Espartaco en Huelva

Chaves se ha paseado por Huelva en plan Espartaco, defensor “de los pobres, de los débiles y de los parados”, aunque ha admitido que en Andalucía, a pesar de haber salido ya gracias al PSOE de la pobreza y del subdesarrollo, existen aún “bolsas de pobreza”. Le llama “bolsas” a un 20 por ciento de la población, es decir, a dos de cada cien andaluces. que viven bajo el umbral de la pobreza, según los indicadores socioeconómicos más acreditados, un paisaje social inverosímil como territorio de esa modernización que promete siempre y nunca llega. Si no fuera porque andamos todos ya curados de espanto, sería para indignarse estos alardes de demagogia pura y dura junto a la evidencia de tantísimos incumplimientos anteriores. Los pobres, lo débiles y los paradosle deben lo poco que tienen ala inercia del desarrollo capitalista. El verdadero milagro del PSOE es mantener ese equívoco insultante a pesar de lo que la inmensa mayoría tiene ya más que asumido. 

El “lobby” feroz

La consejera de Igualdad y Bienestar Social tenía antier miércoles muy buenas razones para alegar destemplanza y resguardarse en casa, a ser posible bajo la cama. Lo digo porque ese día se supo que el TC había ordenado a su departamento juntero pagarle a la pobre madre de Iván y Sara, sin excusa ni pretexto, la millonaria indemnización estimada para compensar su “largo calvario”. No lo hizo, sin embargo, sino que se echó a la calle para retratarse con un llamado “Lobby Europeo de Mujeres” para presentar en sociedad una ridícula agenda del Instituto de la Mujer y proclamar, de paso, que se ejercerán sobre la Real Academia de la Lengua las presiones necesarias para extirpar del idioma castellano el raigón machista. A más a más, la ignara directora de ese organismo ha tenido una ocurrencia, que sospecho que puede dar la vuelta al planeta mediático, consistente en proponer la guerra al latín, lengua matriz de nuestro romance, a la que ella considera responsable de la orientación sexista del idioma, que no sería otra cosa que el fiel reflejo del machismo romano, un ámbito cultural en el que, según esa desinformada, “se consideró la mujer como esclava”. La idea de esas amazonas, burdamente enquistada en el imaginario feminista radical, es el absurdo de que el “masculino genérico” discrimina a las hembras, absurdo que el académico del Ignacio del Bosque ya se encargó, no sin sobrada sorna, de enmendarle brillantemente a una de nuestras políticas. Pero endosarle al latín semejante “culpa” (no hay tanta distancia, entre esas damas y el difunto Solís, por lo visto), es desconocer algo tan elemental como que esa fórmula idiomática no surge en el latín, ni siquiera en el griego, sino que es común al tronco indoeuropeo y casi universal en su uso. En griego se dice “antropos” para significar hombre-mujer, como en cualquier idioma civilizado, mientras se reserva “aner” y “gyné” para designar particularmente a un varón a una hembra cuando es preciso, es decir, igual que en español o en inglés, puesto que cuando Darwin tituló “El origen del hombre” no estaba discriminando ni mucho menos a la reina Victoria, sino todo lo contrario. La ginecocracia parte de un dogma y eso es mala cosa.
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Que el masculino genérico no excluye a la mujer es aceptado desde san Isidoro a  Chomsky pasando por Blanca de Navarra. Que a nosotros nos haya caído encima desde una catapulta romana es sencillamente incierto. Y claro está, la anécdota, tan infeliz en el fondo, no es nada grave si no fuera porque estamos comprobando que en esta coyuntura permisivista cualquier imbecilidad puede acabar consagrada incluso por una autoridad académica cada día más proclive a extender cartas de naturaleza a solecismos y corrupciones, sean nuevos o viejos. Sin contar con que esa “secreta guerra de los sexos”, como decía la Campoalange, va tiñéndose cada vez más de androfobia desde una perspectiva exclusivista que, naturalmente, nadie acepta en el uso corriente, pero que le da de comer a este personal sin escrúpulos y, desde luego, sin el menor concepto de lo que trae entre manos. Todo este fregado insensato, respaldado por la idiocia del propio lenguaje político masculino, no es más que una cortina de humo para –aparte de asegurar la nómina– distraer a la opinión de llagas más lacerantes. En lo que llevamos de año ha muerto ya un número de mujeres que anuncia un nuevo récord, lo que evidencia un fracaso radical de las medidas adoptadas (incluso de las injustas y dudosamente constitucionales) en defensa de la mujer. Pero, ay, ése es negocio que han de decidir en última instancia los machos del partido, el campeón de la berrea si me apuran. A las mujeres del feminismno de nómina les dejan este papelón ridículo de declarar la guerra a Roma como Lisístratas invertidas. Por lo visto ZP se resiste a implicarse en este asedio. Hay que reconocerle en ello, como mínimo, un intervalo lúcido.

Su peso en oro

El TC ha ordenado que a la difunta Carmen Fernández, “la madre de Iván y Sara”, injustamente despojada de sus hijos por la Junta de Andalucía y víctima de lo que los jueces han llamado “largo y tortuoso calvario” como consecuencia, se le paguen los 1’7 millones de euros establecidos como pírrica indemnización por los tribunales pero retenido por Chaves a fuerza de recursos. Once pleitos ha debido ganar esa desgraciada a la que la consejería de Igualdad ofreció 58.000 y ni uno más casi al tiempo que el intocable Presidente exigía a los periodistas de El Mundo, como precio de su honor mancillado (¡), nada menos que 700.000. Claro que no vamos a comparar Leonor de Chaves con el de Carmen Fernández que debe de ser muy inferior. La prueba de que debe de ser así es que las combativas feministas que cobran en la Junta por defender a la mujer no han dicho ni esta boca es mía ante este desafuero difícilmente comparable. 

Alcalde con sueldo

Hay que ver cómo se puso antier el alcalde de Cumbres de En medio –el pueblo 50 habitantes donde el Gobierno de Manuel Chaves no ha cumplido la promesa del polígono industrial pero en el que va a construir un costoso gimnasio… junto a la urbanización que construye su ya famoso hermano. Dice el pobre hombre (en el buen sentido, el alcalde) que “no tiene (tengo) tantos sueldos para aguantar a tantos santos”, semipiadosa expresión poco tiene que ver con la llamada de auxilio lanzada días atrás pidiendo ayuda para un pueblo que desaparecía por olvido de las Administraciones. Una lástima que no haya un hermano en cada pueblo necesitado porque si a la vista está, que no garantiza lo preciso, se ve que al menos un pelotazo le cae al pueblo. ¡Y se cabrean luego cuando hablamos de “nuevo caciquismo”! Yo creo incluso que al antiguo era más discreto a la hora de repartir la ‘pringá’.

Tenemos un problema

Estamos viviendo uno de esos momentos históricos confusos en que las desdichas se abaten sobre la sociedad en términos que ni el Sistema ni el Poder son capaces de suprimir sino todo lo más de enmascarar porque, a la postre, nadie puede engañar al súbdito sobre su propia experiencia, pero sí, ¡vaya que si sí!, es posible confundirlo exhibiendo impúdicamente lo imaginario y, al mismo tiempo, escamoteando lo real. ¿Hay o no hay crisis, por ejemplo, podemos seguir soñando en la “new age” o sería menester tocar ‘diana’ antes de que se haga forzoso tocar ‘generala’? El estruendo producido por la crisis hipotecaria, aunque sin perder su enorme capacidad de alarma, figura ya tras una alarmante serie de desastres económicos que va desde la subida incontrolada de los precios hasta el derrumbe espectacular del Bolsa pasando por el súbito desplome del empleo y, según dicen los expertos, por la caída simultánea del índice de confianza y el de producción industrial, grave panorama en cuyo seno el consumo ha encogido sensiblemente, la inflación ha vuelto por sus antiguos fueros y la renta de las familias se ha visto jibarizada súbitamente hasta un punto extremadamente inquietante. Pero ¿estamos en crisis o no estamos en crisis? Pues depende, porque mientras la práctica totalidad de las instituciones concernidas, incluidas las oficiales, no pueden ya negar esa clamorosa  evidencia, el Gobierno insiste en que aquí no hay más problema que la injerencia de los obispos en la vida política, el presunto maltrato a un equipo de anestesistas o el turbio expediente del ‘Jack 42’. Ahora bien, si atendemos al volumen informativo y a la vehemencia de las críticas, el verdadero problema que tenemos hoy en España es la “cuestión Luis”, es decir, el dilema que divide por gala en dos a vastos sectores de esta sociedad a propósito de la eventual destitución del responsable de nuestra gloria futbolística o de su confirmación en el cargo. Tenemos un problema y se llama “Luis”, no le demos vuelta. Ni de lejos se acerca al tiempo y espacio dedicado en los ‘medios’ a debatirlo, el que en esos mismos ‘medios’ se consagra a aquellas acuciantes cuestiones. Se ha escrito (Patrick Mignon) que el fútbol resuelve a su manera la tensión entre igualdad de derecho y desigualdad de hecho. Faltaba por comprobar hasta qué extremo puede servir de pantalla para esconder una catástrofe.
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A uno le parece una irresponsabilidad entretener a la gente que pena calculando cómo llegar a fin de mes, a base de enredarlos en la discusión sobre si Luis debe llegar o no al campeonato de Europa. No le parece, en cambio, que ese señuelo sea peor ni más grave que enrollarla temerariamente en una nueva “guerra de religión” ni en una cruzada a favor de la eutanasia, pero la realidad es que el Poder propone y suele conseguir un índice de actualidad acorde con sus intereses inmediatos, posponiendo o incluso eliminando cuantos puedan entorpecer sus designios. Esta temporada toca Luis, como digo, y no cabe duda de que el Poder cuenta a la hora de imponer ese disparate con una decisiva ventaja sobre la opinión pública, que es casi siempre, en última instancia, mero sujeto pasivo reducido bajo la camisa de fuerza de la información. Todo el mundo puede opinar sobre Luis, evidentemente, para cualquiera resultará gratis aplaudir sus galimatías o rechazar la rudeza de sus modos y maneras o su encoñe contra Raúl. No ocurre lo mismo, sin embargo, si lo que se debate es el galope de la inflación, el disparo de esos precios una vez más empeñados en tomarle el vello del dorso a la Mano Invisible o un cataclismo laboral que acaba de batir su récord histórico. Y ahí es donde entra Luis en la escena política, como el mejor póster electoral que pudiera imaginar un “creativo” al servicio del Gobierno. Tenemos un problema, eso es seguro. Menos mal que Luis puede regatear con él siquiera mientras se sosiegan los obispos y la banda de indecisos decide su voto.

Continúa el hazmereir

Lo que faltaba: ahí tienen a la ministra de Educación bendiciendo la idea de Chaves de enseñar catalán a nuestros trabajadores para que puedan agenciarse en Cataluña el puesto de trabajo que, por lo visto, él prevé más que improbable en nuestra propia comunidad, mientras el portavoz de la Junta califica de “manipulación grosera” la interpretación que no sólo el PP ha hecho de esa ocurrencia que no tiene pérdida por más vueltas que le den. Y por si algo faltaba, ya en la parte cómica del astracán, oigan a una diputadita hacer méritos diciendo que los andaluces “son capaces de aprender inglés, francés, catalán, chino y alemán”, hecho tan extraordinario como inverosímil, sin duda, que incita a preguntarle a la cuitada cuántas de esas lenguas conocen en total sus compañeros del grupo parlamentario. Hemos entrado en Cuaresma camino del tonto de capirote, pero lo único seguro es que habremos de seguir de costaleros en esta larga estación  de penitencia.