El modelo japonés

Se ha planteado en la tertulia de Carlos Herrera si era conveniente o no lo sería que los medios de comunicación  estén aferrados al notición de la crisis, multiplicando noticias deprimentes y difundiendo teorías no siempre coherentes. Mi opinión  ha sido que sí, que lo único que faltaba sería dejar este enigma de la crisis en las siete manos mal contadas que de verdad mueven sus hilos, en guardar silencio ante la catástrofe mientras la elite prodigiosa difunde sus versiones a placer. Dicen que es que la insistencia de la esa información  provoca el pánico, como si el pánico no fuera más que el efecto de la gigantesca estafa que se ha perpetrado aquí y que todos estamos empeñados –por la cuenta que nos tiene– en arreglar a toda costa, aunque seas pagando de nuestro bolsillo de contribuyente la alícuota que nos corresponda. ¿Quién tiene la culpa de que el personal no se fíe de la seguridad de sus ahorros? ¿No la están garantizando, incluso en España, los Gobierno de medio mundo? La gente se asusta porque tiene en la retina más o menos vaga la imagen del corralito argentino y las inútiles caceroladas que con desconcierto hemos estado tragándonos a la hora del telediario durante demasiado tiempo, pero también por la por la bendita evidencia de que si el Gobierno garantiza los depósitos es que corren peligro. No hay que tentarse la ropa, pues, a la hora de decirle a la gente la verdad, entre otras cosas porque la gente, en situaciones como la presente, puede en un momento dado igual sentarse en plan zen que lanzarse en tumulto a retirar del banco lo que es suyo. Una viñeta del NYT recogía el otro día la bronca que un marido dedicaba a su mujer al sorprenderla holgando con un extraño en su propio lecho, y el mayor reproche que le dedicaba era que estuviera cometiendo tamaña felonía sobre el colchón que guardaba los ahorros gananciales de toda una vida. El humor, como la literatura, se adelanta siempre a la realidad.

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En Japón se desató una crisis fenomenal hace más de quince años pero desde hace cinco más o menos han logrado estabilizar el desastre y –con interés próximo al cero por ciento—tratar de relanzar una economía boyante que ha quedado hecha trizas. Y se dice que si los japoneses sacaran al unísono al mercado todo el dinero que poseen disimulado en casa o en escondrijos seguros es probable que la recuperación entrara en una fase acelerada de no más de un par de años de duración. Es decir, que el desplome japonés ha durado una década instalado en la recesión, lo que no deja de ser un discreto aviso para nuestros navegantes, pero también sabemos ahora que buena parte de la responsabilidad por el retraso de la recuperación es consecuencia del lógico miedo de los ciudadanos. Se viene a la cabeza la que armo ‘Michael’, el de “Mary Poppins”, cuando se negó a entregar en el banco sus famosos dos peniques y la gente interpretó la escena como una prueba de falta de liquidez, organizándose el famoso tumulto que acabaría buscándole la ruina al padre del niño inocente y sólo se arreglaría por mediación de la propia ‘Mary Poppins’ que, en realidad, no era más que un hada buena. El problema, como dice un buen amigo mío, es que aquí están a la vista muchos sinvergüenzas especuladores pero no hay forma de ver por ninguna parte un hada buena. Ya he dicho otro día que espero un buen fin de este pavoroso embrollo porque no creo en Sansón: no hay nadie que se eche el templo en lo alto voluntariamente. Pero eso no excluye la posibilidad de que nuevos factores agraven la sensación de inseguridad de la gente provocando el miedo desatado, con lo que, como en el caso japonés, sería peor el remedio que la enfermedad. Esto no va a ser corto, probablemente. Lo que está por ver es qué destrozos deja en el camino el turbión desatado por la fe absurda en el progreso ilimitado.

El voto a distancia

La ausencia de tres diputadas enfermas y la voluntaria de Chaves ha hecho perder el PSOE una votación en el Parlamento andaluz y Chaves se propone blindar su mayoría para el futuro cambiando la norma de manera que puedan votar sus Señorias ausentes cuando esté justificado. ¿Y cómo se come eso de un voto no presencial en una asamblea, qué amnesia ha hecho olvidar a nuestro próceres la antigua imagen de los diputados impedidos conducidos en camilla hasta la Cámara para posibilitar su voto? El voto es del diputado, no del partido, y ha de ser emitido en su momento y en forma reglamentaria. Lo demás será otro abuso que, podría beneficiar a todos, pero que blindaría un a mayoría absoluta incluso contra el Destino. Sería bueno respetar la vieja democracia en lo que de ella queda formalmente vivo. Es lo menos, y quién sabe si será lo más, dadas las circunstancias.

Presidente con antena

Algo habrá que decir sobre el encumbramiento a la cúpula del PSOE olontense del habilidoso que con su antena ilegal logró impedir que Gibraleón se enterara de lo que ocurría en el Ayuntamiento interfiriendo a la propia emisora local, hechos por los que está imputado que yo recuerde. ¿No tenían otro, tan baja va la autoestima y el respeto propio para premiar a los tramposos y poner el partido en bajo la presidencia de un sujeto capaz de sabotear la televisión del propio Ayuntamiento? Parece como si el PSOE onubense anduviera empeñado en culminar la sucia operación del “transfugazo” que arrebató la alcaldía al PP mimando a sus fautores y premiándolos a manos llenas. La elección del “antenista” a presidente local constituye un trágala no sólo a los ciudadanos atónitos sino a tanto militante honrado del PSOE como anda por ahí escondiendo su vergüenza.

El mono y el ratón

Un  fundamentalista islámico de nacionalidad turca acaba de ofrecer seis millones de euros a quien sea capaz de demostrar científicamente la teoría de la evolución expuesta por Darwin hace siglo y medio. Sostiene el hombre que se arriesga poco dado que tiene comprobada la identidad de los fósiles en todas las edades y asegura haber vendido en Turquía –un país donde, según las informaciones disponibles, solamente un cuarto de la población acepta el darwinismo—ocho millones de ejemplares y que su empeño se base en el convencimiento de que la teoría de la evolución es un “complot satánico” del que se habrían derivado, a un tiempo, el nazismo y el comunismo más extremo, así como el terrorismo contemporáneo. Por su parte diversas noticias se refieren a la actividad de los ulemas que con sus ‘fatwas’ se encargan de condenar sin contemplaciones toda conducta que no venga explícitamente determinada en el Corán, peligrosa y subjetiva forma de jurisprudencia de lo menos prudente que, en la cumbre del desvarío, acaba de condenar expeditivamente al ratón ‘Mickey Mouse’ al que considera un “soldado de Satán” que debería ser ejecutado aunque sólo sea porque el famoso dibujo exalta e incluso mima a una especie animal, los roedores, ya condenados por la ‘sharia’ islámica como reos de corrupción. Condenas contra escritores, alguna contra los dueños de televisiones de contenido inmoral (valga la redundancia) o dirigidas a eliminar la escultura en el mundo o contra la teoría de la evolución, ponen en evidencia a unas sociedades atrapadas entre el peso fatal de su arcaísmo y la relativa modernidad que intentan introducir sus propios Estados, pero sobre todo, demuestran la vanidad que supone cualquier proyecto de acordar con ellas alianzas que garanticen lo que en el mundo desarrollado se consideran derechos esenciales. Un clérigo del más alto comité del islam suní, Al Azhar, dictaminó que un varón y una hembra sin relación legítima podrían convivir en una oficina con la condición de que el varón fuera amamantado cinco veces al día por ella con objeto de crear un vínculo materno. ¿Le parece al lector compatible este estado de cosas con un proyecto unificador de civilizaciones?

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No hace mucho la prohibición le tocó a los perros, considerados malditos, como los cerdos, en el texto coránico –razón por la cual está prohibida su tenencia salvo para estrictos cometidos de guardia y vigilancia–, lo que obligó a la autoridad a disponer cerca de Teherán una cárcel para canes cuyos duelos fueron severamente advertidos de su trasgresión y castigados en consecuencia. Pero no se trata de multiplicar los ejemplos sino de poner en evidencia, una vez más, la inviabilidad práctica absoluta de acordar y unificar criterios entre regímenes teocráticos ensimismados en su propia lógica y sistemas sociales basados en la libertad del individuo y en la consiguiente defensa de sus derechos fundamentales. No hay nada serio que hablar con un sujeto que se cree con derecho a lanzar su condena contra alguien por el simple hecho de que su conducta discrepa de su criterio subjetivo, ni en la vida privada ni en la vida pública. Nada tenemos que discutir con quien cree maléfico al ratón ‘Mickey’ u ordena dar muerte a un ciudadano porque produce programas considerados inmorales por su código particular. Lo que no quiere decir que haya que plantear la relación con ese mundo en términos conflictivos ni excluyentes sino que es obligado encontrar fórmulas de respeto mutuo basadas en el reconocimiento de la libertad y no sujetas en ningún caso a la imaginación religiosa. Al mundo de la ‘sharia’ hay que hacerle entender que sus normas son particulares y que el concepto ‘ilustrado’ de convivencia excluye fatalmente la posibilidad de ese ‘derecho’ subjetivo. Con Turquía precisamente tiene el Gobierno español su principal y erróneo aliado en este proyecto. No le arriendo las ganancias al pobre mono.

Al pairo

No es que andemos mucho mejor como país, pero Andalucía navegad por la crisis al pairo y sin patrón siquiera. Invito al lector a que recuerde (si es que puede) el “paquete” de “medidas” improvisado por la Junta a rebufo de las ocurrencias del Gobierno de Madrid, cuando todavía no aceptaban, ni una ni otro, la gravedad de la catástrofe que está ocurriendo. Desde entonces, sin embargo, Andalucía cuenta con muchos miles de parados más y vive en un sinvivir pendiente del telediaro, pero la minerva chavesiana no ha tenido ninguna nueva idea salvadora. Lo cual, teniendo en cuenta, que ya íbamos a  la cola del país, resulta de lo más alarmante,  mientras el Presidente pasea por las Américas en busca de votos y su gobiernillo deja pasar el tiempo a ver si por ahí fuera alguien para este desastre. Si se cumplen las previsiones de paro para España, Andalucía se verá en la peor situación de su historia democrática.

Estadística e historia

Dice el responsable del hospital “de referencia” Juan Ramón Jiménez, que el caso del paciente infectado de ‘legionella’ en el propio hospital no deja de ser “normal”, estadísticamente hablando, dado que un porcentaje de enfermos hospitalizados contraen enfermedades nosocomiales, entre las que se encuentra la que otra vez nos aflige. Eso está muy bien, pero la historia del JRJ dice mucho más que eso, por ejemplo, que son muchos los casos registrados (y ocultados alguna vez) y que ya en una ocasión hubo que cerrar habitaciones y hasta plantas a cal y canto, aparte de proveer a internos y familiares de aguan mineral ante la razonable convicción de que ese mal circula por las conducciones de agua, probablemente inadecuadas, que posee el moderno hospital. En el JRJ algo no funciona en este aspecto. Mientras no se estudie ese problema habrá que seguir jugando con la estadística.