Secretos del oleoducto

No le falta razón a Valderas cuando habla del “tío” y del “sobrino” por relación al proyecto de de oleoducto que va a comprometer gravemente, pero tampoco a la consejera cuando –capciosamente o no-l lo desafía a dar nombres y circunstancia concretas. No vale tirar la piedra y esconder la mano, y ei IU tiene noticia fidedigna de que esa obra responde a favores debido al tráfico de influencia, debe aportar lo que sabe al Parlamento o incluso al Juzgado si procede. Que el oleoducto en cuestión está protegido por el PSOE está demostrado, que sus promotores poseen medios de comunicación al servicio del “régimen” es un secreto a voces, que ZP en persona avala el negocio es público y notorio. Si IU sabe algo más concreto e incriminante debe publicarlo sin demora y dejarse de medias palabras.

El tabú democrático

Llevamos años quejándonos de los defectos de la democracia y de las amenazas que sobre el auténtico sistema de representación proyecta una práctica política cada vez más alejada de su genuino sentido. Bourdieu advirtió desde los 60/70 de esos peligros que han ratificado luego, incluso dentro de España, quienes han escrito libros o expresado teorías bajo lemas tan inquietantes como “La democracia amenazada”, “La democracia herida” o “El malestar de la democracia”, éste último objeto hoy mismo de análisis y argumentación, en las “Charlas de El Mundo”, por su autor, Víctor Pérez Díaz. En resumen, hemos llegado a un punto en que la reducción del sistema democrático a una estricta liturgia controlada por los partidos alarma a los espíritus democráticos que ven en esa mala práctica una degeneración en más de un sentido invalidante. No hace mucho decía un destacado personaje de la vida pública que el fracaso de la división de poderes provocado en España por la partitocracia a través de esta suerte de hiperparlamentarismo que estamos viviendo suponía, de hecho, el secuestro del sistema democrático y la resignación de su legitimidad en uno de los tres poderes en detrimento de la garantía pública. Pero ha sido en Portugal –un país que sigue creciendo mientras se derrumban las economías de la UE, ojo—donde hemos escuchado el grito más caliente en este sentido a la líder de PSD, Manuela Ferreira Leite, que declaró en un reciente banquete de la Cámara de Comercio Americana en Portugal que a lo mejor era preciso “suspender durantes seis meses la democracia” para poder aplicar las reformas que, en circunstancias normales resultan imposibles, entre otras razones porque un sistema de libertadades es imposible hacer reformas de espaldas o sin contar con las “clases profesionales”, Era cuestión de tiempo que empezaran a oírse voces en contra del propio sistema de representación tal como lo conocemos y practicamos y es más que probable que a la de Ferreira sigan otras cada día más vehementes.

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La verdad es que en estos tiempos hemos transigido todos con un modelo plural en el que conviven democracias exigentes como la británica con sistemas “de unanimidad” como el practicado en Rusia, situaciones degeneradas como la española o brillantes montajes como los que han dado justa fama al sueño tocquevilliano de los EEUU, casi todos los cuales se debaten entre tensiones internas por controlar el poder con olvido del ideal teórico que hace de la representación un mecanismo participativo y de la ordenada separación de poderes una garantía de igualdad a tres bandas en beneficio de todos. No tiene sentido, obviamente, la propuesta –hay que suponer que retórica—de la líder portuguesa, pero hay que conceder que en muchas situaciones que van produciéndose en la vida diaria, el ideal democrático se ve maltratado en términos que la vieja tentación autocrática cobra fuerza ya que no sentido. En Bélgica llevan viviendo en la precariedad, sin gobierno en la práctica, desde que las tensiones territoriales cuestionaron la viabilidad del propio sistema. En los propios EEUU se nos vende ahora como espléndida novedad tan elemental como eliminar el infierno de Guantánamo y proscribir la tortura, en Francia la triple fractura del PSF (Royal, Aubri, Hamon) plantea eventuales reformas del sistema sólo para facilitar el ajuste de los partidos por separado y entre sí. Y aquí, entre nosotros, espectáculos como la “toma” gubernamental del Poder Judicial, aparte de la sumisión de éste, nos separan cada vez más de ese ideal moral y político que, mejor o peor, ha sido el único capaz de librarnos de la dictadura. Se comprende, aunque no se comparta, esa desatinada propuesta de parar máquinas y revisar a fondo sus mecanismos. Hay agujeros en esta galaxia que desalientan al más pintado.

La corrala política

El Tribunal Supremo ha admitido a trámite la demanda de protección al honor interpuesta por el presidente del PP andaluz, Javier Arenas, contra es estólido personaje sobrevenido que es Luis Pizarro, vicesecretario del regional del PSOE, y mano izquierda de Chaves, por haber calificado a aquel, así, a pelo, de “matón de discoteca”. El Alto Tribunal ampliará ahora la demanda, a petición del injuriado,  para incorporar los últimos improperios dirigidos al mismo personaje por el obsesivo Pizarro, entre lso que destaca el muy estalinista de tratar de inutilizarlo calificándolo, tras las huellas del propio Chaves, de trastornado mental. Sería curioso recontar las gravísimas  imputaciones injurias dirigidas a Arenas desde el entorno de Chaves, y casi tan curioso contabilizar las que aquel se ha tragado. Hace falta como el agua que un juez sanciones alguna vez a uno de estos deslenguados que, aforados o por libre, parece que no son capaces de mejor política que el insulto.

Vivir al relente

Por los datos que se van conociendo (y hay que incluir la ayuda recién concedida pro la Junta para los más desfavorecidos) quizá no bastan los mecanismos público y privados que se dedican a proteger a los que, como consecuencia sobre todo de la crisis económica, no tienen, en Huelva, ni un techo ni de qué comer. Quizá no fuera demasiado designar a un comisario de confianza –a ser posible ‘cívico’, no vinculado a las Administraciones—para averiguar a fondo la situación y tratar de proveer en consecuencia. Una sociedad como la onubense no puede consentir esa miseria extrema, visible en plena calle además, como no debe tolerar la pobreza vergonzante que humilla a tantas familias descolocadas por la circunstancia. No es justo dejar a ‘Cáritas’ y otras organizaciones todo el peso de esa tarea. Sobrando tantas oficinas y consejos, no se ve por qué no establecer uno dedicado a la solidaridad más elemental.

‘Yankee, come here’

Parece ser que, sin quitarle méritos a la ‘gendarmerie’ francesa ni a la Guardia Civil, han sido los americanos, los denostados yanquis, para entendernos, quienes han dado en el clavo descubriendo las direcciones de correo electrónico que utilizaba Txeroki, el jefe de ETA, para impartir instrucciones a sus sicarios. Parece algo normal en este clima de prevención antiterrorista, pero ya verán como tanto proamericanos como antiyanquis se estrujan el coco en busca de razones, cada cual para arrimar el ascua a su sardina, no por nada sino porque esta porfía es tan vieja ya que no va a reducirse ni por uno ni por cuarenta gestos amistosos que haga el denostado. Después de todo, ésa es la suerte de todos los Imperios –incluyendo el nuestro–, esas soberbias elevadas que acaban siempre dando motivos para su propia degradación, como saben bien los estudiosos desde Hegel a Gibbon y desde Toynbee a Cipolla. Pero el caso del antiyanquismo es quizá más jodido porque de hecho ha funcionado durante medio siglo largo como una seña generacional y, muy especialmente, como una suerte de indicador de prestigio de las elites intelectuales europeas cuando menos a partir de la incomprensible guerra de Vietnam, seña que ha sido renovada luego en la mentalidad adversaria a causa de  los recientes sucesos de Irak por no hablar de otros menores, frutos todos ellos, probablemente, de ese especial autismo en que la gran potencia ha vivido encerrada mientras vendía tanques y mandaba leche en polvo a las “provincias” lejanas. Siempre creí que tanta fobia carecía de base aunque tuviese motivos, y nadie desde luego tan implacable en la crítica a esos motivos como sus propios observadores desde Whright Mills a Norman Mailer. El antiyanquismo tradicional ignoró porque quiso la contribución mayúscula de los EEUU a la libertad del mundo en las dos guerras llamadas mundiales y sirvió eficazmente de contrapeso –hoy sabemos lo que fue aquello—al otro Imperio aunque nosotros, los de mi generación, justificaramos al ‘Dr. No’ frente a ‘007’.

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Filias y fobias históricas cambian, bien embargo, como bien sabemos por la Historia, y nunca mejor que en este bicentenario goyesco para comprender que el enemigo de ayer puede ser el aliado de hoy e incluso el anfitrión que te presta silla y bandera, y te da asiento a lumbre rescatándote de la intemperie. La “pérfida Albión” hizo un papel nada desdeñable en la Independencia que ahora conmemoramos mientras Wellington destruía minuciosamente toda la industria española (cerámica, vidrio, tapices) que pudiera hacerle la competencia a su país. Normal. Y hoy los EEUU, más a más, la vapuleada CIA, nos pone en la mano, como quien no quiere la cosa, la guadaña para cortarle la cabeza a la hidra etarra, un hecho que viene a sumarse a las fotos presidenciales prodigadas estos días por la propaganda oficial (por la de aquí, se entiende) como primer movimiento hacia lo que bien podría acabar siendo un cambio radical de estimativas, incluso para cuantos llevaron (llevamos) en la solapa aquel botón negro que decía provocativamente “Yankee, go home” para que se enterara el que pudiera. Verán, no acabo de tragarme eso de que los EEUU andan pisando la raya de un cambo de era y menos que pudiera ser Europa la encargada de hacerle el relevo, como no pierdo la esperanza de que una etapa distinta logre banalizar por lo menos el estigma que durante medio siglo nos ha mantenido en la mano el hacha de guerra, haciéndonos vivir de espaldas o en contra de un país mal juzgado en el que, sin embargo, podíamos admirar desde James a Faulkner y desde Parsons a Whitman. Ningún Imperio fue comprendido a fondo en su época. Todavía no es tarde para que hasta ZP acabe entiendiendo esta buena razón.

Bellaquería y mal gusto

No sé si el amanuense que confeccionó los test de Canal Sur incluyendo una pregunta sobre la imaginaria relación del ex-presidente Aznar con la ministra Dati, lo hizo por su cuenta o siguiendo ingeniosas sugestión superior. En cualquiera de los dos casos, la broma es una vileza como lo hubiera sido preguntar por el GAL, por el “caso Montaner” o por los hermanos de Chaves, temas más relevantes, a todas luces, para un aspirante a periodista, que aquella leyenda rosa. Canal Sur no sólo se comporta como la voz de su amo sino que hace méritos y menea el rabo para que el amo se fije en al propiedad de su papel, pero lo peor es el grado de bellaquería y de mal gusto que implica una maniobra de esa naturaleza, merecedora tal vez de que el CAA le diera un tirón de donde fuera preciso.