La Plaza de Oriente

Mi padre me hablaba mucho de la época del aislamiento, del bloqueo a que las democracias occidentales sometieron a la España en los feroces años de la postguerra. No comprendía –él que era proaliado—que se castigara al tirano sedicioso en las carnes de un pueblo inocente, que un país entero hubiera da pagar las culpas de unos cuantos –en fin, de más o menos media España, no nos engañemos—que se automarginaban del orden occidental. La gente iba por entonces a apoyar al Caudillo a la Plaza de España mientras los estraperlistas se hacían de oro y había quien se moría por la calle de inanición de ese mal no diagnosticado que el humor negro de Andalucía la Baja bautizó irónicamente como “el fascio”. Costó Dios y ayuda que se rompiera aquel círculo de hierro, aliviado por el trigo y la carne que mandaba Perón a nuestros puertos, hasta que al fin se nos absolvió con el argumento tácito de que, después de todo, en el marco de la Guerra Fría, constituíamos un baluarte frente al comunismo y un ejemplo único de país capaz de vencer al peligro rojo. El aislamiento perduró, sin embargo, durante décadas y no cedió del todo hasta que España se convirtió en un aliado de sus antiguos enemigos además de un cliente estupendo. Bien, éste no es el caso actual porque nuestra malparada democracia goza todavía del privilegio de la mitificación y el conflicto, además, no se produce con las “democracias” en su conjunto sino con los EEUU, cuyo liderazgo se le ha ocurrido desafiar a un presidente bisoño y a un sector de la opinión que ha renovado, a rastras de ese estímulo gubernamental, el viejo antiamericanismo de los años 60. Hemos pasado de figurar en vanguardia de la política internacional a un segundo plano tan injusto como explicable que, comparado con aquel en el nos situó el atlantismo aznarista, da pena. Vean la lista de “los 20” de la que acaban de excluirnos por culpa de ZP: en ella figuran desde Corea a Argentina y desde Turquía a Indonesia. Nos hemos quedado al relente, otra vez.

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Hombre, no es que uno tenga muchas esperanzas en esa “refundación” del capitalismo que van a ensayar esos veinte tan desiguales, pero es evidente que en ese concilio se habrán de tomar decisiones y tramar objetivos que no conviene conocer de segunda mano, ni tiene sentido que así sea mientras se diga que seguimos siendo una destacada potencia mundial. España se había agenciado un lugar sorprendente en eso que se llama el “concierto de las naciones” y lo ha perdido, eso es todo, por culpa de una política ingenua y provocativa, absolutamente gratuita, por parte de quien ha confundido este explosivo inicio del nuevo milenio con aquellos años de la utopía que, por supuesto, no conocieron ni por el forro muchos de los pardillos del nuevo antiyanquismo. ZP tendrá su entripado sobre el particular y ha actuado como un David sin honda ante un Goliat poco acostumbrado a recibir desdenes. Y eso puede reforzarle su sentimiento de autoestima, incluso su megalomanía, pero ha supuesto nada menos que el aislamiento formal de España en uno de los cónclaves más decisivos de todos estos años, confundiéndonos de nuevo en medio del pelotón después de haber ido ‘escapados’ casi un  decenio. Y que no nos engañe el teórico apoyo europeo, porque también Sarkozy lo excluyó hace poco de su sínodo ante el silencio conforme de Alemania. Vamos a pagar caro el anacronismo que supone desdeñar al líder mundial al tiempo que apoyamos a un gorila como Chaves que nos insulta y nos vende a 100 dólares, como un favor, el barril de petróleo que cuesta ya 70. Muy macho lo que quedarse sentado al paso de la bandera americana, lo malo es que la factura por ese capricho vamos a pagarla todos los españoles que quizá tendríamos que ir otra vez a la Plaza de Oriente, pero ahora para pedir sentido común y, por qué no, la responsabilidad a quien corresponde.

Compañeros de viaje

El sindicato UGT, mano izquierda del PSOE, está cabreadísimo con la información difundida por El Mundo referente al cachondeo de los cursos de formación con que la Junta está entreteniendo a los parados de Delphi, un plan desmoralizador a todas luces que convierte en subvencionados a unos trabajadores con derecho al trabajo y a los que se les ha prometido empleo sin que se conozca un solo caso de recolocación. Se comprende. Los sindicatos se han convertido, a su vez, en organismos subvencionados y no tiene lógica alguna exigirle a nadie que muerda la mano que le da de comer, sino que ha de comprenderse su docilidad. La actuación de la Junta no ha sido tanto un fracaso como un camelo y eso lo saben mejor que nadie los liberados sindicales. Cuando comiencen a recolocar a esas víctimas de la arbitrariedad multinacional y del descontrol de la Junta que la arropó con tanto dinero, entonces hablaremos.

Siete mil inmigrantes en Lucena se quedarán sin dinero público para mantener los servicios mínimos aseo y en lavandería, una medida insensata y más que intolerable si se atribuye –y parece difícil no hacerlo—al hecho de que el Ayuntamiento ha pasado de manos del PSOE a manos rivales. Tengo entendido que el Defensor del Pueblo intervendrá en el asunto, pero lo lógico sería que estas discriminaciones insensatas fueran sancionadas como es debido. No se puede administrar el dinero de la autonomía como si lo fuera del partido, que es lo que ha puesto de moda en estos “partidos en empleados”, como los llama el profesor Juan Velarde, que saben que su sueldo depende de su sumisión.

La rebelión de la justicia

La vieja Justicia se administraba muchas veces en la calle, en la puerta de palacio, en el atrio de la mezquita. No se por qué tanto escándalo porque quienes la administran en este puzzle de taifas hayan salido por una vez de sus covachuelas para que el pueblo soberano sepa que sin medios no pueden prestarle el servicio a que están obligados. Insisto en que en las condiciones actuales hay escasas posibilidades de ejercer una Justicia diligente y muchas de que se produzcan “efectos colaterales” como los que todos conocemos. Y no estoy de acuerdo con la crítica de corporativismo a los jueces porque nunca los he oído protestar contra las sanciones (que hay muchas) impuestas a sus colegas, algunos de los cuales (dos recientes en Andalucía) han sido justamente encarcelados. Pongamos otra vez algún caso. Una sala de la Audiencia (cuatro magistrados) debe resolver al año 1.600 casos que van desde la violación a los malos tratos y desde las grandes estafas a las enojosas faltas menores, es decir que saldrían a cuatrocientas por barba si no fuera porque en Sala deben estudiar cada caso los cuatro magistrados, como consecuencia de lo cual, una apelación ha de esperar ocho meses de media sólo para celebrar la vista, contando con que la Sala no sufra bajas laborales o de otra índole que es un secreto a voces que la Junta cubre tarde y, generalmente, mal a base de personas inscritas en el INEM. Bien, ¿y qué ocurre si en durante esos meses un justiciable comete un delito de graves consecuencias, se culpa al juez, se castiga a al secretario o ambas cosas? Miren, aquí no hay más que un secreto: que la Junta, como el Gobierno (cualquier Gobierno hasta ahora) sabe que la inversión en Justicia es, electoralmente, escasamente rentable. Una autopista es una inversión visualizable; el refuerzo de un Juzgado, no. Los políticos sólo invierten en lo que les proporciona el poder. No invierten en Justicia porque no les da la gana.

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Aparte de todo, en el llamado “caso Mari Luz” es lógico que se sanciones en justa proporción al juez y a quien tenga responsabilidad en sus desgraciadas consecuencias. No creo que haya un solo juez que proteste. Pero, ah, no es un debate sobre el estado de la Justicia, como propone Chaves, lo que hay que hacer después, sino una investigación para determinar la responsabilidad directa de las Administraciones implicadas (en este caso, la Junta de Andalucía) y, en consecuencia, sancionar a los responsables. ¡Verán como también hay “corporativismo” entre los políticos cuando a ellos y a sus funcionarios les caiga encima el consiguiente marrón! Y verán como ese trueno malencarado que es el ministro de Justicia templa gaitas o busca chivos para expiar fuera del rebaño. Claro que hay que “separar el error de la falta de recursos”, como propone Chaves. Pero eso no significa que unos tengan responsabilidad y otros no, empezando por él, pues si el juez Tirado es culpable sólo por ser el jefe de su fila, Chaves lo sería también una vez demostrada la culpa –ay, el ‘ius in vigilandi’– de su Administración, como responsable supremo que es. Esta no ha sido una huelga o paro de presión, ha sido una demostración de miedo, de miedo a acabar cualquier día golpeado por el ‘boomerang’ imprevisible de uno de esos miles de asuntos que no hay capacidad humana para atender en tiempo y forma. Nuestros jueces tienen miedo y eso es lo último que le puede ocurrir a la Justicia. Lo tienen por su indefensión administrativa (ni siquiera mandan en sus funcionarios), lo tienen por la posibilidad de que justiciable haga rebotar sobre su cabeza algún delito horrendo, lo tienen porque su propio órgano de control, el CGPJ, es una camarilla política controlada por los partidos y por un Gobierno que no se tienta la ropa ya ni para recomendar sanciones concretas. El plante de antier no va a ser el último. No por terquedad de los manguitos sino porque el Gobierno sabe bien que ya escampará.

Andalucía, ‘Parable’

El profesor Juan Velarde, superviviente de excepcional generación de economistas, ha dicho en las “Charlas de El Mundo” que si la crisis no hubiera afectado al extranjero, en España estaríamos igualmente en crisis. Él sostiene que junto a la crisis financiera hay una crisis de la economía real y, en su lúcido pesimismo, predice que Andalucía (cuya decadencia vaticinó hace muchos años), debido a su situación real y no a la inventada por los optimistas, la padecerá más agudamente que otras regiones españolas. Vaticinó “daño, coste y dolor”, explicó el desastre llamado “ingeniería financiera” y culpó a las Cajas de haberse convertido en bancos aprovechando la confusión de la “new age” además de entregarse al servicio de los partidos. Y todo con datos aplastantes, incontestables, tristemente objetivos. La “Andalucía imparable” de Chaves no existe. Por el contrario, vamos arrastrando el ala.

La Junta del PSOE

La Junta que controla el PSOE favorece a los pueblos fieles y castiga sin tentarse la ropa a los que votan a otros partidos: quien no está conmigo, está contra mí: puro Evangelio. Lo resaltaba ayer nuestro Editorial en términos ponderados y responsables, reclamando algo elemental: que se comprenda, al menos, que el dinero de la Administración autónoma no es del PSOE y sus votantes sino de todos los andaluces, que no es moral ni políticamente lícito premiar a los propios y castigar a los ajenos. Y menos al 100 por 100, como acaba de ocurrir en uno de esos repartos. Nunca ha sido la política autonómica más parcial e in justa que ahora, ni tan descarado el castigo a los onubenses discrepantes de Chaves. El “régimen” no perdona pero paga puntualmente a los suyos. Mayor lección de contrademocracia resulta difícil de imaginar.