Navegando al pairo

Esos 600.000 parados largos que afligen a Andalucía, como en los peores tiempos, trituran, de una vez por todas, el mito camelístico del “progreso andaluz”. Este modelo socioeconómico no sirve como no sirven estas estructuras, y la verdad es que si presta uno oídos a las propuestas de unos y otros, llama la atención el despiste general en que nos encontramos. Nadie sabe qué hacer, ni la Junta –que ha negado la crisis hasta antier y ahora busca parchearla sin meter siquiera el freno en el gasto–, ni los agentes sociales que oscilan entre la obviedad de que sería muy bueno multiplicar las industrias y difundir aplicadamente las tecnologías, o la consabida demanda de más pasta para las empresas. Y eso es lo peor de esta crisis, que bien pudiera desbordar las predicciones más pesimistas ante la pasividad incompetente de unas Administraciones dormidas.

El paripé del oleoducto

La Junta de Andalucía ha exigido a Balboa, la empresa responsable del oleoducto que atravesará la provincia, garantías de que no habrá vertidos. Pero, bueno, ¿es que no es habitual ese requerimiento básico, es posible que en el propio proyecto no vaya garantizado algo tan elemental? Como requisito para la aprobación medioambiental, pide también la Junta que se impermeabilice todo el recorrido y, en especial, los pasos sobre corrientes fluviales, lo que permite pensar que en ese proyecto tampoco se ofrecía esta garantía elemental. Y un estudio de contaminación acústica para remate, pero no se hagan ilusiones porque todo este papeleo no es más que un paripé para adecentar la decisión tomada por las bravas y públicamente por el propio ZP. Habrá oleoducto, ya lo veremos. Los compromisos están para cumplirlos y más los de los amigos.

Sexo en USA

Eso de que los EEUU son un país puritano es bastante cierto. La vieja institución del “petting” (todo vale entre los jóvenes amantes menos eso, lo que ustedes saben) ha parecido siempre la prueba irrefutable sin perjuicio de que la sociedad yanqui haya sido, a un tiempo, especialmente abierta y permisiva, como quedó patente cuando el caso Lewinski dividió al país en dos bandos irreconciliables. Estos días la noticia es el embarazo de la hija menor de edad de Sarah Palin, la candidata a la vicepresidencia que acompaña a McCain en el “tikect” republicano, una noticia que no ha escapado a un solo periódico en el planeta y que en el país ha levantado un vendavalillo en el que tanto la moralina como la mala intención se han despachado a raudales. Los EEUU tienen abiertas en este momento una guerra en Irak, media en Afganistán y algunas otras en perspectiva, aparte de una colosal crisis financiera, mientras se debate una de las campañas ideológicamente más vacías de que haya memoria, pero ni ese cúmulo de problemas ha podido evitar que el embarazo de una muchacha haya caído como un obús sobre la actualidad. Y ha sido el propio Obama el que ha pedido solemnemente que el hecho no se utilice en el debate público teniendo en cuenta que él mismo suele reconocerse hijo de una madre soltera, de paso que el vasto sector fundamentalista del electorado valora de modo positivo la decisión familiar de los Palin de renunciar al aborto y optar por el casorio de los precoces enamorados. Un país que, aunque sea con benevolencia, convierte en asunto de Estado la preñez de la hija de una candidata al tiempo que justifica que sus soldados encierren en jaulas de perros a los talibanes presos, es un país al que le faltan mareas. Pero si esa noticia ha resonado en todo el mundo, entonces es que no es sólo en EEUU donde faltan mareas.

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Mucha gente cree que es coña que hay estados en aquella gran nación en los que están prohibidas, incluso en privado y en el seno del matrimonio, como ocurre en los países más primitivos y fanáticos, prácticas sexuales viejas como el propio sexo pero que siguen estando estigmatizadas por el integrismo, lo que no quita para que la misma nación haya sido siempre la Meca del sexo y su más amplio campo experimental, tarea en la que el cine ha tenido un papel decisivo. Ahora bien, no me parece justo endosar en exclusiva el tema del embarazo Palin a los americanos teniendo en cuenta que, como digo, no ha habido papel en el mundo que no lo haya recogido, comentado y hasta puesto en la picota. Quien más quien menos va de “retro” en materia sexual a pesar de la invasiva tendencia que hoy día muestran las exhibiciones sexuales, incluidas las que funcionan como una suerte de espejo complaciente en el que proyectar los propios deseos y, más probablemente, las frustraciones de cada cual. Ahí está el éxito de “Sexo en Nueva York”, ahora expuesta también teatralmente en Brodway después de batir todos los récords habidos y por haber en la tv y en el cine, a pesar de la ola represora que dicen que anega Norteamérica favorecida por las Administraciones republicanas, pero cuyo éxito en Europa y aún en países asiáticos parece que sido igualmente de época. En el fondo, a uno le resulta más repelente escuchar a alguien apelar a la tolerancia frente a un caso como el de esa chiquilla que oír el bramido idiota de los represores, como le resulta más inquietante que una democracia agobiada por tantos y tan graves problemas haga sitio en su debate a un tema tan privado como trivial. Otra cosa es que, según insisten ciertos profetismos, lo que ocurre es que la era USA estaría llegando a su fin en un mundo sin alternativa clara a su modo de vida. Un embarazo precoz en el temario de una campaña es, en todo caso, un mal síntoma. Obama sabe lo que hace poniéndose del lado del adversario.

Paro, consumo, deuda

No hay un solo indicador esperanzador entre los que van viendo la luz. El paro se desboca y ya no hay ni siquiera excusas sindicales u oficialistas. El consumo se retrae y hasta las tremendas “rebajas de crisis” (hasta un 70 por ciento) han conseguido evitar la caída de las ventas. La deuda se nota más tras el paréntesis veraniego, en plena vuelta a la realidad del gasto diario, del extraordinario o de la hipoteca. La “Andalucía imparable” de Chaves se está empobreciendo con la crisis (la que no existía más que en la mente de los “antipatriotas”) y lo hace a marchas forzadas, mientras que el Gobierno maneja palabras y más palabras y la Junta enumera “medidas” fútiles o abiertamente oportunistas. La crisis devora a un tiempo al Poder y a la gente. No reaccionar decididamente frente a ella sí que es un delito de lesa patria.

A paso de carreta

La Justicia va a paso de carreta, ya se sabe, pero hay casos –y el del asesinato de la niña del Torrejón es uno de ellos—en que, aunque sólo fuera por la gravedad del hecho y la alarma social provocada, ese retraso no es aceptable. Medio año lleva esperando el Juzgado los resultados de la autopsias, a pesar de la intensa campaña llevada a cabo por la familia de la víctima,  y eso no entra en cabeza humana. Y remitir el retraso al accidente de Barajas, ocurrido antier como quien dice, menos todavía. De este triste caso, aparte de las reivindicaciones de parte que son bien conocidas, va a haber que sacar conclusiones bien desoladoras, entre ellas la de que la crisis de la Justicia es realmente, en muchos casos, verdadera parálisis.

Verdades y mentiras

El verano ha sido pródigo en camelos periodísticos, básicamente difundidos en Internet, mentiras amables o escalofriantes que luego ha habido que ir desmintiendo una a una, hay que suponer que ya sin garantías posible de remedio. Los periódicos compiten ahora, cuando la luz quebrada anuncia ya el otoño, en desfacer esos entuertos que cuentan con la credulidad humana y con el curioso prestigio de los medios para llevar a la opinión cuentos de todo tipo que, por lo general, gozan de una notabilísima capacidad de penetración. Claro que hay noticias y noticias, unas agradables o tonificantes, otras antipáticas y deprimentes, aunque a la prensa poco escrupulosa le de lo mismo su índole porque ya advirtió Henry de Montherlant que anunciando buenas nuevas se convierte uno en amable pero que difundiendo las malas se vuelve uno importante. Se nos ha dicho, por ejemplo, que los telefonillos móviles sirven, además de para engorilarnos, para tostar con sus radiaciones los granos de maíz y convertirlos en palomitas, o que un ‘hacker’ adolescente había previsto la colisión fatal de un  asteroide y nuestro planeta al corregir por su cuenta los cálculos de la NASA, curiosidades que llegaron a disfrutar de un éxito considerable en la difusión, tal como la inquietante noticia de que la mafia rusa habría comprado a otro as informático los ficheros de clientes de una importante cadena hotelera y que pensaba sacar una fortuna la subastándolos al mejor postor. Mil y una bobada, ciertamente tan imaginativas como audaces, cuyo valor reside más, a mi entender, en haber puesto en evidencia la escasa fiabilidad de la prensa tomada por los lectores como medios serios, que en los posibles efectos que hubiera podido causar la difusión misma. Se ha dicho que la credulidad hace más milagros de los que la impostura pudiera soñar.

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Durante la Edad Media y hasta muy avanzado el la Moderna proliferaron como setas los centones que recogían “maravillas” y “prodigios”, una literatura que es de justicia recordar que tuvo una espléndida acogida en los medios cultos y fue reelaborada en textos serios hasta muy tarde, incluso por gente –como recordábamos ayer—tan desmitificadora y combativa como Feijóo, dispuesto en plena batalla contra la superchería, a perder su valioso tiempo en torno al monstruo bicípite de Medinasidonia o la donosa ocurrencia (tan vieja como la Tana) de la transportación milagrosa de cierto obispo entre otras fantasías por el estilo. Es asombroso, en definitiva, el poder de la patraña, la capacidad de la media mentira o de la entera y plena para abducir la fe del rebaño, tan reacio, por otra parte, a admitir las verdades de la razón o de la ciencia. Pero sobre todo es asombroso e inquietante el poder mediático, la capacidad que tiene la información para penetrar hasta lo más recóndito el desconfiado almario colectivo. La mera sugestión de que la llegada a la Luna habría sido un montaje de la NASA cuenta con una legión de adeptos irreductibles a cualquier racionalización, sobre todo después de la oscura historia de la pérdida de materiales fotográficos relacionados con el hecho por parte de la Agencia. ¿No ha hecho fortuna la peregrina tesis de que los merovingios serían los descendientes directos del Cristo y María Magdalena, la más burda reescritura de la leyenda del Grial de que haya noticia? En USA hay millones de idiotas que sostienen que Elvis Preysler anda vivo aunque oculto a sus fieles. Está claro que lo grave no es la falsedad episódica, ocasional, ni la mentira deliberada, sino ese fondo de credulidad con el que los trujimanes de la información navegan bajo pabellón falso por los medios tradicionales o por el océano cibernético. Es posible que el personal necesite esas “maravillas” como nutrientes de su cotidianeidad. Lo acabamos de ver este verano como lo veremos el próximo.