Del museo al altar

Parece que el papa Pío XII pidió a sus allegados que, llegado el momento de la agonía, dispusieran en su cámara un gramófono porque quería morir sereno oyendo la ‘Marcha Fúnebre’ de la Tercera de Beethoven. No tuvo suerte, sin embargo pues murió abrumado por el espanto entre visiones maléficas como medio mundo pudo saber y ver gracias a la canallada de su médico de confianza que difundió las fotografías del moribundo. ¿Qué torturaba a aquel papa con fama de místico, al que al ‘crème’ francesa llamaba, bromeando con Nostradamus, “Vulpis angélica”? Pues no se sabe, claro está, pero sus enemigos, que fueron y son muchos, no dudaron en atribuir aquellas alucinaciones a la mala conciencia por su postura ante el genocidio hitleriano de la Shoa. Sobre esta cuestión, el papa Pacelli cuenta con un abultado argumentario que sostiene su interés por la tragedia y afirma que sus esfuerzos fueron denodados, tanto como nuncio como ya de pontífice. Pero también –y prescindo de montajes literarios bien conocidos—de un fardo de acusaciones difícilmente eludibles, en especial a propósito de su ominoso silencio ante la infamia perpetrada por los nazis en las Fosas Ardeatinas. El otro día, sin ir más lejos, en el sínodo que se celebra en Roma, el primero en hablar fue el Gran Rabino de Haifa que se abrió de capa sin miramientos acusándolo de haber mantenido un silencio cómplice ante la “solución final”, un incidente que me da que no ha sido baladí sino que ha tenido su peso decisivo a la hora de pensarse dos veces la proyectada beatificación que defiende desde hace décadas el postulador Gumple. Es más, parece –porque lo ha reconocido hasta el portavoz vaticano—que el para Ratzinger no piensa de momento firmar el imprescindible decreto reconociendo las “virtudes heroicas” de su antecesor. Va para largo, pues, otra vez, la subida a los altares de aquel príncipe singular

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En el ánimo del papa, aparte de la filípica del rabino, ha debido influir mucho su proyecto de viaje a Israel, un proyecto al que se han opuesto desde dentro y desde fuera (singularmente desde Francia) las comunidades judías, que insisten en su complicidad pasiva en aquella barbarie. No en vano, en el Museo de la Shoa de Jerusalén se exhibe una fotografía de Pío XII bajo esa ominosa complicidad, por más que al propia Golda Meier agradeciera en su día el valor de su intercesión. El Vaticano intervino temeroso ante el genocidio nazi, eso es difícil de discutir, y más difícil aún dudar que fueran sus agentes y contactos quienes organizaron el salvamento de destacados genocidas de las SS a los que encaminaron seguros a América para rehacer allá su vida. Y en medio de todo ello, la tesis –que leo en Francia—de que el temor que paralizó a Pacelli no fue otro que la posibilidad de que Hitler ganara la guerra teniendo él mismo a Mussolini en casa. Eso de que si no actuó fue por no empeorar las cosas, no se sostiene y el intento de compensar las ayudas con las omisiones tampoco pasa de un ensayo de exculpación. Al fin y al cabo, ese papa no se lo pensó dos veces para felicitar a Franco por el triunfo de su sublevación y eso es algo que no se entiende bien, a poco que se lea el famoso telegrama, ni teniendo en cuenta la infame sangría que el otro bando provocó entre los eclesiásticos españoles. No habrá altares, de momento, es lo más probable y hasta dudo que la prevista visita papal consiga que bajen el cuadro del museo. Por mi parte, lo dejaba ahí, mejor no meneallo, y conste que lo digo tras muchos años de perseguir lecturas sobre el tremendo tema. La famosa agonía da que pensar pero les evidencias documentales dejen poco espacio para la duda, incluso contabilizando los buenos oficios, que también los hubo. ¿Una historia para olvidar? Estoy por contestar que sí, en ése como en tantos casos.

Hasta aquí llegó

Por torpe que sea el ministro y por decidido que tengan los políticos la escasa rentabilidad electoral del gasto en Justicia, todo indica que ha llegado la hora de salir del nirvana y tomar medidas razonables, no en favor de los jueces y funcionarios, sino de los contribuyentes que hoy por hoy se desesperan en los Juzgados. La actitud de unos y la huelga de los otros deben ser interpretadas como una queja legítima de unos servidores públicos abandonados de la mano de Dios, a los que está desacreditando esta penuria insuperable tanto como la ingerencia intolerable del Gobierno y de los partidos. Los jueces no deben ser ni más ni menos responsables que los demás funcionarios; los políticos, en cambio, deben serlo también como unos y otros. Cada cual tendrá su responsabilidad concreta, pero a Mari Luz no la ha matado el juez Tirado ni su secretaria sino el caos organizado por la Junta y el Ministerio desde hace muchos años. Eso es lo que vinieron a decir ayer unos y otros, desesperados ante la indiferencia estatal.

Así las gastan

Insisto: a Manuela Parralo la han exprimido al límite, la han utilizado como muñeca atractiva y luego la han dejado tirada sin molestar se siquiera en avisarla. Es más, se ensañan como ella –como acaba de hacer el autodidacta Mario Jiménez—despreciando su labor para justificar el cambio. Pero es mentira. A Parralo la desecharon desde la noche en que perdió las elecciones, temerosos de otro “trillazo” a destiempo, y nunca la han apreciado más que en lo que suponían que podía aportar a un cartel atractivo. En esta política nadie es nadie al día siguiente de su defenestración, lo que, curiosamente, en lugar de provocar acuítela en sus muchos beneficiarios, parece que los aprieta alrededor del jefe eventual. Y Parralo tiene sitio de sobra donde irse. El problema será el día en que se tenga que ir la plana mayor que acaba de cargársela.

La crisis en la alcoba

Nunca sabe uno en estos terrenos dónde está la verdad, pero cuentan y repiten que la actitud de Dominique Strauss-Khan –el sucesor de Rato en la presidencia del Fondo Monetario Internacional– está siendo más bien dura a la hora de condicionar las medidas que se están adoptando en defensa del monstruo herido y, muy en especial, en las que se refieren al control de la colosal fortuna que se ha logrado movilizar para salvarlo. Ahora bien no deja de resultar sospechoso que, en esta crítica situación, a ese superman financiero no le hayan criticado sus posturas y decisiones sino que lo han envuelto en una dudosa nube de escandalosa sospecha basada en el supuesto de que el tío se habría marcado una aventura con una subordinada durante una noche de amor. Está aún caliente la historieta que relacionaba a Aznar con la ministra Dati, incluso atribuyéndole la paternidad desconocida del hijo que ella espera, pero la verdad es que no da la sensación de que estas bombas rosas exploten al azar sino dispuestas con todo cuidado por los artificieros de la política. Hasta la esposa de DSK ha hecho causa común con él declarando intacto su amor a pesar del ruido, y da pena constatar que, entre toda la clase política francesa, masivamente favorable a tratar la canallada como un golpe bajo, sea precisamente la frustrada candidata a la Presidencia, Ségolène Royal, la que se haya mostrado más tibia dejando en suspenso el juicio. El caso tiene toda la pinta de ser un montaje tramado en el mundo financiero descontento con ciertas severidades del mandatario frente a la voracidad de los grandes. En la América puritana estos recursos son más efectivos que en la vieja Europa (y que en la “nueva”) y hay que ser todo un Clinton para quitarte de encima un mochuelo de entrepierna.

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Lo que parece mentira es que una coyuntura trágica  más que dramática de todo el sistema financiero del planeta, el Fondo Monetario ande pendiente de las aventuras sentimentales de su presidente y no haya siquiera una voz que llame al orden exigiendo, por lo menos, un orden razonable de prioridades –primero la crisis, luego la ‘dormida’–, al menos si hemos de aceptar como buenas las alarmas que diariamente se nos envían desde sus covachuelas. Mitterand, que nacionalizó y desnacionalizó bancos y empresas como creyó oportuno, tenía, al menos, dos mujeres y siempre se rumoreó que varias amantes ocasionales, pero nadie utilizó en Francia esa singularidad para combatir su política. El KGB, en cambio, parece que, como los conjurados de esta historia, tuvo siempre en gran estima el chantaje braguetario al que consagró las técnicas más avanzadas. Pero en el caso de Strauss-Khan sobran indicios de que este escándalo peliculero no parece que el responsable sea, una vez más, el famoso puritanismo yanqui sino el disgusto de los responsables del caos ante unas medidas de control que bien podrían joderles el nuevo negocio. “Cherchez la femme”, ya saben. A Ruiz-Mateos también le endosaron en su día una aventura romántica, a ver si lo destruían, los mismos que lo expoliaron como a don Juan Valera trataron siempre de desacreditarlo por sus escarceos incluso seniles cuando se pasó dando la vara en política. Una sola noche dicen que pasó DSK con su ejecutiva, y por algo tan insignificante (por lo visto lo es hasta para su esposa) tratan de paralizar el gran motor económico y enredar a un ejército de manguitos en tan laboriosa investigación y proceso. ¿Y qué si descubren y demuestran que todo es cierto, qué le importan esos polvos a los millones de víctimas que tienen que soportar los lodos de sus hipotecas y pagar, encima, de su bolsillo, el destrozo organizado desde las instituciones? Me explico que Rato ande por ahí feliz con su perilla y su novia nueva, dando dobles calabazas a la derecha desconcertada. Ni la crisis puede con la “salsa rosa”, el único sector que no está en crisis.

La verdad por delante

No Estoy de acuerdo con los espíritus críticos que andan encocorados porque la Junta el ha impuesto al Consejo Audiovisual Andaluz que quite su, por cierto, absurdo logotipo, y ponga, en todo caso, el de la propia Junta. La verdad por delante: ¿no es Presidencia la que manda en el CAA? Pues logotipo al canto, para que no haya equívocos y cada cual sepa, de entrada, a qué atenerse. Es más, ya puestos, lo que no comprendo es por qué Chaves no le ordena al sumiso Parlamento de Andalucía –que estaturiamente es un  órgano de la Junta—que haga constar bien a la vista su dependencia orgánica y ponga al Hércules con los leones por delante de la representación de este pueblo de borregos. ¿La independencia de poderes, dicen? Vamos, hombre, no me hagan reír que estas cosas son muy serias.

La cuenca minera

La cuenca minera onubense está en las últimas. Ya no es ni siquiera minera (se han llevado hasta la llave inglesa) y en un cuarto de siglo la Junta de Andalucía y el partido que la controla, el PSOE, no han sido capaces de intentar siquiera eso tan recurrido de una “alternativa” económica. Hay quien dice que esto ocurre precisamente porque el PSOE sabe que tiene asegurados los votos en esa comarca sentimental izquierdista y llama a los electores a cambiar el voto, pero tal vez vaya siendo ya tarde hasta para eso y tanto Riotinto como Nerva se vena abocadas con el tiempo –como tantos pueblos españoles—a su despoblamiento progresivo. Por no hacer, ni siquiera reciben a sus alcaldes en la subdelegación del Gobierno, cuyo titular está, eso es verdad, más que ocupado en las intrigas de su partido. Una pena. Concha Espina debería darse una vuelta por el viejo paisaje para comprender que los ingleses no son los únicos culpables en esta historia.