Cuadrar las cuentas

El alcalde de Aljaraque debe de estar rodeado de optimistas. De otra forma no se explica que cuadre sus Presupuestos calculando que en el año próximo, para el que se prevé el avance de la crisis, más ingresos por licencia de obras que los obtenidos en el 2007, cuando la crisis aún no había asomado la cabeza. Está bien el optimismo en la política, no cabe dudas, pero ejercicios como el apuntado parece más inspirado en el objetivo de cuadrar las cuentas de momento y que luego salga el sol por donde quiera. Porque, claros está, si se prevén ingresos fantasiosos es porque no se piensa renunciar al gasto como correspondería a una etapa crítica como la que vivimos, y eso supone un gesto de mala administración demasiado explícito. En Aljaraque, precisamente, con lo que en ese pueblo lleva llovido, es de temer que los ingresos por ese concepto han de descender en picado, en términos absolutos lo mismo que en términos relativos.

Los nuevos pobres

Los barandas de los países principales van a reunirse nada menos que con el fin de “refundar el capitalismo”, esa propuesta de Sarkozy que suena a reinventar la rabia o a darle le vuelta a la chaqueta del hambre. Dura tarea, pero me parece que, sobre todo, empeño muy lejano de los interese inmediatos de los nuevos pobres, de las víctimas de la crisis económicas que acaban de darse de bruces –el Gobierno decía hace sólo siete meses que eso de la crisis era un invento antipatriótico, no se olvide—con una necesidad difícil de predecir mientras duró la sospechosa bonanza del expansionismo. Acabo de dar con un informe de ‘Secours Catholiques’ que asegura que en Francia malviven hoy siete millones de pobres, la mayoría sin techo y el resto en dependencia absoluta del excedente y de la caridad. Bueno, más pobres hay en España desde hace mucho tiempo –y bien caro que le costó a ‘Cáritas’ denunciarlo por primera vez–, en especial, precisamente, en estos últimos meses en que millones de familias se acercan a su puerta en demanda de ayuda. No hay quizá indicador más incontestable que esos comedores públicos, hasta ahora reservados a los trabajadores inmigrantes, que desde que arreció el temporal se han visto invadido por familias necesitadas españolas que buscan en ellos un  alivio diario a su miseria radical. Van a refundar el capitalismo, yo no lo dudo, a instituir un sistema de explotación libre pero controlado en penúltima instancia por el Estado para que no se desmande la avaricia, como dice ZP. Sí, pero ¿y mientras tanto, qué harán durante estos años, probablemente aciagos, que se avecinan esos amparados por manos tan generosas como limitadas? Ah, la macropolitica y su discreto encanto, la estrategia del concierto teórico frente a la necesidad real, física, tangible, esa carencia que no admite espera de millones de desdichados que ayer no más creyeron todavía que el crecimiento infinito era posible y la felicidad podía pagarse a plazos. Nuestros líderes van a refundar el capitalismo. El que no se consuela es porque no quiere.

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También en Inglaterra creo que se agrava el problema, como en EEUU, como en la propia Alemania, hasta antier locomotora de este tren de las ilusiones perdidas. Incluso el FMI denuncia la existencia de una pobreza que supone, además de un ultraje, un incierto peligro ante la posibilidad, no tan lejana, de que el conflicto releve al consenso. Los asesores del Poder suelen relativizar esta realidad dura con el argumento de que ese “umbral de la pobreza” no es más que un malentendido demagógico. Pero me dicen en esos refugios que las colas crecen, que el nivel de los acogidos se eleva, que las necesidades se multiplican en muchos de estos países, pero de modo muy especial en España donde su impacto sobre la desestructuración creciente de las familias es ya inocultable, por encima y por debajo de las famosas “medidas” adoptadas por el Gobierno. Es posible que estemos entrando en una etapa de pobreza galopante en la que se verán afectados sectores sociales que hace nada y menos no hubieran podido imaginar semejante tragedia. A pesar de que ya no pueden seguir culpando al petróleo ni a la subida de los alimentos de la catástrofe, a pesar de que la batalla hipotecaria, que trae en su sinvivir a esos millones de sorprendidos, no se vea mitigada siquiera por la banca mimada ni por un poder ante todo desdramatizador. En los comedores de la caridad sobreviven hoy las nuevas cohortes del proletariado, las que está produciendo la crisis al desbaratar las frágiles estructuras de las clases medias. Demasiados millones de pobres, y demasiados ‘vergonzantes’ disimulados en ese cortejo valleinclanesco que busca la sopa boba. Y me temo que no sea el Estado quien aderece cada día la marmita. El Estado está muy ocupado refundando el capitalismo. Los nuevos y los viejos pobres pueden esperar.

La universidad andaluza

Un estudio elaborado por al propia Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) nos da nuevamente motivo de preocupación y pesar por el estado de nuestras universidades, boyante, según los optimistas de la oficialidad, catastrófico o camino de serlo, según la mayoría de sus responsables docentes. Asegura el informe, ene efecto, que durante los cursos 2006-2007, de los 217.323 alumnos matriculados en las nueve universidades de Andalucía, más de 19.000 abandonaron defraudados, una cifra que convierte a nuestra comunidad autónoma en la que encabeza este dudoso ranking de fracasos. Lo dicen los propios Rectores, insisto, aunque ya verán lo poco que le importa y por dónde se pasan el dato en la Junta y en las propias esferas oficiales de esos centros. A la cola en educación básica y media, a la cabeza en abandono de las aulas superiores. Ese doble fracaso merecería una reacción  que seguramente no se producirá.

Datos terribles

Si hemos hablado ya de que en la cuenca riotinteña uno de cada dos integrantes de la población aditiva está hoy en paro, ahí está la noticia de que la mitad de la población lepera –es decir, nada menos que 13.000 personas—han recurrido últimamente, como consecuencia de la crisis económica, a los servicios sociales del Ayuntamiento que gestiona el Partido Popular, en busca  sobre todo de ayudas familiares que posibilitaran el pago de hipotecas pendientes en hogares sin trabajo. La situación de la provincia onubense exige una reacción vida de sus autoridades, que hasta ahora no se ha producido en absoluto, más allá de vagas declaraciones y promesa tamnb ién vagas y n ubca cumplidas. Medio pueblo con la mano tendida –y en un pueblo laborioso como Lepe—es un  dado pésimo. El partido en el Poder debería entenderlo y asumirlo así.

Indefensión del lector

Un par de cachondos, no poco irresponsables, por descontado, André Bichlbaum y Mike Bonana, hace tiempo que se dedican a intoxicar al personal americano con ediciones paródicas de comunicados y documentos completamente contrarias a los auténticos modelos. La tomaron una temporada con la poderosa Organización Mundial del Comercio (OMC), de la que difundían comunicados, falsos como cabe suponer, por completo contrarios a las intenciones y objetivos de la entidad, y lo hacían en réplicas casi perfectas que engañaban con facilidad a las sorprendidas masas de lectores. La última ocurrencia de la pareja tuvo lugar el miércoles y ha consistido nada menos que editar un falso “The New York Times” y repartir entre los asombrados viandantes de Manhattan un millón de ejemplares del engendro que titulaba a toda portada “Iraq war ends”, la guerra de Iraq ha terminado, y que incluía, junto a fotografías de helicópteros militares sobre un fondo espledoroso que representaban la retirada de las tropas, un artículo en el que se anunciaba el procesamiento de un Bush contrito forzado por las circunstancias a confesar su error, y que prometía continuar en solitario, por su cuenta y riesgo, la búsqueda de Bin Laden. La rápida recuperación de la realidad no ha evitado, en cualquier caso, la evidencia de la indefensión que, en una sociedad mediatizada al máximo, se encuentra el ciudadano peatonal, como se encontraba el radioyente al que Orson Welles le vendió la burra de la guerra de los mundos. La verdad escrita goza hoy de gran descrédito, es cierto, pero también lo es que constituye un arma infalible contra esa inermidad de la masa necesariamente pasiva que constituye nuestras sociedades.

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Vamos a tener que admitir como norma la fina ‘boutade’ de Brake de que la verdad existe pero que la mentira se inventa, lo que hace que, en una sociedad de la comunicación, los límites entre una y otra, entre la realidad y la fantasía, sean de lo más difíciles de establecer. Cada día podemos comprobar, sin salir de España o saliendo si lo prefieren, que una misma noticia es presentada en versión doble y contradictoria según la orientación del ‘medio’ que la difunda, algo que, a pesar de todo, no provoca el radical escepticismo del lectorado, como sería lo lógico, sino la adhesión doble y maniquea de los bandos enfrentados que de una u otra forma ‘militan’ ideológicamente alineados (y alienados) alrededor de su referente mediático. Cada vez me desconcierta menos el aristocrático postulado de Malebranche –que me parece que leí alguna vez al maestro Ferrater–  de que el listo y el tonto son igualmente cerrados a la verdad, con la diferencia que, por lo general, el tonto la respeta mientras el listo la desprecia, lo mismo de tejas arriba, que de tejas abajo, pero hay que reconocer que exhibiciones falsarias como ésta de la que hoy nos ocupamos estupefactos, constituyen una contundente prueba de que no es cierto eso de que a mayor facilidad de información más caudal de verdad habrá de recibir el grupo necesariamente. No, hoy la prensa es fuente de información (verdad) pero simultáneamente lo es de desinformación y hasta, eventualmente, de deliberadas confusiones fabricadas a medida de intereses espurios, una realidad que debería llevar a los paladines de la democracia a reforzar la guardia y renunciar a trampear la verdad que es, en última instancia, su básica legitimación. Porque, bien mirado, el pirateo bromista de esos “Yes men” no es peor, en el fondo, que la práctica de ese partidismo que, entre nosotros, le pone doble cara cada mañana a nuestra realidad política, todo en plan muy legal y formalísimo, pero desde la conciencia o la intención de falsear la realidad. No todo lo que es increíble es necesariamente falso. Eso lo sabían ya los ingenios franceses hace siglos.

La Justicia puede esperar

El inaplazable proyecto de la Junta de Andalucía de reformar los servicios judiciales va a tener que esperar los menos tres añitos, porque resulta que, a estas alturas, la consejería de Justicia no conoce cuáles son las auténticas circunstancias de esos abarrotados servicios, que falta o que sobra en ellos, qué habría que hacer para que afrontar la temible crisis planteada desde hace años. Es decir, que cuando los jueces hasta paralizan ya los juicios para poder atender va la ejecutorias, la Junta va todavía por la intención de encargar el consabido estudio para ver luego qué se hace y qué no. Veremos si para la fecha prevista queda mucho de ese aparato en pie y si la desdicha no ha propiciado que se reproduzcan situaciones trágicas como algunas recientes.