La dipu está que lo tira

Se acabó el disimulo. La Diputación  Provincial –con el dinero de todos los onubenses—hace lo que quiere y más le conviene a quien lo hace. La penúltima: conceder 523.000 euros a una empresa dirigida por quien hasta hace dos meses fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de la capital. La última, el escandaloso reparto del dinero de la publicidad institucional que en e 2007 quedó como sigue: al fraterno y servil ‘Odiel’ 586.683’17 euros; al “Huelva Información”, 119.018 euros; a El Mundo Huelvanoticias, cero euros. ¿Comprenden el truco? Esa arbitraria Presidenta, siquiera por dignidad, debería dar una pequeña excusa, no a los periódicos sino a sus lectores.

La mujer ideal

Un informático de Ontario, Le Trung, joven todavía encasquetado en el hogar paterno, ha reproducido, imagino que sin conciencia de ello, el viejo mito de Pigmalión que Ovidio nos relata en su incomparable canto X de la “Metamorfosis”: el de crear por su mano una mujer ideal, a partir de materiales inertes, una mujer perfecta como ajena a la ‘perfidia femenina’, con la que conseguir sin riesgos a una amante siquiera imaginaria. Dicen que el muy cuitado se ha pulido en su obra nada menos que 22.000 dólares y que el resultado ha sido una moza de metro y medio, fabricada con polivinilo y provista de sensores que le permiten no sólo reconocer los rostros o identificar los fármacos, sino aplicar mantequilla a una tostada, aparte de leer y chapurrerar al menos tanto la lengua inglesa como la nipona. El nuevo Pigmalión encomia un resultado que considera perfecto porque –vista la cosa desde la cumbre del machismo—se trata de una mujer capaz de trabajar sin descanso veinticuatro horas que, además, no necesita alimento ni reconocimiento alguno, a pesar de lo cual ha decidido, de momento al menos, respetar su ‘virginidad’ a pesar de que el engendro tiene sensores implantados en la vagina lo que facilitaría las cosas considerablemente, hay que reconocerlo, sin necesidad de recurrir a Afrodita hasta apiadarla, como hubiera de hacer antaño el rey de Chipre para dar vida  y convertir en practicable a su ‘Galatea’. Es una historia como para Berlanga, es cierto,  pero me parece a mí que encierra en sus entretelas más sustancia mítica de la que parece a simple vista. La manía por las muñecas inflables no puede reducirse a una simple perversión, sino que hay que ver en ella un eco todavía vigoroso de las ensoñaciones primordiales de la especie.

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No es ningún secreto, después de Cassirer, que ni los mitos son propiamente montajes fantasiosos ni las conductas resultan, en infinidad de ocasiones, del todo ajenas a ellos. Hasta hay quien ha propuesto (creo que desde el funcionalismo) que incluso puede pensarse en la posibilidad de que bajo la inmensa mayoría de las conductas humanas, sobre todos las que implican una carga pasional, subyazca el fósil subconsciente de un mito que actúa en esa oscura zona de la mente como semilla diminuta o eficaz levadura, razón por la que el mencionado maestro sostuvo con energía que “el hombre era un animal mítico”. Tal vez actuamos y nos movemos, como nuestro ingenuo informático, arrastrados por fuerzas que ni sospechamos y que de la manera más cándida confundimos con el propio criterio, por ejemplo a la hora de ‘fabricar’ una mujer practicable convencidos de que, como obra prístina y nuestra, será una hembra ideal y no un amasijo de cables y materiales muertos, pero también en otras muchas ocasiones en que ni sospechamos que ese acicate poderoso pueda ocultarse en esa cara oscura de nuestro desconocido psiquismo. En este apartado de la creación de seres, es curioso que se haya prodigado más la fantasía de la mujer, incomparablemente más imaginativa y bella que la que subyace en las repetidas leyendas hebreas del ‘Golem’, incluida la de Gustav Meyrink, que tanto deslumbraba a Borges. Es la idea posesiva del macho la que sugiere el deseo y el proyecto de apropiarse por entero de la mujer amada creándola él mismo convertido en demiurgo, ocurrencia que no se da entre las hembras, al menos,  que yo sepa. Aunque quizá el mito ovidiano escapa a esta regla en la medida en que el macho se muestra idealista e incluso confía su deseo a la divinidad que, compadecida o admirada, quién puede saberlo, acaba por concederle el prodigio. Le Trung es un fetichista, Pigmalión un soñador, y entre ambos supuestos media un  abismo. Es la distancia que separa a Ovidio de Berlanga, que le vamos a hacer. Que este mundo se empobrece por momentos no es ningún secreto.

Chulos y corruptos

No lo digo yo –Dios me libre–, lo dicen ellos mismos, sus Señorías los diputados/as regionales que vegetan en ese balneario que es el Parlamento de Andalucía. En el debatillo sobre el negocio de Canal Sur, se han dicho de todos, unos a otros: corruptos, chanchulleros, sectarios, partidistas y otras lindezas, sin que se escapara siquiera el presidente de la comisión del ramo. Una vergüenza, para quienes la tengan. No se puede esperar respeto de los ciudadanos, en una clase política que se ve a sí misma como a una partida de logreros y lo dice, además, en voz alta para que conste en el Diario de al Cámara. Si algún día les cae desde la calle esos mismos insultos deben reconocer con sensatez que de ellos mismo partieron.

Los vacíos del SAS

No hay pediatras en catorce localidades del Andévalo occidental, una comarca de 15.000 habitantes cuyos menores han de ser atendidos por médicos no especializados o derivados a los hospitales de Riotinto o de Huelva, circunstancia que se grava por el hecho de que en otras seis localidades de la pare oriental tampoco hay médicos de esa especialidad. Y según Comisiones Obreras lo que sucede es que cada vez hay menos pediatras y los pocos que van saliendo optan por cruzar la frontera y ejercer en Portugal, donde sus servicios son mucho mejor pagados, alegato parecido al que ofrece el Sindicato Médico. Una grave deficiencia que, al parecer, aguarda a que ocurra algún suceso irreparable para tomar alguna medida cuando ya no tenga remedio.

La edad del delito

A las frecuentes críticas que viene haciéndose al incremento de la delincuencia juvenil parece que habría que añadir el de otras delincuencias muy lejanas entre sí y diferentes en su proceder pero, más que probablemente, feudatarias todas ellas de la también creciente marginalización de grupos y sociedades enteras. Un artículo reciente de Yves Mamou, aparecido en la prensa francesa, sugiere que tan distintas clases de violencia como vienen  registrándose últimamente tienen como causa común y han de verse como el efecto inevitable de una misma rebeldía provocada por las condiciones sociales, lo mismo si consideramos el anacrónico suceso de la piratería del sudeste africano que si nos fijamos en el aumento disparado del furtivismo a gran escala que se registra en Escocia o en EEUU, la actuación de bandas organizadas en el robo de productos revendibles (cobres telefónicos, útiles de ascensor o teléfonos móviles, raíles del ferrocarril)  un poco por todas partes, y lo más curioso de todo, el disparado crecimiento de la delincuencia que se conoce en Japón como “de cabello blanco, es decir, perpetrada por mayores de edad, jubilados en su mayoría, cuya criminalidad se ha quintuplicado en apenas cinco años. Por su lado, los observatorios confirman que el agravamiento de la delincuencia juvenil es un problema que desborda no sólo la capacidad previsora del Poder sino su tratamiento penal y procesal, cosa que bien sabemos, desgraciadamente, en España, como consecuencia de esa disparata ley del Menor que nos aflige, aunque en este caso la causa probable del fenómeno sea más compleja y no siempre dependa de la marginalidad padecida sino, tal vez, de lo contrario. La delincuencia adulta o presenil, que es de lo que hablábamos, ha cogido por sorpresa a esos observadores a pesar de la evidencia de que la situación de los mayores, en casi todas las sociedades de Occidente, es dura y aún penosa, por decirlo suavemente, en especial en los países cuya demografía experimenta con mayor gravedad el desequilibrio como, precisamente en Japón, donde la población que supera los 65 años alcanza nada menos que los veinticinco millones de personas.

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No es improbable que la predicción sociológica de que las sociedades opulentas acabarían engendrando esos dos segmentos perjudicados acabe cumpliéndose en un modelo social, prácticamente similar en todo el mundo desarrollado a pesar de matices y diferencias. Y la causa es que la marginalización de uno y otro, aunque distinta en apariencia, afecta a ambos por igual, reduciendo el espacio propicio a la integración en el grupo del que se sienten excluidos. Los más jóvenes y los mayores empiezan a preocupar como eventuales colectivos peligrosos en esta sociedad en la que, paradójicamente, la capacidad de decisión, casi en todos los órdenes, está en manos de la población intermedia –pongamos entre 45 y 65 años—ilusoriamente alejada de ambos “extremos” en base al criterio productivista que ve en las ‘clases ociosas’ –dicho sea literalmente y no en el sentido de Veblen—elementos sociales inútiles y, por tanto, sobrantes desde el punto de vista de la racionalidad del Sistema.  Me ha entristecido leer que casi 50.000 mayores de ese límite que marca la jubilación fueron detenidos y juzgados en Japón, sólo durante 2007, como autores de crímenes o delitos, entre los que, en un país tan ‘honorable’, destacaban los de robo y asalto a viviendas. Entre nosotros todavía el ‘mayor’, anciano o no, se mantiene en los límites de la ley, agobiado por su estrechez las más veces, y desde ahora enfrentado a la ruleta rusa de la crisis que, como es natural, repercutirá más en esos colectivos que en los intermedios. Los piratas de Somalia dicen estar cansado de ver pasar ante su costa las riquezas destinadas al mundo feliz. Cualquier día nuestros mayores y ancianos pueden argumentar algo parecido antes de echarse al monte.

UGT: huelga, sí, huelga, no

El “sindicato hermano” UGT se ha apresurado, por boca de su secretario regional andaluz, Manuel Pastrana,  a descalificar la insinuación de huelga general hecha por el flamante coordinador de IU, Cayo Lara, a pesar de que él mismo y otros dirigentes provinciales, andan diciendo por ahí que habría que recurrir a ese expediente extremo si el paro en la autonomía alcanza el millón de personas, cosa poco menos que inevitable a medio y quizá corto plazo. A mí me da que lo que a los sindicatos les ha escocido es la llamada de Lara a reconducir los sindicatos a posiciones de clase poniendo en peligro la “entente cordiale” que la estrategia política de “concertación” ha posibilitado durante muchos años. Pastrana quiere, por lo visto, la exclusiva para echar los pies por alto. Lara, con criterio inobjetable, le acaba decir lo contrario.