En ayunas

La ‘Andalucía imparable’ renquea lo suyo, Banco de Alimentos, Cáritas y demás organizaciones benéficas lanzan llamamiento continuos a la vista del crecimiento desaforado de la demanda de ayuda básica que reciben, al unirse las familias andaluzas al las inmigrantes en comedores y dispensarios de alimentos y otras ayudas básicas. Crece una situación de necesidad realmente dura que contrasta con el optimismo forzado de la versión oficial, una Andalucía desconocida, incluso vergonzante, que presenta un presente espléndido frente al realidad de una circunstancia más que deplorable. No va un padre de familia a un comedor público por gusto sino por la más extrema necesidad. Habría que pedirle al autogobierno, treinta años después, siquiera un plato caliente para cada familia y una ayuda de crisis adecuada a sus necesidades. Ellos están de vacaciones mientras otros, muchos, hacen cola para comer cada día.

Política y Justicia

Ha pedido el PSOE al CGPJ que explique la sanción impuesta al juez del “caso Mari Luz”, algo que, en principio, es inobjetable. Pero por qué no reclama una investigación a fondo de la situación de los Juzgados, de sus medios humanos y materiales, del desbordamiento de jueces y personal judicial ante la desproporción entre la crecida de los asuntos y la ridícula escasez de los medios? No se puede culpa al juez Tirado de lo que ocurrió en Huelva sin culpar a la Junta (y al Ministerio) por su reiterada desatención a las demandas de ayuda planteadas por los jueces. ¿Corporativismo? En pocos meses han entrado varios jueces en la cárcel y no se ha oído la mejor queja de esos juzgadores. El gran responsable es la Junta que no invierte en Justicia, y el Ministerio que consiente la situación. Mari Luz podría estar viva si los Juzgados dispusieran de los medios que necesitan para dictar y ejecutar sus innumerables sentencias.

Gente respetable

Mucha gente en el gran mundo ha perdido su fortuna o parte de ella en la estafa gigantesca que ha montado el gurú de los ricos, Mr. Madoff, una estafa que ha servido, entre otras cosas, para descubrirnos cómo funciona por dentro la sentina de los grandes dineros –del “big money”, como diría Dos Passos hablando de la otra crisis, la del 29–, para descubrirnos que hay, en efecto, y no es sólo en la fantasía de imaginativos, una suerte de ‘Internacional’ del dinero, cerrada y exclusiva, que funciona con la luz apagada, y las puertas y ventanas cerradas a cal y canto. Una primera curiosidad es el monto de la estafa (parece que 35.000 millones de euros como mínimo) y el detalle de los estafados, “gente guapa” toda ella, la ‘crème de la crème’, personal respetable y a carta cabal y, como consecuencia, respetado por todos. Otra, su silencio. ¿No es curioso que a un banco como el Santander al que le han estafado 3.140 millones de dólares (por cierto, ajenos) no se desgarre las vestiduras y clame aunque sea en el desierto? ¿Por qué no se lamentan siquiera el holandés Fortis que, además de una crisis de gobierno, ha supuesto una pella de 1.350? ¿Ustedes entienden que un banco vienés al que le han birlado sin abrir la caja siquiera 2.100 millones de dólares, o una entidad británica a la que le han limpiado 1.000 kilos, sigan sus caminos como si tal cosa, lo mismo que esa abigarrada revista rosa en la que aparecen de frente y de perfil los Almodóvar junto a los Koplowitz, los Spielberg junto a la Bettencourt, los huérfanos de la Policía junto al suicida francés? Pues yo no, francamente, porque, una de dos, o tienen muchísimo más y apenas les duele lo perdido, o el gato ahí encerrado podría maullar más de la cuenta. Este es un asunto muy raro pero también muy elocuente porque ilustra –con estafa o sin ella– que la economía general va por un lado y la privilegiada por otro. El encanto de la burguesía corre el riesgo, tras esta aventura, de dejar de ser discreto.

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Y aparte de todo, ¿dónde está ese dinero, qué ignoto paraíso financiero o qué isla del tesoro guarda ese arca escandaloso en el que Madoff – medio bandido generoso, al cabo—le ha birlado a los ricos de este mundo, quién custodia ahora el plano bucanero mientras apura su garrafa de ron, aguardando a que amaine el temporal? Porque a mí no me jodan con la hipótesis de que un mangazo de 35.000 millones de euros se volatiliza así como así, desapareciendo de la noche a la mañana, convencido como estoy de un tipo como Madoff contaba ya con esta hora negra y el eventual e inevitable escándalo que habría de llegar tarde o temprano. ¿Y hemos de pagar los contribuyentes –¡para salvar al Sistema, ‘of course’!—esta golfada de la que no hay por qué culpar sólo a Madoff  sino a toda esa garduña especuladora que de sobra tiene que saber que no hay duros a dos pesetas sino que, más bien, cuando uno gana un duro es que otro lo pierde? En cierto modo, el caso Madoff va a plantar un hito en la penumbrosa historia del negocio, un hito separador de una larga etapa en la que, a duras penas, todavía podía creerse ese dogma de que la suerte económica es igual para todos; y otra en la que ya será un simple lila todo aquel que se entretenga en mirar por el caleidoscopio de la ingenuidad la presunta transparencia del mercado. Había una lonja financiera para el común de los mortales y un espléndido banco secreto sólo para listos e informados, así de simple. Lo que será difícil de recuperar es la confianza en la limpieza de manos de un sistema elitista al que urgiría descubrir concienzudamente para conocer la nómina completa de esos prestidigitadores que tanto han contribuido con su avaricia a precipitar la crisis de todos. Lo que ha quedado a la luz es el lado oscuro del capitalismo y, de paso, la falacia del mercado. Pero fíjense si estará bien montada la cosa que los estafados ni protestan. Uno no tiene otra opción que pensar que por algo será.

Balance contra optimistas

El tercer semestre ha vuelto a subir el paro en Andalucía hasta situar la tasa en un 18’3 por ciento, un descenso de la población ocupada que, según la Encuesta de Población Activa, es bastante superior a la media nacional. El número de desempleados ha crecido un 39’1 por ciento, algo menos que esa media española, de manera que las Oficinas del INEM tenían  inscritas a finales de noviembre 707.749 personas en paro, es decir, más o menos lo que suman entre Cataluña y Valencia. Esa es la realidad y el resto simple propaganda para entretenimiento de despistados y discursos navideños. España va peor que Europa y Andalucía peor que España, a ver quién puede negar eso. Hay que repetir que tan canalla es quien celebre esos números negros como quien los oculte o maquille.

Cuentos electorales

¿Se acuerdan de cuando Chaves prometió los puentes sobre el río Odiel, en cinemascope y technicolor, 7 kilómetros, plataforma para tráfico rodado de doble carril y sentido, vía ciclista y peatonal además de tranvía? Fue en Mayo del 2007, con Manuela Parralo todavía agarrada a la brocha, pero termina el 2008 –año en el que “la primera piedra se podría poner tranquilamente”, según el Presidente—y no han decidido ni el problemático trazado a través de Marismas del Odiel, es decir, que todo indica que, como con  el AVE, el aeropuerto, el desdoble famoso o la Ciudad de la Justicia, la Junta no está dispuesta a soltar un duro en la capital mientras el feudo no sea suyo. Tierno decía que las propuestas electorales están ahí para no cumplirlas. Chaves sencillamente las incumple.

La edad penal

Nuevamente, hace poco tiempo, un menor se salvó de ser enjuiciado por homicidio por el procedimiento normal al faltarle unas horas para cumplir la mayoría de edad. Ha habido otros casos, frecuentes, como los ha habido en los que se ha dado la circunstancia de que, interviniendo en un mismo delito dos personas, un mayor y  un menor, el tratamiento penal ha sido distinto. Por la calle campan menores que han cometido crímenes tan atroces como el asesinato de la escolar de San Fernando o la degollina familiar organizada por el famoso chico de la katana, aumentando continuamente la conciencia de inseguridad y la actitud crítica de amplios sectores sociales ante la controvertida Ley del Menor que ata las manos de los jueces y deja indefensa a la sociedad entera, en especial en el supuesto de delitos gravísimos. En Francia hay abierto un debate intenso sobre el proyecto de la ministra Dati de reducir la edad penal a los 12 años, término que ha sido propuesto por una prestigiosa comisión de expertos después de un prolongado trabajo, pero que ha encontrado, por un lado, la resistencia de quienes opinan que ese listón es inasumible por severo y quienes, por el contrario, defienden que la edad penal debería rebajarse aún más –hasta los diez años–poniendo fin al viejo régimen (una ordenanza de postguerra) que obligaba a establecer caso a caso la capacidad (el “discernimiento”, decía la norma) de cada menor encausado. El argumento áureo de quienes se oponen a estas medidas consiste en postular que el menor delincuente es “un ser en construcción” y, en consecuencia, las políticas punitivas y la educativa deben ser inseparables. Una difícil cuestión pero que se plantea cuando ya la ventaja ideológica del ‘humanismo redentorista’ va de paso y un vigoroso impulso social reclama medidas contra la real impunidad, completa o parcial, de la delincuencia juvenil.

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Que algo hay que hacer es evidente, salvo que ese prurito ‘humanista’ nos haga cerrar los ojos, y al margen de la redundante argumentación de que, al menos en España, la ley del Menor es buena aunque falten medios para aplicarla como sería debido. Todo indica que la delincuencia juvenil ha mutado y que la “naranja mecánica” ha crecido nutrida por tantos materiales violentos como inundan el ambiente social, si es que no por el aprendizaje directo que los medios audiovisuales, tan poco medidos a la hora de regular la propaganda de la violencia, haya podido ejercer sobre una adolescencia y una juventud desmotivadas por un horizonte duro pero crecida al socaire de un repertorio de incitaciones realmente descomunal. En Francia –especialmente inquietos por la realidad de las ‘banlieues’ y la anomia marginal—todo parece indicar que la reacción (y tomen el término por donde prefieran) va a ganar terreno ante una realidad que nadie en sus cabales puede negar que resulte peligrosa en extremo, pero supongo que en España, más allá de las apuestas de ese ‘humanismo’ ultra-rousseauniano, habrá de seguirse esa senda tarde o temprano. Llevamos demasiado tiempo sin convencernos de la crisis del derecho penal, sin enterarnos de que el régimen de sanciones válido en un mundo imaginario tiene poco que ver con el que hace falta implantar en una sociedad real donde la delincuencia menor –como otras varias—se han plantado en le centro de la escena social y está proporcionando un espectáculo intolerable que de alguna manera habrá que suspender. Es curioso seguir la polémica en los distintos periódicos (La Croix, Le Monde, Le Parisien, Libération…) para comprobar que su múltiple guión responde hoy a posiciones ideológicas más que a razones simples y directas. Es duro meter en la cárcel a un menor, pero resulta igualmente intolerable contemplar la impunidad del delito. El humanismo debe tener sus propios límites. Evitarlos implica el riesgo de atentar contra la Humanidad.