Mamarrachos

Hemos comenzado el año tropezando de mamarracho en mamarracho. Un mamarracho la versión laica de los Reyes Magos impuesta en Madrid por el radicalismo laicista, esas carrozas psicodélicas y esas túnicas funambulescas de sus Majestades aburriendo a los niños con su estética solsticial. O con el extraño crimen sevillano del cadáver oculto en la nevera de una heladería –¡por Dios, qué escalofrío!–, los brotes xenófobo/racistas del campo almeriense perpetrado al parecer por otra “etnia” discriminada. ¡Vaya enero! Y por encima de todo, el mamarracho colectivo del separatismo catalán, con sus dimisiones tardías y sus investiduras desafiantes, que parecen perpetradas para motivar algún nuevo y desternillante montaje de Els Jotglars, incluyendo el mamarracho que supone el famoso empate ¡a 1.515 votos! de las minervas de la CUP. “España es un albur o un barato”, dijo Valle-Inclán cuando todavía el ruedo ibérico era un coso con su presidente y su reglamento. Luego está el nuevo “pacto del Tinell” –todos contra el PP, antes con el diablo– promovido por los secesionistas con la inestimable asistencia de Sánchez, y digo Sánchez porque me consta que hay más de uno y más de diez en el PSOE que han comprendido, al fin, lo que nos ha costado el peine que ZP le dio a Maragall a cambio de su apoyo cuando fue elegido: “Me comprometo cuando sea Presidente a aprobar en Madrid cuanto aprobéis aquí, en Barcelona”: ¡qué mamarracho! Estamos instalados entre el circo y el nosocomio, qué le vamos a hacer.

Mamarracho: “Figura defectuosa y ridícula, o adorno mal hecho o mal pintado”, decía el Diccionario de la RAE en 1832, cuando todavía era de fiar; voz de origen árabe usada por vez primera por Juan de Mena si hemos de creer a un catalán que fue máximo hispanólogo, como don Juan Corominas, miren por dónde, cosa chusca o bufonesca. En el actual retablo de las maravillas se apretujan Mas con la Carmena, Sánchez con “Kichi de Cádiz”, la cuerda de pijos del “caso Noos” –lises sobre azur—con la Pantoja en “tercer grado”. ¡Qué mamarracho de país! Hemos pasado de ser el faro de la UE a la vera imagen del disparate en un tiempo récord. ¡Todos contra el PP, al agua con ellos! Con el PSOE de palanganero, Podemos estrenando carteras y C’s viéndolas venir (tarde), vamos aviados. Si no gasta usted acciones en la Bolsa, respire tranquilo. En caso contrario, encomiéndese a fray Alpendeire. Porque de este mamarracho no habrá quien nos saque así como así.

Almita de cántaro

Pare ser que la huerta sin vallar de Invercaria se saltaron la Ley “para desacreditar al denunciante del mangoneo, Cristóbal Cantos, luego excluido de la empresa pública. Cantos le grabó a la presidenta, Laura Gómiz, una conversa en la que ésta le asegurada que con “prejuicios éticos” no se podía gestionar en su taifa: “¡Almita de cántaro! –le espetó, más o menos, sin cortarse un pelo–; con la ética en la mano no me sirves como trabajador de Invercaria”. ¿Qué les parece? Ni en esta “función pública” ni en su “paralela” se andan con paños calientes. Lo asombroso para el ciudadano es que con pruebas como ésa haya dirigentes y ex-dirigentes que andan tan tranquilos por la calle.

Tres mujeres

Sobre tres mujeres magistradas ha caído el marrón del “caso Noos” y, en mi ínfima opinión, hagan lo que hagan esas tres mujeres la cosa difícilmente puede salir bien. Es obvio que los “poderes fácticos” y los otros se han echado encima de la Justicia con el fin, también evidente, de salvar a la Infanta de su situación. La salida al tercio con que el fiscal Horrach abrió el juicio oral aportando, junto con la abogacía del Estado, otro informe exculpatorio de Hacienda, ha sido una providencia dudosísima porque si, en efecto, prospera la “doctrina Botín” y se excluye a la Infanta de la causa no habrá españolito que no piense que el Estado ha librado a una mujer responsable que, de ser una desconocida, aguantaría la vista entera y plena. ¿Por qué aplicar la “doctrina Botín” y no la “doctrina Atuxa”?, se pregunta, con toda razón mi amigo el eminente penalista Enrique Gimbernat. Pues porque de este juicio ha de salir malparada la institución real si la infanta es excluida antes de ser enjuiciada, pero también la propia Justicia, que quedará, ante la opinión pública, como en junco flexible bajo el siroco de los poderes del Estado. Y ello sin contar con que el sentir popular ha juzgado y condenado ya a la Infanta, no sólo, pero también por el hecho der infanta. Ya no se acuerdan de cuando apostaban con estrépito a favor de que doña Cristina, jamás se sentaría en el banquillo. Ni de la que se armó cuando los ropones llamaron a González –¡como testigo!—en el caso del secuestro de Marey. ¿Recuerda alguien la matraca que dieron entonces con lo del “estigma” que había que evitarle a toda costa al presidente del Gobierno?

O sea, que no hay salida. Fuertes como la juezas de Israel tendrán que ser estas mujeres jueces con medio mundo pendiente de sus criterios. Dice Victoria Prego que en el banquillo ideal toma asiento también el rey emérito, el mismo que supo quitarse de en medio a tiempo y dejarle la patata caliente a su hijo. Pues sí, en cierto modo, pero ocurre que eso de que la Justicia ha de ser igual para todos lo tenía que decir precisamente él. La Infanta ya está en Calvario, ocurra lo que ocurra. Ahora se trata de ver, si la prudencia logra al menos evitar el circo de tres pistas. Por el bien de nuestra sociedad, por el de la Justicia, por el de la Monarquía: por este orden. Personalmente no recuerdo un marrón mayor que el que le ha caído a estas tres mujeres.

El culebrón de Marbella

¿Alguien sería capaz de recordar con certeza cuándo comenzó el culebrón judicial marbellí, con las hazañas de Roca, las chuscada de Cachuli, el melodrama de Pantoja, las carotas de las García-Marcos y Yagües, el tránsfuga fugado del que nunca más se supo, etcétera? Pocas personas, seguramente. Ahora un Julián Muñoz visiblemente agotado parece que ha decidido aceptar todos los cargos que se tercien con tal de no calentar más banquillo, y la abogada de Roca recuerda que su defendido tiene incoadas más de un centenar de causas. Son todos los que está, eso sí, pero no están todos los que son en este culebrón inagotable que ha terminado por no interesar a nadie. Y por supuesto, sin resarcir al erario de las fortunas mangadas.

Sin Gobierno

Entre el constante murmullo que circula a propósito de la incapacidad de nuestros partidos para ponerse de acuerdo en algo tan básico como es la gobernación del país, van distinguiéndose algunas voces que recuerdan el caso de Bélgica, que creo recordar que estuvo año y medio sin ejecutivo, sin que el país lo notara apenas. También hay guasistas que recuerdan lo pacíficos que discurren los días en puentes y vacaciones, es decir cuando el reloj funciona sin relojero que lo trastee, llevados sólo por lo que yo llamaría su inercia vital. ¿Son necesarios los Gobiernos? Yo no tengo dudas, a fuer de jacobino, pero no tengo más remedio que admitir la parte de razón que llevan esos objetores cuando ponen el ejemplo del Parlamento de Andalucía (y supongo que habrá otros muchos ejemplos), que tras consolidar su derecho a un mes de vacaciones, ha doblado ese derecho por el sencillo procedimiento de cerrar las puertas de la Cámara durante el mes de enero. Bien, ¿y quién nos dice, en vista de lo visto, que si se auto-otorgaran otros dos o cuatro meses de relax se iba a venir abajo el templo? Fuera de bromas, es obvio que la falta de acuerdo o la amenaza de un concierto inquietante para los mercados –pues ése es nuestro dilema– suponen un daño cierto para la nación y si no ahí están los datos sobre la retracción de las inversiones o los desplomes sucesivos de la Bolsa, hasta ahora camuflados, con el argumento del “efecto mariposa”, remitiéndonos a la súbita crisis china. Yo he visto correr como si escapara de una prisión a un gallo decapitado.

Por lo demás, no me cuento entre quienes se sorprenden de la cerrazón de Sánchez teniendo en cuenta que lo que ese hombre defiende es el pan de sus hijos. ¿Una “grosse koalition” en este país de cabreros? Hombre, tampoco es eso, porque la estatura y complexión de las políticas –como de las ideologías—van en estrecha relación con la de sus protagonistas y, con toda evidencia, ni Rajoy es Merkel ni Sánchez es Steinbrück, el hombre que, teniendo en su mano pactar con la izquierda y con la derecha, ha optó por prolongar la coalición. Uno anda convencido de que, al final, será Rajoy quien forme un Gobierno, seguramente efímero, y ya veremos qué ocurre cuando Podemos se haya merendado al PSOE o lo haya reducido a una fuerza marginal. Ahora se ha demostrado que nuestra democracia sigue estando inmadura. Eso se nota más que nada en la incapacidad de los partidos para supeditarse al bien común.

Olfato político

Habrá, seguro, quien vea en la proclama españolista de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, un forcejeo por el control de su partido, y también quien diga, con razón, que un máximo responsable de la autonomía andaluza no puede hacer otra cosa si pretende permanecer en esta taifa. Su gesto, en todo caso, es justo y razonable, y dadas las circunstancias, puede contribuir y mucho a evitar algún disparate que planean ciertas izquierdas. Le faltará lo que se quiera, pero lo que no se le puede negar a esta señora es un olfato político que le ha permitido escalar en su “aparato” y, contra todo pronóstico, convertirse en un referente nacional. Quien apueste o deje apostar por el separatismo en Andalucía tendrá poco que hacer por aquí abajo.