lo dice ella—ni por su falta de previsión, ni por la insuficiencia clamorosa de medios en la Administración de Justicia, ni por los fallos detectados, a pesar de que el saliente CGPJ habló de “fallos clamorosos”, “pasividad” y  “caótica falta de funcionarios” achacable a la Junta, en concreto a dos de sus consejerías. Pero igual que la propia Junta, los partidos, empezando por sus cabezas, comparten la responsabilidad en este ocultamiento de las causas profundas y determinantes al cargar contra el juez como cortina de humo. La Junta no tiene culpa de nada a pesar de ser la responsable de un servicio administrativo en el que los jueces, ojo, no tienen autoridad.

En plena crisis

Los proyectos en infraestructuras pendientes en la provincia onubense, es decir, todos, serán acometidos, llueve o ventee, en la próxima legislatura a pesar de la crisis. Ya veremos, porque si no los hicieron cuando el viento soplaba de popa, a ver cómo van a hacerlo ahora que cada día nos trae una mala noticia económica y cuando hemos entrado oficialmente, no ya en crisis, sino en recesión. En fin, el tiempo dirá, aunque el PSOE sevillano o el de aquí son expertos en dilaciones y excusas, enredos burocráticos y aplazamientos ‘sine die’, y no tendría nada de particular, en consecuencia, que antes o después se dejen dormir de nuevo esos proyectos retrasados que se anuncian en campaña o en visitas pero que luego se olvidan.