La mitad prohibida

El Gran Oriente francés tiene planteado un  problema inquietante. Resulta que, acusados de hacer proselitismo entre las mujeres e integrarlas en la masonería violando la tradición inmemorial de la obediencia masculina, varios ‘maestros’ han sido citados ante la Justicia masónica. Mujeres ha habido hace mucho en la organización, por supuesto, y hasta han desempeñado papeles importantes en ella, a pesar de que los reglamentos las consideraban excluidas por carecer de autonomía, ya que la mujer era, de por vida, un  ser dependiente, bien del padre, bien del marido o, en su caso, del tutor. Durante la República española, esa presencia se impuso de manera decisiva pero luego, incluso desaparecida la maniática persecución franquista, las hembras españolas de vocación masónica han debido recurrir a obediencias extranjeras para integrarse en pie de igualdad con los varones. En España una mujer alcanzó por primera vez el grado de Gran Oriente  no hace mucho pero dice la historia particular que entre la Revolución Gloriosa (1868) y la llegada de la dictadura la cifra de hermanas afiliadas andaba por las seiscientas. El problema que se plantea en Francia es el desafío de los hermanos expedientados que amenazan al mismísimo Gran Oriente con dirigirse a la justicia “profana” en caso de ser sancionados, un poco en el plan de los clubs de fútbol rebotados con sus federaciones, es decir, rompiendo una baraja secreta hasta ahora incontestada. No se puede ser progresista, filósofo y filántropo –dicen estos ‘novatores’—a demás de combatir la exclusión social, dejando fuera a la mitad de la Humanidad, pero yo creo, sinceramente, que sí se puede, como se ha podido de toda la vida por la sencilla razón de que el patriarcado, progresista o reaccionario, de derechas o de izquierdas es enterizo: no entiende de ‘partidos’. Cosa muy distinta es que los hermanos tradicionales tengan perdida esa batalla q ue no es otra cosa que el signo de los tiempos.

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No es verdad que la preterición de la mujer sea cosa de la actitud cavernícola de los espíritus retrasados. Una antología de lo que se ha dicho sobre ella en los últimos dos milenios y medio, por lo menos, lo dejaría bien claro, incluso dejando de lado idioteces como la famosa de Schopenhauer sobre al inteligencia corta y los cabellos largos. Desde mis tiempos de universitarios, tengo anotadas muchas, en efecto, proferidas por personajes que, al menos en principio, uno no consideraría carca precisamente. ¿No dijo Maquievalo que no había hembra con el cerebro completo, no aconsejó Eurípides no creer a la mujer aunque te dijera la verdad? Un titán como Mirabeau se flagelaba atribuyendo la torpeza de la hembra a la de sus mentores machos y, bastante más cerca de nosotros, todo un Faulkner la definía como simples órganos genitales, muy gastosos, eso sí. Erasmo estaba convencido de que la mujer era inevitablemente una loca, se disfrazase de lo que quisiera, y nuestro Ortega, gran galán como es sabido, escribió algo como para sacar de quicio a cualquiera si no fuera divertido por su propia barbaridad: “La mujer — decía el maestro– si es algo, es atractiva, esencialmente atractiva”… Veremos en qué queda el asalto de las amazonas a este penúltimo bastión del machismo que es la francmasonería en la que, de momento, creo entender que sólo milita en proporción de uno a cinco. Pero si el pleito termina entre los ropones ‘profanos’, con sus puñetas y triquiñuelas, mucho me temo que peligre esa privilegio constitutivo que es el sectarismo, el universo hermético, la arcaica poesía ritual de los compases y los mandiles y hasta el propio ideal universalista que los mantuvo vivos durantes siglos. Y al final, encima, las mujeres acabarán invadiendo, con cuotas o sin ellas, las misteriosas ‘tenidas’. Temo que el revelado masónico precise de la habitación oscura. Pero más le vale a ese Gran Oriente ajustarse sin resistencia al meridiano de Greenwich.

Diputaciones del partido

Sale un día sí y el siguiente también el escándalo correspondiente a una Diputación que ha contratado personal ilegalmente (hay sentencias de sobra) o que mantiene en nómina a verdaderos ejércitos de clientes del partido, candidatos derrotados, discrepantes peligrosos, conocedores de entresijos, alcaldes sentenciados por la Justicia, hermanos, primos y demás parientes y afectos. Sevilla, Almería, Huelva, Córdoba, la que quieran ustedes, es un refugio de “arrecogíos”, algunos de los cuales acaban de ser mostrados en público regodeándose de su privilegio. La crisis exige una poda radical de esa trama de adictos, la mayoría de los cuales trabajan para el partido en exclusiva. Aunque lo que de verdad sería razonable es plantear de una vez la liquidación de estos asilos financiadores de su formación que, en un régimen autonómico, carecen de función lógica. La vieja institución caciquil lo es hoy más que nunca. Romanotes era un pardillo al lado de cualquiera de estos Pendón o Cabañas.

El error de Bollullos

La obcecación de Valderas y los suyos ante el pacto legítimo que ha instituido en Bollillos un gobierno municipal pactado entre IU y PP va a traer cola. De momento, el diputado autonómico por Jaén, Francisco Cabrero, que disputará a Valderas su puesto actual, pone por delante –como prueba de arbitrariedad y falta de democracia interna—lo ocurrido en el pueblo onubense y la reacción del partido, de paso que le recuerda a Valderas que la alianza con el PP no es nada que él no conozca desde los tiempos de la llamada “pinza”. Como ocurriera en Valverde, pero con peor resultado, el intento por dirigir la militancia desde arriba le va a salir caro a una IU que no pasa ya en la provincia sino como acólito del PSOE.

Vida y muerte

Somos (son, quiero decir) unos extremistas sin remedio. Baste evocar la fiesta-mitin organizada en el puerto de Valencia para recibir al barco abortista como si fuera uno de aquello navíos que recogían por los puertos levantinos a los huidos de la represión durante la guerra civil. Ser comprende que cuanto se haga será poco, desde el lado progubernamental, para disimular la crisis galopante y entretener al personal con estas viejas porfías. Pero traer un barco para practicar abortos en alta mar bajo pabellón holandés no tiene mucho sentido en un país como el nuestro en el que se registran más de cien mil abortos legales al año –algo así como uno cada cinco minutos—y que tiene la tasa de crecimiento abortista más alta de la Unión Europea. Se trata, evidentemente, de caldear el ambiente de cara a la próxima modificación ampliatoria de la ley actual, pero no me digan que esa tragicomedia porteña no resulta forzada en este país donde la “píldora del día después” se dispensa gratis, los condones se regalan y hasta el más desinformado sabe que la norma que hoy legaliza el acto es un cachondeo que se salta a la torera sin la menor dificultad. Todo en este montaje es ‘agit-prop’. Ni hay una sola de las abortantes que subirán al barco que no pudiera abortar en su pueblo con todas las garantías. El problema es que la Banca se desvencija, la Bolsa sube y se desploma cada dos por tres, el descontento erosiona el voto del Gobierno y hay que mover el cotarro haciendo el máximo ruido posible. Es muy viejo, por otro lado, el procedimiento del barco. Nótese que aquí no ha llegado hasta coincidir con el tío Paco del de las Rebajas.

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Pero como somos cainitas por naturaleza, desde la acera de enfrente se está respondiendo con un fundamentalismo parecido. Escucho en una radio católica, por ejemplo, auspiciado por César Vidal, a un mandamás de los evangelistas españoles defender que –aún dando por supuesto que desde la mera fecundación ya está ahí “en esencia y potencia” un ser humano—lo prudente sería luchar por una ley de plazos lo más limitada posible con el objeto de reducir sustancialmente el número de pérdidas consumadas. Pero en la misma onda escucho con cierta desolación la afirmación integrista de la doctrina tradicional que, siendo muy respetable para sus profesos, resulta hoy evidentemente arcaica. Sobre el “bebé-medicamento” de Sevilla, por ejemplo, hemos de oír la retorcida reflexión de que para su nacimiento han sido precisos veinte “asesinatos” (fratricidios, ya puestos) ya que un incipiente embrión no es diferente para estos radicales de un maduro padre de familia. Y bien, ahí vamos, blanco y negro, derecha e izquierda, Yo y El Otro, empecinados en esa inmemorial dualidad que es nuestro mal superior, como si no estuviera claro que los tiempos cambian y con ellos las costumbres, es decir, las morales. Ningún católico radical defendería hoy la quema de herejes como la bendijeron ilustres padres del pasado e incluso la mayoría de ellos ha acabado asumiendo, más o menos a regañadientes, un divorcio hoy desbordado en nuestra sociedad. ¿Por qué no reconsiderar esa bioética famosa que en muy pocos años ha de llevarnos a situaciones benéficas en las que ya no será posible seguir oponiéndole argumentos metafísicos? No cuesta tanto percatarse de que la moral social es la única que funciona a lo ancho y a la larga en una sociedad, pero no hay signos que permitan albergar la esperanza de que –como contrapunto de sus rivales fanáticos—el moralismo tradicional evolucione discretamente revisando conceptos que, vistos al microspospio, aparecen como figuras inaceptables. Nos movemos entre dos dictaduras teóricas y eso no puede ser bueno para ninguno de los dos bandos. Porque bandos son, cada día más, ¡otra vez!, esas dos mitades que nos desgarran. Dicen que los primeros cristianos ya condenaban el aborto. Cierto como que también repartían sus bienes entre todos.

Ingenuos pero lógicos

Los obreros de Nissan han reclamado al Gobierno que les aplique las mimas medidas de protección salvadora que le ha aplicado a la Banca. No saben lo que dicen, las criaturas, pero no deja de tener su lógica aplastante reclamarle a un Gobierno “socialista obrero” una prioridad para la clase trabajadora frente al mimo que dispensa al teórico adversario. Esta crisis va a servir para acabar de desenmascarar a los que viven de las siglas, a los que obtienen el voto de los trabajadores por un intercambio simbólico de himnos envejecidos y puños en alto, demostrando que pasaron los tiempos en que alentó la esperanza del cambio social trabajado desde la política. Los obreros de Nissan como los de Delphi o los de Santana y tantos otros acaban de descubrir las tripas del  muñeco. No sería impensable que la crisis, por eso mismo, acabe cambiando la política además de la economía.

Un tercio de entrada

El Congreso local del PSOE de la capital fue y no fue como esperaba la dirección. Fue, porque ganó el candidato oficialista, Manuel Alfonso Jiménez. No fue, porque de 700 militantes con que cuenta el censo de la capital solamente asistieron 234, y esa es mucha abstención. Desde el partido ha dicho alguien que a reina muerta reina puesta, y que la organización está en condiciones de hacer, no una, sino 150 listas si preciso fuera. Lo dudo, a la vista de esta deslucida asamblea donde seguramente mucho ausente respiraba por la herida de una Manuela Parralo aislada y ninguneada sin previo aviso. Al personal no le gustan estos embolados. Es posible que Jiménez no lo tenga tan fácil para lanzar definitivamente pelillos a la mar.