Oposición infantil

He escuchado muchas cosas estas semanas sobre la crisis y su repercusión en Huelva, lo que no he oído ha sido una sola propuesta seria de reacción contra ella. Ahora, sin embargo, la frustrada candidata Parralo carga sobre el Alcalde todas y cada una de las causas de la crisis que no existía, ¿se acuerdan?, como si hasta el más bobo no supiera que quienes tienen vara en ese negocio son únicamente el Gobierno y la Junta, ambos en manos del PSOE. Decir que Pedro Rodríguez ha dejado en quiebra a la capital se entiende como el deshago de quien con él perdió el pulso electoral y quedó como la Chata, pero de ninguna otra manera. Son como niños/as, previsibles, rivales, inconsecuentes. Un ciudadano reflexivo que oyera ese alegato de Parralo seguro que tendría graves dificultades para votarla en el futuro. Hay quienes lo tenemos incluso para aceptarla como oposición.

El pastor y el lobo

Temo que el cambio climático que se anuncia apocalíptico vaya a provocar más desconcierto en la opinión que reacciones discretas. No se ponen de acuerdo, dicen un día una cosa y otra distinta al siguiente y, en definitiva, generan entre todos un clima de duda insalvable que, como es natural, deja indefenso al ciudadano ante lo que se le anuncia. Desde la universidad canadiense de Trento (Ontario) acaba de ilustrarse la tesis del cambio rápido anunciando que en la Antártica se ha desgajado una isla de 50 kilómetros cuadrados que navega al pairo estros días evidenciando la velocidad de una mutación en el régimen climático como para asustarse, pues el hecho se debería a la subida de temperaturas en la zona, que el Centro de Estudios Polares considera rápida por no decir vertiginosa. Pero, fíjense en el batiburrillo, al mismo tiempo unos científicos reunidos en un simposio coordinado por el Instituto Antártico Chileno y la universidad de Valparaíso han lanzado la hipótesis de que aquel vasto continente helado tuvo, durante gran parte de su historia, un clima templado y frío cuyo cambio hacia las circunstancias actuales se inició hace nada menos que 33 millones de años. No sabe uno a qué atenerse, ya digo, como el otro día resaltaba el profesor Toharia en las “Charlas” onubenses de este periódico, con el definitivo ejemplo de Groenlandia, fría tierra donde las haya, cuyo nombre, sin embargo, significa literalmente “tierra verde”, lo que quiere decir que hace sólo un puñado de siglos aquellos pagos no estaban en ningún caso helado sino todo lo contrario. Mucho se ha hablado también de los caminos medievales que el retroceso de un glaciar alpino ha dejado al descubierto o de la idea de ciertos sabios americanos de que, en realidad, tanto el Ártico como sus antípodas, acumulan cada vez más hielo. Ya ven, Al Gore se está forrando pero nadie sabe si su mensaje es un evangelio o un camelo bien trovado.

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Cambios ha habido siempre, en cualquier caso. Le Roy Ladurie estudió en un libro clásico tanto las canículas como los periodos glaciales ocurridos en Europa entre los siglos XIII y XVIII –mutaciones cuyas consecuencias fatales sobre la sociedad de subsistencia agraria no será preciso subrayar—y los estudios de esta especie abundan desde hace mucho tiempo, a pesar del carácter conjetural que, en definitiva, tiene toda historia del clima por muy empírica que se plantee. El problema hoy es más bien decidir si el impacto ambiental de la actividad humana que, evidentemente, lastima la atmósfera, es tan grave como dicen los agoreros o no lo es en absoluto como sugieren los optimistas. Los estudios de Jancovic sobre esta perspectiva son ahora mismo una de las referencias más interesantes sobre el asunto, pero quedan tan lejos de predecirnos el futuro del clima como tantos otros intentos anteriores. Habrá, pues, que convivir con la duda, habituarse a la incertidumbre sin perjuicio de una prudencia que, como es natural, escasea allá donde compite con el interés. Suele repetirse a este respecto que el propio Al Gore, ese apóstol de la causa, no movió un dedo para firmar el protocolo de Kioto cuando era vicepresidente de los EEUU, pero eso sería lo de menos. Lo que no lo es, es el catastrofismo, mal consejero donde los haya, y hoy presente en este debate universal que corre el grave riesgo de desvanecerse como todo asunto demasiado traído y llevado que carezca de calendario estricto. Lo de la Antártida que comentábamos antes, sin ir más lejos, da una idea de la parsimonia con que funcionan los cambios a escala planetaria pero ahí está esa isla vagabunda del Norte para devolver la pelota de un efectivo revés. No se me oculta la dificultad, pero parece urgente que los sabios se pongan de acuerdo siquiera en lo fundamental antes de que la opinión descarte por su cuenta y riesgo lo que, a lo peor, es algo más que una simple alarma.

Navegando al pairo

Esos 600.000 parados largos que afligen a Andalucía, como en los peores tiempos, trituran, de una vez por todas, el mito camelístico del “progreso andaluz”. Este modelo socioeconómico no sirve como no sirven estas estructuras, y la verdad es que si presta uno oídos a las propuestas de unos y otros, llama la atención el despiste general en que nos encontramos. Nadie sabe qué hacer, ni la Junta –que ha negado la crisis hasta antier y ahora busca parchearla sin meter siquiera el freno en el gasto–, ni los agentes sociales que oscilan entre la obviedad de que sería muy bueno multiplicar las industrias y difundir aplicadamente las tecnologías, o la consabida demanda de más pasta para las empresas. Y eso es lo peor de esta crisis, que bien pudiera desbordar las predicciones más pesimistas ante la pasividad incompetente de unas Administraciones dormidas.

El paripé del oleoducto

La Junta de Andalucía ha exigido a Balboa, la empresa responsable del oleoducto que atravesará la provincia, garantías de que no habrá vertidos. Pero, bueno, ¿es que no es habitual ese requerimiento básico, es posible que en el propio proyecto no vaya garantizado algo tan elemental? Como requisito para la aprobación medioambiental, pide también la Junta que se impermeabilice todo el recorrido y, en especial, los pasos sobre corrientes fluviales, lo que permite pensar que en ese proyecto tampoco se ofrecía esta garantía elemental. Y un estudio de contaminación acústica para remate, pero no se hagan ilusiones porque todo este papeleo no es más que un paripé para adecentar la decisión tomada por las bravas y públicamente por el propio ZP. Habrá oleoducto, ya lo veremos. Los compromisos están para cumplirlos y más los de los amigos.

Sexo en USA

Eso de que los EEUU son un país puritano es bastante cierto. La vieja institución del “petting” (todo vale entre los jóvenes amantes menos eso, lo que ustedes saben) ha parecido siempre la prueba irrefutable sin perjuicio de que la sociedad yanqui haya sido, a un tiempo, especialmente abierta y permisiva, como quedó patente cuando el caso Lewinski dividió al país en dos bandos irreconciliables. Estos días la noticia es el embarazo de la hija menor de edad de Sarah Palin, la candidata a la vicepresidencia que acompaña a McCain en el “tikect” republicano, una noticia que no ha escapado a un solo periódico en el planeta y que en el país ha levantado un vendavalillo en el que tanto la moralina como la mala intención se han despachado a raudales. Los EEUU tienen abiertas en este momento una guerra en Irak, media en Afganistán y algunas otras en perspectiva, aparte de una colosal crisis financiera, mientras se debate una de las campañas ideológicamente más vacías de que haya memoria, pero ni ese cúmulo de problemas ha podido evitar que el embarazo de una muchacha haya caído como un obús sobre la actualidad. Y ha sido el propio Obama el que ha pedido solemnemente que el hecho no se utilice en el debate público teniendo en cuenta que él mismo suele reconocerse hijo de una madre soltera, de paso que el vasto sector fundamentalista del electorado valora de modo positivo la decisión familiar de los Palin de renunciar al aborto y optar por el casorio de los precoces enamorados. Un país que, aunque sea con benevolencia, convierte en asunto de Estado la preñez de la hija de una candidata al tiempo que justifica que sus soldados encierren en jaulas de perros a los talibanes presos, es un país al que le faltan mareas. Pero si esa noticia ha resonado en todo el mundo, entonces es que no es sólo en EEUU donde faltan mareas.

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Mucha gente cree que es coña que hay estados en aquella gran nación en los que están prohibidas, incluso en privado y en el seno del matrimonio, como ocurre en los países más primitivos y fanáticos, prácticas sexuales viejas como el propio sexo pero que siguen estando estigmatizadas por el integrismo, lo que no quita para que la misma nación haya sido siempre la Meca del sexo y su más amplio campo experimental, tarea en la que el cine ha tenido un papel decisivo. Ahora bien, no me parece justo endosar en exclusiva el tema del embarazo Palin a los americanos teniendo en cuenta que, como digo, no ha habido papel en el mundo que no lo haya recogido, comentado y hasta puesto en la picota. Quien más quien menos va de “retro” en materia sexual a pesar de la invasiva tendencia que hoy día muestran las exhibiciones sexuales, incluidas las que funcionan como una suerte de espejo complaciente en el que proyectar los propios deseos y, más probablemente, las frustraciones de cada cual. Ahí está el éxito de “Sexo en Nueva York”, ahora expuesta también teatralmente en Brodway después de batir todos los récords habidos y por haber en la tv y en el cine, a pesar de la ola represora que dicen que anega Norteamérica favorecida por las Administraciones republicanas, pero cuyo éxito en Europa y aún en países asiáticos parece que sido igualmente de época. En el fondo, a uno le resulta más repelente escuchar a alguien apelar a la tolerancia frente a un caso como el de esa chiquilla que oír el bramido idiota de los represores, como le resulta más inquietante que una democracia agobiada por tantos y tan graves problemas haga sitio en su debate a un tema tan privado como trivial. Otra cosa es que, según insisten ciertos profetismos, lo que ocurre es que la era USA estaría llegando a su fin en un mundo sin alternativa clara a su modo de vida. Un embarazo precoz en el temario de una campaña es, en todo caso, un mal síntoma. Obama sabe lo que hace poniéndose del lado del adversario.

Paro, consumo, deuda

No hay un solo indicador esperanzador entre los que van viendo la luz. El paro se desboca y ya no hay ni siquiera excusas sindicales u oficialistas. El consumo se retrae y hasta las tremendas “rebajas de crisis” (hasta un 70 por ciento) han conseguido evitar la caída de las ventas. La deuda se nota más tras el paréntesis veraniego, en plena vuelta a la realidad del gasto diario, del extraordinario o de la hipoteca. La “Andalucía imparable” de Chaves se está empobreciendo con la crisis (la que no existía más que en la mente de los “antipatriotas”) y lo hace a marchas forzadas, mientras que el Gobierno maneja palabras y más palabras y la Junta enumera “medidas” fútiles o abiertamente oportunistas. La crisis devora a un tiempo al Poder y a la gente. No reaccionar decididamente frente a ella sí que es un delito de lesa patria.