UGT ante la crisis

La UGT ha anunciado que si los parados onubenses alcanzan los 50.000 en la provincia organizará una huelga general. Ole los sindicatos de clase. Pero, claro, dice también que los responsables de esa crisis son los empresarios y las entidades financieras, cosa que, hablando de Huelva en concreto, resulta no poco cierta en determinados casos pero injusta en su generalización. Ahora bien, ¿y el “Gobierno amigo”, y la Junta amiga, no son responsables esas instituciones que hasta hace seis meses tachaba de antipatriotas a quienes denunciábamos la inminencia de la crisis? A UGT se le ve el plumero más que un guardia de coros y no es razonable que pretenda echar el peso de la crisis y sus dramáticas consecuencias sobre un solo sector. ¿Qué dijo UGT cuando decía ZP que la crisis era un malvado invento o cuando, forzado a admitirla trató de endosársela a las “subprime”, al precio del petróleo o a la subida de los alimentos? No haría nada de más UGT convocando esa huelga anunciada. Hace mucho de menos ocultando la culpa de sus “amigos políticos”·

Los nuevos pobres

Hablábamos ayer de la indiferencia de los ricos ante la crisis, manifiesta en la exitosa multiplicación de salones para potentados en los que se ofrecen al capricho objetos inconcebiblemente caros y, por descontado, inútiles salvo como indicadores de prestigio. Decíamos que “el superlujo escapa a la crisis” porque no es arriba sino en la zona baja de la sociedad donde se encarniza el drama o la tragedia, como no dejan de mostrarnos las noticias e imágenes de esos nuevos pobres que hacen cola a la puerta del comedor público –hasta ayer para marginales e inmigrantes–, configurando un panorama impensable hace sólo un par de años. No dan abasto las organizaciones que se enfrentan por derecho a esa necesidad urgente y que, por descontado, no se ciñe a la mera necesidad de comer sino que incluyen otras urgencias domésticas o familiares que son atendidas, en la medida de lo posible, por esas manos sobre todo religiosas. El perfil del necesitado está variando a un ritmo conmovedor, de modo que ya esos “pobres de corbata” de que se ha hablado alguna vez, se han convertido en puntualísimos comensales en los centros de ayuda, realmente desbordados, por lo que yo sé, ante la indiferencia de los poderes públicos. Una noticia resulta también más que ilustrativa de la situación: el auge disparado del comercio “second market” o de segunda mano, una actividad antigua, y hasta hace poco mortecina y dependiente casi en exclusiva de los inmigrantes necesitados, que ahora ha visto multiplicada su actividad no sólo por el aumento masivo de compradores sino por la concurrencia también masiva de necesitados que ofrecen sus bienes al tasador para escapar a alguna urgencia. Parece que esa oferta dolorosa se ha visto incrementada en un 40 por ciento de familias que se han visto en la precisión de desprenderse de cuánto objeto de algún valor poseían, desde electrodomésticos hasta vajillas pasando por teléfonos móviles o viejas máquinas de coser. Es la vieja estampa de postguerra que vuelve vergonzante arrastrada por la lógica de una situación en la que se atiende con capitales inconcebibles a los sectores financieros o industriales para rescatarlos, pero en la que nada hay previsto para los pobres severos.

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Siempre hubo una pobreza ‘vergonzante’ junto a ésa otra a la que don Julio Caro llamaba la pobreza ‘organizada’ o ‘reglamentada’, un estado de necesidad característicamente español que procuraba ocultarse a imagen del viejo hidalgo, pero que tiene en el Galdós observador que disecciona moralmente a las clases medias urbanas –el Galdós de “Misericordia”, de “La de Bringas”, de “Ángel Guerra”…– su retratista más certero, como ya tuviera sus grandes pintores renacentistas, apiadados sin excepción ante aquella tragedia íntima. Pero así como entonces no existía ni la posibilidad de que el Poder se ocupara de los menesterosos, hoy existe una lacerante diferencia entre la atención incondicional que se le presta al capital –a sus sectores en crisis—y el desentendimiento más absoluto de las víctimas radicales del fracaso del Sistema. Nunca habíamos oído hablar de fortunas semejantes a las que se están concediendo, sin control alguno, a los mismos que han causado la crisis. De lo que no se oye ni un rumor es de una posible ayuda que cale hasta los estratos inferiores de la sociedad, siquiera sea bajo las especies de un plato caliente y un subsidio de subsistencia. Hemos vuelto a las colas del comedor público y al rastro de ropa y enseres usados, hemos recompuesto el friso lamentable de los compradores de oportunidad arracimados en paralelo junto a los vendedores desesperados. Alguien estará haciendo su agosto, no cabe duda, encima. Pero mucho me temo que si la crisis se alarga como se prevé tengamos que asistir a otras formas y actitudes menos integradas y más anómicas. La vergüenza tiene un límite. Incluso en régimen de hambre.

Tomadura de pelo

Se podía esperar de Chaves una cierta terquedad, porque, al fin y al cabo, tiene acreditada sus grandes soberbias. Pero mantener en el Parlamento au promesa de “pleno empleo” cuando caen al paro no sé cuántos trabajadores por minutos en esta desdichada autonomía, es, además de un absurdo inexplicable, una tomadura de pelo y buna falta de respeto sin límites al Parlamento, es decir, al pueblo andaluz. Todo indica que nuestro desempleo se encajará, en poco tiempo, en el millón de personas mano sobre mano. Y ello obliga a preguntarse: ¿es que este hombre no se entera o que desprecia hasta estos límites intolerables al ciudadano? ¿Pleno empleo en plena caída en picado? Yo no creo que Chaves nos tome por tonto, lamento pensar algo bastante peor.

No a la ampliación del vertedero

No quiere el alcalde de Nerva acceder al proyecto de ampliación del discutido vertedero que ha solicitado la empresa explotadora. Alega que no nace más que seguir por coherencia el dictamen desfavorable emitido por la comisión de seguimiento, pero no se le escapa que ello puede dar lugar a situaciones incómodas en el pueblo. Lo que no se puede negar es que, desde que se decidió la instalación de ese cementerio, ha habido tiempo sobrado para acercar posturas, por ejemplo, compensando al pueblo –como tantas veces se prometió en su día—con beneficios razonables, y ciertamente nada de eso se ha llevado a cabo. En Nerva habría que llegar a un entendimiento definitivo antes de correr el riesgo de volver a circunstancias como las pasadas.

Lujo en la crisis

Ninguna crisis encuentra explicación (‘racionalizacones sí, pero ése es otro cantar) al menos a corto plazo. Cuando la clásica, la del 29, hubo que aguardar un tiempo razonable a que lord Keynes ajustara las piezas del puzzle y propusiera encajes adecuados en aquel desbarajuste. En la llamada “crisis el petróleo”, Ernst Mandel rescató la teoría marxista de la crisis que Marx no tuvo tiempo de perfilar pero de la que descartó sin contemplaciones la hipótesis monocausal, convencido como estaba de que todo el secreto estriba en que el sistema de capital desemboca fatalmente en crisis de sobreproducción. En ésta que estamos soportando, todo indica que los teóricos dudan a la hora de interpretar las causas del fracaso y, en consecuencia, a la de proponer medidas correctoras. Lo único que está claro –da la impresión — es el hecho de que estas coyunturas fatales, estos angustiosos finales de ciclo, no afectan a la sociedad por igual sino que incluso hay sectores de ella que sobreviven al acontecimiento sin necesidad de modificar para nada sus expectativas económicas, al menos en lo que se refiere al gasto. La prensa europea recoge estos días, entre sorprendida y censora, no sólo el mantenimiento sino el auge de los llamados salones para potentados, ferias y exposiciones en los que se ofrecen al capricho del poderoso, en medio de la miseria galopante, las oportunidades más estrafalarias y, dadas las circunstancias, también escandalosas. En Munich, en París, en Moscú, en Mónaco en Viena abren esta temporada sus exclusivas puertas esas citas destinadas a demostrar que, como dice algún comentarista, el superlujo escapa a la crisis mientras la necesidad se ve abatida bajo sus efectos. Un bolso de mano con incrustaciones de diamantes se ofrece en una de ellas a un precio de dos millones de dólares, cojines con pedrería se venden en otra a razón de 300.000 euros el ejemplar, fastuosas mansiones alcanzan en los catálogos precios no inferiores a los veinte millones de euros. Quién sabe si ésa será la solución, porque recuerdo que Montesquieu decía que el lujo es necesario ya que si los ricos no gastan mucho los pobres se mueren de hambre. Sombart dejó bien claro en su obra capital que el lujo es gran el elemento generador del capitalismo. A esa obra me remito.

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Es curioso que las prohibiciones del gasto suntuario, del lujo en definitiva, que conoció la Europa barroca, fueran levantadas luego en los países que experimentaron un desarrollo más rápido, lo que permite entender la actitud de interesantes pensadores de la época (desde Hume a Crusoe) que se agarraban a la distinción casuista entre el “lujo bueno” y el “lujo malo”, siempre desde el convencimiento del poder dinamizador que en la industria y el comercio ejercía el consumo suntuario. Como se ve, rara vez  interfirió en esas valoraciones el criterio ético y menos el moral –la corte pontifica del Renacimiento fue un modelo de esa actitud–, quizá porque aunque la pobreza siempre fue visible, no era todavía, como lo es hoy, una realidad atroz conocida, además, con detalle, pero resulta evidente que esta circunstancia no altera el resultado de esa ley de hierro antes recordada –“el superlujo escapa a la crisis”—que sigue más vigente que nunca. Cuesta entender tan enorme desahogo, ciertamente, y más si cabe asumir que las situaciones más penosas y el porvenir más inseguro resultan totalmente incapaces de cuestionar siquiera los extremos más escandalosos de la sociedad desigual. Dicen los expertos que, aunque la crisis actual ha condicionado levemente la demanda, el porvenir del negocio está asegurado para la campaña del año próximo, es decir, mientras, según la mayoría de las previsiones, se consuma una de las mayores catástrofes socioeconómicas experimentadas por nuestra civilización. La desigualdad tiene sus leyes y parece que la economía las respalda sin la menor reserva.

La recluta de la Junta

No me parece lógico destacar la leña que los tribunales están dando a Canal Sur con motivo de sus posiciones más o menos amañadas, sin menospreciar es leña, por supuesto. En Canal Sur se hace lo que en casi todos los departamentos de la Junta y en muchas Administraciones, a saber, manipular programas y baremos hasta adaptarlos a los designios reales del poder político. Hace poco dio mucho que hablar una en una delegación de Educación que, para una plaza de profesor de idiomas, requería conocimientos de medicina, circunstancia que sólo se deba en la hija de una política del partido, en aquel momento candidata a una alcaldía de capital. En Canal Sur hacen lo que ven y lo que los dejan hacer, por supuesto, pues sus intereses no son distintos de lo la Presidencia. El “régimen” se nutre clientelarmente a través de esos manejos y la empresa más grande de Andalucía no iba a ser menos.