El alcalde monterilla

El alcalde de Cumbres de Enmedio “no tiene vergüenza ninguna”, empleada sea la expresión en los mismos términos y con idéntica intención a la suya a la hora de descalificar a este periódico. Al pobre hombre le ha caído encima la del tigre al haber levantado la liebre del montaje de los hermanos Chaves en su pueblo cuando cometió el error de acudir a la prensa para denunciar la situación de abandono en que se encontraba su aldea e, incluso, para dar detalles del incumplimiento por parte de la Junta del compromiso adquirido en ella por su Presidente. Razón de más para no lanzarse sobre el mensajero y, si se nos apura, para exigirle –como a la persona mejor enterada de ese enredo– que explique a la opinión pública qué pasa en esas Cumbres que hasta ahora se había llevado con tanto sigilo. Pero de verdad, diciendo toda la verdad y nada más que la verdad. Seguro que ese monterilla se mete bajo la cama antes de dar tan honorable paso. 

Las tres gracias

Un estudio que acaba de hacer público el Gobierno de esta apaleada nación, el “Estudio Antropométrico de la Población Femenina”, ha resonado como un aldabonazo en medio de la algarabía, en especial por esas tres notas agudas que vienen a ser en ese (des)concierto la clasificación de la hembra en tres categorías/modelos: el ‘diávolo’, el ‘cilindro’ y la ‘campana’. El motivo de la iniciativa no puede ser más prosaico, puesto que lo que se dice, al menos, es que el Poder se toma semejante molestia por ayudar a las hembras a sobrellevar sus cuitas en el probador, toda vez que, por una parte, la “moda” impone un modelo ideal prácticamente inalcanzable y, por otra, la industria jode el invento a base de trucar los tallajes para aliviar esas cuitas falsificándolos de manera adecuada, es decir, ofreciendo unas tallas falsas que atenúen la eventual mala conciencia de la hembra cuyas medidas excedan o no llegen a las que propone el modelista industrial. Se equivocará quien vea en esta preocupación por el vestido un objetivo banal porque la indumentaria de la especie no es sólo la imposición de una necesidad (combatir el frío, prestigiar la figura) sino un elemento cultural de alto valor simbólico como en su día explicó Barthes en un ensayo que no les recomiendo por su complejidad pero que marcó un antes y un después, a mi entender, en el enfoque del tema. No solemos pararnos a considerar que el cuerpo humano tiene su historia (véase la monumental obra dirigida por Vigarello y otros, disponible hace tiempo en español) como Maguelonne Toussaint-Samat demostró en su conocida historia que la tiene el vestido mismo, incluyendo el enigmático atuendo con que la fábula invistió al “Rey desnudo”. Es apasionante el asunto del cuerpo y su cobertura, igual que lo es el desnudo y, ya puestos a orientar lecturas, vaya recomendada para el caso la obra de Jacques Laurent “El desnudo vestido y desnudado”, me temo que aún por traducir. Una secreta corriente estética da y quita sentido tanto al cuerpo como a la ropa desde la Venus de Willendorf o la de Gnido a las astigmáticas modelos de Modiglian pasando por las venus y matronas rotundas de Rubens. Desmond Morris no sabía lo que estaba sugiriendo cuando tituló su famosa antropología “El mono desnudo”.
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De todas maneras, a mí al menos, me resulta algo paradójico que este liberalismo que nos invade se decida a intervenir en la intimidad del probador al mismo tiempo que hace el dontancredo frente a la crisis de los precios invocando una Mano Invisible que por lo visto puede actuar libremente con el acerico entre sus dedos pero no puede intentarlo en otros ámbitos empuñando los instrumentos adecuados. Aunque bien es cierto que, por lo demás, tal vez no hacían falta alforjas para ese viaje a cuyo término el viajero nos refiere que el morfotipo ‘cilindro’ predomina entre las pibitas, a ver, en la madurez el ‘diávolo’ y ya a en la cuesta abajo la puñetera campana. Y ahí es donde quiere meter la mano y la tijera el Estado protector, dispuesto a legislar sobre el tallaje mas o menos como desde la más remota antigüedad lo viene haciendo sobre pesos y medidas, trátese de áridos, de diamantes o de cerdos en canal. ¡Mira que si no está tan claro ese dogma invasor de la no injerencia, mira que si, al final, resulta que el intervencionismo no es renunciable no ya en la oficina donde el almotamid pesa el pan en la lonja sino en la intimidad del reservado donde la hembra esbelta disfruta su narcisismo y la exhuberante deplora su infortunio! El caso es que hasta a la hora de comprarse un sujetador o unos ‘jeans’ el Gran Hermano ha decidido no perder de vista a la humanidad desnuda, precisamente porque no se fía un pelo del propio Sistema que gestiona y al que debe su satrapía. Y tendrá que andar con cuidado porque bien sabemos que sólo hay una cosa que pasa de moda: la moda. Cualquiera sabe, por ejemplo, cual de esos tres morfotipos será el ideal de mañana.

De rodillas

Es tremenda la historia que cuenta el médico andaluz expulsado de una mutua en Barcelona por no saber catalán. Tremendo que la Junta de Andalucía no respalde el derecho constitucional de los ciudadanos a hablar el idioma constitucional del Estado, aunque eso, claro está, no debe extrañarnos gran cosa tras oír a proponer a Chaves a los parados andaluces que aprendan aquella lengua como posible requisito para obtener háyale puesto de trabajo que, por lo visto, Chaves no espera que aquí acabe generándose siquiera para la mayoría. Hay que imaginarse la que organizaría el lehendakari o el President si a un euskaldún o a un catalán lo echaran a palo seco de Andalucía por carecer de alguna de nuestras peculiaridades. Chaves pasa de ese tema como de tantos, cabalmente como de cualquiera que no afecte a su continuidad en el poder, contando además con la complicidad silente de nuestros/“sus” medios. Nos han puesto de rodillas ante la chulería secesionista de los socios del Gobierno y derodillas, probablemente, habremos de continuar. 

Espartaco en Huelva

Chaves se ha paseado por Huelva en plan Espartaco, defensor “de los pobres, de los débiles y de los parados”, aunque ha admitido que en Andalucía, a pesar de haber salido ya gracias al PSOE de la pobreza y del subdesarrollo, existen aún “bolsas de pobreza”. Le llama “bolsas” a un 20 por ciento de la población, es decir, a dos de cada cien andaluces. que viven bajo el umbral de la pobreza, según los indicadores socioeconómicos más acreditados, un paisaje social inverosímil como territorio de esa modernización que promete siempre y nunca llega. Si no fuera porque andamos todos ya curados de espanto, sería para indignarse estos alardes de demagogia pura y dura junto a la evidencia de tantísimos incumplimientos anteriores. Los pobres, lo débiles y los paradosle deben lo poco que tienen ala inercia del desarrollo capitalista. El verdadero milagro del PSOE es mantener ese equívoco insultante a pesar de lo que la inmensa mayoría tiene ya más que asumido. 

El “lobby” feroz

La consejera de Igualdad y Bienestar Social tenía antier miércoles muy buenas razones para alegar destemplanza y resguardarse en casa, a ser posible bajo la cama. Lo digo porque ese día se supo que el TC había ordenado a su departamento juntero pagarle a la pobre madre de Iván y Sara, sin excusa ni pretexto, la millonaria indemnización estimada para compensar su “largo calvario”. No lo hizo, sin embargo, sino que se echó a la calle para retratarse con un llamado “Lobby Europeo de Mujeres” para presentar en sociedad una ridícula agenda del Instituto de la Mujer y proclamar, de paso, que se ejercerán sobre la Real Academia de la Lengua las presiones necesarias para extirpar del idioma castellano el raigón machista. A más a más, la ignara directora de ese organismo ha tenido una ocurrencia, que sospecho que puede dar la vuelta al planeta mediático, consistente en proponer la guerra al latín, lengua matriz de nuestro romance, a la que ella considera responsable de la orientación sexista del idioma, que no sería otra cosa que el fiel reflejo del machismo romano, un ámbito cultural en el que, según esa desinformada, “se consideró la mujer como esclava”. La idea de esas amazonas, burdamente enquistada en el imaginario feminista radical, es el absurdo de que el “masculino genérico” discrimina a las hembras, absurdo que el académico del Ignacio del Bosque ya se encargó, no sin sobrada sorna, de enmendarle brillantemente a una de nuestras políticas. Pero endosarle al latín semejante “culpa” (no hay tanta distancia, entre esas damas y el difunto Solís, por lo visto), es desconocer algo tan elemental como que esa fórmula idiomática no surge en el latín, ni siquiera en el griego, sino que es común al tronco indoeuropeo y casi universal en su uso. En griego se dice “antropos” para significar hombre-mujer, como en cualquier idioma civilizado, mientras se reserva “aner” y “gyné” para designar particularmente a un varón a una hembra cuando es preciso, es decir, igual que en español o en inglés, puesto que cuando Darwin tituló “El origen del hombre” no estaba discriminando ni mucho menos a la reina Victoria, sino todo lo contrario. La ginecocracia parte de un dogma y eso es mala cosa.
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Que el masculino genérico no excluye a la mujer es aceptado desde san Isidoro a  Chomsky pasando por Blanca de Navarra. Que a nosotros nos haya caído encima desde una catapulta romana es sencillamente incierto. Y claro está, la anécdota, tan infeliz en el fondo, no es nada grave si no fuera porque estamos comprobando que en esta coyuntura permisivista cualquier imbecilidad puede acabar consagrada incluso por una autoridad académica cada día más proclive a extender cartas de naturaleza a solecismos y corrupciones, sean nuevos o viejos. Sin contar con que esa “secreta guerra de los sexos”, como decía la Campoalange, va tiñéndose cada vez más de androfobia desde una perspectiva exclusivista que, naturalmente, nadie acepta en el uso corriente, pero que le da de comer a este personal sin escrúpulos y, desde luego, sin el menor concepto de lo que trae entre manos. Todo este fregado insensato, respaldado por la idiocia del propio lenguaje político masculino, no es más que una cortina de humo para –aparte de asegurar la nómina– distraer a la opinión de llagas más lacerantes. En lo que llevamos de año ha muerto ya un número de mujeres que anuncia un nuevo récord, lo que evidencia un fracaso radical de las medidas adoptadas (incluso de las injustas y dudosamente constitucionales) en defensa de la mujer. Pero, ay, ése es negocio que han de decidir en última instancia los machos del partido, el campeón de la berrea si me apuran. A las mujeres del feminismno de nómina les dejan este papelón ridículo de declarar la guerra a Roma como Lisístratas invertidas. Por lo visto ZP se resiste a implicarse en este asedio. Hay que reconocerle en ello, como mínimo, un intervalo lúcido.

Su peso en oro

El TC ha ordenado que a la difunta Carmen Fernández, “la madre de Iván y Sara”, injustamente despojada de sus hijos por la Junta de Andalucía y víctima de lo que los jueces han llamado “largo y tortuoso calvario” como consecuencia, se le paguen los 1’7 millones de euros establecidos como pírrica indemnización por los tribunales pero retenido por Chaves a fuerza de recursos. Once pleitos ha debido ganar esa desgraciada a la que la consejería de Igualdad ofreció 58.000 y ni uno más casi al tiempo que el intocable Presidente exigía a los periodistas de El Mundo, como precio de su honor mancillado (¡), nada menos que 700.000. Claro que no vamos a comparar Leonor de Chaves con el de Carmen Fernández que debe de ser muy inferior. La prueba de que debe de ser así es que las combativas feministas que cobran en la Junta por defender a la mujer no han dicho ni esta boca es mía ante este desafuero difícilmente comparable.