Más sopa boba

Se agrava la situación familiar en Andalucía, según ese observador de excepción que es ‘Cáritas’, cuyos servicios están palpando día a día el deterioro de la vida y el aumento de las ayudas demandadas, a pesar incluso de la moderada baja en los precios de los alimentos. ‘Cáritas’ reprocha que se movilice tanto dinero para salvar a la banca mientras es escatima con cuentagotas el destinado a combatir la pobreza, y no le falta razón en la medida en que el espectáculo mendicante tras un cuarto de siglo de gobierno sedicente socialista constituye al menos una paradoja. Y ya veremos qué ocurre cuando el paro, como está previsto hasta por el Gobierno, alcance cotas más bajas y los salarios, en consecuencia, se desvencijen. ¡La ‘Andalucía imparable’ haciendo cola a las puertas del comedor público! Mal que le pese, la Junta debe empezar su reacción por abajo, que es por donde más falta hace.

Alfombras de Bollullos

Mientras los expulsados de IU se manifiestan con fuerza ante la asamblea de la coalición en Salobreña, nos enteramos que, en noviembre, cuatro comisiones, cuatro por falta de una, abrirán sus trabajos en el ayuntamiento de Bollulos para esclarecer las zonas oscuras del anterior mandato. La “pinza” IU-PP, más que justificada ante la insolencia de Valderas y los suyos, podría apuntarse un tanto indiscutible si finalmente esos sabuesos contables logran confirmar sospechas todavía en el aire, como dónde está los 300.000 a la residencia para enfermos de Alzehimer que nunca se hizo, adónde fueron las subvenciones no justificadas o por qué ese Ayuntamiento pequeño y lleno de necesidades se gastó 80.000 euros en la excursión masiva a Fitur. Igual se acaban arrepintiendo de no haber llegado a un  acuerdo con los “rebeldes” cuando ya no tenga remedio.

Los ojos cerrados

Tengo entendido que un grupo de científicos está tratando de producir una ‘píldora del olvido’ a pesar de la oposición de ciertos lobbies integristas influyentes, más que nada religiosos, que ven en la memoria del sufrimiento un elemento esencial de la personalidad. No sé qué pensar, la verdad, aunque siempre he sospechado que la historia homérica de los lotófagos debía de tener un doble fondo simbólico hasta ahora poco o nada abordado. La memoria es tan esencial como el olvido, en cierto modo una y otro son haz y envés de una misma moneda vital, dos recursos anímicos irrenunciables pero que, como intuyeron los psicoanalistas, deben ser controlados cuerdamente, equilibrados, como si dijéramos, para compensar nuestro funambulismo emocional. Mala cosa la memoria a secas, el inventario bruto que conduce a la identidad, pero mala también el predominio del olvido que conduce a la inopia y expone a la reincidencia. El maestro Ayala, con su siglo largo a cuestas y su excepcional lucidez, ha salido a los medios, una vez más, para decir que una recuperación artificial y anacrónica de la ‘memoria histórica’, en los términos en que la ha planteado Garzón por ejemplo, resulta inaceptable, y que la necrófila decisión de reabrir las fosas de la guerra civil no es más que “una manipulación repugnante”, digna reacción de un protagonista de aquellos lejanos pleitos que, a diferencia de estos fosores vocacionales, podría haber estado dentro de una de esas sepulturas. Los ojos del Poder –y tras ellos los de sus clientes y paniaguados—se abren y se cierran a voluntad, según soplan los vientos. Sólo la mirada serena del hombre libre es capaz de contemplar con perspectiva un pasado demasiado complejo para ser expuesto en almoneda.

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Ojos cerrados para lo que conviene, abiertos cuando interesa. Occidente reacciona en cuestión de horas a la crisis financiera, pero lleva años mirando para otro lado para no ver las tragedias africanas con las que tanto tuvo y tiene que ver. Con las del Congo y Rwanda, por ejemplo, de las que acaba de decir el canciller francés, Bernard Kouchner, junto a su colega británico, que se trata probablemente de “una masacre como jamás haya conocido el continente”, que ya es decir, una tragedia de muchos años que se ha llevado por delante a millones de seres entre víctimas directas y colaterales. O con la reciente historia de la niña somalí –niña violada de 14 años, nada de adúltera de 24—lapidada ante la pasividad general sólo para borrar el rastro de la violación. O como la terrible ola de violencia en India, especialmente centrada en la persecución criminal de las comunidades cristianas que han osado acercarse con la mano tendida a las castas ‘intocables’. Hiela la sangre comprobar la indiferencia de las grandes instancias internacionales ante el escándalo continuo de la violencia y la injusticia, en contraste con la exigente actitud mostrada por ellas cuando el interés propio lo aconseja, pero consuela el espectáculo de entereza que supone ver a un viejo luchador salir a dar la cara en defensa del sentido común, como ha hecho este Ayala hoy agasajado pero cuya vida trituró, en buena medida, durante tantos años, el exilio y la experiencia de la derrota. La bella utopía del olvido reconciliador que buscan los sabios con sus píldoras, suena bien de entrada, pero lo cierto es que el hombre culpable descubrió en la noche de los tiempos ese recurso ansiolítico y no ha dejado de utilizarlo desde entonces. Lo que nadie aconseja, en cambio, es el cultivo de la ‘mala memoria’, el ejercicio de anamnesis perpetrado en el diván de los oportunistas. La vida sería insoportable con el recuerdo –pensaba Martin du Gard–, lo suyo sería elegir con tino lo que debe olvidarse. Y lo que debe permanecer en la conciencia, claro. Esa elemental pero difícil higiene de la existencia es la gran prueba que desde siempre comprometió al Poder.

IU, en su papel

Se defiende Valderas de las acusaciones de entreguismo al PSOE pero los hechos confirman, caso tras caso, su sempiterno objetivo de entrar en la órbita del partido gobernante. Ahí tienen el papel penosísimo que está jugando la coalición, socia del PSOE en el Ayuntamiento de la capital andaluza, y que no es otro que el jugado durante años por el grupo en el Parlamento de Andalucía: apoyar al Poder para evitar a toda costa las acciones decisivas contra la corrupción, negándose a constituir comisiones investigadoras e incluso –como estos días, a que se aclare el llamativo escándalo de se concejo singular al que se la amontonan casos como los de nepotismo o facturas falsas. Es difícil estar al caldo y a las tajadas, sobre todo mucho tiempo. E IU lleva legislaturas dejándose los nudillos, con mayor o menor disimulo, a las puertas de Chaves.

Puentes electorales

Nada se sabe de los puentes que iban a hacer sobre la marcha en Huelva, de creer a los altos mandos durante la campaña electoral. La consejera –para eso está ahí– dice un día que nada sabe del tema y al siguiente que la ridícula consignación presupuestaria a ellos destinada nada significa puesto que la obra ya ha empezado. El camelo de los puentes se cuartea cada día que pasa y mucho nos tememos que la crisis galopante, ahora ya recesión, retrasará ‘sine die’ esa revolución viaria que se sacaron de la manga los mitineros en las últimas municipales. No habrá puentes, ya lo verán, ni este año ni el que viene ni probablemente el siguiente, sencillamente porque no hay dinero y porque Huelva no figura entre las prioridades del PSOE. Ahí está el proyecto de aeropuerto o el de AVE para demostrarlo. Y el de los puentes, por supuesto.

La reina muda

Una doble y discutible convención viene rigiendo desde la Transición entre nosotros. La primera es que la Corona –que reina pero no gobierna—debe callar a pesar del rol conciliador que la Constitución le atribuye. La otra es que sobre la Corona no se habla. Por eso no me extraña el turbión  levantado por las opiniones de la Reina, poco acordes con lo políticamente correctas, que aparecen  recogidas en el libro de Pilar Urbano. ¿Puede opinar la Corona fuera de los discursos escritos y visados por el Gobierno? Miren, no voy a meterme en la eterna discusión sino para fijarme en el hecho insólito de la celeridad con que la Casa Real se ha sentido forzada a emitir una dudosa réplica que, partiendo de la idea de que la Reina ha resbalado con todo su equipo, no hace sino desautorizarla de plan o y, de camino, tratar de dejar en evidencia poco verosímil a la autora del libro en cuestión. Porque, verán: la Casa Real, que se ha regido habitualmente por la sabia estrategia del silencio y rara vez ha levantado la voz ante rumores y noticias muy graves, se ha apresurado a dar árnica ante la presión de determinadas minorías de moda, como los colectivos de gays y lesbianas, que por lo visto no aceptan que la Reina exprese una opinión que comparte una amplia mayoría de ciudadanos, pero que, curiosamente, parecen de acuerdo en exceptuar a esa mujer de la regla de igualdad y derechos femeninos para convertirla en florero institucional. Una Casa Real que no tuge ni muge cuando se acusa al monarca de enriquecerse desde el poder, de pagar sus amoríos con fondos reservados o de matar un oso previamente briago, cede a la primera ante la declaración de un ‘lobby’ sobrevenido cuyo poder está a la vista. El Rey puede mandar callar a un jefe de Estado; la Reina no puede mostrar siquiera su opinión particular. El marginalismo es como una muñeca rusa: ábrela y saldrán otras.

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Me explico como republicano que soy. Cuando la Reina dice que la ley civil no puede ignorar la natural parece ignorar el progreso que supuso para las civilizaciones el largo proceso de secularización de este último concepto dado el primitivismo y la brutalidad de muchas de esas leyes “naturales”: “no matarás en tan ‘ley natural” como la que establece la lapidación. Pero discrepar conceptualmente del llamado “matrimonio” homosexual es algo que comparte la Reina con la inmensa mayoría y, desde luego, abogar porque el cargo se designe por mérito y no por cuota sexual, también. El problema es, pues, si la Reina puede opinar o no y así como no tendría importaría mi criterio para nada , sí que importa y mucho que desde esos ‘lobbies’ marginales se exija su silencio y la cosificación de su figura. Más claro todavía: ¿alguien  cree que la Casa Real hubiera emitido ese pésimo desmentido si los protestantes hubieran sido los colegios médicos, las asociaciones de consumidores o incluso la influyente masonería? Pues yo no. ¿Cómo entender que esa Casa permanezca muda cuando alguien describe al Rey como “hijo de un crápula de condición deleznable (sic)” o lo acusa de corrupto y de organizar el golpe del 23-F y salga perdiendo el trasero a la palestra cuando quien protesta es un colectivo gay y cuatro gatos de menor cuantía? De ninguna manera, ya digo, a no ser que admitamos finalmente que este país está siendo dominado por esos grupos de presión que han pasado de perseguidos a dictadores de lo correcto. Un marginalismo que traga con que la Constitución siga discriminando a las hembras en el derecho de sucesión a la Corona, exige una Reina muda, decorativa, destinada de por vida a permanecer en pie dos pasos detrás de su marido. Este país tiene ya funcionando a toda máquina sus nuevas inquisiciones y no faltaría entre esa ultravanguardia mimada quien pretendiera ponerle su sambenito a la mismísima Reina y pasearla en burro de la Zarzuela a Chueca.