Ahorro navideño

Hace bien el Ayuntamiento en reducir el gasto/despilfarro de energía que supone, cada Navidad, el amplio dispositivo de ornarte la ciudad. En Madrid el recorte ha sido espectacular, como en Sevilla y otras grandes ciudades, demostrando, entre otras cosas, que no es preciso tirar la casa por la ventana para lograr un exorno decoroso y estético. Lo que n o tiene sentido en subirse el sueldo, como han hecho algunos políticos justo cuando la provincia y la capital arañan sus máximos históricos de paro, es decir, de necesidad económica. Es forzoso el ahorro en este tiempo difícil y posible compaginar la atención ciudadana con las posibilidades razonables del gasto público. Y eso es lo que parece que se ha hecho con buen sentido y respeto a la situación.

El lechero al alba

Gran tormenta medíática en Francia, práctica unanimidad de los ‘medios’ en torno a un periodista distinguido –Vittorio di Filippis, antiguo director de ‘Libération’—detenido al alba en su domicilio, delante de sus hijos pequeños, esposado, obligado a desnudarse  e insultado antes de ser conducido ante el juez para responder de un lejano pleito provocado por un internauta en el blog del periódico. ‘Lib’ es, si no el más feroz, si uno de los más constantes y radicales detractores de Sarkozy y ello acaso explique la vista gorda y posterior indiferencia de las ministras de Interior y Justicia ante el atropello. También –nobleza obliga o astucia del animal político—la reacción contraria del propio Sarkozy desautorizando a sus dos ministras y proponiendo, de acuerdo con el influyente Fillon, la reforma del código para despenalizar el delito de difamación. Todos los días las policías de todo el mundo, incluyendo a la francesa, hacen lo propio con un buen  puñado de ciudadanos sin mayor significado ni protección, pero la interesante reacción (quizá umbral de una crisis de gobierno) no se debe al peso del estamento periodístico, sin duda notable, sino al alto aprecio que todavía se tiene en aquel país a la libertad de expresión y al derecho y al deber de los periodistas a moverse con libertad en su trabajo sometidos a las leyes pero al amparo de la eventual venganza del Poder. Para eso son —–según la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo— “los perros guardianes de la democracia”. Y por eso quizá De Filippis hubo de escuchar ante sus hijos el vindicativo chorreo del ‘flick’: “Son ustedes peores que la gentuza”. En Francia, el procedimiento no autoriza el uso de esposas más que en casos excepcionales y siguen siendo mal vistos estos procedimientos “propios de los Grecia de los coroneles o de la España franquista”, como ha dicho un alto personaje. Francia no olvida el “caso Dreyfuss”. Hay democracias y democracias.

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Entre tantos juicios y comentarios como han circulado con este motivo, retengo uno doble de ‘Le Monde’ que dice que hay que sentirse muy impune para cometer actos tan incompatibles con el Estado de Derecho y –ojo—que se trata de un mensaje dirigido a todos los periodistas y no sólo al avasallado, un recado de prudencia forzosa, una mordaza en boca ajena –¡qué van a contarle a Noé del Diluvio!—como la que Chaves manejó aquí cuando sentó en el banquillo, sin el menor éxito, a los periodistas de El Mundo. Deja sin aliento, en todo caso, una historia como la comentada, con visita al alba incluida y esposas lastimando las muñecas, lo que constituye, sin duda, un grave motivo de aliento para una profesión que si algo no debe perder nunca de vista es que, por definición, está abocada al desencuentro con un Poder que, por su parte y en democracia, debe tener cerradas a cal y canto las puertas a la venganza. La gente sabe lo que sabe (lo que ‘necesita’ saber) gracias a una legión de profesionales que se juegan la vida tantas veces y que, incluso sin salir del club de prensa pueden estar en el punto de mira de los poderosos, y ello justifica un cierto estatus especial de libertad de expresión con que compensar los blindajes autoritarios. No creo que exista ningún poder sin sentina, ni siquiera el “cuarto”, y en ello veo la causa que convierte la información en un derecho irrenunciable del régimen de libertades. De ahí que el gesto de Sarkozy resulte magnánimo pero, sobre todo, astuto, previsor por parte de quien comprende que cercenando la libertad de esos “perros guardianes” –tan distintos de aquellos otros de los que habló Paul Nizan—no hay democracia que resista. A De Filippis lo ha defendida la derecha y la izquierda, no he escuchado una sola voz hablar de gremialismo (que es lo suyo en estos casos) ni discrepar del fondo de la cuestión. La gente quiere seguir confiando en que quien llama a al amanecer en casa es el lechero.

A por el millón

La ‘Andalucía imparable’ lo era, en realidad, peor no habíamos dicho en qué dirección se deslizaba. Como será que el propio Chaves prometió el “pleno empleo” para esta legislatura” –como ZP—que ha alcanzado ya el millón de parados en la región y los tres en el conjunto nacional, con todos los indicios señalando posteriores subidas. Es un canalla quien celebre esta desgracia por razones de interés político pero no lo es menos quien, con su disimulo, contribuya a deteriorarla. Entre otras cosas porque Andalucía no puede resistir a pelo un millón de parados ni perpetuar esta situación de fraude laboral que el sistema caciquil viene manteniendo hace años, en el campo y donde no es el campo. Un millones de parados, quizá pronto muchos más, tras treinta años de hegemonía absoluta del PSOE es una contradicción y un fracaso. Toda esta gran mentira lleva camino de venirse abajo en los términos más deplorables.

Cara y cruz

Se señala, con razón, el contraste entre el festolín democrático organizado por la ‘Dipu’ con motivo de los 30 años de la Constitución y el cerrojazo antidemocrático pero, sobre todo, injustificable, dado a la iniciativa de la Oposición de debatir en el Pleno el escandaloso subidón de sueldo de varios cargos públicos del partido (uno de ellos tránsfuga), para los que los compromisos colectivos de la política carecen de significado. Aunque, bien mirado, tampoco es para asustarse, porque de sobra sabemos que una cosa es el teatro político y otra muy diferente el buen gobierno de las tripas. El problema de las Diputaciones no es el partidismo, es su obsolescencia y su función estrictamente caciquil. Con esta idea en la cabeza, toso se ve con mucho más claridad.

 

México lindo

La saga interminable de asesinatos masivos que está viviendo México en el marco de su proverbial inseguridad ha culminado, de momento, con el informe que el presidente del Gobierno ha enviado al Senado de la nación para confirmarle que las policías “no son recomendables”, curioso eufemismo que da una idea del problemón con que se ha encontrado, finalmente, este hombre, Felipe Calderón, al que sus críticos llaman confianzudamente ‘Jelipe’ y a quien ponen de chupa de dómine. En el informe de referencia se especifica que la mitad de los 56.000 agentes federales, estatales y municipales no son, en efecto, “recomendables”, habiendo estados –como Baja California, Zacatecas o Coahuila – que elevan sus porcentajes entre el 60 y el 90 por ciento. Es la primera vez, que yo sepa, que un  régimen tradicionalmente corrupto admite su derrumbe moral y apunta sin ambages a la causa de sus degeneraciones, dándose a sí mismo un ilusorio plazo de un año para si no extirpar esa lacra, al menos aliviarla en la medida de lo humanamente posible. Ahora, pues, podemos entender el disparate de las últimas razzias asesinas, del auge de los secuestros-exprés, de la generalización de la tradicional “mordida” que decían los ingenuos que acabaría cediendo hasta extinguirse una vez  desplazado el PRI y su entramado de corrupción organizado escrupulosamente durante más de 70 maños de poder absoluto. No es ningún secreto que en México la seguridad es más bien un albur, que tras el escenario deslumbrante que se extiende en la falda del volcán, lo que hay, en realidad, es una jungla con leyes propias en la que la arbitrariedad manda y la violencia resuelve el día a día. Pero es verdad que, con todo y haber en esa crónica etapas bien crudas, lo que está viviendo ese país amigo es una catástrofe que ilustra bien el demoledor informe que el Gobierno se ha visto obligado a reconocer. El tema no se agota, no obstante ni en la detección del mal ni en el propósito de enmienda, pues parece obvio que el inaudito desorden que en la actualidad vive México no se entiende –ni, en consecuencia, podrá ser afrontado—de no asumirlo como la herencia lógica de un sistema político corrompido hasta el tuétano a la sombra de una revolución traicionada.

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No hay poder que perdure sin deterioro visible. El largo periodo victoriano, los reinados inacabable de Guillermo II o Francisco José, conocieron esa conmoción interna que mina la legalidad  de manera muy distinta a lo que ocurre en las dictaduras, por supuesto, pero de manera también fatal. Lo que, probablemente, hace distinto el caso de México es que el estado de permanente ilegalidad en el que se han acostumbrado a vivir sus ciudadanos no es el producto de una acción externa al Poder –al Estado, en última y definitiva instancia—sino una derivación, una consecuencia inevitable de la misma organización política. ¿Cómo esperar la paz social con unas policías rapaces y criminales frente a cuyos desmanes se hace la vista gorda porque se les paga una miseria? Yo he visto a un funcionario exigirle sin palabras la “mordida” nada menos que a un diplomático al que se le escapaba el vuelo, y soy testigo de cómo éste accedió a meter en el pasaporte, como quien no quiere la cosa, el exigido billete de diez dólares. Luego han venido los asaltos, los secuestros, los robos camineros, el acoso al forastero y ha llegado a ser habitual el envío de orejas cortadas a los familiares de los rehenes. Pero toda esa miseria no la ha creado de la nada el malevaje, sino que es la consecuencia de un pacto social suicida pero longevo ya, que ‘normalizó’ la ilegalidad desdramatizando sus consecuencias políticas. El México revolucionario y liberal ha degenerado en una incontrolable garduña en la que “los de abajo”, como decía Azuela, no hacen sino replicar la codicia y la brutalidad de sus honorables dirigentes.

Al pulpo, ni reñirle

La Fiscalía de Sevilla se lo ha pensado mejor y no abrirá acciones leghales contra la Junta de Andalucía, a pesar de reconocer que la publicación en el BOJA de los nombres de los menores que objetaron “Educación para la Ciudadanía” a pesar de reconocer que la vulneración de la intimidad de esos menores se produje, en efecto, y por tanto, lo suyo sería proceder al ejercicio de acciones legales. Y dice que no lo hará, no porque se arrugue ante la Junta, sino por proteger a los lesionados y evitarles la inmersión en “un debate apasionado y tenso” (¿) y ofrecerles, de paso, una indemnización económica que nadie ha pedido. Como si no estuviera claro que lo que la consejería de Educación ha hecho ha sido estigmatizar a esos menores para castigar a sus padres. El Poder sigue siendo el Poder, qué duda cabe, y la igualdad ante la Ley una ilusión no poco novelera.