Ay, Carmena

El gobierno municipal de Madrid debe de ser muy difícil. Por él han pasado personalidades tan diferentes como Olózaga o el conde de Mayalde, Arias Navarro, que llenó la capital de puentes elevados, o el profesor Tierno, que mantuvo el crucifijo encima de su mesa. Recuerdo el escándalo que se organizó en una ocasión –la Dictadura tenía sus clanes y cultivaba con celo sus odios—cuando dos concejales de ese Ayuntamiento viajaron a Ceuta en el coche oficial para asistir a no sé qué rito militar de un hijo suyo, pero mucho antes de eso es fama que de su entorno salían pistola al cinto grupos salvajes y noctílopes como el que apaleó a Miguel de Molina por maricón. Yo pensé que la anécdota de la taza de café con leche protagonizada por la anterior alcaldesa culminaba esta crónica tan compleja, pero lo cierto es que desde que llegó la jueza Carmena al ansiado sitial los numeritos absurdos o intolerables, según, no han cesado de producirse, empezando por un concejal de Cultura que rechifló contra las víctimas del Holocausto o de ETA hasta llegar a sus sustituta, hoy en apuros tras haber contratado a unos “titiritarras”, como dice Santiago González, que en un retablillo de cristobistas perpetraron simbólicamente la violación de una monja, el ahorcamiento de un juez y un apuñalamiento además de exhibir un cartel en que proponía una simbiosis entre ETA y Al Qaeda. Un juez ha enviado a la cárcel sin fianza a los “titirarras” y la alcaldesa, con su habitual pachorra desdramatizadora, se ha mostrado tan incómoda con la situación de su concejala como con la medida judicial. Y hasta la próxima.

No recuerdo un Ayuntamiento madrileño menos serio y más osado, grave cuestión dado que el de Madrid es nada menos que la quinta institución del “Estado Español” –que es como los “titiritarras” y sus jefes llaman a España– aun cuando Carmena ha sugerido que anda investigando –¿qué tendrá que investigar?, digo yo—lo ocurrido y hasta considera el posible relevo de esa concejala, que sería el segundo en lo poco que va de legislatura. Hasta Carmona –que fue quien le dio, con los escaños del PSOE, la alcaldía a Podemos para desplazar a Aguirre– muestra ahora su disforia por la mala gestión municipal que, sin duda, era predecible. Valle-Inclán veía la Corte como “un Madrid absurdo, brillante y hambriento” en nuestro retablo de las maravillas. Tras la pasada por Carmena y sus antisistema, quién sabe cómo acabará.

Berrinches parlamentarios

Crece la convicción de que la comisión parlamentaria encargada de poner en claro el “caso” del saqueo de Formación va a averiguar poco. Para empezar lleva empantanada demasiado tiempo bajo la presidencia de C’S y ha costado Dios y ayuda algo tan simple como establecer el calendario de comparecencias que hasta antier, defendido por el PSOE y Ciudadanos, iba a abrir la propia Presidenta. Finalmente, y tras el berrinche de IU que amenazó incluso con abandonar la Comisión, C’S cedió en su pretensión protectora y parece que la Presidenta comparecerá en último lugar en alguna fecha calculada para no entorpecer su pelea por el poder interno del PSOE. El “régimen” sabe ya mucho sobre corrupciones presuntas y reales y su socio en el Gobierno aprende y progresa adecuadamente en el oficio. Lo probable es que la Comisión acabe sin destapar siquiera esa sentina.

Murillo puede esperar

Uno comprende que tampoco es cosa de vivir con el almanaque perpetuo en la mano, pendiente de los centenarios de nuestros genios olvidados. De he hecho ha pasado el cuarto centenario de la segunda parte del Quijote sin grandes fastos y nada anuncia que el de su muerte        vaya a concelebrarse mejor. En cuanto al del nacimiento de Murillo, ni palabra. Se iba a hacer según los anuncios políticos una memorable exposición del genio sevillano desgraciadamente mal conocido en España por estar su obra “de pintura civil”, como dice el profesor Vicente Lleó, no sólo en el exterior sino diseminada entre muchos países –Holanda, Austria, Francia, EEUU—con los que una negociación de esta naturaleza exigiría tiempo y destreza. Si viviera don Diego Angulo –que nació en España, en Valverde del Camino, por cierto—, su máximo conocedor, se subiría por las paredes contemplando esta inhibición de nuestras Administraciones a las que lo mismo les da tres que trescientas el hecho lamentable de que para la inmensa mayoría esa obra genial siga siendo malconocida por la inmensa mayoría como un prodigio de la pintura religiosa barroca que, para muchos críticos no es lo mejor que el gran pintor nos legó si se comparan sus vírgenes y santos con la genialidad de sus retratos callejeros, la impronta de aquella España no poco miserable que esos rostros de niños entre pícaros y angelicales nos ofrecen con inocencia. Pero don Diego no está ya entre nosotros y ya me dirán lo que puede esperarse de la sensibilidad de los gestores de nuestra autonomía y de la nación.

¡La que se organizaría si, por desinterés de alguien, se frustrara una Gala de los Goya! Que se olvide la obra de Murillo, que el país renuncie todavía, cuatrocientos años después, a reparar semejante desmemoria, no deja de ser una vergüenza por más que sea lo sólito en este corral de cabras. ¡Aquí andamos pendientes del esmoquin de un descamisado, de los mangazos de una matrona levantina o de nuestros propios saqueos, no jodan, y ya me dirán por qué iban nuestros responsables –que sería curioso indagar cuántos museos han visitado en si vida—a perder el tiempo en hacerle justicia a un genio olvidado! La semana pasada han arrasado en Huelva un importante yacimiento probablemente tartesio y no se ha movido una hoja, ya ven, y en Sevilla no acaba el cuerpo a cuerpo en torno a la imprescindible intervención en las viejas Atarazanas. Murillo puede esperar sentado. Y nosotros, de pie.

Más violencia escolar

Es patente que algo grave está fallando en nuestros centros escolares cuando los actos de violencia de diverso tipo se suceden día tras día. El último incidente se ha registrado en Jaén, donde un menor de 14 años, alumno del IES Federico García Lorca, se ha enfrentado a un profesor en el mismo despacho del jefe de Estudios propinándole un golpe del que hubo de ser atendido por el médico, además de arrojarle una grapadora. Las asociaciones de profesores han reaccionado vivamente poniendo de relieve el alto grado alcanzado por la violencia en los centros, sin que la Junta adopte medidas para combatirla siquiera. Las agresiones verbales o físicas que se producen en centros educativos y sanitarios son un problema creciente que los responsables políticos han decidido ignorar por completo.

Fondo de armario

El manicomio nacional nos ha ofrecido en el fin de semana variados motivos comentables. Ninguno menor que la foto de Iglesias, el de Podemos, luciendo coleta y esmokin en la Gala de los Goya, demostración del mimetismo camaleónico que encierra esta izquierda “emergente” y de su decidida voluntad de poder. No repetiré, porque me parece clasista, eso que dice un amigo mío de que un esmoquin y una coleta juntos hacen de su portador un camarero, pero no crean que no le veo al gesto su importancia. Leo, por otra parte, un editorial de este diario en el que se subraya el sectarismo y la ineficacia de esos salvapatrias a juzgar por lo que están haciendo en los Ayuntamientos en que gobiernan apoyados por la izquierda extremísima o, en un gesto de inaudita ceguera, por el propio PSOE. Y finalmente escucho a Alfonso Guerra –de quien se podrá criticar lo que se quiera pero no discutir ni su capacidad ni su experiencia política—llamar a los camaleones “niños malcriados” capaces de llamar “búnker” a los socialdemócratas o de hacerle carantoñas a los asesinos de ETA. ¡Ya era hora! Se me dirá que Guerra ha esperado para dar su zarpazo a que las posibilidades de pacto de Gobierno entre su partido y el de los del esmoquin quedaran definitivamente rotas pero, a mi juicio, eso no le quita al sartenazo de Guerra un ápice de importancia. ¡A saber cuántos disfraces más tendrá en su fondo de armario el niño mal criado de la provocativa coleta!
Guerra lleva toda la razón y tiene el mérito de haber sido el primero que sin ambages ha criticado a esos oportunistas que se han labrado un presente tenso pero conspicuo a costa del sufrimiento ajeno, eso sí, financiados a manos llenas por las dictaduras más peligrosas. ¿Es exagerado sugerir que esa izquierda ultravioleta podría meternos en un Gulag, lo es compararla con los golpistas del 23-F? Creo que no. Por el contrario, lo que me parece, además de cobarde y oportunista, de lo más antipolítico, es ese silencio expectante, amparado en las buenas maneras, que observan casi todos los demás. Claro que Guerra debe de saber desde el primer momento –desde que Rubalcaba se puso el guante de seda para mimar al 15-M—que el objetivo de Iglesias –antier encamisado ayer con esmoquin– no es otro que destruir al PSOE, es decir, quitarle el sitio a la izquierda tradicional para ocuparlo él. Pues vale, pero, en cualquier caso, él ha cumplido mientras los demás parecen dispuestos a esperar la foto de Iglesias con frac.

Bocas cerradas

Lo normal en estos agitados tiempos políticos es que el funcionario cierre los ojos, los oídos y la boca como los monos famosos. Si los abre y denuncia lo que su conciencia le dice que debe denunciar, va a la calle porque el Poder llama “fieles” a los conniventes y a los decentes “chivatos”. Último caso: el del despido del funcionario de la consejería de Medio Ambiente que denunció un presunto amaño en la contratación de helicópteros por parte de la Junta, al que el consejero Fiscal ha puesto en la calle sin mayores miramientos y –es evidente oyendo a su portavoz–, que con el placet de la presidenta Díaz. La Justicia debe defender a los pocos funcionarios que se juegan el puesto por avisarla de los desmanes corruptos porque en la rectitud ética y moral de los políticos está demostrado que no se puede confiar.