El derecho de los padres

Educación ha explicado que no advierte falsedades en documento público en el proceso de adjudicación de plazas escolares. También comenta las reclamaciones de los padres para obtener plaza para sus hijos en el centro correspondiente y apunta correcciones que se habrían adoptado en Huelva. Lo que no dice es que, en Sevilla, por ejemplo, se ha disparado la demanda de esos padres defraudados y la posterior solicitud de medidas cautelares que, una vez concedidas (y han sido concedidas todas) obligan a la Junta a autorizar la entrada del niño en el colegio elegido por los padres. Es criterio judicial, al parecer, que la elección de los padres debe prevalecer sobre las circunstancias reglamentarias (‘ratio’ agotada y demás) por lo que la Junta ha tenido que tragar con independencia de que, si es así de boba, se meta ahora en los correspondientes contenciosos.

Mundo frívolo

En medio de este mundo convulso por constantes noticias de suma gravedad, incluyendo el fracaso global de un sistema económico que insiste en reclamarse como el único posible, surgen aquí y allá los ecos de la eterna frivolidad, intactos en medio de uno de los peores panoramas que hayamos vivido en muchos años. Nos dicen, por ejemplo, que ese monumento al patetismo que ha llegado a ser Michael Jackson acaba de convertirse al Islam con el nombre de ‘Mikaeel’, abandonando la fe de los Testigos de Jehová que hasta ahora profesaba, por influencia de algunos amigos próximos como Cat Steven, que ahora se llama Yussuf Islam, y algunos otros. Por otro lado, surge la noticia de que el polvoriento asunto del pecho que lució hace años su hermana Janet en la ceremonia de la Superbowl de fútbol americano ha llegado al Tribunal Supremo al que el gobierno saliente del Imperio pide que anule la sanción impuesta entonces a la cadena televisiva por los organismos oficiales. Hay también mucho ruido alrededor de los cuarenta votos y pico que Aubry le ha sacado a Ségolène en las elecciones internas del PSF y que ésta ha rechazado, para acabar de triturar el partido, ni más ni menos que como el resultado de un inaceptable montaje. Menos se habla de otros temerosos asuntos (palabrería sobre la crisis aparte) como el creciente rumor de que Israel podría estar preparando otra guerra, esta vez en Irán –ese desierto que fácilmente podría convertirse, de seguir las cosas el curso que llevan, en la jungla de Obama—, de la guerra abierta que se libra desigualmente en el Congo ante la pasividad absoluta del llamado “mundo libre” frente a ese auténtico genocidio, o de la salvaje persecución que sufren los cristianos en la India a manos del integrismo hinduista. La prensa, como la actualidad, tienen sus caprichosos criterios en los que prima, sobre cualquier otro objetivo, la capacidad de captación que a cada tema se le suponga o asigne. El divorcio de Madonna o la última bobada de la Jolie se imponen en la opinión hasta borrar de la conciencia las “guerras olvidadas”, los frecuentes ‘pogroms’, las lapidaciones y ejecuciones sumarias al día en los “países emergentes”. Corto se lo fiamos a la frivolidad a pesar de nuestros severos códigos y protestas.

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 Bien que desde detrás de una ironía demoledora, a la frivolidad no le han faltado paladines esforzados en circunstancias y épocas bien distintas. Voltaire pensaba que el toque frívolo es un don que nos presta la naturaleza para evitarnos males mayores, llegando a decirle a una ‘madame’ amiga que frivolidad es la causa de que mucha gente no termine ahorcándose desesperada, un poco desde la perspectiva de Colette cuando veía también en ella y sus efectos una garantía para la vida. El dramatismo viene a ser, para la opinión pública, un recurso recurrente pero efímero que los creadores de opinión ofrecen a su buena conciencia, un apetecible nutriente que se devora con voracidad pero que  se olvida una vez satisfecha la necesidad primaria de sombrear el panorama vital. En mi opinión, no tiene otra respuesta esa pregunta formulada tantas veces sobra la razón que pueda explicar el rápido olvido colectivo de las situaciones más trágicas y lacerantes, aunque a algunos o a muchos pueda resultarnos incómoda esa complicidad inmoral con lo banal mostrada por tantos grandes espíritus, ironistas o no. Y quizá pocos momentos históricos como el presente para comprobar esta hipótesis no poco desmoralizadora pero probablemente realista a tope, en la que hasta las iniciativas oficiales a remover la antigua memoria no encuentra apoyo más que incidental (o interesado) en medio de la actualidad superficial. Quizá lo trascendente desborda la naturaleza humana y la componente frívola tenga asignada en la economía de la vida un papel más relevante del que creíamos. Asumirlo sin condiciones quizá contribuiría a vernos tal como somos.

Y van dos

La audiencia de Sevilla no ha tragado con la soflama de los hermanos Chaves y ha respaldado, con todos los pronunciamientos favorables la tararea de El Mundo de Andalucía en cuanto se refería a las informaciones ofrecidas sobre el “caso Chaves” que recogía la escandalosa sinergia organizada por la familia del Presidente, uno de cuyos hermanos, él mismo, hacía el presupuesto regional, otro, como director general, lo adjudicaba a un tercero, y éste se lo llevaba caliente adjudicación tras adjudicación. No era ni falso ni demagógico lo que decíamos, sino “veraz y relevante” y no se buscaba desde aquí herir a nadie sino que trabajamos “velando por el interés general”. Puede que los Chaves se arrepìentan de su estrategia de acoso judicial cuando sea demasiado tarde y hayan quedado en ridículo repetidamente.

Saber la verdad

El fiscal de Medio Ambiente, Alfredo Flores, personaje respetable donde los haya, estima que, más allá de los factores de riesgo que sobre nuestra provincia y capital concurren, nuestra situación medioambiental no es mala. Pero dice también que es necesario invertir más en medidas correctoras e imprescindible aumentar la información  ciudadana, al tiempo que se pronuncia sin matices sobre la necesidad de llevar a cabo un estudio serio que aclare de una vez por todas las causas de la anormal morbilidad y mortalidad registrada en Huelva y denunciada por muchos profesionales. Un aviso importante, no sólo por venir de donde viene, sino porque es obvio que cuando se dice que en Huelva se muere más y se registran mayor números de enfermedades graves, lo menos que se puede hacer es tratar de averiguar la causa.

Inventar el tiempo

Comentábamos hace poco el espléndido libro de Éttiene Klein, “Las tácticas de Cronos”, colección de calas sobre la esencia del tiempo y su identidad realizadas con mano firme a través de la larga experiencia humana que va desde la percepción mitológica hasta los logros tecnológicos. Hoy nos encontramos con la noticia de que México incrementará en un segundo su tiempo en Año Nuevo de este año de gracia (¿) de 2008 –año “bisiesto positivo”—con el fin de sincronizar los relojes atómicos, asombrosamente exactos, que van quedándose atrás, siquiera sea de modo prácticamente imperceptible, como consecuencia de que la rotación de la Tierra disminuye contínuamente a causa de la atracción lunar. No siempre fueron como hoy el día y la noche, sino que sabemos que la marcha del tiempo, el descompasado galope del carro de Faetón o la deriva de la barca nórdica de Trudholm, fueron mucho más rápidos en otras eras –hace cuatro mil millones de años, por ejemplo, cuando la jornada duraba seis horas— e incluso que en los principios, cuando la Luna aún no brillaba en el cielo nocturno y el planeta era un informe globo animado por la violencia primigenia, día y noche se perseguían como lebreles separados apenas por una distancia de tres horas. Los cronómetras sostienen hoy que la Tierra que nos lleva gira cada vez más lentamente, a razón de unos  inconcebibles 1’7 milisegundos por siglo, lo que hace alargarse, silenciosa pero ciertamente, el día, y que para corregir ese efecto natural está la mano de “Sapiens sapiens” añadiendo segundos a placer. No nos es fácil penetrar este tipo de preocupaciones de los sabios –¡1’7 milisegundos cada siglo!—pero tampoco es difícil deducir cuánto hay de realidad y de convención en ese concepto que nos constituye y nos devora, nos acrece y nos disminuye con implacable ferocidad. El tiempo nos domina, nos tiraniza, pero nosotros podemos atraillarlo entre los mecanismos de nuestros ingenios con sólo hacer girar casi imperceptiblemente la ruedecilla del cronómetro.  Eso no lo imaginaba Heráclito y, por supuesto, mucho menos todavía, Parménides.

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En el libro mencionado, Klein nos explica que, tal como había previsto la literatura de ficción, los viajes en el tiempo son ya una realidad, al menos en el laboratorio, pero también nos advierte que una cosa es el tiempo ‘simple’ de los físicos, cíclico o lineal, y otra muy distinta su imaginaria proyección. Siempre hemos fantaseado sobre este negocio, incluso sin salir de la propia Biblia, donde consta cómo Josué detuvo el sol –a algún  camicace le he leído que la parada fue de 23 horas y veinte minutos, ni uno más ni uno menos—y de qué manera Dios concedió a Isaías, a quien se lo había solicitado Ezequías a punto de morir, justo lo contrario, es decir, que “la sombra retrocediera 10 grados”. Pero el tiempo íntimo, el que nos constituye, discurre ajeno a esos comejenes, seguro en su camino como un viajero experto que ha recorrido infinitas veces el mismo viaje, indiferente a la necesidad ajena y sujeto en exclusiva a su propia razón de ser, hasta en ese sugestivo modelo híbrido en que la relatividad lo presenta como una dimensión inextricablemente confundida con el espacio. No sé si estoy muy errado, pero creo haber entendido que los hadrones esos que tanto están dando que hablar esta temporada, se mueven en una dimensión en la que es posible a una partícula producirse –¿existir?—antes de su propia aparición, una idea que tritura la estructura aristotélica de la lógica que hemos practicado durante siglos, consciente o inconscientemente, con tan razonables resultados. Para mí que ese Tiempo esencial e imponente va ser pronto cosa de poetas más que de físicos, aunque es cierto que hace tiempo que éstos se ciñeron la corona de laurel. En Año Nuevo seremos 1’7 milisegundos más jóvenes. Bienvenida esa tregua a este vertiginoso valle de lágrimas.

Otro pésimo ejemplo

Chiclana tendrá de nuevo al anterior alcalde, obligado a dejar el sillón por el dramático batiburrillo urbanístico plasmado en esas 30.000 viviendas ilegales que posee la ciudad. El PSOE ha aceptado, una vez más, el voto de una tránsfuga (de IU) para recuperar un Ayuntamiento, lo que da un a buena idea de lo importante que un Ayuntamiento puede llegar a ser para un  partido cuando en él el negocio alcanza cotas altas y rentables. Y en este caso, además. No cabe duda de que ese batiburrillo ha sido cosa de los sucesivos alcaldes del PSOE, por lo que reponer al mismo que hubo de ser defenestrado resulta de lo más sospechoso y un pésimo ejemplo. Hay más de una Chiclana en Andalucía. Que el partido de gobierno favorezca situaciones semejantes dice casi más de él y de Chaves que de los propios gerentes del desastre.