La primera víctima

Ha pasado relativamente desapercibida la noticia del suicidio de una adolescente india, de dieciséis años, que falleció a consecuencia de una ingesta de pesticidas o de compuestos de sulfamidas, que esto no se ha llegado a poner del todo en claro. La muchacha, de nombre Chayya y natural del estado de Madhya Pradesh, tomó la fatal decisión presa del pánico tras escuchar los comentarios televisivos que especulaban con el fin del mundo que podría provocar a fecha fija el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) que trata de reproducir a escala el momento inicial del Universo en el alfoz de Ginebra haciendo chocar entre sí, a velocidades inusitadas, haces de partículas subatómicas. Hace poco leí, sin gran convicción, un libro francés en el que se afirmaba que los terrores del año 1000 (de los que hablé aquí hace poco) no eran más que un invento culto del Barroco, por la sencilla razón de que en aquellos tiempos la población ignoraba, probablemente en masa, hasta el día de la fecha, un argumento que ignora de plano las circunstancias de la comunicación medieval y, especialmente, el enorme alcance y prestigio de la predicación milenarista. Ahora en la India no han sido los clérigos –ocupados, según y cómo, en sus ofrendas rituales y en sus crueles persecuciones de católicos—sino la acción de los medios de comunicación, contra los que enseguida se han levantado voces y dedos acusadores, como si la muerte de una muchacha más que probablemente inestable supusiera un fracaso de una comunicación, desde luego, imprescindible. En el último cuarto de siglo y sin salir de Norteamérica hemos asistido a varios episodios de suicidios colectivos (inducidos o no, ésa es otra cuestión) y diariamente estamos asistiendo al desolador espectáculo de los “mártires” terroristas de que se vale el islamismo extremista para mantener su desequilibrio del terror. No veo que puede haber de extraño en que una chiquilla india se suicide atrapada por la histeria.

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Es curioso, de todas formas, ese subcontinente prodigioso que se ha convertido de la noche a la mañana en el embrión de superpotencia económica que Gandhi no pudo ni imaginar cuando propuso su estrategia artesana del telar o la epopeya de las salinas prohibidas. No tengo noticias de suicidios femeninos en una sociedad en la que los machos del clan e, incluso, a veces, los de fuera de él, pueden destrozar impunemente el rostro de la mujer maldita simplemente rociándola con ácido, o en la que la sanción por romper el ignominioso matrimonio concertado en la infancia suele ser aplastante. Nada de esa barbarie parece levantar de manos a un pueblo tradicional donde los haya que, sin embargo, parece aterrado ante la noticia de que un experimento científico, controlado por diez mil físicos, pudiera a provocar un agujero negro capaz de engullirnos a todos en un pis pas, sólo Dios sabe si para reaparecer con nuestra calamidad a cuestas en la otra cara de este misterioso enclave de mundos paralelos. Dicen que estos días no se cabe en los templos de esa zona, llenos como están de devotos aterrados, y en la que, para que no falte la nota bizarra, los restaurantes andan abarrotados por familias que quieren degustar por última vez siquiera su plato favorito para luego retirarse al hogar en espera de que pase sobre la familia unida el ángel con la trompeta anunciando la hora postrera. Bien cierto es que la prensa no ha escatimado tremendismo a la hora de traducir la realidad del experimento famoso, pero la misma excepcionalidad de esa pobre víctima sugiere que la causa de su tragedia hay que buscarla más en esa “fuga a la neurosis” o en esa “desesperada tentativa de rebelión que es la psicosis”, como propone Freud en “El malestar en la Cultura”, que en los efectos de la información tremendista. Si por ésta fuera habría suicidios masivos todos los días y un poco por todas partes, y en esa inmensa muchedumbre que es India sólo la pobre Chayya ha picado el anzuelo.

Matusalem, sin derechos

Se multiplican los casos de solicitantes de las ayudas prometidas en la Ley de Dependencia, cuyos recursos, encima, serán recortado en el los próximos Presupuestos. Hay ancianos nonagenarios, incluso centenarios, que son calificados por la Junta –al cabo de Dios te salve, encima–  como “dependientes moderados”, disparate que la ‘delegata’ de Bienestar Social e Igualdad en Jaén ha justificado con el argumento de que “la dependencia no tiene por qué estar ligada a la edad, pues se puede tener 40 años y sr dependiente y tener 100 y no serlo” ¡Cráneo privilegiado! Aquí lo único claro es que la Ley de Dependencia, esa lumbrera de la legislatura pasada, va a quedar en la mayor estafa legal perpetrada en toda la democracia. Es más fácil predicar que dar trigo. Y lo curioso es el silencio de todos los partidos que, junto al que gobierna, votaron esa ley prohibitiva.

Riotinto castigado

Pocos pueblos de la provincia tan maltratados por la Junta y el PSOE. Que se lo pregunte a sus mineros acreedores, literalmente expoliados por los gavilanes a la sombra de aquellas instituciones. Y ahora, según parece, privado también del punto de Urgencias del Centro de Salud, no hará falta decir que a causa del drástico programa de ahorro que la consejera ha impuesto al SAS en Huelva, y medida que supondrá acumular el doble de trabajo en los centros de Zalamea y de Nerva con los consiguientes riesgos sanitarios y responsabilidades profesionales. Ni el propio SAS se cree el cuento de que se trata de una mudanza por obras, como no se lo creen los vecinos de ese pueblo engañado tantas veces en tan poco tiempo.

Peligros amarillos

Una intensa alarma social ha despertado en toda España la noticia de que los simpáticos vendedores chinos que han proliferado desde hace unos años en todas nuestras ciudades están introduciendo en nuestro mercado productos tóxicos, alguno de la relevancia de la leche y otros alimentos infantiles que, por su precio, han sido ampliamente divulgados, sobre todo, como es natural, entre las clases más necesitadas. Leche –la leche que ha causado la reciente tragedia en la propia China–, galletas, caramelos y otros productos conteniendo la temible melamina han sido decomisados por unos servicios de consumo que no se explica, francamente, cómo no disponen de medios para impedir que entre en nuestros comercios esas mercancías en lugar de tener que rebuscarlas una vez colocadas en los expositores. ¿Leche china en España teniendo España limitada drásticamente su producción por la normativa europea? Pues leche china, ya ven, y vayan ustedes a saber qué otras sustancia inconvenientes estarán comprando allá los nuevos especuladores de la globalización. El caso más desconcertante que yo haya visto lo trae esta semana el suplemento “Crónica” de este periódico, al revelar que la vieja fábrica de uniformes de la Guardia Civil, fundada en 1912, y cuya artesanía del tricornio era, al parecer, apreciadísima por el Cuerpo, está a punto de cerrar sus puertas a causa de la decisión del propio Gobierno de España de comprar la indumentaria completa de nuestros agentes a fábricas chinas que, aun no conociendo bien los detalles de su fabricación, han inundado nuestro mercado con piezas cuatro veces más baratas que las fabricadas aquí. A ver quién se resiste si el mismo Gobierno empieza por sucumbir a la tentación de comprar barato en esos talleres tan frecuentemente inhumanos que están conquistando el mundo con la única lógica que, al parecer, entiende: la del dinero. Hasta la leyenda lorquiana se subasta ya al mejor postor.

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No se trata ya, por tanto, de que el fabricante insensible “deslocalice” y se vaya con la música a otra parte donde le prometen beneficios mayores, sino de que el propio Gobierno –hay que suponer que primer enemigo de esas fugas industriales—asume un su práctica diaria la sugerente filosofía de la economía global, pasando incluso por encima de algunos símbolos entre los más tradicionales. ¡Comprar tricornios y cartucheras en China abandonando una tradición centenaria! Pronto tendremos quizá espadas toledanas ‘made in Shangay’ o chupas de picador bordadas por manos hambrientas en cualquier paraíso laboral del mismo modo que desde hace años gastamos elegantes y ergonómicas zapatillas deportivas fabricadas a cambio de unas monedas por una turba de menores hambrientos en los lazaretos africanos, acaso trajes de torear calcados en lejanas factorías a precio de becerrista tieso. El mercado tiene sus leyes y es intratable a la hora de discutir sobre costes, lo mismo si se trata de meter de matute leche venenosa que si se tercia uniformar a un guardia civil, y eso está poniendo de relieve el poderío de la lógica mercantil frente a la perfecta insignificancia de los demás argumentos que puedan esgrimirse ante su imperio. Así como que poco hay que hacer frente a la avaricia que le está dando la vuelta a esta lonja sin que nos percatemos siquiera, camisas, zapatos, trajes, muebles, plásticos, juguetes, golosinas y hasta leche tóxica, entrando por un tubo a través de esas flexibles fronteras que nos defienden en teoría. Se acabó el proteccionismo, en buena hora, pero no estaría de más que se pusiera coto a este tsunami comercial que debe sus atractivos precios a la explotación más severa y encima nos pone en peligro a la gente menuda. ¡Tricornios chinos! No creo que se hubiera podido buscar un símbolo más elocuente del inaudible terremoto que está devastando nuestra industria y nuestro comercio tradicionales.

Dar la cara… y poco más

Poco convincente, más bien nada, la campaña anunciada por la Junta para “convencer” a los ciudadanos de los beneficios que pueden esperarse de las medidas adoptadas por la Administración autónoma para paliar y combatir la crisis: visitas y bla bla bla de Chaves y Pizarro a provincias, explicaciones a los ciudadanos de las ayudas y recursos puestos en marcha (¿) y énfasis en que lo prioritario para la Junta es mantener el empleo y la actividad empresarial. Total, palabras y más palabras. Chaves se ha limitado hasta ahora a calcar a escala las medidas del gobierno central y, como éste, no se le ha escuchado una sola idea consistente. No saben qué hacer, eso es todo, y se limitan a esperar que el reflujo internacional acabe alcanzándonos de la misma manera que nos alcanzó la crisis. “Dar la cara”, dicen, pero poco más. Si efectivamente, la crisis no se resuelve sola, aviados vamos.

Ahorro a toda costa

Habíamos adelantado aquí el rumor/noticia de que ciertos hospitales onubenses, incluido el ‘JRJ’, habían  recibido de Sevilla la consigna de reducir gastos a toda costa de aquí a final de año. Ahora sabemos, porque lo denuncia con datos alguna organización sindical, que ese Hospital “de referencia” tiene órdenes de acabar el ejercicio con “presupuesto cero”, ajusta inverosímil teniendo en cuenta que el hospital debe ahora 800.000 euros y sólo le quedan dos meses por delante para “recortar” –evidentemente en perjuicio de pacientes y sanitarios—por donde no duela y también por donde duela. No habrá renovaciones de contratos sino nuevas apreturas y agobios, como no habrá las imprescindibles sustituciones, ni permisos, ni vacaciones. El toque estará en ver hasta dónde puede aguantar el sistema sin desbordarse. Nunca una prestación tan estimable padeció una gestión tan mala.