El dedo omnímodo

Tras el absurdo escándalo que supuso los dos solitarios aprobados en las oposiciones a Administradores Generales, estalla ahora en Córdoba el presunto golpe de mano ocurrido en la Diputación cuando una plaza sacada a concurso-oposición no la ganó la opositora que “debía” ganarla, provocando la arbitraria suspensión ‘sine die’ de la prueba en perjuicio de la ganadora real. Los abusos de la Junta en la recluta de personal están comprometiendo su propio funcionamiento pero, además, conspiran contra el buen nombre de los tribunales que intervienen en las pruebas, los cuales han de someterse a sus dictados o terminar como el rosario de la aurora. Suspender un proceso de selección porque no salió adelante la “favorita” constituye ese “más difícil todavía” que la Junta supera una y otra vez.

Protestan pero no hacen

Ayer SE daba cuenta aquí de la realidad de los embustes políticos del Gobierno y su partido por lo que se refiere a la provincia de Huelva. Y se decía que sólo dos de los 30 proyectos que, en tiempos del Gobierno del PP reclamaba como regentes si no imprescindibles, sobreviven ya el los Presupuestos del Estado. De los demás –AVE, estación, desdoble N-435, aeropuerto, Ciudad de la Justicia, remodelación de las líneas férreas y demás–, ni palabra. Todo olvidado cuando no postergado. No es lo mismo exigirle al Gobierno rival que atarse los machos y ponerse a trabajar con el propio. Huelva, además, no es objetivo prioritario del PSOE que sabe atado y bien atado el feudo de muchos pueblos y prácticamente inaccesible el de la capital. Se invierte allí donde el voto peligra. Donde está razonablemente seguro y atado, a ver para qué.

Tierra Santa

Una enorme multitud se manifiesta en Belén contra la que, en cualquier caso, ha de calificarse de exagerada respuesta de Israel a la provocación palestina. Como en tantos lugares del mundo, la imagen de la catástrofe –cientos de cadáveres destrozados en medio de la calle, edificios arrasados, fuego por doquier, resulta demasiado fuerte para justificar incluso una provocación constante e insidiosa como el lanzamiento de misiles organizado por Hamas desde hace demasiado tiempo. No parece que haya un término medio, una solución razonablemente equilibrada que reconozca las razones de ambas partes y trate de hallar una salida a la terrible tensión latente, al contrario, todo indica en que casi nadie tiene verdadero interés en hallar esa fórmula discreta para desactivar el complejo dispositivo de odios que desgarra a la región desde hace tanto. De nada han servido la exigencia de la ONU de un alto el fuego, ni las vehementes peticiones de gobiernos amigos (en algunos casos de ambos bandos) para que cese el fuego y, una vez más, se inicie la tantálica tarea de encauzar un diálogo sereno. Parece imposible, al margen de que haya que renunciar –al menos por mi modesta parte- a mantener el juego sin sentido de la atribución de culpabilidades, es decir, a forzar siquiera una solución dialéctica en favor de una de las dos partes, la que tira misiles sin cesar con el propósito de hacer imposible la paz, y la que cuando responde a la agresión lo hace con una violencia realmente feroz. Cientos de muertos en las calles constituyen una imagen terrible, no puede negarse, pero la perspectiva de vivir bajo el fuego graneado que desde enfrente lanzan los provocadores, también. Es probable que ese conflicto, creado en su día por las potencias occidentales, sólo a ellas corresponda afrontarlo en última instancia, porque lo que no parece cuestionables es que ningún diálogo es posible establecer, a estas alturas, sobre tanta sangre y tanto dolor. Tierra Santa es hoy un campo de batalla, un laberinto de guerrillas, un nudo de víboras. A ver quién lo desata.

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Es asombrosa la indiferencia relativa de Occidente frente a ese conflicto atroz., en especial si se recuerda ese argumento tan incómodo de que de algunas de sus potencias y del visto bueno de casi todas surgió esta guerra sin tiempo. Las televisiones han difundido por todo el mundo la imagen del horror, primeros planos de gente desesperada que se aferra a los parientes muertos, perspectivas dantescas de la ciudad destruida y las víctimas sin posible socorro. Pero esa imagen, repetida mil veces, carece ya de la capacidad imprescindible para conmover los espíritus ya que no es más que una noticia que se desvanecerá en la pantalla en unos pocos días, como las masacres africanas o los atentados terroristas. Ya incluso se adelanta que Obama –partidario declarado de la unidad territorial de Jerusalem—sea en su día un interlocutor válido, segándole la hierba bajo los pies a la penúltima esperanza. Hoy me quedo con el espectro de esa muchedumbre manifestándose junto a la cueva de Belén, con esos gestos de desesperación, esos cuerpos ensangrentados y esa cínica retaguardia que celebra la ceremonia del beso colectivo en Time Square o en la plaza de San Marcos, como si un infierno tan cercano, después de todo, le fuera ajeno. ¿Es posible que la contumacia de algunos fanáticos imponga a pueblos enteros sufrir esas consecuencias terribles de su encono? Al Fatah contra Hamas, ambas contra Israel, los países árabes cubriendo el expediente (hay dólares para todos) y el integrismo beligerante, que está a la que cae, reclamando desde las madrasas de las mezquitas la guerra santa, la ‘yihad’ exterminadora de los no creyentes. “Ojo por ojo, mano por mano, pie por pie”. No parece que hayan cambiado mucho las cosas desde el Deuteronomio. Esta guerra mundial disfrazada de pelea de tribus sólo podrá ser atajada por los grandes de este mundo.

En ayunas

La ‘Andalucía imparable’ renquea lo suyo, Banco de Alimentos, Cáritas y demás organizaciones benéficas lanzan llamamiento continuos a la vista del crecimiento desaforado de la demanda de ayuda básica que reciben, al unirse las familias andaluzas al las inmigrantes en comedores y dispensarios de alimentos y otras ayudas básicas. Crece una situación de necesidad realmente dura que contrasta con el optimismo forzado de la versión oficial, una Andalucía desconocida, incluso vergonzante, que presenta un presente espléndido frente al realidad de una circunstancia más que deplorable. No va un padre de familia a un comedor público por gusto sino por la más extrema necesidad. Habría que pedirle al autogobierno, treinta años después, siquiera un plato caliente para cada familia y una ayuda de crisis adecuada a sus necesidades. Ellos están de vacaciones mientras otros, muchos, hacen cola para comer cada día.

Política y Justicia

Ha pedido el PSOE al CGPJ que explique la sanción impuesta al juez del “caso Mari Luz”, algo que, en principio, es inobjetable. Pero por qué no reclama una investigación a fondo de la situación de los Juzgados, de sus medios humanos y materiales, del desbordamiento de jueces y personal judicial ante la desproporción entre la crecida de los asuntos y la ridícula escasez de los medios? No se puede culpa al juez Tirado de lo que ocurrió en Huelva sin culpar a la Junta (y al Ministerio) por su reiterada desatención a las demandas de ayuda planteadas por los jueces. ¿Corporativismo? En pocos meses han entrado varios jueces en la cárcel y no se ha oído la mejor queja de esos juzgadores. El gran responsable es la Junta que no invierte en Justicia, y el Ministerio que consiente la situación. Mari Luz podría estar viva si los Juzgados dispusieran de los medios que necesitan para dictar y ejecutar sus innumerables sentencias.

Gente respetable

Mucha gente en el gran mundo ha perdido su fortuna o parte de ella en la estafa gigantesca que ha montado el gurú de los ricos, Mr. Madoff, una estafa que ha servido, entre otras cosas, para descubrirnos cómo funciona por dentro la sentina de los grandes dineros –del “big money”, como diría Dos Passos hablando de la otra crisis, la del 29–, para descubrirnos que hay, en efecto, y no es sólo en la fantasía de imaginativos, una suerte de ‘Internacional’ del dinero, cerrada y exclusiva, que funciona con la luz apagada, y las puertas y ventanas cerradas a cal y canto. Una primera curiosidad es el monto de la estafa (parece que 35.000 millones de euros como mínimo) y el detalle de los estafados, “gente guapa” toda ella, la ‘crème de la crème’, personal respetable y a carta cabal y, como consecuencia, respetado por todos. Otra, su silencio. ¿No es curioso que a un banco como el Santander al que le han estafado 3.140 millones de dólares (por cierto, ajenos) no se desgarre las vestiduras y clame aunque sea en el desierto? ¿Por qué no se lamentan siquiera el holandés Fortis que, además de una crisis de gobierno, ha supuesto una pella de 1.350? ¿Ustedes entienden que un banco vienés al que le han birlado sin abrir la caja siquiera 2.100 millones de dólares, o una entidad británica a la que le han limpiado 1.000 kilos, sigan sus caminos como si tal cosa, lo mismo que esa abigarrada revista rosa en la que aparecen de frente y de perfil los Almodóvar junto a los Koplowitz, los Spielberg junto a la Bettencourt, los huérfanos de la Policía junto al suicida francés? Pues yo no, francamente, porque, una de dos, o tienen muchísimo más y apenas les duele lo perdido, o el gato ahí encerrado podría maullar más de la cuenta. Este es un asunto muy raro pero también muy elocuente porque ilustra –con estafa o sin ella– que la economía general va por un lado y la privilegiada por otro. El encanto de la burguesía corre el riesgo, tras esta aventura, de dejar de ser discreto.

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Y aparte de todo, ¿dónde está ese dinero, qué ignoto paraíso financiero o qué isla del tesoro guarda ese arca escandaloso en el que Madoff – medio bandido generoso, al cabo—le ha birlado a los ricos de este mundo, quién custodia ahora el plano bucanero mientras apura su garrafa de ron, aguardando a que amaine el temporal? Porque a mí no me jodan con la hipótesis de que un mangazo de 35.000 millones de euros se volatiliza así como así, desapareciendo de la noche a la mañana, convencido como estoy de un tipo como Madoff contaba ya con esta hora negra y el eventual e inevitable escándalo que habría de llegar tarde o temprano. ¿Y hemos de pagar los contribuyentes –¡para salvar al Sistema, ‘of course’!—esta golfada de la que no hay por qué culpar sólo a Madoff  sino a toda esa garduña especuladora que de sobra tiene que saber que no hay duros a dos pesetas sino que, más bien, cuando uno gana un duro es que otro lo pierde? En cierto modo, el caso Madoff va a plantar un hito en la penumbrosa historia del negocio, un hito separador de una larga etapa en la que, a duras penas, todavía podía creerse ese dogma de que la suerte económica es igual para todos; y otra en la que ya será un simple lila todo aquel que se entretenga en mirar por el caleidoscopio de la ingenuidad la presunta transparencia del mercado. Había una lonja financiera para el común de los mortales y un espléndido banco secreto sólo para listos e informados, así de simple. Lo que será difícil de recuperar es la confianza en la limpieza de manos de un sistema elitista al que urgiría descubrir concienzudamente para conocer la nómina completa de esos prestidigitadores que tanto han contribuido con su avaricia a precipitar la crisis de todos. Lo que ha quedado a la luz es el lado oscuro del capitalismo y, de paso, la falacia del mercado. Pero fíjense si estará bien montada la cosa que los estafados ni protestan. Uno no tiene otra opción que pensar que por algo será.