Los zombis del SAS

En carta a este periódico, un ciudadano de Aljaraque explica que el SAS ha cursado varias comunicaciones a su difunta suegra a pesar de que, tras su deceso, el hecho fue comunicado al organismo por los cauces oficiales. No es el SAS el único organismo de la Junta en llevar manga por hombro sus informaciones –recuérdese el reciente fallo del sistema informático que permitió la impunidad del asesino de Mari Luz–, pero no se puede negar que casos como el comentado ponen al descubierto una insolvencia nada despreciable en lesos servicios. Porque igual que se dio por viva a esa difunta pudiera darse por muerto sabe Dios a cuántos usuarios entre los que aguardan armados de paciencia en la lista de espera. Este caso no es simplemente uina anécdota. Es un indicador que pone bien a las claras qué clase de trabajo es el que desarrolla la burocracia de Salud.

Sobre la barba

El Museo de Historia Natural de Londres ha decidido exponer al público la barba de Darwin, o lo que queda de ella, justo ahora que la barba masculina vive uno de sus momentos históricos más bajos, lejanos ya los años revolucionarios en que llegó a convertirse en un auténtico emblema de la identidad progresista. Recuerdo el caso insólito de un economista contratado en la vieja Presidencia, M.B.,  que desobedeció la orden tajante del almirante Carrero de afeitársela sin excusas, desoyendo incluso las consideraciones moderadas que le hizo llegar López Rodó, pero es evidente que la barba ha perdido hoy la intensa significación simbólica que por entonces había logrado darle la vuelta al significado tradicional de elemento de respetabilidad aparte de signo inconfundible de virilidad. Por su parte nada menos que ‘Times’ ha organizado una encuesta para calificar las diez barbas señeras de la Historia en un   ránking que encabeza Karl Marx seguido de Rasputín, Lincoln, Lenin y hasta Fidel Castro, y en el que se incluye absurdamente la atribuida por la tradición a la figura de Cristo, un rasgo tardío en la iconografía, como probó hace mucho tiempo Émile Mâle, que no figuraba en las representaciones primitivas en las que Cristo aparecía como un efebo imberbe hasta que su imagen fue desbancada, en el arte de Jersusalem, por la de un oriental maduro con poblada barba negra y largos cabellos. No podemos entrar aquí en la trascendencia simbológica y teológica de este cambio radical como no sea para recalcar que obedece a una profunda mutación en la interpretación evangélica que, en esa fecha tardía, se ocupa ya en construir un mensaje más severo y acorde con el antiguo prurito de respetabilidad. Nadie vio ni habló nunca de esa barba de Cristo que ‘Times’ incluye junto a esas otras del todo terrenales.

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He visto pocas iniciativas tan banales e impropias de un ‘medio’ tan prestigioso, en cualquier caso, como ésta de exponer barbas tan dispares en una misma vitrina, como si ese aditamento no hubiera sido en la historia imaginaria del hombre –desde los egipcios a los griegos pasando por los celtas– bastante más que un aderezo estético, como lo demuestra el hecho de que fuera utilizado incluso por las mujeres principales como señal de alcurnia y soberanía y como un modo de igualar los derechos entres los sexos. Hoy mismo se mantienen  viva entre los fundamentalistas hebreos la prescripción del ‘Levítico’ de no cortar la cabellera ni recortar la barba, nota de virilidad y categoría, y tengo entendido que una barba de Mahoma –ésa por la que juran sus enfervorizados fieles en casos extremos–  puede verse expuesta y venerada en la ciudad de Srinagar. Lo que ha dejado de ser la barba es indicador sociopolítico, signo por el que se distinguían –no poco equívocamente, todo debe decirse—las izquierdas de las derechas antes de que todo el monte utópico y reivindicativo se convirtiera en orégano neoliberal. Hoy no veremos jóvenes barbados sino en raras ocasiones y salvo excepciones vamos a encontrarnos con responsables políticos y menos con ejecutivos que no luzcan cuidadosamente rasurado el rostro, lo cual no debe tomarse por nada definitivo pues bien sabemos que también en la Roma de César se impuso la tez rala hasta que Adriano popularizara su barba poblada, al contrario de lo ocurrido en China, donde las reverendas barbas patriarcales de la tradición  han sido sustituidas hace tiempo por el rostro lampiño. ¡El mundo cayéndose a pedazos y los grandes responsables de la opinión organizando exposiciones de barbas célebres incluyendo las inventadas! El fetichismo constituye un expediente seguro, al parecer, siempre que se trate de distraer al personal, con su oscura atracción, de otras preocupaciones más inquietantes. LO saben bien quienes conjuran esta hora difícil con los cuatro pelos de un relicario.

Hacia el millón de parados

Imagino lo mal que habrá sentado en la Junta la previsión del presidente de la Confederación de Empresarios Andaluces (CEA) de que los parados alcanzarán en Andalucía en fecha no lejana la cifra temible del millón. Un millón de personas mano sobre mano, ocupados muchos eventualmente en la economía sumergida. Condenados otros muchos a la auténtica muerte laboral si es que no a la pobreza definitiva. Mal balance para treinta años de gobierno pretendidamente ‘socialista obrero’ que ha mantenido en el último lugar entre las autonomías españolas a esta tierra “imparable” pero que anda cayendo en picado de manera vertiginosa. Los que no hacen previsión ni dicen esta boca es mía son los sindicatos. Los patronos, por lo menos, son pesimistas, que ya es algo.

La crisis en números

Sabíamos ya que hay en Huelva 40.000 parados, una cifra que pone de relieve la gravedad de la crisis, sobre todo, ante la razonable expectativa de que continúe aumentando. También que determinados sectores se quejan de ver reducida su actividad, pero ninguno probablemente como el del mundo inmobiliario, como prueba el dato de que en Huelva la compraventa de viviendas –como hoy informa El Mundo—ha decaído en un 90 por ciento, es decir, prácticamente en su totalidad, lo que ha determinado el cierre del 60 por ciento de las agencias del ramo. Habrá otros indicadores malos en fechas próximas, sin Dios no lo remedia, porque lo que son las Administraciones no pasan de las buenas pero inútiles palabras.

Geografía e historia

Ahora resulta que eso de que Sarah Palin, la candidata republicana, creyera que África era una nación y no un continente no ha sido más que la maliciosa intoxicación cibernética de un grupo de trujamanes que difundieron la especie en la Red sin que los grandes rotativos y emisoras que cayeron en la trampa y difundieran el camelo a troche y moche, se molestaran siquiera en comprobar la existencia del presunto “asesor” republicano que filtraba la noticia. En todo caso, aunque un poco raro si se quiere, la anécdota no hubiera resultado imposible sabiendo como sabemos que alguno de los Bush –como tantos compatriotas suyos—toman a España por un país caribeño y no tienen nada claro el mapamundi hasta el punto de confundir, según se ha dicho también, China con Japón. Claro que no quiero ni pensar lo que sería poner en manos de nuestros responsables europeos un mapa mudo de esa misma África contemporánea o del Extremo Oriente, del que muchos de ellos hablan a menudo sin gran fundamento. Nuestros estudiantes –me aseguran unas sufridas docentes—son masivamente incapaces de situar en el mapa no sólo las lejanas naciones sino las propias comunidades autónomas de este país triturado, y tres cuartos de los mismo parece que ocurre con sus conocimientos de historia, esa crónica vaga dentro de la que una masa considerable situaría la noche de los tiempos lindando con la galaxia franquista. Ni siquiera la vicepresidenta del Gobierno escapa a esa inopia cuando dice –repitiendo la exultante ‘boutade’ de Aznar en las Azores—que la asistencia de ZP a la reunión del G-20 ha sacado a España del “rincón de la Historia” para situarla no sabemos bien dónde ni para qué, como no resulta fácil comprender como casa esa idea con la insistencia en el relieve que es preciso atribuir a la cacareada octava potencia mundial que dicen que somos. Va a llevar razón Anatole France cuando decía que la Historia no es una ciencia sino un arte al que se llega por la imaginación.

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Total, que ahora resulta que hemos salido de la rinconera para sentarnos en una silla prestada y compartida, que ya veremos cuánto acaba costándonos, justo ahora que ya no podemos ocultar la oscuridad de un futuro sobre el que nadie es capaz de vaticinar, como no sea en plan triunfalista, un futuro ‘histórico’, vale, pero con tres (¿cuatro?) millones de parados, un futuro paralelo al de los hermanos portugueses que siguen creciendo mientras nosotros entramos a pie firme en la recesión. Es ya un tópico historiográfico eso de que España ha atravesado la contemporaneidad avanzando a trompicones en la periferia de Europa, como esos simios derrotados que viajan a los costados de la horda, pero temo que fuera peor dedicarnos ahora a contemplar nuestra imagen en el espejo de la madrastra, crecidos y aún ‘sobrados’ por algo tan insustancial como puede ser un hueco conseguido, a fuerza de sabe Dios qué, en una sesión de ese cónclave. La prensa americana no citaba antier siquiera a España entre los asistentes a la cita ampliada de Bush y ésa es una circunstancia que relativiza sin remedio el optimismo forzado del Gobierno. Aparte de que ya me dirán que significa eso del “rincón de la Historia” y cómo es posible salir de ese lugar imaginario de un solo paso, como quien se salta las bardas del paraíso con pértiga prestada, y encima para asistir a un conciliábulo que lleva muchas papeletas para fracasar en el intento y disolverse dejando tras sí apenas un puñado de palabras y buenas intenciones. ¡La Historia nada menos! Aquí volvemos al esencialismo y a los tópicos más arcaicos sin encomendarnos a Dios ni al diablo, como allá codean a Marbella con Cancún o a Andalucía con Puerto Rico. Lo raro es que este tinglado no se venga debajo de una vez, arrastrándonos geografía abajo hasta estamparnos en la historia.

El saqueo del patrimonio

Nadie sabe qué hacen donde han sido halladas las mil obres de arte intervenidas en los vericuetos del “caso Malaya”. Ni siquiera se conoce el dueño, lo que no deja de ser una buena razón para que el Estado –“res nullius”—las recoja sin demora e incorpore al patrimonio nacional, cabiendo caso omiso del peloteo entre unos y otros y olvidándose de la amnesia de los implicados. Son ya varios los tesoros semejantes descubiertos en Andalucía y, en alguna ocasión, hasta se dio el caso de la Junta ofreciera al poseedor ilegal una negociación que no llegaría a ninguna parte. ¿Qué más le da al Estado de quién sean esas obras de origen difícil o imposible de justificar? Tendría gracia que los saqueadores de Marbella acabaran por proporcionar el erario común un museo inapreciable. Teniendo en cuenta lo que se han llevado, no veo por qué dudar un solo instante el decomiso de lo intervenido.