Así, cualquiera

Al alcalde de Aljaraque no le preocupa que una urbanización del pueblo haya padecido insufribles y reiterados ataque delincuentes. Dice que, por el contrario, no sólo hubo robos sino que puede que haya más, grave mensaje de inseguridad para los vecinos que, cuando menos, deberían obtener de la autoridad alguna providencia preventiva en lugar de respuestas suficientes. Desde luego, no puede haber sido gran cosa la energía desplegada para resolver el caso porque hay que repetir lo de siempre, es decir, que Aljaraque no es Nueva York y no parece tan complicado garantizar al seguridad de una barriada contra el vandalismo depredador. Cuando no hay problemas o se eliminan los que hay de un plumazo, cualquiera sirve de alcalde.

La querella del saber

Se espera que antes de Navidad el pontífice actualmente reinante hable definitivamente sobre la suerte del latín. Quiero decir sobre la misa en latín, extirpada por la nueva liturgia en el Concilio Vaticano II, hace cosa de cuatro decenios, para substituirla por la dicha y celebrada en la lengua vernácula, ciertamente más próxima y participativa. Tendremos, pues, de nuevo la vieja delicia, siquiera en régimen restringido, ahora que el latín – a diferencia de lo que ocurre en universidades americanas o europeas– ha desaparecido prácticamente y me temo que hasta para su uso clerical hayan de repasar los curas los catones de su chapucera versión. Tampoco en la universidad están mejor las cosas, por supuesto. El otro día leí al ovidiano Ramírez de Verger –el rector que escribía sus ponencias congresuales en latín—protestar, entre la resignación y la rebeldía, contra una profesora de inglés que, en su ignorancia, había desanimado a unos alumnos a asistir a clase de latín con el argumento de que a ver con quién iban a entenderse ellos hoy día en esa “lengua muerta”, y de paso, dibujar un  negro panorama de nuestra “alma mater” una vez que sobre ella haya pasado implacable la apisonadora de Bolonia. Me dicen que en esta universidad de nuestro futuro imperfectísimo no sólo no se cultivarán ya esas lenguas en las que se funda la nuestra, sino que el prurito novedoso habrá de imponer ‘créditos’ de ‘feminismo’ e ‘igualdad’ en todos los grados, de paso que incluso la nomenclatura tradicional se verá afectada de manera que la filología pasará a denominarse “estudios” y, en la medida de lo posible, verá disminuido su empaque académico para dar paso a las nuevas cohortes de precarios titulados dirigidos al empleo, precisamente ahora que no hay un puesto de trabajo ni para una urgencia. Temo que tanto ‘innovador’ acabe convirtiendo el saber en un manual de instrucciones por completo ajeno a la cultura. En ello andan.

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En la Red funciona un periódico latino, “Nuntii latini”, noticias latinas, en el que, como en el último número, puede uno deleitarse con la biografía latina de Obama –“In Insulis Havaianis ex patre Keniano et matre Americana natus est…”—o con la severa reflexión sobre la herencia de Bush –“In Iraquia et Afganistania bella geruntur, crisis ex mutuis non solutis…”—que habrá de gestionar el nuevo presidente. Y sé que, al menos en tierras gaditanas, hay profesores del ramo que promueven entre sus alumnos el uso del latín vulgar con el que, al parecer, la ‘basca’ se divierte casi tanto como con la botellona. Pero, anden, expliquen ustedes eso en Bolonia, en Madrid o aquí mismo, en la Junta, y ya verán como –sin saber que reproducen una vieja tesis marxista formulada por John Bernal—les dicen que lo que vale son esas vagorosas modernidades que de forma más o menos explícitas renuncian al saber para dirigir inútilmente a las nuevas cohortes hacia un mercado incapaz de absorberlas. La querella del saber es vieja como el saber mismo pero, probablemente, nunca fue tan tosca e ignara la política responsable, ni tan desmedrada y ridícula su profesión de fe en la modernidad, la renovada guerra de los sexos o las socorridas I+D de nunca acabar. Ya ni se plantea el tema de “las dos culturas” que definió lord Show, y la porfía entre la Ciencia y el Humanismo va quedando reducida a un criterio entre pragmático y oportunista que, en realidad, no oculta otra cosa que el progreso de la ignorancia. Échenle una mirada a los ‘curricula’ de nuestros dirigentes y les saltará a la vista que la causa profunda de esta regresión cultural no es otra que la incuria en que se ha instalado la política y la dimisión cívica de una sociedad que ha hecho del peritaje un ideal y del saber un estorbo. La Ilustración ésa que decían que nos iban a traer se nos está quedando en un Renacimiento cojitranco, justo a la medida del Poder.

La Taifa de Chaves

No ha protestado la Junta, como ha hecho la Generalitat, por el estupendo dossier que The Economist dedica a España en su último número. Y hace bien, porque si a Pujol le dicen “cacique”, lo cual quizá se queda ya históricamente un  poco corto, a Chaves lo ven desde fuera como “un socialista que encabeza el gobierno regional andaluz desde 1990 ‘is said to reing rather than govern’ ”, o séase, más como un régulo o sátrapa que como un gobernante. No está mal imagen para venir de tan lejos, pero la verdad es que quizá cuadrara mejor a nuestro mandatario lo de cacique que lo de rey, teniendo en cuenta cual es la realidad del “régimen” y cual es la naturaleza de su clientela. Se comprende que no quieran remover el asunto y hasta puede que el propio Chaves acepte complacido ese retrato al natural que le hace el extranjero.

La Cuenca se muere

Hay que ser obcecado como el bachiller Jiménez para ver tras la plataforma que se ha formado en Riotinto y su comarca una conspiración partidista de la oposición. Cómo será que hasta UGT, que tan conforme está con el Presupuesto “de crisis” de la Junta, reconoce la lógica y la conveniencia de esa reacción ciudadana en demanda siquiera de un pedazo de pan y un sorbo de agua. Si es verdad que en esa comarca se registran paros de hasta un cincuenta por ciento no se entiende su fidelidad al partido gobernante durante más de un cuarto de siglo de cuentos y paños calientes sin contar con su complicidad en el expolio de la vieja minería por parte de sus “amigos políticos”. La Cuenca se muere pero no de pronto, sino tras demasiados años de abandono político. La gente sabrá lo que hace y a quien vota. De  momento, esa plataforma rompe el silencio funeral que tanto le gusta al Poder.

Color de piel

El triunfo de Obama  y, en especial, la imagen de la presencia del nuevo matrimonio presidencial en la Casa Blanca ha desatado una euforia sobre el fin del racismo que, a mi modo de ver, tiene no poco de ingenua. Ahí está la estólida grosería de Berlusconi aludiéndolo como el “bronceado” pero, sobre todo, ahí está el dato de que casi el 90 por ciento del electorado negro ha votado a Obama revelando la otra cara de una luna racista quién sabe si en cuarto creciente, junto a la elocuencia del masivo voto latino, no cabe duda de que inspirado en la misma razón reactiva. El racismo, como la xenofobia, son un mal vergonzante que rechazan padecer todos los países pero que no está hoy más ausente en casi ninguno de ellos que lo pudiera estar ayer. En Francia acabamos de ver a la comunidad negra, representada por su consejo de asociaciones, llegar hasta el propio Elíseo para proclamar que, a diferencia de los EEUU, en este país no se dan ni de lejos las condiciones mínimas para una apoteosis semejante, y pedir de paso la aplicación de una política de ‘discriminación positiva’ tendente a potenciar esa presencia política y social de la que hoy carecen los ciudadanos de color. En todo caso, el problema de la discriminación racial o xenófoba debe buscarse en estratos más hondos y escondidos de la conciencia pública, en el nivel de la convivencia efectiva, allí donde la inevitable competición que es la vida convierte al “diferente” en un rival menos legitimado a juicio de la mayoría. No hace mucho hemos visto en Italia legislar la expulsión de rumanos mientras que en España, tristes incidentes han permitido contemplar auténticos  ‘pogromos’ lo mismo de españoles contra gitanos que de éstos contra rumanos, enfrentamientos que poco tienen de extraños en un país como el nuestro que, desgraciadamente, permite la discriminación entre sus propios ‘regionales’. La “diferencia” está siempre latente bajo la ‘corrección’ ideológica entre otras razones porque constituye el objeto de una animadversión inmemorial. A Septimio Severo lo llamaban “el Negro” no porque lo fuera sino por su procedencia africana, lo mismo que ocurriera con Halfdan de Noruega o con algún rey irlandés. El simbolismo es un buen cauce para la irracionalidad.

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Es en este sentido en el que la elección de Obama puede considerarse decisiva, y hasta va abriéndose camino la hipótesis de que la “política de identidad” que ha servido en las democracias para perpetuar del modelo desigual podría perder sentido en los EEUU para reencontrarlo en los países europeos que hoy se sienten acosados por migraciones imparables, como viene tratando de establecer un observador yanqui tan fino como W.B. Michaels. Y en este sentido veo que se recuerda con frecuencia al olvidado W.E.B. Du Bois que, entre siglos, defendía que el racismo no era más que un conflicto de clases, o en sus propias palabras, que “no era propio hablar de blancos y negros sino de ricos y pobres”. Vamos a ver si esta imprevista victoria simbólica de ese mestizo ayuda a extirpar la insidiosa tesis de Hegel de que el continente africano y la raza negra eran ajenos a la civilización e incluso incapaces de cualquier evolución intelectual que pudiera incorporarlos a eso que se llama la historia universal. Después de todo, la influencia europea no es ajena ni mucho menos a la ideología americana–no hay sino recordar a Gobineau– de las diferencias raciales, en definitiva, de un milenario etnocentrismo que defendió siempre sin asomo de duda, la superioridad de la raza blanca sobre las todas las demás. La participación de los negros en la Guerra Mundial hizo más de los suele creerse por el acercamiento de derechos entre las razas, pero Vietnam, al volver a utilizarlos de carne de cañón, demostró la hondura del racismo en aquella mentalidad. La Casa Blanca no queda cerca del Bronx y menos de Mississipi.

La Babel autonómica

Se ha preguntado Javier Arenas, presidente del PP andaluz, si merece la pena conservar cierta empresa pública andaluza, Inturjoven, o sería mejor eliminarla. Y habría que contestarle que no es una de esas empresas la que puede cuestionarse sino el montaje descomunal que Chaves ha montado paralelo a la Administración  Autonómica con la clara intención de aumentar el margen de la arbitrariedad política y reducir al máximo el control de los organismos interventores, al margen de abrir colocaderos casi inagotables para su clientela partidista. Sin olvidar a esos consejos mil que ni se reúnen en muchos casos, pero que sirven de legitimadores del capricho presidencial cada vez que hace falta. Algún día habrá que reedificar una Junta de nueva planta. Con ésta es prácticamente imposible la alternancia en Andalucía pero también nuestra salida del subdesarrollo.