Estupor por la normalidad

Lo que ocurrió en el Pleno del Ayuntamiento capitalino antier fue estupendo, pero más estupendo todavía (en sentido etimológico) el desconcierto de casi todos ante esta memorable y civilizada ocurrencia de plantear una oposición razonable y recibir a cambio una respuesta positiva desde el gobierno. Bienvenido este nuevo talante, aunque puede que al PSOE municipal le esté ocurriendo lo mismo que al PP nacional, a saber, que se ha persuadido de que la estrategia de tierra quemada no conduce a ninguna parte. En ese Pleno se avanzó más que en meses anteriores. Sea cual fuere la razón que cada parte tiene para actuar así, hay que felicitarse en nombre de los ciudadanos al margen de reconocerles a los protagonistas su indudable mérito.

Heridas abiertas

Hay que ver la que traen con la memoria unos y otros esta temporada. En un congreso convocado por el propio Vaticano, a propósito de cuatricentenario de Galileo, ha vuelto a resurgir la vieja polémica que creíamos zanjada por la honorable rectificación del papa Wojtila, justo la misma semana en que se ha hecho pública –sin que nadie, que yo sepa, lo haya reclamado nunca—el perdón de la Santa Sede a John Lennon por la famosa frase en que, hace casi medio siglo, osó comparar a su grupo con Cristo. Parece que reaparece la cuestión de los “perdones” que la Iglesias habría de pedir por los errores del pasado, errores gravísimos, sin duda posible, pero que es curioso que nadie exija a la descendencia de Calvino, pongo por caso, tan implacable perseguidor de discrepantes y científicos ni integrados. El lío viene esta vez del reconocimiento por parte del director del ‘Observatorio Vaticano’ de que, a pesar de aquel importante gesto pontificio, “quedan aún abiertas heridas” dolorosas por el famoso incidente, sobre todo si se tiene en cuenta, como recordaron los reventadores de la proyectada visita del actual papa a la universidad de La Sapienza, que éste, siendo aún cardenal y Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe (es decir, de la nueva Inquisición), habría dicho en la misma universidad en 1990 que “en la época de Galileo, la Iglesia permaneció más fiel a la Razón que el propio Galileo y que, en consecuencia, el proceso contra el sabio fue racional y justo”. Ha sido inútil, curiosamente, que desde múltiples ángulos, se haya precisado que esa frase no era más que una cita de Feyerabend con la que el entonces cardenal quiso recuperar la noción de ‘paradigma’ y el hecho, cierto, de que esos moldes mentales cambian con brusquedad, por cierto tras una amplica referencia al filósofo marxista Ernst Bloch, uno de los primeros en revisar la leyenda ‘ilustrada’ del célebre proceso. Dice hoy la Iglesia que le papa Urbano no condenó nunca personalmente a Galileo, un profundo católico que sabía distinguir entre razón y fe, como también se ha reconocido en este simposio. Lo de Lennon ha sido más fácil. Lo de Galileo va a costar Dios y ayuda recomponerlo en su justa dimensión.

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Es curiosa la efectividad de este tipo de “heridas” si se las compara con la indiferencia con que se contemplan las que deberían seguir sangrantes en otros ámbitos. Es pronto, por ejemplo, para hablar con perspectiva de la carnicería perpetrada entre chiíes y sunníes, aunque quizá no tanto para esperar que un buen día los herederos del Imperio británico asuman un pasado que tal vez merece una ‘leyenda negra’ similar a la que gravita sobre el español, por no hablar del alemán, el francés o el belga. Los EEUU perpetraron un genocidio perfectamente diseñado que esquilmó a la población amerindia –es más hicieron de esa barbarie una especie de etopeya–  hasta reducirla a discretos grupúsculos ideales adecuados todo lo más para decorar el paisaje y entretener el turismo, y no cabe esperar ni locos que alguna vez se le pase por la cabeza a sus dirigentes y menos a aquel pueblo soberano pedir perdón por tal masacre. Y es que la memoria rara vez es justiciera –¿o acaso en La Sapienza no sabía nadie que el párrafo en cuestión era una cita, por lo demás, bastante adivinable, de Feyerabend?—y nunca cuando se ejerce desde el rencor o, como en este caso o el de alguno que tenemos más cerca, también desde una ignorancia, más o menos voluntaria, poco interesada en averiguar la verdad. No entenderé nunca el interés de esos debeladores de Roma por recurrir a tanto ejemplo arcaico que, en definitiva, acaba sirviendo de cortinas de humo tras la que ocultar ciertas obcecaciones actuales no menos censurables. Feyerabend, y no Ratzinger, lo que decía, en resumen, es que no es correcto juzgar hechos ignorando el paradigma en que se insertan. Hay frases de Bloch que, aisladas de si contexto, dejarían en pañales a Ratzinger.

La callada por respuesta

El consejero de Industria y Turismo, Luciano Alonso, ha dado la callada por respuesta al Parlamento de Andalucía cuando la Oposición le ha pedido que explique cómo se compagina sus proyectos de austeridad con el dispendio clamoroso de ese coche de lujo que se ha comprado. En Extremadura le han hecho devolver el mismo coche a la Vicepresidenta que, por cierto, se había adelantado con su dimisión; en Andalucía, el trágala: aquí no hay más ley que la voluntad de Chaves que, ciertamente, tampoco es que escatime en gastos suntuarios. No hay vergüenza política en este asunto. Lo que sí hay es un doble o triple desprecio de la Junta hacia cualquier institución que discrepe de ella, incluso cuando despilfarra a ojos vista.

Otro retraso

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha dicho nones al recurso de apelación interpuesto por la Junta de Andalucía en su empeño por zancadillear y retrasar la realización del decisivo proyecto urbanístico del Ayuntamiento en el Ensache Sur. Otra retraso de años para nada –como en el caso de Isla Chica–, otra maniobra fallida de la Junta y su partido para trabar el trabajo municipal de su gran adversario, pero del que los grandes perjudicados son los ciudadanos onubenses. Ahora, probablemente, no queden ya triquiñuelas, pero si quedaran es probable que el Ayuntamiento tire para adelante sin mirar atrás que es lo que muchos ciudadanos le demandan hace tiempo. Una oposición no es lo mismo que un enemigo. Tras tantas acciones judiciales perdidas contra el gobierno municipal iría siendo hora de que la del PSOE lo acabe de entender.

Sesión vermut

El Día Internacional contra la Violencia de Género no ha resultado especialmente lucido. En la comisión del Congreso se dignaron asistir cuatro gatos, en la puerta de los Ayuntamientos y en otros lugares de cita apenas hubo un meritorio puñado de luchadoras, justo cuando se hacía público que en España hay cada día 1.100 mujeres que son maltratadas y que en Francia el 23 por  ciento de las encuestadas por el ‘Observatoire des violences envers la femme’ comprobaba que el 23 de las mujeres encuestadas declaran haber sufrido violencias, el 13 dice haber sido víctima de agresiones sexuales y un notable número de trabajadoras asegura que el lugar de trabajo es un territorio propicio y maldito para esos abusos sin nombre. Aquí lo hemos celebrado, ministra al frente, con un extraño ritual de música femenina (¿) y una exhibición de  mujeres percusionistas mientras que en el país vecino han tenido la idea de utilizar la capacidad suasiva del teatro para tratar de conseguir cambios en las actitudes públicas, es decir, en la moral social, para lo cual han recurrido a montajes interactivos de esos en que sobre la escena se representa el drama (o la tragedia) del maltrato pero la acción acaba descendiendo luego al patio de butacas para que los espectadores intervengan en ella dialécticamente, un poco como en los años 50 y 60 se hizo en España y otros países con no poco éxito. No va descaminado el ensayo, desde luego, porque el teatro ha sido desde los griegos un crisol y un espejo en los que se ha forjado y visto el perfil de la moral social, razón por la cual sería mal mirado e incluso prohibido en España, por ejemplo, cuando el monopolio moral de la Iglesia consideró incompatible la competencia de teatros y corrales. Puede que, viéndose retratados en la escena y controvertidos por la opinión, los agresores tanto como las víctimas aprendan lo que difícilmente van a enseñarles en un instituto oficial o en una comisaría, lo que no disipa, ésa es la verdad, los temores que muchos tenemos de que ese buen fin no se consiga sino imponiendo una mano de hierro sensata pero implacable. Olvídense de movilizaciones de las otras. Antier ni los diputados fueron para acercarse al acto en que se conmemoraba la efemérides.

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El teatro fue siempre un instrumento poderoso de influenciación de masas (como lo ha sido el cine, claro), un molde imaginario de formación de la moral social en el que la catársis, ese invento clásico, puede servir tanto para amansar a la fiera como para afilarle las garras. Personalmente estoy convencido que una película como “Te doy mis ojos” ha podido hacer más por movilizar las conciencias que todas las soflamas en que emplean sus presupuestos los organismos, oficiales o no, que velan por extirpar esta plaga tremebunda, de idéntico modo a como el gran teatro español contribuyó más que ningún otro factor a imbuir primero y consolidar después la moral social que fundaba y mantenía en pie a aquella sociedad estamental regida por la monarquía señorial-feudal. Ahora bien, a este ritmo de mujeres maltratadas no parece razonable que esos mecanismos se basten para cambiar una moral social, obsoleta en buena medida, sobre la que los intensos cambios sufridos por la sociedad se han revelado impotentes para renovar el arsenal axiológico inmemorial en el que se sustenta la visión de los sexos y de sus roles y, en consecuencia, los ya inservibles conceptos heredados de la tradición. ¿O no es raro que siquiera para dignificar el memorial sólo haya podido contarse con un puñado de congresistas y las escasas reservas incondicionales que la sociedad civil ha logrado reunir, supongo que entristecida por su relativo fracaso? Más de mil víctimas de la barbarie al año contestan por sí solas a esa pregunta ante la que no saben qué hacer las múltiples autoridades implicadas, ni aquí ni en la mayoría de los países europeos. Quizá un personaje como la ministra Aído no sea un capricho ni una casualidad.

El dedo que no cesa

En relación con el zambombazo propinado por el TSJA a propósito de los nombramientos “a dedo” en Medio Ambiente, ha dicho el portavoz de la Junta que la Administración autónoma “acata y respeta” los fallos judiciales razón por la cual, en adelante, “adecuará sus procedimientos a los que dicten los Tribunales”. Hombre, favor que se nos hace, pero el problema no es lo que se haga en adelante sino por qué se hizo antes de su capa un sayo, a base de enredar la malla normativa hasta dejar manos libres al político para hacer lo que quiera, incluso lo contrario de lo establecido pro la Ley de la Función Pública. ¿Existe acaso otra norma menos conocida que autoriza a asignar puestos sin necesidad de acreditar titulación, experiencia o formación? Eso es lo que debe indagar la Oposición en lugar de entretenerse con dignes y diretes.