El talón de Aquiles

Alguien ha dicho que el talón de Aquiles de nuestra sanidad pública, en Huelva, es el estado inaceptable de los servicios de urgencia. Uno está convencido de que puñetera falta que hace un talón de esos en nuestra provincia mientras se mantenga en su puesto a ese delegado que no fue capaz de ganar las oposiciones que legitiman a los compañeros que las ganaron, pero no está mal traída esa propuesta ni la que desde el PP le han hecho a Chaves de que, en lugar de prometer tanto, se de una vuelta (sin avisar, se entiende) por el ‘JRJ’ y contemple de cerca el espectáculo tercermundista de esos usuarios amontonados que han de aguardar largas horas a que los desbordados médicos puedan atenderlos. “¿Quiere un vestío? ¡Catorce! ¿Quiere un reló? ¡De brillantes!”: la copla vieja se parece a nuestro electoralismo como una gota de agua a otra. Pero Chaves no irá a Urgencias, ya lo verán. Otra cosa sería que él precisara de esos servicios…

Inquisición universal

Me pregunto a veces si la tendencia inquisitorial –entiéndase la aspiración a someter el criterio ajeno al propio– será un fenómeno esporádico, determinado por circunstancias concretas, o por el contrario vendría a ser una suerte de invariante psicológico común a todos los humanos aunque no siempre manifiesto. Escucho a un mandamás del islamismo español abroncar sin contemplaciones a los obispos del país y negarles el derecho a participar en la orientación política de sus fieles, cosa que me resulta extraordinariamente difícil de entender viniendo de un dirigente islamista, esto es, de uno de esos clérigos emergentes (uso el término ‘clérigo’ en su sentido histórico, no en el canónico, claro está) que traen de cabeza al planeta con sus mitos y tabúes cuando no con sus ‘fatwas’ aterradoras. Y tropiezo también con la historia la persecución que están sufriendo en algunos países islámicos las comunidades cristianas, y concretamente el caso tremendo de un matrimonio egipcio convertido a esta fe, cuya lucha por lograr el reconocimiento burocrático de su nueva condición ha dado lugar, no sólo a una cerrada negativa por parte de las autoridades civiles, sino al disparate inquisitorial de que desde los sectores radicales (al menos, quiero creer que sólo desde estos) se haya desatado una auténtica persecución en la que no faltan las presiones y  amenazas, incluida la de muerte. O sea que, diga lo que diga el dirigente aludido al principio, mientras en España se multiplican exponencialmente las demandas de apostasía, en algunos países islámicos, como Egipto, todo un colectivo de abogados llega a pedir que se castigue con la muerte el cambio de fe, como parece ser que le acaba de ocurrir a nuestra pareja de conversos, aparte de que el propio padre de la esposa en cuestión le da quince días, ignoro si naturales o hábiles, para dar marcha atrás o entregar su cuello a la daga vengadora, justificado por las ‘fatwas’ dictadas por diversos jeques. Insisto, quién sabe si la Inquisición no fue un fenómeno histórico sino que más bien un rasgo de la condición del hombre y no sólo, por supuesto, del religioso. Ahí está el KKK o la ETA para probarlo.
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En Inglaterra se discute acaloradamente estos días a propósito de la oposición ciudadana, en ciudades como Glasgow o la propia Londres pasando por Oxford, a que las comunidades islámicas llamen a la oración con sus plegarias tradicionales y hasta dicen que, al menos en ciertos sectores, la salmodia del muecín ha desatado pánico entre los vecinos. Desde luego no cabe pensar siquiera que una iglesia copta, por poner un caso, volteara sus campanas llamando al culto ya que, como se ve, incluso la conversión íntima se considera en ese ambiente un crimen digno de ser castigado con la muerte, pero probablemente estos síntomas de intolerancia no sean más que la superficie que esconde otras inquisiciones de más hondos propósitos. Un estudioso argelino que enseña en  París, Kemal Nait-Zerrad, escribía no hace mucho que la complacencia de intelectuales y políticos con estas exigencias resulta sencillamente cándida ya que, según él, esas aperturas están siendo utilizadas arteramente por el fundamentalismo extremista para minar lo que, con el permiso de Habermas, pudiéramos llamar el espíritu ‘republicano’ que se expresa en el llamado ‘patriotismo constitucional’ tanto como en el de andar por casa. ¿Será la inquisición un episodio aislado, un accidente histórico, o tal vez un simple reflejo de intolerancia dictado desde el cerebro reptiliano al hombre de todos los tiempos? No seré yo quien dictamine sobre tema tan arduo pero me parece que quienes deberían meditar sobre él son esos inocentes aperturistas que prefieren el imán al obispo y el muecín a la campana. Voltaire recordaba que Luis de Páramo sostuvo que Jesucristo fue el primer inquisidor. Yo creo, sin embargo, que al propio Voltaire no le hubiera venido nada mal una pasada por el psicoanálisis.

Pueblo de segunda

No podremos seguir cabreándonos porque Pujol, con el dedo apuntado hacia nosotros, dijera aquello de que cada pueblo tiene el destino que se merece, una vez que el PSOE andaluz parece haber asumido el viejo déficit histórico que nos hizo mendigar trabajo en Cataluña, al proponer en su Conferencia Política que se estudie el catalán en esta “Andalucía imparable” para facilitarle a nuestros parados un puesto en ese mercado de trabajo que te obliga a hablar en su lengua. He visto pocas ideas tan estúpidas, desvergonzadas o ambas cosas, como ésta de hacerle el juego al extremismo nacional-separatista en lugar de exigir al “Gobierno amigo” que garantice a todos lo españoles su derecho constitucional a hablar español en España y a no ser discriminado por no chamullar las múltiples “lenguas oficiales”. Si eso lo llega a hacer la Derecha, la brean los mismos que se pliegan de modo tan miserable a la chulería y al chantaje que, escandalosamente, encabeza la sucursal catalana del propio PSOE. 

Engrasando la bisagra

Los transfugazos en beneficio del PSOE, que el PA criticaba enseñando los dientes trasantier, resulta que ahora ya no son más que “hechos puntuales”, lo que permite al PA de Rosal de la Frontera, y por supuesto al PSOE, pasarse por el arco los cacareados pactos antitransfuguismo y formar gobierno dejando fuera a IU. Eso se llama ir engrasando la bisagra, prepararse para la eventualidad de que, en caso de no irse definitivamente a pique, a IU le quede la oportunidad de garantizarse el chusco en la despensa del PSOE., eso sí enrolado en el “servicio” si no en algo peor. Ya saben los potenciales votantes del PA que les da lo mismo votar”andalucista” que darle la papeleta directamente al PSOE porque, de cualquier modo, en el haber del PSOE habrá de quedar. Y tres cuartos de lo mismo vale parta los de IU, uan vez que Valderas ha anunciado su sueño de “gobernar” (no se pierdan la gilipollez) tras las elecciones en caso de que el PSOE no lograra la mayoría absoluta. 

El mirón indefenso

No se puede negar la seductora acción de la tele en materia de Historia. Personas que jamás ojearon (sin hache) un simple manual, aguardan ahora anhelantes la hora del programa, normalmente de sobremesa, en que presuntos especialistas los ilustran con píldoras sobre nuestro pasado próximo o remoto, con tanta habilidad como frecuente insolvencia. Para empezar, la industria americana, que es la que lidera el sector (los “moguls” o magnates de que hablaba Umberto Eco), divide al visión pretérita en dos vastos sectores, uno de los cuales se ocupa de la antigüedad desde una perspectiva indefectiblemente espectacular (la mirada de Cecil B, De Miller, para entendernos), y el otro, de esa crónica americana para la cual se diría que la noche de los tiempos comienza en Búfalo Hill y la etopeya nacional en el general Custer. El interés por la Historia es para esa “industria de la conciencia”, como la llamó en su momento Ensenzberger, indiscernible del que la lleva a “fabricar” otros productos destinados al consumo masivo, y de hecho contribuye en gran medida a la famosa reprogramación del criterio que denunciaron primero los maestros de la Escuela de Frankfurt y luego los sociólogos de los años 60, y que obedecería –da lo mismo si de manera consciente o inconsciente por parte de los negociantes– a afirmar la lógica de un Sistema que tiene en la ignorancia su más seguro aliado y en la “mass cult” o cultura de masas que McDonnald comprendió que resultaba imprescindible a todo montaje social, su contrafuerte más firme. Nada mejor para eludir la complejidad del antiguo Egipto que atribuir las pirámides a manos extraterrestres, nada más expeditivo para explotar el misterioso entorno del cristianismo primitivo y su singular difusión por la futura Europa que repintar le ‘Cena’ de Leonardo y armar un laberinto de chorradas en torno a la figura de Magdalena y una leyenda del Grial que, de bote en rebote, va ya por los merovingios. Uno de los genios que he tenido el privilegio de conocer de cerca, Edgar Morin, vio en esa “megamáquina” nada menos que “El espíritu del tiempo”, creo yo que sobre las huellas lejanas de Paul Lazarsfeld, lo que venía a significarnos que eso era lo que había y santas pascuas. Faltaba mucho para que irrumpiera la “digital” pero la máquina funcionaba ya a todo trapo.
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El problema es que la Historia no es o, mejor dicho, no debe ser ningún entretenimiento sino, en todo caso, un sugerente motivo de reflexión para conferir sentido a nuestra Cultura, y lo que este tipo de divulgación está haciendo es más bien todo lo contrario, a saber, confundir a un espectador indefenso con hechos y razones frecuentemente arbitrarios. Aparte de que hay una estrecha relación entre esa devastadora industria y el submundo de la superchería con el que está íntimamente conectada. Y el resultado es que el ciudadano entretenido, el pobre mirón inerme que se traga sin masticar ese puré falsario, ya no es sólo alguien que ignora la lección pasado sino un infeliz en manos de un poderoso montaje manejado por los que el propio Eco llamó los “arquitectos del imaginario simbólico”. Cristo ha resultado ser el trasabuelo de Clovis, la Esfinge o los geoglifos de Nazca, obra de marcianos, Alejandro un efebo disoluto, los templarios simples arqueólogos de fortuna y custodios de secretos de tebeo. Una patraña brillante y absurda cuyos efectos, como previeran los citados maestros de Frankfurt, resultarán devastadores a corto y largo plazo, de paso que certifican la hipótesis, probablemente falsa, de que lo que de verdad vende masivamente es la fantasía y no la realidad. La cosa llega al punto de que cuando uno se topa en la pantalla con una historia real y bien contada –que algunas hay– se queda no poco desconcertado. Eso de que a la Historia sólo se accede por la imaginación lo decía un novelero como Anatole France por la cuenta que le traía.

Andalucismo a la deriva

El líder del andalucismo de recuelo que anda por ahí de mal en peor, ha debido pensar, a la hora de aliarse con ‘Liberación Andaluza’ en que lo que no mata, engorda, pero lo más probable es que, si sus potenciales electores llegan a enterarse de quienes son esos nuevos socios, de lo que reclaman y de lo que predican, cambien de papeleta y se vayan con su desconcierto a otra parte. Anda tocando fondo ese proyecto hace mucho tiempo, aunque nunca ha llegado a estos extremos de insolvencia que permiten a ese líder extravagancias como la de esta alianza, o proclamarse con tanta antelación disponible como socio del mismo PSOE al que, para seguir la corriente, descalifica cuando se tercia. El bipartismo andaluz se debe más a la decadencia del los minoritarios que a méritos de los partidos mayores. Estas inanias terminales, lo mismo en  el PA que en IU, no son más que el resultado de largos años de rutinas y ambiciones.