El mundo al revés

La política de “concertación” es la piedra filosofal de esta singular comedia que estamos viviendo en estos tiempos de renovado verticalismo sindical. Ahí están los sindicatos apoyando para hacer frente a la crisis, unos Presupuestos de Chaves que los conservadores del PP denuncian como improvisados, insuficientes y inútiles frente al turbión que se nos ha venido encima, mientras como un gesto arcaizante, algún sindicato radical “ocupa” bancos simbólicamente. La situación del empleo en Andalucía no está para paños calientes sino que necesita –lo diga quien lo diga—una reacción drástica que ha de empezar por reconocer el fracaso de las rutinas mantenidas hasta la fecha. Marchar a la cola de España, cuando España se desploma a razón de más de 6.000 parados diarios es una temeridad que, probablemente, excede con mucho la capacidad de un gobiernillo mediocre como el que nos asiste.

Para troncharse

Es de pena el absurdo recurso del POSE municipal de endosarle al Ayuntamiento la responsabilidad lo mismo ante las situaciones de inseguridad que frente al desastre laboral. Esta vez se trata de decir que un tercio del incremento del paro registrado en Octubre pertenece a la capital y que, consiguientemente, la responsabilidad  es del equipo de Gobierno, como si el aumento del paro y la destrucción de empleo tuvieran mucho que ver con el Ayuntamiento y nada con la Junta y el Gobierno. Es de vergüenza que un partido gobernante juegue de esta despreciable manera con la opinión pública y tome por tontos a unos ciudadanos que saben de sobra, a pesar de todo, que esta debacle del empleo depende de políticas de Estado y no de la administración local. Rodríguez no tiene nada que ver con el paro; Chaves, mucho; ZP, el que más. Esa evidencia no la podrá ocultar un trapisondista que vive de aguijonear al alcalde con razón o sin ella.

Ventanas sin visillos

Creo que lo he contado ya alguna vez, pero quizá no esté de más traerlo a de nuevo a colación en las circunstancias en que vivimos. Un colega a quien conocí en Montevideo, trabajando en el principal periódico del país, me contó cómo había logrado abrirse camino en aquel ambiente tan cerrado y endogámico gracias a que, durante un a estancia en Madrid, tuvo la fortuna de encontrar en un tacho de basura de la Preysler ciertos papeles no sé hasta qué punto comprometedores pero, desde luego, codiciados por la industria de la basura rosa. Suerte que tuvo el chico, cuando aún la explotación de la intimidad no había alcanzado en España cotas ni lejanamente comparables a las actuales. Acabamos de conocer un par de noticias relacionadas con el tema, por cierto, que deberían alertarnos sobre el punto de degradación al que hemos llegado. Una, la providencia (un auto) del juez que instruye el “caso Malaya”, en virtud de la cual, “siendo público y notorio” que el multiprocesado Julián  Muñoz se proponía asistir a debates televisados de esos que se pagan a precio de oro, se ordena el embargo de cualquier cantidad que el citado pueda percibir por ese concepto para ingresarla en la cuenta de depósitos y consignaciones del Juzgado en cuestión. Por otra parte, la ciudadana Telma Ortiz, hermana de la Princesa de Asturias, ha visto rechazado su recurso contra el auto que en su día le denegó medidas cautelares para evitar el acoso domiciliario de unos cincuenta ‘medios’, condenándola, además, a cargar con las cuantiosas costas ocasionadas. No hay quien pare, pues, este ‘crescendo’ de la infamia que supone la invasión de la intimidad de las personas, de este montaje que vive, como mi conocido uruguayo, de rebuscar en la basura con ánimo de encontrar algún rastro infamante o comprometedor, susceptible de ser comercializado ante una audiencia progresivamente podrida. A la pobre Encarna y a la Pantoja las mantuvieron cercadas durante un  verano en la misma casa que estos días acaba de legalizarle a Banderas el concejo marbellí, pero entonces todavía no habíamos llegado acaso a este infausto desarrollo de una telemierda que está pervirtiendo al país. Y nadie garantiza que lo peor no esté aún por venir.

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Alguna vez, un alto dirigente de una tele privada explicó ya en las “Charlas de El Mundo” que la única perspectiva para enjuiciar los productos emitidos por su ‘medio’ era la cuenta de resultados. En otra ocasión, un director de la televisión pública andaluza, es decir, de Canal Sur, dijo sin cortarse un pelo –y sin que nadie lo llamara al orden, claro—que la emisión de pornografía era un servicio público como otro cualquiera. ¿Lo quieren más claro? Por mi parte estoy persuadido de que la inhibición de los poderes político y social en un tema como éste se debe, por un lado, al pacto de que hay esferas blindadas en las que la intromisión queda tácitamente excluida, y por otro, en que, con toda evidencia, la vía más rápida al ansiado embrutecimiento de la masa es el ejercicio de la alcahuetería. Se ha pasado sobre ascuas sobre las fabulosas aventuras reales, por ejemplo, y nadie recordará ni un solo intento de acoso a un político con autoridad bastante, siendo así que los ha habido entre ellos con historias y leyendas que podrían haber sido de lo más atractivas para los coprófagos y de lo más rentable para los basureros. Y así seguirán las cosas, entre el asalto a la privacidad y el embrutecimiento del gentío, al menos mientras este expediente continúe forrando a los ‘medios’ desaprensivos que las explotan, partiendo de aquello que decía Say de que la oferta crea su propia demanda. Muñoz no podrá descubrirnos sus secretos en tv, o sí, ya veremos, y la ciudadana Telma deberá poner contraventanas en su casa sin exponerse siquiera a sacar la bolsa de basura. Creeré que esto es una democracia sólo el día en que le ocurra lo mismo a su augusta hermana.

Palos de ciego

La Junta de Andalucía no tiene ni idea de qué hacer frente a la crisis. No tienen  más que ver que los parados del mes de octubre equivalen casi al 80 por ciento de los que ella anunciaba que se producirían durante todo el año. Ahora ya n o niega el ciclón ni se anda por las ramas, sino que habla con dramatismo de la situación, pero mientras continúa sin renunciar siquiera a sus obras suntuarias o se limita a prorrogar el subsidio de los parados más incómodos, la única verdad es que está a verlas venir. El consejero del ramo es todo un espectáculo, los trabalenguas de Chaves una prueba del despiste. Y en resumen, lo probable es que suframos los efectos más agudos puesto que partimos de la situación más débil. El pero derrorismo es el silencio, la rutina, el dejar correr el tiempo en espera de que alguna mano milagrosa resuelva el angustioso problema, mientras hay ya zonas en la autonomía que tienen mano sobre mano a uno de cada dos integrantes de la población activa. La crisis va as servir para desvelar el agotamiento del “régimen”.

El drama del paro

Otro pelotazo a la provincia en la estadística de desempleo. Otros 2.117 trabajadores que se quena sin pan un 4’74 por ciento más todavía que el tremendo mes anterior. Huelva roza ya los 40.000 parados y subiendo. Y la Junta complaciente, anunciando un plan –¡otro!–, esta vez  un “Plan de Mejora en la Empleabilidad en Andalucía”, fíjense en el camelo, mientras los domesticados sindicatos se rasgan por fin las vestiduras y reclaman medida urgentes, pero medidas en serio. Algo es algo, pero demasiados indicios apuntan a que todo seguirá su curso natural, con la Junta contemplativa esperando el milagro. Andalucía a la cola de España y Huelva mal situada dentro de la comunidad, mientras la autoridad –la subdelegación del Gobierno, la Junta y su ‘delega’, la Diputación, observan la escena agazapadas. Estas no son malas cifras, es un drama. Quien diga otra cosa está perjudicando a esta castigada provincia que lleva un cuarto de siglo en manos del PSOE.

Moral de género

En los últimos días se han producido dos casos extraordinariamente elocuentes a la hora de comparar las ‘morales de género’ o, como se ha dicho toda la vida, el diferente trato que se da en estas sociedades nuestras a varones y hembras en las cuestiones relacionadas con el sexo. Al director del Fondo Monetario Internacional –categoría internacional de Jefe de Estado, ojo–, Dominique Strauss-Kahn, lo ha absuelto la institución al considerar que el escándalo provocado por su aventura con una subordinada “no afecta a la efectividad del director”, de manera que, considerando que hasta su propia esposa considera el incidente como insignificante, pelillos a la mar. Por otro lado, en Alemania, la señora Klatten –conocida en el “grand monde” como “Lady BMW”, heredera de la familia que controla esa empresa señera, casada y madre de tres hijos—ha sido descubierta manteniendo relaciones con un  chulo suizo que, junto a un ‘socio’, ha logrado sacarla  mediante chantaje nada menos que 7’5 millones de euros, según ella entregados en concepto de préstamo amistoso. Tampoco habrá divorcio en este caso sino que la familia parece haber reaccionado cerrando filas con la dama, lo cual no ha sido obstáculo para que los buitres de la prensa rosa (y no tan rosa, por supuesto) se lancen en picado sobre la carroña y anden tras la borrosa pista de un asunto que no tendría mayores consecuencias, ni que decir tiene, si el trasgresor fuera un caballero de esos que el propio san Agustín consideraba necesitados de acudir con su naturaleza a las “cloacas de la ciudad”. Los ricos también lloran, ya lo ven, y arrastran sus penas por el légamo de la vida, hasta acabar expuesto en la picota, bien que tratados según su sexo y condición.

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No sé a ustedes, pero a un servidor le resulta más disculpable el desliz de la heredera –una habitual de la revista ‘Forbes’—que, al fin y al cabo, no ha hecho más que gastarse lo que era suyo en lo que le ha dado la gana, que el del severo Strauss-Khan, acusado en principio, por su acción, de favoritismo, acoso sexual y abuso de poder, aunque como decía, absuelto luego por sus conmilitones con todos los pronunciamientos favorables. Pero el colmo ha sido ver a esos ‘medios’ sabuesos retorcer el caso hasta averiguar que el chulo en cuestión, un tal Sgarbi, sería el hijo de un judío que, bajo el régimen nazi, habría trabajado como esclavo en la fábrica de los Quant –esto es de la familia de Susanne Klatten—lo que conferiría al enredo una inesperada y excitante dimensión política traducible en términos de venganza generacional o algo por el estilo. No basta para ella, como en el caso del varón, la elemental razón de la concupiscencia causante de ambas trasgresiones, sino que es preciso buscarle aditamentos capaces de hacer de una simple aventura –intrascendente salvo para el marido y la familia, en todo caso—una leyenda con elementos llamativos y capaces de conferirle un sentido adicional lo más sensacionalista posible. ‘Moral de género’ pero también ‘moral de clase’, tan distinta de la que un día sí y el siguiente también emborrona nuestra actualidad con brutales crímenes perpetrados desde el primitivismo más elemental, provista de eficaces defensas mediáticas y al socaire de los restos del criterio ‘ilustrado’ que nos enseñó a distinguir entre el burdel del común y la zahúrda en que las elites consumaban su restringida liberación. No es idéntico el libertinaje desde arriba que desde abajo, pero, en todo caso, el atribuido a una mujer ofrece a la curiosidad pública un interés mucho mayor que el imputado a un hombre del que, ciertamente, depende en buena medida, y en estos momentos cruciales más que nunca, el futuro del planeta capitalista. Los próximos meses, con el juicio y demás monsergas, van a ser duros para la Klatten y los suyos. Strauss-Khan, ni que decir tiene, ni se acuerda ya, de su traspiés.