Repaso judicial

Reales Alcázares sevillanos, acto de presentación de cuatro nuevos magistrados de lo Penal que vienen  reforzar la tela de araña de la Justicia. En un discurso brillante, Antonio Reinoso, representante del Poder Judicial en Andalucía, no se anduvo por las ramas sino que le endilgó a la Junta uno de los palos más soberanos que se recuerdan desde que se habla de estas cosas, mientras el alcalde y el ‘delegata’ de la Junta miraban al suelo o a las musarañas como quien oye llover. Por cierto que Reinoso enfatizó un  argumento que aquí, modestamente, se ha dado varias veces: que no hay medios porque la Junta no invierte al carecer esa inversión en Justicia de rédito electoralista. Esto parece que se mueve y no tardará en mejorar, a pesar de la propia Junta y sus inefables responsables.

Ojos cerrados, bocas tapadas

El Ayuntamiento PSOE-IU de Aljaraque no sabe qué hacer ante la ola de asaltos y agresiones que padece la urbanización La Dehesa, un escándalo ante el que parece mentira que a estas alturas ni él ni la subdelegación del Gobierno tengan la más remota idea de por donde vienen los tiros. Y por si faltaba algo, carga contra el mensajero protestando por la “distorsión de la realidad, la manipulación de noticias y la generación de alarma injustificada”. Cara de cemento hace falta para salir ahora con ésas y máxime ignorando los últimos seis robos y la agresión al menor por parte de un encapuchado. En efecto, hay que ser responsables: ¿qué ocurre en la Dehesa de Aljaraque desde hace meses? No me extraña que no puedan reaccionar ante ello si ni siquiera podrían contestar a esta pregunta que se contesta sola.

El perro de Obama

Como junto al entusiasmo, no poco gratuito, despertado por el presidente electo, la verdad es que los entusiastas tienen muy pocas razones de peso para justificarlo, la noticia de que el hombre piensa agasajar a sus hijas con el regalo de un perro ha levantado en medio mundo una ardua polémica sobre la raza que debería tener el agraciado. Se dice que por el perro conocerás al hombre, que el carácter del can reproduce fielmente el estilo del dueño y que, en cierto modo, cabría parafrasear el adagio antiguo diciendo eso de “dime qué perro tienes y te diré cómo eres”. La parte buena de la polémica es que los aficionados a la microhistoria vamos a enriquecernos con al crónica perruna de la Casa Blanca, reviendo a esos presidentes del pasado, grandes y chicos, junto a su fiel mascota y tratando de intuir en ésta el carácter íntimo del mandatario. La historieta que hasta ahora se lleva la palma es la que se refiere a la decisión de Franklin D. Roosevelt de enviar un barco de guerra a Alaska en busca de su perrita ‘Fala’ que se había quedado olvidada tras un viaje oficial a aquellas heladas tierras, decisión que provocó, como era natural, un intenso debate crítico en todo el país y un cabreo de solemnidad entre los contribuyentes. El pastor alemán es quizá el más preciado hasta ahora por los presidentes, al menos desde que Hebert Hoover le pusiera caseta a su temible ‘King Tut’ que no permitía, según cuentan, que se acercaran al dignatario ni sus asistentes, un poco como el ejemplar negro que John Kennedy eligió para encabezar su jauría de perrillos menores, pero quizá el más popular fuera el labrador de Ford, ‘Liberty’, que no se separaba del jefe ni en los actos oficiales. Reagan tuvo su ‘Rex’, dicen que muy solícito, Bush su ‘Milly’ del alma y Nixon un bello ‘setter’ que lo acompañaba en sus meditabundos paseos aparte de otros de razas enanas para el escena doméstica. Ya saben que Truman aconsejaba a quien quisiera tener un amigo en Washington comprarse un perro y parece que Obama no ha olvidado el consejo.

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En medio de esta polemiquilla se ha ido abriendo progresivamente camino la idea de que a un presidente como a Obama lo que le pegaría más sería hacerse con un perro sin dueño, con un paria de la tierra, nada que ver con los aristócratas raciales tan estimados hasta ahora  por sus predecesores, un perro anónimo, sin más casta que la astucia ni más ‘pedigree’ que la indigencia, una exigencia que se plantea desde la imaginaria suposición mesiánica de que Obama es el esperado salvador que aguardábamos todos para que el Imperio se reconvierta en una entidad benéfica y protectora. No acabo de entender por qué, hay que decirlo, porque Barak Obama no es un paria ni un desheredado de la tierra, ni siquiera un negro discriminado, sino un miembro aprovechado y competente de la oligarquía que es como en América, fuera de dos o tres apellidos, cabe denominar a la aristocracia. Tertulianos y hasta politólogos cruzan apuestas sobre la raza perruna que, finalmente, elegirá ese electo que bastante tiene ya con formarse una idea de la que se le viene encima y, con él, a todos nosotros, humildes “provinciales” entusiastas que lo han saludado como aún no se merece pero como, con suerte, acabará mereciéndose. Personalmente veo un gesto tan obvio como demagógico en elegir un perrillo desahuciado, sin ocultar que –también yo víctima de la vorágine romántica que nos arrastra—esa elección sería, sin duda posible, concelebrada como un buen augurio y piedra miliar de muchas esperanzas. Obama es un secreto, un melón por calar al que se escoge por su color y su vaga aroma, y ahora, encima, van a juzgarlo por el perro que elija antes de que dé un palo al agua. Los hay que nacen con el pie derecho.

Me refiero al can que, cuando acabe este cuento, verá cómo se libra de esta puta crisis nada menos que en el olimpo de la Casa Blanca.

Los jueces van en serio

El movimiento de los jueces y magistrados no parece que vaya a quedarse en agua de borrajas. De momento, los de Sevilla han anunciado que suspenderán todos los juicios que hubieran de celebrarse en los meses de junio y diciembre y reclaman que se creen seis nuevos Juzgados para poder atender con garantías razonables a la ejecución de las sentencias. Aparte de ello se anuncia que la mayoría se atendrá a la “ratio” establecida por el Consejo General del Poder Judicial sin excederse en la productividad por considerar que lo favorece a la política cicatera de las Administraciones al compensar con su sobreesfuerzo la dramática escasez de medios humanos y materiales que padece la Administración de Justicia. Dudo que consigan mucho en esta coyuntura, pero no cabe duda de que están creándole al Poder ejecutivo un problema de dimensiones extraordinarias.

Sigue el boicot a Isla Chica

Ni un céntimo para la construcción del prometido mil veces centro de salud de Isla Chica. Es un tema enquistado para el PSOE, un empecinamiento realmente difícil de entender, esa oposición frontal a que la transformación de ese flanco de la ciudad –boicoteado por la Junta durante nueve años a la acción del Ayuntamiento—coja, por fin, el paso y se culmine como merece la capital. Porque mucho nos tememos que, tal como va la crisis, no habrá dinero en los presupuestos autonómicos ni el año próximo, ni el siguiente, ni el que le suceda. Ya me dirán cómo esperar otra cosa cuando el SAS anda imponiendo planes de ahorro a toda costa a hospitales y centro, reduciendo plantillas y hasta cerrando servicios. Isla Chica es una espina que el PSOE local lleva clavada pero en la carne de sus vecinos. Pocos casos como ése para demostrar el cainismo insensato que gastan los partidos en Huelva.

El plato caliente

Dicen que las crisis son ocasiones óptimas para los especuladores. Quien hubiera comprado acciones de ciertas empresas españolas hace una semana podría haber cuadruplicado su dinero en tan corto tiempo y seguro que ha habido no pocos afortunados que han podido hacerlo. Hay también quien anda con el anzuelo preparado a la espera de que los precios de la vivienda –ese sueño perdido—se derrumben para comprar a la baja. Unos ganan y otros pierden, como siempre en la vida, pero parece ser que nunca en términos comparables a lo que ocurre en las crisis. También como casi todo en la vida, la crisis es una cuestión de clase y acaso ningún ejemplo histórico comparable a la colosal intervención salvadora del sistema financiero que se está llevando a cabo, en régimen de discreta opacidad, pues está claro que la fenomenal inyección de dinero público servirá para enriquecer precisamente a quienes han provocado la ruina de los propios paganos. Donde de verdad se  vive la crisis en directo, en crudo, es en la zona baja de la sociedad, allí donde lo que se juega no es la fortuna sino la subsistencia y donde el zarpazo económico no se limita al quebradero de cabeza sino que supone, sencillamente, la pobreza si no la miseria. Ya hay, de hecho, elocuentes indicadores del impacto de la crisis que, no habiendo hecho más que comenzar, se mantiene en penumbra dentro de lo posible en un país que ha visto ir más de seis mil personas al paro durante el último mes y que ha asumido ya como una circunstancia irremediable, en algunas comarcas desarboladas, tasas de paro que afectan a uno de cada dos trabajadores de la población activa. Tiempos vendrán en que las tensiones se manifestarán en conflictos y ya no bastarán las palabras para contener la justa ira de los damnificados. De momento, al parecer, todavía hay margen y, con el inestimable concurso de los propios sindicatos, se puede ir difiriendo ese efecto fatal.

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Las ayudas de las organizaciones asistenciales, singularmente la de ‘Cáritas’, se han disparado en los últimos tiempos, tanto las consistentes en subsidios familiares  como las prestadas en los comedores a donde va a reponer fuerzas una vez al día la familia sin recursos. Los comedores universitarios –en cierto modo, imagen de otra época—han experimentado un extraordinario aumento de comensales, estudiantes y no estudiantes, que acuden a ellos buscando el menú de tres euros, y sus organizadores prevén que el aumento se disparará a finales de año. En el Ejército profesional, hasta ahora incapaz de cubrir sus necesidades de personal a pesar del desempleo ya existente, el ingreso está siendo también intenso por no decir masivo, sin contar incluso con el considerable número de voluntarios inmigrantes que han visto, como es lógico, cerradas todas las puertas ante este ritmo de destrucción de empleo, y ello a pesar de que los reclutas saben que cuentan con muchas probabilidades de acabar destacados en una zona de guerra, siquiera camuflados como misión de paz.. Han vuelto a abrirse, según cuentan, las puertas de la decaída industria del arreglo de ropa, un indicio bien ilustrativo de lo que es la pobreza padecida por las galdosianas clases medias sobre todo. Donde no se nota gran cosa la crisis es “por arriba”, como se dice en México, en las capas sociales no amenazadas por el fantasma del paro y a las que un encogimiento de la renta no le supone más que una contrariedad, nunca una situación desesperada. Y por supuesto, la indecible fortuna destinada por el Estado a salvar las finanzas está cayendo como agua de mayo sobre un sistema saqueado en el que tienen poco que temer las mismas manos que lo saquearon. La crisis es mala para todos, pero sin duda es peor para unos que para otros. Los políticos, por ejemplo, se han “congelado” el sueldo mientras “los de abajo” acuden cada día en busca de su plato caliente. No dirán que no tiene mérito.