‘Malaya’, ‘Astapa’…

La situación en la que la nueva imputación del juez a un edil del PSOE ha colocado al Ayuntamiento de Estepona es insostenible. Y van a cometer el mismo error que cometieron frente al despiporre de Marbella, es decir, atenerse y aplicar el “laissez faire, laissez passer”, mirar cómplices la faena desde detrás de la barrera, sacando la punta del capote en los lances más comprometidos pero sin salir en ningún momento a hacer el quite por derecho. Lo ocurrido en Estepona, por lo que el juez va diciendo, ha sido muy grave, más de lo que puede justificar que un gobierno municipal siga siendo mangoneado por los mismos que están en tela de juicio. Yo no sé si hablar de disolución, como han hecho por ahí, pero al menos no tengo dudas de que la Junta y el Gobierno, por no halar del PSOE, deberían entrar a saco en esa sentina y abrir las ventanas de par en par.

Pierde Huelva

El TSJA ha fallado a favor de la tesis del Ayuntamiento dn el contencioso sobre el Ensanche Sur, boicoteado por la Junta de Andalucía –a pesar incluso de las promesas de Chaves—que le han costado a la capital mucho dinero y unos años de retraso en su modernización. ¿Recurrirá la Junta? Puede, pero sería muy raro que quien (insensatamente, por cierto) defiende la supremacía final de ese Tribunal autonómico en el nuevo Estatuto, diera el espectáculo de irse hasta el Supremo buscando prolongar el daño. En todo caso, dinero y tiempo perdido. Alguien se preguntaba ayer desde estas páginas quién debería correr con el gasto de este despropósito, y no le faltaba razón al apuntar a quien ha ido poniendo obstáculo tras obstáculo. Durante mucho tiempo hemos de preguntarnos lo mismo.

Los que sobran

Estos frentes polares están poniendo en el punto de mira las políticas sociales en lo que se refiere a la protección de personas sin hogar, los famosos “sin techo”, a la gente sin oficio ni beneficio, a la que la crisis empuja con vigor hacia el desgalgadero. En Francia, el Gobierno –tras la noticia de varias muertes callejeras de indigentes sin ningún recurso– ha rondado la idea de promulgar una  ley que declarara obligatoria la acogida en los albergues de los miles de tirados en plena calle, bajo el frío helador, confortados acaso por el café o el caldo caliente que les acercan organizaciones caritativas, idea que no ha prosperado, por supuesto, en nombre de ese prurito de libertad que incluye la opción de morir congelado si así se desea. No sólo son inmigrantes, porque cada día se les suman descolgados del sistema, personas desahuciadas sin techo ni trabajo pero con una prole que alimentar, una legión que ha saturado los centros de acogida obligando al Gobierno a destinar a ese fin, por vía de emergencia, 160.000 euros que seguramente no resolverán el problema. La potente organización francesa de caridad no se ve las manos para acoger a tanto rebotado de la sociedad, como en España, ‘Cáritas’ se ve sobrepasada en sus posibilidades por la avalancha de necesidad y de miseria que se le viene encima, denunciando que no se trata de incidentes circunstanciales (una vendimia, una campaña cualquiera) sino de un fenómeno ya estructural, de la realidad de que la red de apoyo a esa población sin recursos vitales mínimos ha quedado muy por debajo de la necesidad misma. Esa gente no tiene ningún vínculo que el Sistema pueda apreciar, son “the expendables” (excedentes, sobrantes) de que habla Lenski, como ha recordado Pagola. Y a los que no cuentan, a los prescindibles, no hay que esperar que el Sistema los provea de nada. A nadie importan porque nada tienen. Me temo que vuelvan las imágenes de la Gran Depresión, con sus fogatas nocturnas, sus cadáveres arrebujados y sus zombis desconcertados. La solidaridad no es más que una palabra, el concepto secularizado de la denostada caridad. Todo ha cambiado con el tiempo menos la calamidad.

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Lenski lleva razón: sobran, están de más. Pero ni siquiera en el sentido coyuntural que se atribuye al parado, sino de un modo definitivo, sin esperanza, porque no hay ‘do ut des’ posible cuando nada se posee, aparte de la necesidad. Vamos a ver esta temporada lo que es la pobreza en plena crisis, adónde alcanza con su mano descarnada la miseria absoluta, ese ser portador de derechos grandilocuentes que se muere de frío hambriento, acurrucado en un soportal o un cajero. “The expendables”: no cabe expresión más ajustada, más estricta, más elocuente que la de ese antropólogo. Porque ni siquiera son la antítesis de esa dialéctica; son, simplemente, la excrecencia, lo que no cuenta siquiera en la estadística negativa con que el Sistema cuadra sus cuentas. Al fin y al cabo, la pobreza asistida es circunstancial y, por esa misma razón, cuenta todavía, aunque sea en el oscuro renglón del “ejército de reserva” que contribuye a nivelar los salarios y a preservar los beneficios. Pagola recuerda que el griego antiguo distinguía entre el “penés” o proletario uncido a su faena, y el “ptojos” que no tiene qué llevarse a la boca, el lumpen con una mano detrás y otra delante, personaje arrancado al chafarrinón romántico de Hugo o al rebelde protosocialismo de Zola, que cada mañana son recogidos de la calle, encajada la mandíbula, sin pulso y la sonrisa helada, por los servicios encargados de mantener el decoro público. Se ha pensado, ya digo, en esconderlos por ley aunque no se ha llegado a hacer. O se ha mirado en otra dirección, que es más cómodo. España supo mucho de pobres desde sus grandes siglos. Es probable que ahora acabe sabiendo mucho más.

Christma de El Ejido

El Ayuntamiento de El Ejido ha tirado por la calle de en medio –con la que está cayendo—y ha prohibido en sus cales la mendicidad y la prostitución. No le faltará sus buena razones, por supuesto, pero es de esperar que haya previsto las consecuencias de esa providencia, especialmente dura en esta circunstancia de miseria que está pulverizando las posibilidades vitales de muchos ciudadanos marginados. Pobres y prostitutas tendrán que comer y dar de comer a los suyos como tendrán que dormir cada noche, a ser posible, bajo un techo digno. No sabemos cual será le proyecto de ese Ayuntamiento pero de haberse limitado a la prohibición habrían hecho un pan como unas tortas.

Ahorro navideño

Hace bien el Ayuntamiento en reducir el gasto/despilfarro de energía que supone, cada Navidad, el amplio dispositivo de ornarte la ciudad. En Madrid el recorte ha sido espectacular, como en Sevilla y otras grandes ciudades, demostrando, entre otras cosas, que no es preciso tirar la casa por la ventana para lograr un exorno decoroso y estético. Lo que n o tiene sentido en subirse el sueldo, como han hecho algunos políticos justo cuando la provincia y la capital arañan sus máximos históricos de paro, es decir, de necesidad económica. Es forzoso el ahorro en este tiempo difícil y posible compaginar la atención ciudadana con las posibilidades razonables del gasto público. Y eso es lo que parece que se ha hecho con buen sentido y respeto a la situación.

El lechero al alba

Gran tormenta medíática en Francia, práctica unanimidad de los ‘medios’ en torno a un periodista distinguido –Vittorio di Filippis, antiguo director de ‘Libération’—detenido al alba en su domicilio, delante de sus hijos pequeños, esposado, obligado a desnudarse  e insultado antes de ser conducido ante el juez para responder de un lejano pleito provocado por un internauta en el blog del periódico. ‘Lib’ es, si no el más feroz, si uno de los más constantes y radicales detractores de Sarkozy y ello acaso explique la vista gorda y posterior indiferencia de las ministras de Interior y Justicia ante el atropello. También –nobleza obliga o astucia del animal político—la reacción contraria del propio Sarkozy desautorizando a sus dos ministras y proponiendo, de acuerdo con el influyente Fillon, la reforma del código para despenalizar el delito de difamación. Todos los días las policías de todo el mundo, incluyendo a la francesa, hacen lo propio con un buen  puñado de ciudadanos sin mayor significado ni protección, pero la interesante reacción (quizá umbral de una crisis de gobierno) no se debe al peso del estamento periodístico, sin duda notable, sino al alto aprecio que todavía se tiene en aquel país a la libertad de expresión y al derecho y al deber de los periodistas a moverse con libertad en su trabajo sometidos a las leyes pero al amparo de la eventual venganza del Poder. Para eso son —–según la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo— “los perros guardianes de la democracia”. Y por eso quizá De Filippis hubo de escuchar ante sus hijos el vindicativo chorreo del ‘flick’: “Son ustedes peores que la gentuza”. En Francia, el procedimiento no autoriza el uso de esposas más que en casos excepcionales y siguen siendo mal vistos estos procedimientos “propios de los Grecia de los coroneles o de la España franquista”, como ha dicho un alto personaje. Francia no olvida el “caso Dreyfuss”. Hay democracias y democracias.

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Entre tantos juicios y comentarios como han circulado con este motivo, retengo uno doble de ‘Le Monde’ que dice que hay que sentirse muy impune para cometer actos tan incompatibles con el Estado de Derecho y –ojo—que se trata de un mensaje dirigido a todos los periodistas y no sólo al avasallado, un recado de prudencia forzosa, una mordaza en boca ajena –¡qué van a contarle a Noé del Diluvio!—como la que Chaves manejó aquí cuando sentó en el banquillo, sin el menor éxito, a los periodistas de El Mundo. Deja sin aliento, en todo caso, una historia como la comentada, con visita al alba incluida y esposas lastimando las muñecas, lo que constituye, sin duda, un grave motivo de aliento para una profesión que si algo no debe perder nunca de vista es que, por definición, está abocada al desencuentro con un Poder que, por su parte y en democracia, debe tener cerradas a cal y canto las puertas a la venganza. La gente sabe lo que sabe (lo que ‘necesita’ saber) gracias a una legión de profesionales que se juegan la vida tantas veces y que, incluso sin salir del club de prensa pueden estar en el punto de mira de los poderosos, y ello justifica un cierto estatus especial de libertad de expresión con que compensar los blindajes autoritarios. No creo que exista ningún poder sin sentina, ni siquiera el “cuarto”, y en ello veo la causa que convierte la información en un derecho irrenunciable del régimen de libertades. De ahí que el gesto de Sarkozy resulte magnánimo pero, sobre todo, astuto, previsor por parte de quien comprende que cercenando la libertad de esos “perros guardianes” –tan distintos de aquellos otros de los que habló Paul Nizan—no hay democracia que resista. A De Filippis lo ha defendida la derecha y la izquierda, no he escuchado una sola voz hablar de gremialismo (que es lo suyo en estos casos) ni discrepar del fondo de la cuestión. La gente quiere seguir confiando en que quien llama a al amanecer en casa es el lechero.