Huelva imparable

Tomen nota síndicos y poderosos: la provincia de Huelva es la segunda peor tratada por el desempleo según el mismísimo ministerio de Trabajo del señor Caldera, es decir, según constata la EPA del INI. 37.800 parados, nada menos que un 16’71 por ciento de la población activa mano sobre mano y viviendo de la sopa boba, es decir más del doble de la cifra nacional que es 8’6 por ciento. A más a más, resulta que la “Huelva imparable” incrementó ese paro en un 2’49 por ciento, mientras que Andalucía en conjunto –que soporta un 13’99 por ciento– sólo empeoró en un 1 por ciento, lo que quiere decir que nos ha ido dos veces y media peor que a al conjunto de los españoles y también que al de los andaluces, excluidos los gaditanos. Mala noticias, sin duda, una seria llamada al realismo y una severa descalificación de los “optimista de nómina” que cobran, como los “agradaores” de colmao, por decir lo que mejor suena y la gente quiere oír. 

El otro negocio

Vengo resistiéndome a hablar de las maravillas económicas de esta temporada porque, aunque convencido del carácter conjetural de la ciencia económica, bien sé que sus pretorianos son implacables con el lego que osa entrar en su parquet. Es un gran tema, qué duda cabe, el de los vaivenes de la Bolsa, enterarnos de que siete millones de españoles poseen en ella el equivalente al presupuesto anual del Estado o escuchar al flamante vigía del PP decir que la Bolsa es el mástil de la nave económica y, por esa razón, lo primero que desde la cofa se divisa en el horizonte en caso de crisis borrascosas. Como es un tema casi irresistible el de los matices que la Justicia ha garrapateado en la plana de la “doctrina Botín” para poder poner en su sitio al desobediente Atutxa. Pero ninguno, para mi gusto, como el del fraude de ese cachorro americano que le ha hecho a la Societé Generale de Banque francesa un agujero de casi cinco mil millones y, a pesar de hacer sido acusado formalmente de falsificación, estafa, deslealtad e intrusión informática, anda en paradero desconocido, o séase, cualquiera sabe dónde y cómo, pero presumiblemente tomando el sol a fuerza de daiquiris en cualquier isla paradisíaca. Los periódicos europeos han aprovechado para recordar casos anteriores, singularmente  los de John Rusnak, Nick Leeson y Yasuo Hamanaka, fabulosos estafadores los tres y causante de sendas catástrofes en sus bancos, y los tres recompuestos tras cumplir irrisorias condenas. Vamos a ver, ¿ustedes se creen de verdad estas leyendas bancarias, les cabe acaso en la cabeza que esas instituciones implacables con el padre de familia que falla unos plazos de la hipoteca (el sector y, especialmente las Cajas de Ahorro, son los mayores propietarios de viviendas que existen en España, vía embargo, naturalmente) traguen con que estos zorros de mayor cuantía se vayan de rositas con unas condenas de chichinabo similares a las que podría caerle al camellito de la esquina o al estafador de menor cuantía? ¿En qué cabeza cabe que a un sujeto que es capaz, en el breve espacio de dos días, de desbancar literalmente nada menos que a la popular ‘SocGen’, no se le quede entre las uñas un puñado de dólares, siquiera para olvidar olímpicamente su proeza en un retiro dorado? A Hanamaka le salió el año de cárcel a razón de  800 millones de dólares, a Rusnak a 113 millones pero de euros, a Leeson le hubiera salido la broma por 137 de dólares pero ni siquiera eso, porque fue puesto en libertad por motivos de salud. Piensen un momento y díganme si eso hay quien se lo crea.
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Todavía hemos de movernos en el terreno de las hipótesis poco menos que inverosímiles, pero es probable que el fondo de la cuestión empiece ya a escapar incluso a las lógicas menos exigentes. Entra dentro de lo posible, por supuesto, la audacia del ‘broker’ que aprovecha la condición surrealista de la virtualidad para escamotear los millones como el ilusionista hace desaparecer limpiamente al naipe inesperado aprovechando el espejuelo de la ilusión óptica. Lo que no se creen ni ellos es que un bancazo como el Barinas o un monstruo como Enron se vengan abajo porque un David de pacotilla saque un canto de su zurrón y los descalabre como a un filisteo cualquiera. Se abre camino la idea maliciosa (de momento) que presenta estos mangazos como maniobras pactadas en las que el ejecutor no sería más que un instrumento de un gran capital insatisfecho con sus ganancias o tal vez –y no olviden la circunstancia presente– deseoso de salvar su fortuna de la quema previsible. Entiendo que no lo vean claro, naturalmente, pero en ese supuesto sugiéranme al menos, por favor, una explicación medio pasable que explique es el zorro de este último golpe se ha ido de rositas. ¡Con lo que es la Banca, Dios mío! Yo que la poli no empezaría mis pesquisas por Bora Bora en busca de un membrillito sino que miraría meticulosamente bajo el colchón de los grandes perjudicados.

Acuerdo en Marbella

La Justicia debe explicar con claridad y detalle esas negociaciones entre la Fiscalía y los abogados de los concejales imputados por corrupción, pues aunque no se discuta la legalidad ni se dude, en principio, del intento de simplificar el gigantesco enredo, sería moralmente demoledor el efecto que un “acuerdo” –benéfico para los imputados, naturalmente– podría tener sobre una opinión pública que no tiene por qué comprender que para la mayoría la dureza de la ley sea la única norma, mientras que para unos pocos lo sea el trato y el buen rollito. Como no se entiende por qué los contribuyentes han de pagar la “legalización” de las construcciones ilegales con las que otros se forraron, no se entiende que rijan raseros distintos a la hora de medir el delito de un pringao sin notoriedad y el de un imputado notorio. 

¿Es peligroso o no el cesio?

Hay algo que no se entiende en las conclusiones del Consejo Nuclear que ponen a caldo a EGMASA y a la Junta de Andalucía en el asunto del cesio-137 derivado hasta nuestras marismas por el vertido de Acerinox, en Algeciras, pues si por un lado afirma que el impacto radiológico sobre la población y el medio ambiente “no son significativos”, por otro exige contundente a EGMASA no sólo que restrinja el acceso de la población a las zonas afectadas –¿por qué, si no hay peligro?, cabe preguntarse–, sino que le exige que le someta el plan antes de aplicarlo, lo que indica que no se fía ni de lejos del organismo, de su capacidad o de su intención. ¿Eso o no es peligrosa esa sustancia en nuestro territorio? Eso es algo que, con algo más que palabras de ocasión, debería aclarar responsablemente tanto la autoridad sanitaria como la gubernativa. 

La estirpe del dragón

Menudean los observadores que señalan a China como la eventual ganadora de esta crisis –porque esto es una crisis con todas las de la ley, convenga o no a quien sea– que amenaza al mundo desarrollado en su conjunto, como empeñada en hacer buena la metáfora del “efecto mariposa” sólo que al revés, es decir, situando la mariposa en Wall Street y el tifón hacia poniente. Lo ha analizado con agudeza Pedro Cuartango al recordar el hallazgo del Bell –¡el denostado Bell de nuestra feroz juventud!– de la capacidad del un sistema económico como el capitalista para adaptarse y superar esas crisis, al parecer inevitables, a base de sacar de ellas la adecuada moraleja. Y añade incluso en un inciso que este cristal crítico nos permite ver a su través la emergencia de ese gigante chino que, por lo que acabamos de conocer, ha crecido durante al año pasado casi a un 11’5 por ciento, récord de esta década prodigiosa, y que ha logrado ya un PIB de dos billones muy largos de euros. Es decir, que vendrá un reajuste sen su momento, caben pocas dudas de eso, y esto no será ningún apocalipsis irremediable, sino un hito separador de dos eras y una puerta abierta de par en par al “gran salto adelante” que Mao no fue capaz de imaginar siquiera antes de que su perfido delfín, Den Xiaoping, lanzara aquella revolucionaria consigna, “Enriquecerse es bueno”, demostrativa de que, en realidad, la distancia que el vendavalillo provocado por la mariposa deberían recorrer para alcanzar el capullo de Solchaga no era tan insalvable. Parece que toda crisis tiene un ganador y hasta es posible que, gane quien gane, la crisis sea un mecanismo imprescindible de la lógica expansiva del Sistema que escapa incluso a la ‘Mano Invisible’.
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Podemos hacer como que no nos hemos enterado, pero resulta una temeridad olvidar por un momento siquiera que ese dragón despierto cuenta ya con casi mil trescientos millones de bocas, muchas de ella hambrientas, por supuesto, pero capaces también de entonar a coro el himno de la alegría que supone la multiplicación diaria de la opulencia. Claro está que no falta por ahí quien prediga que los conflictos internos podrían interferir en la carrera despepitada de este raro oxímoron  del ‘postcomunismo capitalista’ –como dicen que lo denominó alguna vez de broma el propio Kissinger–, es decir, que el despegue espectacular dependería de que se mantenga la disciplina del famoso “tazón de hierro” en la China profunda que alberga a un nuevo proletariado capaz reproducir cien millonarios al día. Pero sin olvidar otras cosas, y entre ellas que ese país, que alcanzará a los EEUU en quince años tras cuadruplicar su población, cuenta en sus temibles silos, a juzgar por los cálculos más optimistas, nada menos que con cuatrocientas bombas atómicas, y avanza como un ciclón en ese túnel de viento que es el ámbito financiero, de modo que acumula en estos momentos unas reservas capaces, en caso de deshacerse de ellos por la vía rápida, de dinamitar el mismísimo dólar. Hay quien sopesa palabra por palabra el monólogo de ese dragón e, incluso, parece que cunde cierta tendencia conformista más dispuesta a llevarse bien con el amo futuro que a indisponerse con él antes de su llegada. Pero lo cierto es que de esta crisis mundial –que también afecta a aquel milagro imponiéndole, junto a un discreto aumento inflacionario, una moderada desaceleración–, China saldrá ganando de todas todas, teniendo en cuenta que quienes van a perder, también de todas todas, serán los EEUU y esta Europa de nuestras culpas que se enroca conservadora, frente al tsunami bolsístico y al desplome de muchas expectativas, en un discreto mantenimiento de los tipos. Como tantos miedos inmemoriales, el mito del “peligro amarillo” ha acabado por quitarse el disfraz y aparecer ante el mundo como una amenaza real. El dragón no es ya más un animal fabuloso. Los sinólogos tienen dicho hace mucho que eso era sólo una cuestión de tiempo.

Cuotas de poder

Chaves podría acabar arrepintiéndose de su apuesta por la “discriminación positiva” a la hora de formar gobierno no sólo paritario sino con mayoría de mujeres. Porque ese designio, que resulta inobjetable en teoría, deja de serlo cuando escuchamos a una presidenta del Parlamento andaluz reclamar para las mujeres del Gobierno regional menos “interinidad” y (no se pierdan el idiotismo) menor “índice de rotación”. La doña exige, como se ve, no sólo que desaparezca el prejuicio machista sino que se garantice al “género” una suerte de derecho al poder traducido en cuotas pero también en compromiso de duración de los mandatos. No se cuestiona, como puede verse, si las hembras en el Gobierno han hecho bien, regular o mal su tarea, en comparación o no con los machos, sino simplemente se exige que haya más mujeres en el poder y que permanezcan en él. En esta materia estamos tocando fondo. El lehendakari habló el otro día en nombre de “nosotros y nosotras”, ya ven. Aquí nos falta media hora para cogerle la vez.