Palos de ciego

La Junta de Andalucía no tiene ni idea de qué hacer frente a la crisis. No tienen  más que ver que los parados del mes de octubre equivalen casi al 80 por ciento de los que ella anunciaba que se producirían durante todo el año. Ahora ya n o niega el ciclón ni se anda por las ramas, sino que habla con dramatismo de la situación, pero mientras continúa sin renunciar siquiera a sus obras suntuarias o se limita a prorrogar el subsidio de los parados más incómodos, la única verdad es que está a verlas venir. El consejero del ramo es todo un espectáculo, los trabalenguas de Chaves una prueba del despiste. Y en resumen, lo probable es que suframos los efectos más agudos puesto que partimos de la situación más débil. El pero derrorismo es el silencio, la rutina, el dejar correr el tiempo en espera de que alguna mano milagrosa resuelva el angustioso problema, mientras hay ya zonas en la autonomía que tienen mano sobre mano a uno de cada dos integrantes de la población activa. La crisis va as servir para desvelar el agotamiento del “régimen”.

El drama del paro

Otro pelotazo a la provincia en la estadística de desempleo. Otros 2.117 trabajadores que se quena sin pan un 4’74 por ciento más todavía que el tremendo mes anterior. Huelva roza ya los 40.000 parados y subiendo. Y la Junta complaciente, anunciando un plan –¡otro!–, esta vez  un “Plan de Mejora en la Empleabilidad en Andalucía”, fíjense en el camelo, mientras los domesticados sindicatos se rasgan por fin las vestiduras y reclaman medida urgentes, pero medidas en serio. Algo es algo, pero demasiados indicios apuntan a que todo seguirá su curso natural, con la Junta contemplativa esperando el milagro. Andalucía a la cola de España y Huelva mal situada dentro de la comunidad, mientras la autoridad –la subdelegación del Gobierno, la Junta y su ‘delega’, la Diputación, observan la escena agazapadas. Estas no son malas cifras, es un drama. Quien diga otra cosa está perjudicando a esta castigada provincia que lleva un cuarto de siglo en manos del PSOE.

Moral de género

En los últimos días se han producido dos casos extraordinariamente elocuentes a la hora de comparar las ‘morales de género’ o, como se ha dicho toda la vida, el diferente trato que se da en estas sociedades nuestras a varones y hembras en las cuestiones relacionadas con el sexo. Al director del Fondo Monetario Internacional –categoría internacional de Jefe de Estado, ojo–, Dominique Strauss-Kahn, lo ha absuelto la institución al considerar que el escándalo provocado por su aventura con una subordinada “no afecta a la efectividad del director”, de manera que, considerando que hasta su propia esposa considera el incidente como insignificante, pelillos a la mar. Por otro lado, en Alemania, la señora Klatten –conocida en el “grand monde” como “Lady BMW”, heredera de la familia que controla esa empresa señera, casada y madre de tres hijos—ha sido descubierta manteniendo relaciones con un  chulo suizo que, junto a un ‘socio’, ha logrado sacarla  mediante chantaje nada menos que 7’5 millones de euros, según ella entregados en concepto de préstamo amistoso. Tampoco habrá divorcio en este caso sino que la familia parece haber reaccionado cerrando filas con la dama, lo cual no ha sido obstáculo para que los buitres de la prensa rosa (y no tan rosa, por supuesto) se lancen en picado sobre la carroña y anden tras la borrosa pista de un asunto que no tendría mayores consecuencias, ni que decir tiene, si el trasgresor fuera un caballero de esos que el propio san Agustín consideraba necesitados de acudir con su naturaleza a las “cloacas de la ciudad”. Los ricos también lloran, ya lo ven, y arrastran sus penas por el légamo de la vida, hasta acabar expuesto en la picota, bien que tratados según su sexo y condición.

                                                                   xxxxx

No sé a ustedes, pero a un servidor le resulta más disculpable el desliz de la heredera –una habitual de la revista ‘Forbes’—que, al fin y al cabo, no ha hecho más que gastarse lo que era suyo en lo que le ha dado la gana, que el del severo Strauss-Khan, acusado en principio, por su acción, de favoritismo, acoso sexual y abuso de poder, aunque como decía, absuelto luego por sus conmilitones con todos los pronunciamientos favorables. Pero el colmo ha sido ver a esos ‘medios’ sabuesos retorcer el caso hasta averiguar que el chulo en cuestión, un tal Sgarbi, sería el hijo de un judío que, bajo el régimen nazi, habría trabajado como esclavo en la fábrica de los Quant –esto es de la familia de Susanne Klatten—lo que conferiría al enredo una inesperada y excitante dimensión política traducible en términos de venganza generacional o algo por el estilo. No basta para ella, como en el caso del varón, la elemental razón de la concupiscencia causante de ambas trasgresiones, sino que es preciso buscarle aditamentos capaces de hacer de una simple aventura –intrascendente salvo para el marido y la familia, en todo caso—una leyenda con elementos llamativos y capaces de conferirle un sentido adicional lo más sensacionalista posible. ‘Moral de género’ pero también ‘moral de clase’, tan distinta de la que un día sí y el siguiente también emborrona nuestra actualidad con brutales crímenes perpetrados desde el primitivismo más elemental, provista de eficaces defensas mediáticas y al socaire de los restos del criterio ‘ilustrado’ que nos enseñó a distinguir entre el burdel del común y la zahúrda en que las elites consumaban su restringida liberación. No es idéntico el libertinaje desde arriba que desde abajo, pero, en todo caso, el atribuido a una mujer ofrece a la curiosidad pública un interés mucho mayor que el imputado a un hombre del que, ciertamente, depende en buena medida, y en estos momentos cruciales más que nunca, el futuro del planeta capitalista. Los próximos meses, con el juicio y demás monsergas, van a ser duros para la Klatten y los suyos. Strauss-Khan, ni que decir tiene, ni se acuerda ya, de su traspiés.

Dando largas

Los despedidos de Delphi no han sido recolocados. Ni los de plantilla, ni los de empresas auxiliares, ni los eventuales: ninguno. Menos mal que la Junta ha ordenado que se les siga pagando el subsidio de paro una vez finalizado su derecho (menos a los eventuales), pero es evidente que ésa no era ni es solución para nadie, aparte de que apunta a un desmoralizador horizonte de ocio forzado que seguramente traerá cola en las desgraciadamente muchas situaciones parecidas que se plantearán en esta crisis. La Junta ha mentido, ha entretenido, ha trajinado a esas criaturas, y ahora busca tapar el escándalo de su fracaso cargando el fardo de la subsistencia (“¿sine die?) sobre las espaldas del contribuyente. ¿No decían que ese cierre patronal iba a ser una bendición para la Bahía? A la Junta habría que exigirle responsabilidades por este camelo carísimo e inútil originado por su propia ineptitud.

Uno de cada dos

No es una novedad, pero UGT acaba recordar, por boca de su secretario general, que en la comarca minera onubense el paro asciende ya al 50 por ciento, esto es, a uno de cada dos integrantes de la población activa, y ésa es una situación  insostenible que no hay derecho a entretener a base de subvenciones y mamoneos sino que es necesario abordar como una crisis terminal. Entre otras cosas porque todo hace r prever que todo vaya a peor en los próximos años, lo que literalmente condenaría a la zona minera a una verdadera muerte civil. Ni planes de diversificación, ni cuentos chinos: la Junta, los ayuntamientos del PSOE, la Mancomunidad, todos y cada uno vienen ganando tiempo a base de las políticas menos imaginativas y más truquistas. Uno de cada dos parados debe de ser la tasa más alta de España. El Gobierno y la Junta deben explicar qué piensan hacer.

La edad patriarcal

En un programa de televisión italiano, el ex-casi todo Giulio Andreotti, ochenta años más que largos, se ha quedado pajarito, mirando distraídamente al techo del estudio, la boca entreabierta y el gesto congelado, imagen que ha dado un susto memorable a la presentadora obligando a pasar a publicidad a toda pastilla. Andreotti, que ha sido capaz de sobrevivir al infierno de la política de su país en  incluso a la prueba evidente de su vinculación con la Mafia que fue el beso retratado al ‘capo’ Totó Riína, aclaró con sentido del humor que contra lo que el hombre no puede hacer nada es contra la edad que no perdona mientras bromeaba sobre su suerte de verse entre dos bellas presentadoras en lugar de entre dos ladrones. Casi coincidiendo en el tiempo, el primer ministro Berslusconi ha dado a una revista de pequeña tirada un articulillo en el que apuesta por una prolongación de la vida –especialmente útil  a los políticos, que son “quienes se ocupan de los demás”, según él–, argumentando que los progresos de las ciencias biológicas permiten augurar a corto plazo ese objetivo largamente acariciado por la Humanidad en todos los tiempos. No han faltado las referencias míticas a Matusalem o a Noé, y a la famosa francesa de Arlès que alcanzó lo 122 añitos, ni que decir tiene que sin el menor tacto cronológico en lo que se refiere a las citas bíblicas, pero Berlusconi apela a los avances recientes del saber para augurar una nueva era en la que no es descabellado apostar por una media de vida cercana a los 120 años de existencia. Creo recordar que fue Ambrose Bierce quien sugirió que seguramente el deseo de longevidad era más imperioso y vehemente entre las lánguidas marquesas que entre los mineros, pero bromas parte, no hay más remedio que entender la aprensión con  que la profecía del primer ministro ha sido acogida en su país. ¿Se imaginan a Andreotti en plena forma o a Berlusconi empezando, como quien dice, su audaz aventura política?

                                                                    xxxxx

Habría mucho que hablar sobre este deseo más o menos explicable de la longevidad. El biólogo Ginés Morata, premio Príncipe de Asturias, sostiene que hay que extremar la cautela frente a  la perspectiva que, en efecto, abren ciertas conquistas de la ciencia, por la razón elemental de que esta sociedad no sería capaz de absorber ese avance ni habría seguridad social capaz de soportar semejante peso, y ya el propio Borges ironizó sobre la atroz perspectiva de la inmortalidad en un relato memorable. Hoy sabemos que Terencio no llevaba razón cuando sostenía en el ‘Phormion’ que la vejez es una  enfermedad, pero hay que reconocer que si no lo es se le parece mucho, acaso porque en el plan o en la razón de la especie, el cálculo de la vida está discretamente limitado, quizá no a las drásticas edades pasadas (casi los 30 años de media hasta el XIX, para pasar a los 80 en el XX) pero sí a algún cálculo prudente que, entre otras cosas, haga imposible que dos sujetos como esos trapisondistas italianos pudieran eternizarse en sus manejos cerrando el paso a las nuevas generaciones. Ninguna condición más cuerda en esta perra vida que su carácter efímero al menos mientras el modelo zoológico –y en consecuencia, su sociología—no cambien de modo radical. ¡Imaginen e un Stalin o a un Hitler, supervivientes, por no citar más que un par de mosntruos, calculen viva y coleando a esa larga nómina de tiranos y sátrapas de la que sólo nos ha librado la común condición de los hombres ante la vida y la muerte. Confieso que hubiera dado algo por ver en directo el pipijerbe de Andreotti, ese caimán contrahecho que durante años ha controlado con una mano el papado y con la otra a la Mafia, el gesto suspenso, la mirada perdida, la boca entreabierta. Uno que entendía lo suyo de la vida, Rostand, decía que mientras más vieja fuera la Humanidad más necesidad tendría de sus viejos. Pero ese es ya otro cantar. Hoy por hoy no tenemos asegurada ni la juibilación.