Honores impropios

La Universidad de Cádiz investirá doctores “honoris causa” a los viejos sindicalistas Nicolás Redondo y Marcelino Camacho, personajes de singular dedicación  a la política a los que nadie negaría el enorme mérito ciudadano que merecen. Hace poco también fue recibido como miembro de la Academia de Ciencias Sociales y Medio Ambiente (motejada por algunos como la “Academia de la Junta”) el secretario de la UGT, Cándido Méndez. ¿No parece que no son esos los honores y títulos que, sin duda merecen los sindicalistas, no sólo porque resulta más que dudosa su cualificación académica sino porque nada menos apropiado para un síndico que esa “integración” tan elocuente? Sobran en el Estado distinciones y honores para quienes se lo han ganado a pulso. Recurrir a estos tan alejados de su perfil resulta inexplicablemente desatinado.

El futuro que viene

El alcalde de la capital, Pedro Rodríguez, ha admitido ya en público su propósito de presentarse por quinta vez a las elecciones municipales que se celebrarán en el 2011, proyecto que –a pesar de esos aires de fronda que intentan desde dentro menearle el sillón—se verá avalado, seguramente, por una auténtica transformación de la ciudad desde Isla Chica al Ensanche Sur. Por otra parte, las lenguas de triple filo apunta, tam,bién desde dentro que ya está prácticamente decidido por el círculo íntimo o “,esa camilla” el relevo de la candidata frustrada, Manuela Parralo, que sería apeada de su expectativa, como ya lo fuera Díaz Trillo, en el último momento. No cabe duda de que, de momento, lleva ventaja el Alcalde, y justo es decir que si esa operación  es cierta, ni siquiera Parralo se la merece.

Política y moda

La candidata republicana, Sarah Palin, usa gafas japonesas. Gafas sin montura, fabricadas con titanio en un pueblo japonés de nombre ¡Obama!, no se lo pierdan, obra de un diseñador de moda llamado Kazuo Kawasaki. La exitosa imagen de Palin ha hecho puesto de moda sus gafas no sólo en Norteamérica, que sería lo normal, sino en el mismísimo Japón, donde el afortunado fabricante, aunque se niega a concretar sus pedidos, confiesa que ha visto multiplicada la demanda al menos por diez. Gafas famosas de políticos ha habido no pocas, desde las mínimas que popularizó Gandhi hasta las famosas “gafas Truman” que el presidente americano impuso en medio mundo tras su hazaña de Hiroshima, pero la verdad es que ese ‘complemento’ se ha vuelto un objeto de primera necesidad en la vida pública como lo prueba que la propia Palin tenga cinco pares reconocidos en su guardarropa. Lo curioso es que ese modelo liviano ya lo lució Colin Powell sin que trascendiera poco ni mucho, lo que indica que la actual boga es eminentemente femenina, como fue masculina la que reprodujo por millares las famosas azules de John Lennon que, precisamente, ahora acaba de donar Yoko Ono para formar parte de cierto homenaje al Holocausto, y esa circunstancia sugiere curiosos presagios electorales. Las gafas caracterizan ya incluso a la santidad, como demuestra la estudiada coquetería del Dalai Lama o las frecuentes imágenes de santos recientes que, en muchas iglesias italianas, han incorporado ese complemento a la iconografía contemporánea. Los críticos coinciden en la bisoñez de Palin, en su pleno desconocimiento de la política exterior (no ha tenido pasaporte hasta antier), en que su baza reside en la apariencia y en que su fotogenia es infinitamente más decisiva que su cacumen, y en ese contexto se comprende que unas gafas bien elegidas constituyan un factor electoral decisivo. Una no va a comprarse las gafas de otra para acabar votando al rival, digo yo.

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De la frivolidad de la estimativa pública es buena muestra esta moda galopante que dice bastante sobre la función de las gafas como sugestivo factor de conformación de la aparente personalidad, y más todavía sobre la banalidad de muchos de los criterios con que la opinión pública se orienta en las democracias, incluso en las más consolidadas. Hay que admitir que la indumentaria política fue siempre influyente y suele citarse el caso de la moda filipina –el célebre “negro español”—que conviene aclarar que no fue elegido por el rey Felipe como muestra de austeridad precisamente sino por la riqueza del paño negro, prohibitivo por aquel entonces, y que acabaría vistiendo, según dicen, al propio Descartes. Pero que en una coyuntura dramática como la presente, unas elecciones americanas se fijen más en las gafas que en el mensaje, dicen que no poco vulgar, de la adversaria de Obama, resulta más que preocupante, no sólo por sus eventuales consecuencias en las urnas (en Japón las imitadoras de Sarah no irán a votar) sino en la medida en que el hecho pone de relieve la frivolidad de las estimativas. Claro que la sociedad medial no da gran margen a la política profunda ni el contexto audiviosual prima precisamente a las ideas frente a las formas, sino todo lo contrario y, en consecuencia, son éstas las que tienden a llenar el espacio vacío en el que la mayoría ni repara siquiera. Hasta se habla en EEUU de la fuerte miopía de la Clinton y su numantina resistencia a las gafas como uno de las razones posibles de su fracaso frente al candidato demócrata, lo cual, definitivamente, resulta desolador para quienes saben hasta qué punto la suerte del planeta depende de un país poderoso pero que se rige por criterios tan banales. Bourdieu se habría rasgado las vestiduras, seguramente, ante esta exhibición de mimetismo fútil que llega ya hasta Japón.

Saltarse la ley

Saltarse, no una ley cualquiera sino el mismísimo Estatuto de Andalucía, que él mismo ha metido con calzador en el “sudoku” zapaterista, le califica el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, de “cuestiones técnicas”. ¿Qué cuestiones técnicas si ahí lo que había era una fecha límite impuesta por el Estatuto para cifrar la cuantía de la llamada “deuda histórica”? ¿Qué le dirían a usted en Hacienda si alegara “cuestiones técnicas” para no cumplir con su obligación tributaria, pongo por caso? No, saltarse el Estatuto es lo más grave que, desde un punto de vista legal-formal, se ha hecho en la autonomía, y Chaves debe responder de este fenomenal incumplimiento que no se debe tanto al Gobierno (que defiende lo suyo) como a quien tiene la responsabilidad de defender los derechos de Andalucía. Esto es una simple traición de partido y como tal ha de ser ponderada por el pueblo andaluz.

La sierra olvidada

Protesta política entre los serranos onubenses por la lejanía del Hospital de Riotinto de sus pueblos respectivos. Alegan que los 40.000 serranos de esos pues los s ven obligados a recorrer distancias excesivas para los casos urgentes e incómodas, en todo caso, para el usuario que, según tenía prometido la Junta, a estas alturas debería estar disfrutando ya de los servicios de un CHARE que ni se ha comenzado a construir. Quizá la calve está en que el PSOE da por segura esa zona electoralmente y no considera necesario prestarle más atención, pero lo que no tiene pase es el alegato del SAS en el sentido de que la atención está garantizada entre los protestante por el equipo sanitario itinerante que cada día pasa por sus pueblos. Vale, pero ¿y el CHARE, dónde está esa solución mágica que no acaba de hacerse realidad? Eso es lo que tiene que contestar Salud y no tonterías.

Fisiología de la crisis

En mi propio periódico leo una frase insigne que dice que el dinero habla un lenguaje que todos entienden. Personalmente creo que viene a ser algo más, una ‘koiné’ universal, un esperanto instintivo que permite, por ejemplo, que los liberales lleven semanas ovacionando a Bush precisamente por irrumpir en el negocio como caballo en cacharrería. También me llama la atención una imagen magnífica e ilustradora como la que más: “En estos días, el mercado financiero está convertido en una selva con todos los animales encerrados dentro de una jaula. Los disparos son, pues, más sencillos”. Y una noticia reconfortante pero que habla por sí sola de la miseria humana: que entre las claves del plan gubernamental figura la suspensión temporal de ¡ochocientas! entidades bucaneros especializadas en ganar dinero cuando las acciones caen de precios. Buitres, en una palabra. Las crisis son una oportunidad fastuosa para el dinero, el momento de los especuladores sobrados de numerario, la ocasión de los operadores con pasta disponible para invertir. ¿Qué se apuestan a que el Santander sale boyante de este síncope colectivo? De momento ahí lo tienen a la caza –se dice—de bancos en apuros que comprar, a precio de saldo se comprende, ni más ni menos que como ya venía haciendo: sale a un banco comprado por año, hagan las cuentas. Pero luego están los buitres propiamente dichos, los alimoches, la fauna carroñera que acecha en el parquet la ruina ajena para forrarse con sus despojos. En el Madrid romántico, mandando Narváez, uno de ellos propagó en la Bolsa rumores de crisis gubernamental haciendo caer en picado una acciones que compró tiradas a renglón seguido. Pero hay muchos casos y ni que decir tiene que en épocas de inestabilidad o de crisis abierta la ocasión la pintan calva. Una crisis es un chollo para el rico sobrado: vean cómo se ha alterado la lista de la revista ‘Forbes’, éste que sube el otro que desciende, pero sin altas ni bajas en la nómina dorada. La crisis es cosa de medianos y más chicos.

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No creo que de esta crisis vaya a salir una nueva oligarquía global, sino la misma reorganizada y, por supuesto, más fuerte, más opulenta, que nunca. Habrá para cuando amaine, una legión de parados, un ejército de desposeídos, una muchedumbre de precarios, porque “the big money”, el gran dinero, se hace a base de muchos dineros menores. ¡Cómo será la cosa para que en el corazón del Sistema, en pleno Wall Strett, haya que trabar provisionalmente a esa bandada rapaz que revoloteaba atenta ante la pantalla disputándose sin contemplaciones los despojos financieros! El capitalismo es salvaje incluso cuando gasta buenas maneras, entre otras cosas por ese privilegio inaudito y contrario a su propia filosofía, de que una jugada mala, un crack eventual de gran alcance perpetrado por unos cuantos, contará necesariamente con el auxilio del dinero de todos. A nadie se la ha ocurrido nunca siquiera una operación gigante para aliviar al menos la situación límite de ese mundo que vive instalado en el fondo de la crisis, pero ante los malos vientos que recorren el planeta rico todos han visto complacidos la mayor operación de rescate financiero de la Historia. El capitalismo vive de esta perversa dialéctica que periódicamente quiebra en la seguridad de que será socorrido y lo malo es que en este crepúsculo de las ideologías, como se dijo en tiempos, son ya pardos todos los gatos de su fontanería. La crisis es un gran negocio, en cierto modo, el negocio supremo que contribuye al progresivo desconyuntamiento del cuerpo social. Y de ésta, como de las anteriores, saldrán muchos magnates reforzados sobre el desolado paisaje de la multitud de víctimas. Nunca la unanimidad mundial fue tan grande pero, como siempre, la bandada de ‘Forbes’ permanecerá intacta. La magia del capital mueve montañas. Su razón sería, evidentemente, harina de otro costal.