Culpables y ricos

En mis tiempos facultativos, los maestros de economía enseñaban que la lógica del capitalismo moderno conducía a una creciente separación entre la propiedad y la gestión, de manera que cada vez en las empresas decidirían menos los amos o inversores y más los gestores o ejecutivos. En América llaman a esos hombres de oro ‘CEO’, es decir, ‘Chief Executive Officier’, y es cierto que en un tiempo récord se han convertido en una clase por encima de las clases que si siempre ha escandalizado por su abusivo estatus, desde que estalló la crisis se ha convertido en el objeto de una sensata crítica que se pregunta, en primer término, el por qué de esos privilegios inauditos, y en segundo, cómo es posible que quienes han arruinado con su mala gestión el sistema se vayan no sólo de rositas sino con el bolsillo lleno a reventar. El Congreso de los EEUU, concretamente los demócratas, el presidente francés Sarkozy y varias otras instancias ha levantado la voz para exigir responsabilidades y, sobre todo, para evitar que, encima, esos presuntos chapuceros se lleven el manso como premio a su mala gestión. Sólo les citaré unos casos como ilustración. El máximo responsable de la catástrofe de Lehman Brothers se han  embolsado un bono de 215 millones de dólares después de dejar en la calle a 25.000 trabajadores. El de Merrill Lynch se ha conformado con 200. El de la aseguradora AIG sólo ha conseguido 7 millones de euros. Los de Fannie Mae y Freddy Mac, ante las presiones de la propia Administración, tienen pendientes de cobro 24 millones de dólares. Y un ejemplo europeo: el gran jefe de Porsche, que ha levantado 56 millones de euros en un año mal contado, ganaba mil veces más que el trabajador medio de la compañía. Son una clase exclusiva y, por lo general, sobrevenida, una legión agresiva y desprovista de escrúpulos que ha logrado la más paradójica de las condiciones laborales: blindar millonariamente su salida en el supuesto de fracaso. Culpables y ricos. Es probable que esta crisis no los elimine pero sospecho que les va a dar un repaso.

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Cuando la crisis del 93, ya hubo una interesante reacción contra esa plaga en los propios EEUU, consistente en enmendar el código fiscal de modo que las remuneraciones que sobrepasaran el millón de dólares no podrían ser deducidas pro la empresa a no ser que se demostrara fehacientemente la contribución exitosa del directivo beneficiario, pero la presión de los afectados fue tal que las empresas burlaron la norma limitando el sueldo para compensarlos luego con opciones de compra de acciones, es decir, las famosas “stock options” en condiciones ventajosas. Ahora no han tenido tanta suerte y un fuerte movimiento de opinión demanda, tanto allá como en Europa, que se impida el disparate que supone premiar de forma tan descomunal a los culpables de un fracaso que ha causado la desgracia de millones de empleados, arruinado a un ejército de accionistas y tocado seriamente los fundamentos del propio sistema financiero. Claro que es poco probable que se produzca un crack irreversible –el Sistema se regenera y reproduce con admirable facilidad—lo que quiere decir que más tarde o más temprano tendremos de nuevo en sus altos despachos a esos depredadores que han logrado arrebatar el negocio a los propios amos en un tiempo bastante menor que el que nos auguraban no hace tanto los maestros de nuestras facultades. El moderno inversor es un absentista, al fin y al cabo, y como al viejo absentista de la tierra se lo ha acabado comiendo y se lo volverá a merendar el manijero al que encomendó el rancho o el cortijo con todas sus consecuencias. Vamos a comprobarlo enseguida, en cuanto estos vientos de fronda amainen y la máquina vuelva a trepidar en pleno funcionamiento. Ojalá, por otra parte. Desahuciada la utopía no queda más que conformarse y no olvidarse de encender la vela.

Universidad menguante

Se reclaman cerebros para el futuro imperfecto de la ‘Andalucía imparable’ pero proliferan los informes que denuncian el desempleo de los postgraduados, la estafa de los másteres, la incapacidad de la actual universidad de proporcionar a sus alumnos una formación humanística y práctica adecuada a tan grandes objetivos. Pero nos enteramos de que, sólo en los últimos diez años, en las universidades andaluzas, vivaquean 50.000 estudiantes menos –crisis que la Junta atribuye en exclusiva a dudosas razones demográficas—y que muchas de ellas se ven obligadas a ‘estimular’ al personal para que recale en sus aulas. No iremos muy lejos por este camino, sobre todo mientras los responsables de la crisis pierdan el tiempo entre el autobombo y la política, en lugar de enfrentarse a una reforma drástica de lo que no funciona.

Paro galopante

España lidera la escalada del paro en la Unión Europea. Andalucía encabeza ese mismo ránking en España. Huelva se lleva la palma en Andalucía, con el mayor número de parados que registra la propia Junta, entre todas las provincias. Una tragedia que convierte en despreciables las estrategias  de partido –tanto las que festejan el derrumbe como las que lo disimulan—y las excusas y racionalizaciones en miserables porque no tienen en cuenta el sufrimiento que esa fría estadística entraña. Huelva va de mal en peor y no se toman medida, y evidentemente no se trata de un fallo capitalino sino de que nuestra provincia está dejada de la mano de Dios desde la Junta y desde el Gobierno. No hay más que ver el retraso de tantos compromisos en infraestructuras, sin contar los obstáculos interpuestos a muchos proyectos rivales, en plan perro del hortelano. 37.000 parados son muchas familias en apuros, en especial teniendo en cuenta que lo que viene, probablemente, es aún peor.

La cara del Mal

Nos tienen acostumbrados. Con una frecuencia desconcertante surge la noticia de que la eficacísimas policías dedicadas  al control de Internet localiza y detiene a un colectivo de pedófilos, cada vez más numeroso, cada vez más encanallado. Cuando nos contaron, en tiempos ya lejanos, que en USA se filmaban películas sadomaso en las que las víctimas sufrían y morían de verdad, nos costó lo nuestro asumir que la maldad humana alcanzara esos niveles, pero resultó tan cierto como que los consumidores de esa bazofia asesina eran magnates con recursos para proporcionarse productos tan exclusivos. La crónica de los pedófilos supera, sin embargo, si cabe, aquellas vesanias, y lo hace de tal manera que cabe pensar que esta locura lleva una deriva imparable por más que haya alcanzado ya cotas difíciles de imaginar. El último de estos golpes policiales, la “Operación Carrusel”, se ha saldado con 121 detenciones y 210 domicilios registrados, un saldo estupefaciente en cualquier caso pero que acaba de desconcertarnos al ver incluidos en la lista de perversos desde adolescentes a jubilados, y desde profesores a policías pasando por pilotos, funcionarios y un sorprendente número de parados, a los que se les imputa la tenencia y distribución (comercialización) de material pornográfico protagonizado por menores, exhibiciones denigrantes y hasta violaciones filmadas, en muchos casos sobre menores de nueve añitos y, en unos cuantos de ellos, hasta de bebés. ¿De dónde sale esa milicia malvada, qué está ocurriendo en esta mentalidad crítica para que la perversión desborde con mucho el límite asignado a la locura, cómo es posible que las sociedades vean con paciencia que semejantes atrocidades sean tan levemente castigadas por unos códigos que deberían ser decididamente disuasorios? ¿Es posible pensar en la reinserción de esos monstruos, tal como la contempla la actual Constitución española, por ejemplo, o será preciso entender de una vez que hay transgresiones que no admiten el riesgo de esperar la enmienda sin grave peligro para todos?

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Ha habido países europeos en los que incluso se ha llegado a solicitar públicamente el derecho de los pedófilos y hay naciones asiáticas convertidas en auténticos paraísos paralegales de su depravación que incluso gozan de libertad de propaganda en la industria turística. Y ello, junto a la experiencia de estos despreciables “voyeurs”, plantea inevitablemente dos cuestiones, una, la urgencia de legislar sin contemplaciones de manera que se garantice a la sociedad la ausencia definitiva del agresor, y otra, que se plantee seriamente qué está ocurriendo en el mundo desarrollado para que la perversión se desborde hasta estos insoportables límites, favorecida por las inmensas posibilidades de la Red, una cuestión propiamente psiquiátrica, a mi entender, pero que debe ser atajada con autoridad desde una normativa que procure al menos disuadir a esos malhechores. Toda la literatura erótica o pornográfica clásica  no osa siquiera acercarse a estos criminales ensueños que se multiplican en el anonimato relativo de la Red y nada hay en sus más audaces provocadores comparable a las barbaridades que estamos descubriendo cada dos por tres. Y eso debe de tener sus causas, sin  duda, pero sobre todo, tiene unos efectos tan estremecedores que obligan si más dilación a potenciar a esos ejemplares servicios de policía además de imponer legalmente una muralla al avance desenfrenado de estas actividades inicuas. ¿Qué se puede hacer con sujetos que coleccionan por miles y hasta por millones las más indignas imágenes de menores ultrajados, qué hacer con un perverso que viola a un bebé o con un corrompido que compra para su disfrute la filmación de tan inconcebible vileza? Creo que, además de esos tenaces policías, son los legisladores quienes deben cortar por lo sano. Al fin y al cabo, ¿no decidimos en su día cerrar el manicomio?

Cosas nuestras

Otra vez Andalucía en boca de todos, de nuevo nuestra sufrida imagen soportando la rechifla nacional a causa de un documento oficial –un panfleto propagandístico del río Guadalquivir—en el que aparece, decorando la margen del Rió, junto a la Mezquita cordobesa, la catedral de Palma de Mallorca. Y no me vengan con que se trata de una anécdota, porque la realidad es que la Junta contribuye con frecuencia a difundir esa ‘amable’ imagen de nuestra comunidad que algunos de nuestros compatriotas celebran desaprensivamente como si fuera real. ¿Quién ha confeccionado esa propaganda, quién la ha autorizado en la Junta, cuánto ha costado? Los andaluces no tenemos por qué sufrir la ignorancia de una Administración autónoma que encarga y paga a ciegas nuestro propio retrato a quien no sabe siquiera donde estamos situados. ¡Las cosas de Andalucía! Esa es una desdichada expresión que la Junta debería ser la primera en combatir y no en fomentar.

Las cuatro reglas

Creo que ha dicho Mario Jiménez, autodidacta al cabo, que los Presupuestos del Estado benefician a Huelva provincia más que ninguna otra andaluza, y que los onubenses, uno a uno, salen mejor parados que ningún otro andaluz. Pero eso es decir poco. ¿Por qué no divide lo que se le asigna a Cataluña para ver a cuánto sale cada catalán y luego lo compara con nuestros contribuyentes? Que sume, que reste, que multiplique y que divida y verá como Andalucía sale perjudicada sin remedio frente a Cataluña, a pesar de ser nuestra comunidad mucho más pobre y atrasada. Ese es el quid de la cuestión y no el similiquitruqui optimista. Si fuera verdad lo que el PSOE dice que el Estado (el Gobierno) le da a Huelva, estaríamos a la cabeza de España, siendo la triste realidad que estamos a la cola.