Protestas por el oleoducto

Se han producido en Santos de Maimona fuertes protestas por el proyecto de oleoducto que el tío del hombre fuerte del PSOE extremeño pretende trazar entre aquellas tierras y el puerto de Huelva, bordeando los delicados terrenos del parque nacional de Doñana, con el sólo apoyo de IU. Veremos si en el otro extremo del trazado, en nuestra tierra, se replica ese gesto y si aquí también se inhiben, en caso de producirse, las fuerzas políticas que ladran pero procuran no morder. Pero mucho me temo que ésta es cosa decidida, ZP sabrá por qué, tras escuchar el compromiso público del Presidente a favor de tan cuestionada obra. En Huelva hay prensa muda y servil precisamente porque es propiedad del mismo “emprendedor” y prensa libre. Corresponde a ésta en solitario, avisar de las eventuales consecuencia y darle voz a los objetores.

El animal canibal

Una antropóloga alemana, Olga Ammann, acompañada de un fotógrafo, han convivido una larga temporada con los aborígenes de Papúa-Nueva Guinea con el objeto de escribir un libro sobre la vigencia de la antropofagia, que acaba de ser colgado en la Red por la revista alemana ‘Bild’, se dice que el medio más leído de Europa. Según sus conclusiones, los indígenas en cuestión –“Los últimos papúas”, según la traducción textual que me hace mi amigo el profesor López Pina—mantienen un modelo de vida inalterado desde hace milenios y por completo aislada de cualquier tipo de civilización, lo que les permite, entre otras cosas, practicar el canibalismo, a pesar de su prohibición hace cincuenta años, y no sólo, al parecer, como rito conservado sino como hábito gastronómico, siquiera eventual, como lo demuestra la clara diferenciación de sus gustos y su explícita noción de las diferencias de sabores de las distintas razas. No es la carne blanca la que más gusta al papúa, ni mucho menos, dado su fuerte olor y su sabor salobre, mientras que si lo es la japonesa, verdadera ‘delikatessen’ especialmente –algo que también ocurre, según nuestros ‘gourmets’, con la carne de ciervo—la femenina. Prueba de que no fantasea la antropóloga es la constatación de que entre las tribus en cuestión se mantiene endémica la ‘enfermedad de Kuru’, originada justamente por la ingesta de carne humana. Demasiados indicios hay por ahí de que el canibalismo es congénito a la especie, como lo es a tantas otras, de la que ha sido erradicado por la civilización, o lo que es casi lo mismo, por el hallazgo y difusión de nuevas fuentes de alimentos. Los antropólogos franceses de la época de Soustelle explicaron siempre el sacrificio azteca, por ejemplo, como una liturgia asociada a la necesidad de proveerse de proteínas cárnicas y cosas parecidas han dicho estudiosos como Marvin Harris y tantos otros, algo que debe contribuir a excitar nuestra humildad y rebajar nuestro antropocentrismo moral. Samuel Butler (el del XVII, no el victoriano) proclamaba desde su relativismo moral que el canibalismo era “moral” entre los antropófagos lo mismo que el saludo cortés o las maneras de mesa lo eran entre los caballeros de su época. Mi admirado Michel Lerís hablaba con entusiasmo de los ‘festines caníbales’ de “L’ Afrique fântome” y se quedaba tan tranquilo.

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Pero hay otros indicios que señalan hacia la posibilidad de que esa pulsión ancestral permanezca oculta y sofisticada entre los pliegues de nuestro psiquismo actual, al menos en el sentido en que los surrealistas como André Breton basaban su fantasía libidinal en la idea de que todo deseo de belleza implica un secreto apetito devorador que manifiestan con cierta claridad los propios rituales amorosos o los propios comportamientos infantiles, tantas veces elocuentes. “La belleza será comestible o nos será” proponía Dalí en la misma línea del “canibalismo de los objetos” enunciada por los maestros del movimiento citado. No hay que escandalizarse, pues, de esos comportamiento ‘salvajes’, y menos en un mundo donde la aventura literaria de ‘Hannibal Lecter’, de creer en las crónicas de sucesos, es cosa bien frecuente. Nada hay escrito sobre gustos, como bien demuestra el paladar de los papúas en su preferencia por los japoneses, o el de los japoneses –todo hay que decirlo– que han acabado por imponer a medio mundo y parte del otro la plaga de sus “sushis” contribuyendo quizá a la propagación de esa otra enfermedad de moda, el “anisakis”. No está nada claro que la antropofagia sea una respuesta “económica” de sociedades que carecen de proteínas, en todo caso, cuestión de la que ya se ocupó Harris. Debe de haber algo más profundo, más ancestral y, en consecuencia, más recóndito, en ese impulso devorador del que los papúas no son, tal vez, más que los últimos inocentes.

El cachete de la discordia

Ha hecho bien el Fiscal del TSJA, García Calderón, al anunciar que van a estudiarse medidas para corregir la evidente desproporción de sanciones como la impuesta a esa madre jiennense –al cabo del tiempo—por dar una bofetada a un hijo agresivo. Sobre todo, porque pone de manifiesto con su actitud que la responsabilidad por ese disparates, como de tantos otros, no la tienen los jueces, sino estas leyes aventureras que incorporan toda novedad sin detenerse siquiera a calibrar sus posibles efectos sobre la realidad social. Los jueces y fiscales aplican la ley y no tienen otra posibilidad legítima de actuar. Por eso sería conveniente, además de esas medidas paliativas que propone el TSJA, que ellos mismos, los que administran Justicia exigieran al legislador más responsabilidad a la hora de decidir la conducta.

UGT ante la crisis

La UGT ha anunciado que si los parados onubenses alcanzan los 50.000 en la provincia organizará una huelga general. Ole los sindicatos de clase. Pero, claro, dice también que los responsables de esa crisis son los empresarios y las entidades financieras, cosa que, hablando de Huelva en concreto, resulta no poco cierta en determinados casos pero injusta en su generalización. Ahora bien, ¿y el “Gobierno amigo”, y la Junta amiga, no son responsables esas instituciones que hasta hace seis meses tachaba de antipatriotas a quienes denunciábamos la inminencia de la crisis? A UGT se le ve el plumero más que un guardia de coros y no es razonable que pretenda echar el peso de la crisis y sus dramáticas consecuencias sobre un solo sector. ¿Qué dijo UGT cuando decía ZP que la crisis era un malvado invento o cuando, forzado a admitirla trató de endosársela a las “subprime”, al precio del petróleo o a la subida de los alimentos? No haría nada de más UGT convocando esa huelga anunciada. Hace mucho de menos ocultando la culpa de sus “amigos políticos”·

Los nuevos pobres

Hablábamos ayer de la indiferencia de los ricos ante la crisis, manifiesta en la exitosa multiplicación de salones para potentados en los que se ofrecen al capricho objetos inconcebiblemente caros y, por descontado, inútiles salvo como indicadores de prestigio. Decíamos que “el superlujo escapa a la crisis” porque no es arriba sino en la zona baja de la sociedad donde se encarniza el drama o la tragedia, como no dejan de mostrarnos las noticias e imágenes de esos nuevos pobres que hacen cola a la puerta del comedor público –hasta ayer para marginales e inmigrantes–, configurando un panorama impensable hace sólo un par de años. No dan abasto las organizaciones que se enfrentan por derecho a esa necesidad urgente y que, por descontado, no se ciñe a la mera necesidad de comer sino que incluyen otras urgencias domésticas o familiares que son atendidas, en la medida de lo posible, por esas manos sobre todo religiosas. El perfil del necesitado está variando a un ritmo conmovedor, de modo que ya esos “pobres de corbata” de que se ha hablado alguna vez, se han convertido en puntualísimos comensales en los centros de ayuda, realmente desbordados, por lo que yo sé, ante la indiferencia de los poderes públicos. Una noticia resulta también más que ilustrativa de la situación: el auge disparado del comercio “second market” o de segunda mano, una actividad antigua, y hasta hace poco mortecina y dependiente casi en exclusiva de los inmigrantes necesitados, que ahora ha visto multiplicada su actividad no sólo por el aumento masivo de compradores sino por la concurrencia también masiva de necesitados que ofrecen sus bienes al tasador para escapar a alguna urgencia. Parece que esa oferta dolorosa se ha visto incrementada en un 40 por ciento de familias que se han visto en la precisión de desprenderse de cuánto objeto de algún valor poseían, desde electrodomésticos hasta vajillas pasando por teléfonos móviles o viejas máquinas de coser. Es la vieja estampa de postguerra que vuelve vergonzante arrastrada por la lógica de una situación en la que se atiende con capitales inconcebibles a los sectores financieros o industriales para rescatarlos, pero en la que nada hay previsto para los pobres severos.

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Siempre hubo una pobreza ‘vergonzante’ junto a ésa otra a la que don Julio Caro llamaba la pobreza ‘organizada’ o ‘reglamentada’, un estado de necesidad característicamente español que procuraba ocultarse a imagen del viejo hidalgo, pero que tiene en el Galdós observador que disecciona moralmente a las clases medias urbanas –el Galdós de “Misericordia”, de “La de Bringas”, de “Ángel Guerra”…– su retratista más certero, como ya tuviera sus grandes pintores renacentistas, apiadados sin excepción ante aquella tragedia íntima. Pero así como entonces no existía ni la posibilidad de que el Poder se ocupara de los menesterosos, hoy existe una lacerante diferencia entre la atención incondicional que se le presta al capital –a sus sectores en crisis—y el desentendimiento más absoluto de las víctimas radicales del fracaso del Sistema. Nunca habíamos oído hablar de fortunas semejantes a las que se están concediendo, sin control alguno, a los mismos que han causado la crisis. De lo que no se oye ni un rumor es de una posible ayuda que cale hasta los estratos inferiores de la sociedad, siquiera sea bajo las especies de un plato caliente y un subsidio de subsistencia. Hemos vuelto a las colas del comedor público y al rastro de ropa y enseres usados, hemos recompuesto el friso lamentable de los compradores de oportunidad arracimados en paralelo junto a los vendedores desesperados. Alguien estará haciendo su agosto, no cabe duda, encima. Pero mucho me temo que si la crisis se alarga como se prevé tengamos que asistir a otras formas y actitudes menos integradas y más anómicas. La vergüenza tiene un límite. Incluso en régimen de hambre.

Tomadura de pelo

Se podía esperar de Chaves una cierta terquedad, porque, al fin y al cabo, tiene acreditada sus grandes soberbias. Pero mantener en el Parlamento au promesa de “pleno empleo” cuando caen al paro no sé cuántos trabajadores por minutos en esta desdichada autonomía, es, además de un absurdo inexplicable, una tomadura de pelo y buna falta de respeto sin límites al Parlamento, es decir, al pueblo andaluz. Todo indica que nuestro desempleo se encajará, en poco tiempo, en el millón de personas mano sobre mano. Y ello obliga a preguntarse: ¿es que este hombre no se entera o que desprecia hasta estos límites intolerables al ciudadano? ¿Pleno empleo en plena caída en picado? Yo no creo que Chaves nos tome por tonto, lamento pensar algo bastante peor.