Se ponen ciegos

Los chicos/as de la Dipu se han pulido en el año 2007 la bonita cifra de 287.000 euros en catering y restaurantes. ¡Que no farte de na! Traducid en inteligibles pesetas eso equivale a casi 48 millones de pesetas de las antiguas, es decir que dividiendo por 11 (el mes de agosto no se cuenta) la cosa se pone en casi cuarto millones y medios al mes. ¿Qué se comerá y beberá esta tropa, cuántos comensales se sentarán en ese festín de Baltasar? Es una vergüenza, sencillamente, que en plena crisis esta patulea despilfarre como si fueran ricos por su casa mientras los parados caen a racimos cada minuto al pozo sin esperanza. No entramos siquiera en el gasto faraónico de la organización de la Casa, sólo en el gasto de bolsillo, un auténtico atentado al sentido común y a la vergüenza política.

Instinto y tortura

Cada día resulta más desolador el panorama en cuanto se refiere a la crueldad humana y, más específicamente, a la capacidad difícilmente explicable de infligir tortura que demuestran seres humanos en las condiciones más ilógicas. Por no salirnos de la actualidad, ahí tienen al secretario de Defensa USA, Donald Rumsfeld contemplando sin asomo de remordimiento las torturas perpetradas por sus soldados en Guantánamo o en Abu Ghraib, y, todavía peor, a ese animal de Dick Cheney defendiendo los métodos de sus torturadores en nombre de la defensa nacional, incluyendo el atroz que los verdugos denominan “la bañera” o el “submarino”, es decir, la inmersión forzada de la cabeza del torturado en agua hasta llegar al límite justo de la asfixia. Una madre granadina acaba de ser condenada a varios años de cárcel por haber quemado a sus hijos con cigarrillos, poca cosa si se compara con la parejita que liquidó a la pobre Alba en presencia de su hermana tras un verdadero martirio. ¿Es la tortura un instinto, va en la naturaleza del hombre –los etólogos defienden que los demás animales, los irracionales, son capaces de violencia extrema pero que no hay rastro de intención torturadora en su conducta—esa pulsión a causar daño al semejante? ¿Añade la Razón un plus de crueldad que convierte la agresividad –de la que tanto se habló en torno a Lorenz, Ardrey, Tinbergen y hasta Desmond Morris hace años— o es el instinto (sea lo que sea esa cosa) el responsable de esta desdichada condición? Confieso que en esa larga polémica me quedé siempre en la teoría de Ashley Montagu quien propuso que la agresividad, la capacidad y voluntad de causar daño a otro, no es más que una conducta socialmente aprendida, una pauta socializada, aunque, en realidad, siempre me intrigó la imagen de los trituradores inexplicables, los espontáneos, los surgidos al calor de una guerra o propulsados por una circunstancia. Y creo que el tiempo va por este lado de la interpretación y atribuye a la circunstancia un papel esencial. La maldad puede ser incomprensible pero no inexplicable.

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Medio siglo después del experimento Milgram” (del que ya hablamos aquí alguna vez) que demostraba la abrumadora tendencia de las personas normales a causar daño si se las investía de una imaginaria autoridad, un sabio de al universidad de Santa Clara, el doctor Burger, ha repetido la prueba con alguna variante para acabar probando que una aplastante mayoría de los participantes eran capaces de proporcionar descargas eléctricas a los fingidos ‘cobayas’ en cuanto se lo exigía una instancia autoritaria. Es muy fácil, por lo visto, convertir a un ser normal en un verdugo, tan fácil como situarlo en una circunstancia apropiada de la que crea recibir autoridad o responsabilidad, lo que explicaría la actuación de tantos y tan inconcebibles sayones así como el hecho, frecuentemente señalado como paradójico, de que, a primera vista, la inmensa mayoría de ellos serían “personas normales”. Los tratadistas del Mal lo saben bien, por supuesto, pero estas demostraciones son instructivas y, en cierto modo, imprescindibles, para liquidar el prejuicio rousseauniano de la bondad innata o bien para reafirmarlo en el sentido de que es en la socialización, en el juego complejo de las relaciones del grupo, donde hay que buscar la causa de tantas maldades. La impresionante frialdad de los genocidas del Holocausto o la que en estos tiempos demuestran los monstruos que andan juzgando en Bruselas por atroces crímenes en guerra o en paz, pone de manifiesto esa inquietante maldad potencial que anida como el huevo de la serpiente en nuestra escondida duramadre. Es más que posible que un tipo como Cheney crea con sinceridad en su legítimo patriotismo. No es fácil para el monstruo reconocerse en el espejo de los demás.

Suspenso a los padres

Divertida esa encuesta de “Caiga quien caiga”, de la que ayer daba cuenta en estas páginas el ingenio de Luis Miguel Fuentes, realizada sobre los “padres/madres de la patria” andaluza, o séase, sobre nuestros parlamentarios regionales. Ni idea de cuántos parados padecemos, ya ven que intolerable incongruencia, extravagantes respuesta sobre el concepto de ADN… Bueno, ¿y qué esperaban? Esos encuestadores bufos podrían haberle echado una mirada a los curriculos de sus Señorías para dar por cerrada la encuesta antes de abrirla siquiera. Chaves mismo contestó con una tautología muy acorde con su griseidad: “¿El ADN? ¡Pues el ADN!”. Y menos mal que no llevaban un cuestionario en condiciones porque si no los dejan en a los pies de los caballos. La profesión política es la más rentable y la menos costosa. Así les va a ellos y a nosotros.

No saben, no contestan

Ni una palabra (alguna pamplina sobre la “legalidad” y demás no cuenta, como es lógico) sobre el escandaloso reparto de dineros públicos en la Diputación para sostener su aparato de propaganda “amigo”, es decir, la prensa y otros medios mantenidos. Y conste que a lo atizado pro Diputación, algunos de esos medios reciben, además, pródigas derramas de la Junta y otros instituciones gobernadas por el PSOE. Es un escándalo que explica el silencio clave de esos medios mantenidos o mediopensionistas en asuntos claves para la información cabal del ciudadano, pero un elemental sentido del deber debería obligar moralmente (¿) a los repartidores a explicar su conducta. Ahora los onubenses saben  porqué unos decimos lo que ocurre y otros callan o incluso cuentan una milonga contraria a la realidad. El Mundo ha recibido cero euros de la Dipu. El pequeño Odiel, pongo por caso, más de medio millón.

Bueyes y mulas

No se ha disipado aún el eco de la polémica hábilmente organizada en torno a la retirada de los crucifijos de los centros escolares, cuando aparece el escandalillo ridículo de las fiscalas de la Audiencia Nacional forcejeando por un ‘belén’ mandado instalar por una de ellas y finalmente retirado por orden del segundo jefe de la institución ante las protestas y a petición de una colega. En la Audiencia Nacional no se escandaliza ni protesta nadie porque unos narcos recobren su libertad por descuido del juez o por tantas otras extravagancias que, como es lógico y natural, ocurren en un órgano tan complejo, pero la sola presencia de un “misterio”, como se decía en la España tradicional a la representación de la sagrada Familia, es objeto, como pueden comprobar, de una ardua polémica que ocupa a los medios y al país hasta dividirlos los divide en bandos opuestos. Ya hace un par de años una directora mujaidina ordenó arruinar el ‘belén’ que en un Instituto de Mijas habían elaborado los alumnos de 1º de ESO, creo recordar, y hasta el Vaticano, por boca del predicador del Pontífice, hubo de intervenir dedicando al hecho una dura admonición. Y que si quieres arroz. El proyecto laico del Gobierno y su partido han encontrado en estos ruidos un excelente fondo para ocultar el clamor de esos miles de parados que diariamente caen por el desgalgadero de la crisis mientras el Gobierno “socialista obrero” dedica un pastón del PIB para cubrir la golfada de la banca o beneficia a banqueros y banquistas con un indecente trato fiscal colado, además, de matute en el Consejo de Ministros, en la letra chica de un decreto-ley que, paradójicamente, viene a enmendar una ley general. ZP es un mago, no cabe negarlo, en el arte sibilino de manejar diminutos agravios y conflictos para tapar el agujero negro de su política oportunista, pero esos contenciosos de pacotilla han acabado quebrando al país y dividiéndolo en dos como en una pesadilla maniquea a cambio, insisto, de contribuir a escamotear los problemas auténticos que padece la sociedad. Actúa como esos hampones entre los que uno tiene la misión bronquista de organizar el tifostio para permitir al carterista o al descuidero, aprovechando el disturbio, actuar impunemente.

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El ‘belén’ o ‘nacimiento’ es considerado por la sociología de la religión como una representación  plástica de un mito integrador basado en la revalorización de la pobreza y la aceptación de la humildad como valores supremos, algo que sorprende que irrite tanto a esos salvadores de los pueblos que, instalados cómodamente en sus nóminas, se afanan en modernizarnos librándonos de toda pulsión supersticiosa o irracional, en nombre de un laicismo positivo, realmente invasor a estas alturas, que en Italia, sin ir más lejos, ha sido volteado por la Justicia a las primeras de cambio. Pero al margen de la estrategia, bastante simplona por otra parte, lo que resulta más dudoso es que estas obsesivas minucias simbólicas preocupen y ocupen más a los gobernantes que la marcha catastrófica de la enseñanza, por no hablar del crac que está suponiendo la crisis. La número 3 del PSOE, Leire Pagin, ha declarado hace poco que ella mantiene en su casa un ‘belén’ pero se siente obligada a explicar que lo hace porque fue un regalo que le hicieron en Perú y porque, de uno modo u otro, no deja de ser una suerte de incitación a la intimidad familiar y a la cohesión social. Mala cosa que haya que justificar –¡en España!—un ‘belén’ navideño que seguramente no tendrán ganas de montar en las suyas esos perdedores que, minuto a minuto, se despeñan por la brecha crítica de la ruina. El laicismo es un cuento o un lujo de ciertas democracias, pero sobre todo es una cortina de humo. Yo he visto a muchos de esos laicos presidir de chaqué liturgias y procesiones. Donde no los he visto nunca es en la majada con los pastores.

El oleoducto y Doñana

La Junta se ha salido con la suya en el Consejo de Participación del Espacio Natural de Doñana al ganar la votación en la que se discutía si el proyecto de oleoducto Huelva-Badajoz del “amigo político” Gallardo debía rechazarse de modo inmediato, sin aguardar a la evaluación de riesgos que haga el Estado, o por el contrario, esperar el resultado de esa evaluación que hay que ser un lila para no comprender que está atada y bien atada. Ahora bien, se vio en el brete de verse votada en contra por ecologistas, alcalde, científicos y hasta el presidente de la Comisión, Ginés Morata, que estimó que el oleoducto es, a su juicio, “incompatible con el espacio natural de Doñana y su sostenibilidad”. Un resultado que debería hacer pensar, aunque mucho me temo que ese negocio está atado y bien atado.