En qué manos estamos

Hay que aclarar enseguida el oscuro asunto del llamado “mentalista” que parece ser que ha actuado como médico con un título peruano homologado por el ministerio pero sospechoso de de falsedad. Porque, en cualquier caso, el asunto demuestra que el Servicio Andaluz de Salud (SAS) contrata a sus facultativos de aquella manera, lo que no resulta extraño si se tiene en cuenta el batiburrillo de esa institución donde se contratan, en efecto,  médicos por días y hasta por horas. Sería muy grave que alguien no autorizado hubiera ejercido la medicina en nuestros pueblos durante un periodo largo de tiempo, pero hay que insistir en que la culpa hay que repartirla entre la audacia del eventual aventurero y la rutina de la Junta.

Política y lujo

Está en venta el yate de Sadam Husseim, que en gloria esté. Se trata de un ejemplar de 84 metros de eslora, dotado de numerosos camarotes, decorado en oro y plata siguiendo las instrucciones precisas del tirano que, obsesionado por la enfermedad y la amenaza, hizo instalar en él también, por si acaso, una sala ambulatoria y un quirófano totalmente equipado y lo dotó de un minisubmarino de evasión también por lo que pudiera ocurrir. Suelos azul turquesa y baldaquinos rosa, sauna, piscina, helipuerto y salón para fiestas, sale a subasta con un precio de salida de 25 millones de euros que a los expertos les parece, en todo caso, una ganga. Es inevitable representarse al Sadam cazado en el agujero, con barba de un mes y gesto resignado, pero sobre todo no hay más remedio que reparar en el hecho, al parecer paradigmático, de la defección del Poder –de todo Poder– ante la tentación de lujo por el lujo, esa especie de competición que nuestras viejas pragmáticas barrocas prohibieron severamente al ver en el gasto suntuario un factor de decadencia. El presidente de Galicia, si ir más lejos se ha desecho de sus tres coche oficiales para comprarse un cuarto de precio prohibitivo, por lo que parece, mientras que el presidente del Parlamento autonómico catalán se ha visto forzado a renunciar, tras la dureza de las múltiples críticas, al “tuneado” de un soberbio vehículo en el que había hecho instalar costosísimos complementos. Al otro lado del mar, Sarah Palin, la compañera de ‘ticket’ de McCain, ha debido renunciar al suntuoso guadarropa que le ofreció su partido –150.000 dólares, según las estimaciones más solventes—y que ella se apresuró a elegir en las boutiques de la Quinta Avenida y otros templos del despilfarro. Ministro francés ha habido al que costó el puesto el alquiler de un apartamento millonario en la zona más cara de París y presidente de la Asamblea al que su amante le regalaba zapatos de precios tan prohibitivos que escandalizaron a los jueces. El lujo es una tentación consustancial del Poder –que dispara con pólvora ajena, claro—desde mucho antes de que Nerón se hiciera construir su famosa ‘Domus Áurea’. Aquí mismo, cualquier concejal pringao se compra un BMW y con un canto en los dientes.

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Me interesan ahora más, como es lógico, los casos españoles, pero sin renunciar a la idea de que son de la misma naturaleza que los foráneos. ¿Cómo es posible que en plena crisis, cuando miles de familias son abducidas diariamente por el vórtice de la pre-recesión y el mundo entero ha de movilizarse para evitar una  debacle colectiva, haya sujetos en la política capaces de tirar por la borda los millones del hambre y quedarse tan tranquilos? Fíjense en que ni menciono la sedicente condición izquierdista de esos abusadores, porque hace tiempo que sabemos que la tentación de marras no afecta sólo a los prohombres que llegan al poder sino a cualquiera capaz de escalarlo, hasta el más tieso y membrillo de la panda, tal vez porque el lujo, la exhibición gratuita e inútil de la grandeza, juegue en sus ánimos como un factor compensatorio de sus mediocridades. Cuando Franco murió, supimos que había cenado durante medio siglo una tortilla francesa o un  rape a la plancha, pero ésa no era más que la reacción propia de un espíritu ambicioso del poder por el poder, de alguien a quien bastaba –como al Gadaffi eremita que se retiraba al desierto con su cabra—con la satisfacción de ese deseo infinitamente más profundo que es la “pasión de mandar”, como decía Marañón. Si un ayuntamiento catalán gasta una fortuna en corbatas y pasminas es porque sus manirrotos están en un segundo y pedestre nivel de esa pasión. Pero si Marco Aurelio sostuvo que el lujo es despreciable aunque sin renunciar a él, imagínense lo que puede dar de sí esta tropa reclutada al azar partidista. El negro funeral de Felipe II era una metáfora hecha con el tafetán más caro del mercado. Quizá no hay nada como la crisis para desenmascarar la política.

Fracaso ante el aborto

Según datos facilitados por el Instituto de Política Familiar, de los 110.000 abortos practicados en España durante el año pasado, 20.117 –es decir, 55 diarios– lo fueron en Andalucía, sin que oficialmente esos datos se hayan hecho públicos en vísperas de una reforma amplificatoria de la ley que lo regula. Obviamente han fracasado todas las políticas de prevención del embarazo y las correspondientes ingenuas campañas de propagandas , y evidente es también que esa estadística, cualquiera que sea una mesurada actitud ante ese fenómeno, resulta exagerada y, en última instancia, escalofriante. Un buen motivo para reflexionar sobre el proyecto de flexibilización de la ley y sobre el por qué de los costosos fracasos publicitarios de la Junta y del Gobierno.

El Juzgado echa el cierre

El Juzgado de Instrucción y Primera Instancia de Valverde ha echado el cierre de su sección de lo Civil, ante la indiferencia de la Junta de Andalucía que no acaba de enviarle los sustitutos reclamados en tiempo y forma. Es un buen ejemplo de cómo está la Justicia, de hasta qué extremo ha tocado fondo y una mera epidemia de gripe puede dejarla en cuadro, expuesta a trágicos incidentes como el que está en la mente de todos. ¿Ven como no toda la culpa es de los jueces ni mucho menos? La Junta ahorra también temerariamente en esta materia –como lo hace en el servicio sanitario—en contraste con la munificencia con que paga suntuosos periplos y abona cantidades prohibitivas a famosos con los que hacerse la foto. En Valverde el Juzgado está cerrado. Esta es una circunstancia tan grave que no hay manera de reducirla a un incidente.

Parados y ausentes

Un informe de la Universidad Complutense estima que el absentismo afecta al 40 por ciento de los alumnos. Los chicos se aburren en clase, discrepan de los criterios docentes pero, sobre todo, se ven tentados por la convivencia libre que les ofrece la cafetería del centro o el césped del campus cuando el sol brilla en lo alto. Por su parte, el ex-ministro Gómez Navarro, actual baranda  de las Cámaras de Comercio, asegura que en los tres últimos años el absentismo laboral se ha duplicado en nuestro país pasando desde el 3’5 al 7 por ciento, un fenómeno, que, según  él, se debe sobre todo al hecho de que las bajas se obtienen en el sistema nacional de Salud. No es nuevo el caso de una plantilla de policía local que se da de baja por depresión hasta en un 90 por ciento, hecho inaceptable que parece sugerir ciertas complicidades además de poner en evidencia un procedimiento de control perfectamente ineficaz. De manera que estamos asistiendo al esperpento de una debacle del empleo en una sociedad de suyo absentista, es decir, la contradicción que supone que millones de familias busquen denodadamente un trabajo mientras los que ya lo tienen procuran esquivarlo en términos que perjudican gravemente a la productividad del país. Navarro pide a los sindicatos que sean implacables con “los vagos”, petición razonable pero que hay que conciliar con el hecho cierto de que muchas de esas bajas se producen por defectos o abusos del sistema laboral y otras circunstancias, como evidencia el caso de los docentes, cuyas cifras de baja por depresión se han disparado a medida que la Logse ha ido perpetrando sus efectos. Sin contar con el estímulo para la molicie que suponen ciertas políticas electoralistas que, mediante subvención, mantienen en el ocio retribuido a un ejército de no-trabajadores que, por cierto, con enorme frecuencia, como es sabido, trabaja por su cuenta en la economía sumergida. El trabajo va siendo ya un incómodo privilegio al que sólo aspiran los que carecen de él. O eso parece.

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Siempre he pensado que al absentismo suele ser consecuencia –zánganos aparte–  de una mala ordenación del trabajo. No suele ser absentista el trabajador que tiene tarea concreta y razonable que cumplir en el marco de una disciplina justa. No suelen abundar los absentistas entre los que trabajan a destajo, ni entre los que viven sometidos a una amenazante precariedad, aparte de que hay amplios colectivos que trabajan sometidos al abuso que propicia la necesidad extrema o incluso la desesperación. En la construcción, por citar a un sector clave, el escaqueo del trabajador no es fácil mientras que las cifras de siniestralidad son terribles y crecen de año en año, y yo he visto durante años aulas universitarias abarrotadas por los mismos que dedicaban  el resto del tiempo a la musaraña: por algo sería. No tengo ninguna duda, por supuesto, de que nuestra constatada baja productividad, que nos hace tan poco competitivos, se debe, en buena medida, a la ausencia voluntaria o a la falencia del trabajador, pero pienso que no hay que desechar otros factores como la mala organización del trabajo o la propia insolvencia del empleador. ¿Cómo no va a haber absentismo en la Diputación de Jaén si cuenta para su limitada tarea ¡con dos mil empleados!? ¿Cómo no va a haberlo en la función pública si la descentralización autonómica ha casi triplicado con creces los efectivos que tenía la Administración centralizada para hacer lo mismo? ¿Los vagos? Hay mucho vago, no me cabe duda, pero no le vendría mal a sus denunciantes echar un vistazo a su alrededor para considerar debidamente las circunstancias en que se mueven. De todas formas, subsiste la paradoja de base: que en un país devorado por el paro los que tienen trabajo huyan de él. No me cabe la menor duda de que aquí falla algo más que aquello que Lafargue llamaba el “derecho a la pereza”.

Plazas escolares

Sigue siendo un drama cada otoño encontrarle plaza escolar al niño, al menos en las grandes ciudades. Los colegios concertados ofrecen ampliar sus servicios pero la Junta se opone, en especial en los barrios electoralmente no fieles, a ese aumento que solucionaría muchos problemas familiares. Este año, sin embargo, el recurso judicial de muchos padres ha logrado que la Justicia dicte medidas cautelares –y ha habido muchas ya– que obligan a la Administración a aceptar un derecho tan fundamental como es la elección de colegio por parte de los padres. Lo lógico sería que la Junta afronte ese problema con sentido práctico y no recurriendo a contenciosos que, en todo caso, serán largos y no solucionarán nada. Con la educación, como con la sanidad, no se puede hacer electoralismo. La Justicia parece haberlo entendido así.