Héroe o villano

Cuando se cumplen los siete meses del escándalo, el New York Times ha expresado en uno de sus editoriales su convicción de que el Gobierno de Obama debería proponer a Edward Snowden alguna solución razonable al debelador del inmenso chanchullo del servicio secreto yanqui, y su intolerable intromisión en la vida privada de muchos millones de ciudadanos dentro y fuera de los EEUU. No se merece permanecer en  el exilio un hombre que ha revelado al mundo el abuso de una “inteligencia” cuyo abuso el propio Obama no ha tenido otro remedio de reconocer y enmendar (¿), teniendo en cuenta la irritación general provocada por la prueba de que la gente estaba siendo espiada en todo el mundo –teléfono, correo electrónico, amistades o actividades privadas a cualquier hora del día o de la noche—e incluso condenada por dos jueces que consideran tal actividad incompatible con la Constitución. Lo que nos cuenta el NYT que ocurre con sus lectores –que permanecen alejados “de la tierra de en medio” situándose en los extremos—es un poco lo mismo que está ocurriendo en muchos países occidentales afectados por la maniobra, a saber, que Snowden es visto alternativa pero simultáneamente como un héroe o un villano, como un traidor a la patria según los más radicales, o como un paladín de las libertades y derechos ciudadanos visto desde posiciones críticas progresistas. Pero la pregunta clave sigue en el ambiente condicionando, como se ve, la opinión de los medios más influyentes: ¿qué podría haber hecho Snowden o cualquiera en su lugar habida cuenta de lo remota que parece la posibilidad de que prosperase una denuncia interna?

 

NYT piensa que ese cualquiera se encontraría en la misma disyuntiva que Snowden y que infringir la ley en semejantes circunstancias no deja de ser un recurso humano digno de consideración. La opinión se mueve entre quienes piden que se gratifique la audacia de Snowden y quienes reclaman su ejecución o su cadena perpetua, y me temo que no sólo en los EEUU, porque, una vez más, nos hallamos ante una escisión maniquea que rechaza el término medio. Mientras tanto, Snowden, como un “James Bond” invertido, vive la paradoja de un exilio ruso que beneficia a Putin tanto como perjudica a Obama. Por lo demás, ahora sabemos, gracias a él, que no sólo los servicios americanos espían nuestra más reservada intimidad sino que tres cuartos de lo mismo hacen las demás potencias. Aquello de la “servidumbre voluntaria” parece seguir vigente.

Subir impuestor

A la presidenta Díaz –que debe de tener muy fresco el derecho fiscal de la carrera—no le gusta que en Madrid la Comunidad haya bajado los impuestos a los ciudadanos al reducir el tramo autonómico del IRPF. Por lo visto, ella sigue en la creencia de que “subir los impuestos es de izquierdas”, esa bobada que lanzó alguna otra minerva de cuyo nombre no quiero ni acordarme. Pues bien, Sra. Presidenta, baje usted los nuestros en lugar de mantenerlos en la cima del ránking nacional, y así nuestra Comunidad será más competitiva, según  su propio argumento. Andalucía, con Cataluña, es la comunidad que más ordeña a la vaca ciudadana. Lo normal sería envidiar a los madrileños, digo yo.

El 18 Brumario

Un 9 de noviembre, o sea el 18 Brumario del calendario de los revolucionarios franceses, Napoleón dio un golpe de Estado que acabó con el Directorio y lo aupó a él a la cabeza del Consulado. Medio siglo después, su sobrino Luis Bonaparte, luego Napoleón III, daría otro que trataba de calcarlo y que, en efecto, en poco tiempo lo convertiría en emperador como, según Rafael de León, predijera su futura suegra, doña María Manuela. En este caso, aunque no se produjera en tal fecha, Marx vio “El 18 Brumario de Luis Bonarparte” aunque, siguiendo la famosa frase de Hegel, no viera ya en él ningún carácter “trágico” sino los rasgos de una farsa dirigida por “un personaje mediocre y grotesco”. Y ahora, en fin, es Artur Mas el que elige esa fecha señalada para celebrar el referéndum imposible en el que anda empeñado. Pero, ¿si no es ni tragedia ni farsa, cómo hemos de ver en esta ocasión este descabellado proyecto cuyo éxito supondría una catástrofe y cuyo fracaso acarrearía un problema político de aquí te espero? No me digan que, en cualquier caso, la elección de un día tan cargado de rotundas connotaciones históricas no resulta un poco o un mucho megalómano, y más en una situación como la que atravesamos en la que ni a europeos ni a americanos nos llega la camisa al cuello, y en la que, por si faltara algo, Cataluña tiene que esperar a fin de mes la remesa de Madrid para pagarle a sus “mossos” y a sus “embajadores”.

 

Marx decía en esa espléndida obra que la Revolución Francesa se hizo, desde la República al Imperio, a la sombra simbólica de Roma, mientras que la dirigida por el sobrino no logró nunca su intento de duplicar a la del tío, para entonces ya anacrónica. Lo que no soy capaz de imaginar es qué diría de este Mas extraviado, sin duda, en su huida hacia adelante y que, insisto, no cuenta ya siquiera con los Guizot, los Constant o los Royer-Collard. Hay que tenerlos cuadrados para tratar de emular a Napoleón con su corona de laurel y su manto de armiño, y hay que ser temerario para no acordarse de Santa Elena como término, si no indefectible, más que probable, de los aventureros endiosados, sobre todo si en lugar de tener al lado a un prudente Sieyès no se tiene más que a un mitómano como Junquera despistado tras las trágicas huellas de un Macià o de un Company. De toda la construcción de Marx me quedo en este caso  con lo del “hombre mediocre y grotesco” que parece que anda en busca de su Eugenia de Montijo.

Maíllo

Estoy convencido de que el coordinador de IU, Antonio Maíllo, es lo que se dice “buena gente”. Lo malo es que su momento le ha llegado en el peor, es decir, cuando sus conmilitones habían cerrado ya a fuego su complicidad con un PSOE que los detesta y que les va dando borricate una vez tras otra cuando tienen la ocurrencia de aportar proyectos propios. Es cierto, eso sí, que los proyectos en cuestión hasta ahora no han sido ni normales, pero no lo es menos que, en cualquier caso, la connivencia le sale gratis al PSOE. Dentro de unos días, cuando con sus votos se aprueben los Presupuestos, Maíllo se puede dar por amortizado además de por cómplice. Digo yo que también es mala suerte.

Una real crisis

He creído todos estos años, oyendo hablar a Trevijano y a Antonio Romero, que el republicanismo había quedado –salvado sea Anguita—para una izquierda irredenta y perdedora. Sí, porque no había en el panorama español un solo signo de crisis en la estimativa popular y también, todo hay que decirlo, porque hemos visto cómo prosperaban las revistas del papel cuché. Pero empiezo a creer que me equivocaba, no porque vea en el horizonte un claro tricolor sino porque la propia institución, se ha personalizado tanto que ha terminado por desinstitucionalizarse. Tanto “juancarlismo” para arriba y para abajo, ha ido socavando el rigor conceptual de esa forma de gobierno que, en teoría pero también en la práctica, no lo duden, exige ante todo ejemplaridad. ¿Puede tolerar un país de parados la noticia de que su rey sufra un  accidente en un exclusivo safari en el que ni siquiera estaba solo? Pues a lo mejor, porque ya sabemos que el éxito del borbonismo es una subespecie del casticismo, un efecto simpático de índole irracional que arrebata a las mismas masas que, ya en dos ocasiones, echó a la Monarquía. Si por desgracia –porque esas cosas son siempre una desgracia—esa infanta imputada hubiera de ser paseada en la carreta aunque fuera sólo hasta Carabanchel, no duden que habría majos y manuelas festejando el suceso con agua, azucarillos y aguardiente. Los pueblos son mudadizos, por abajo y por arriba, y lo mismo que aclaman a los mitos los arrastran por el fango.

 

No parece que el derrotero que acaba de tomar el destino borbónico vaya a acabar con la monarquía pero sí que abre una rendija por la que se vislumbra la ceremonia de la abdicación como único estupefaciente para calmar este espantoso calambre. Y no porque el republicanismo apriete –que desde luego, no ahoga—sino porque nunca es tarde para que desde dentro de la propia institución el sentido común se imponga de una vez. Una infanta imputada es un desastre, pero una infanta en el trullo (del eventual indulto ni hablemos) es un baldón que no hay blasones que lo resistan. Los de la madrugada del 23-F peinamos ya demasiadas canas si es que nos queda pelo y los que vienen detrás han de ver el incidente como un caso penal más. Bastante tenemos ya con un Rey constitucionalmente inmune. Lo que parece mentira es que de ello no se hayan dado cuenta ni los protagonistas ni la cortecilla que los rodea en la nómina.

Sorber y soplar

El PCA acaba de proponer en un manifiesto su proyecto de sustituir al “régimen en crisis”, es decir al que lidera el PSOE con su ayuda, por un bloque “que luche por la soberanía política de Andalucía en el marco de una república federal y por un nuevo modelo productivo al servicio de la mayoría social”. Sorber y soplar se llama eso, poner una vela a Dios y otra al diablo, sobre todo si se termina de leer ese texto en el que, al tildarlo de montaje clientelista, se pone al PSOE como chupa de dómine. Dice también el texto que semejante situación obliga al PCE “a lidiar con una contradicción” y en eso, las cosas como son, lleva más razón que un santo.