Yo sí firmaré

Contra lo que aquí se ha escrito en “La Otra Orilla”, yo sí firmaré en los pliegos en los que la familia de Mari Luz reclama que se garantice que criminales como el que asesinó su hija no anden libres por la calle. No se trata de venganza, en absoluto: se trata simplemente de garantizar la seguridad pública respecto de quienes han demostrado su peligrosidad, sin ir más lejos respecto de asesinos como el referido y tantos otros reincidentes. ¿Qué el sistema penal español “funciona razonablemente bien”? Bueno eso no es que lo rechace el padre ofendido, es que lo rechazan los propios magistrados y fiscales, aquí y en casi toda Europa. Las posturas generosas están muy bien pero hay a veces en ellas un punto de narcisismo incompatible con la realidad. Yo sí firmaré para que no anden sueltos determinados criminales sumamente peligrosos. Quien no quiera hacerlo que me diga qué se le ocurre en el caso del “monstruo de Amstetten”.

La religión solar

Uno de los niños del “monstruo de Amstetten” –Félix, de cinco añitos—trató al ser liberado de mirar de frente al sol y preguntó perplejo si ese irresistible destello que sus deslumbrados ojos veían por primera vez era Dios. Vean como las elucubraciones de etnólogos y similares se ven respaldadas por la experiencia en cuanto la ocasión lo propicia: Félix descubriendo por su cuenta la religión solar repite el gesto consagrado por la teoría que considera el solarismo no sólo prácticamente universal sino, incluso, el origen más que posible del sentimiento religioso. Max Müller confesaba que él mismo, de niño y hasta que fue talludito, sentía por el ‘astro rey’ una viva sensación de dependencia, ni más ni menos que como la sienten la inmensa mayoría de los pueblos y no sólo dentro de la tradición aria. Vaca sagrada a los ojos de los eslavos, manzana de oro desde la fábula letona a la mitología griega, divinidad para egipcios y babilonios o presente en las culturas orientales, cisne o pájaro, ojo de la divinidad, rueda, caballo o padre de la Luna, no hay nada en la Naturaleza que haya inspirado en el hombre primordial una idea más homogénea, la del culto solar, que a través de los misterios de Mitra acaba por informar al cristianismo –que llama a Cristo “Sol de Justicia”– y al que de casta hebrea le viene esa intuición prodigiosa que la Biblia recoge, purificada o no de su significado idolátrico, lo que le vale la enérgica condena de los profetas, el estigma del Deuteronomio y la tremenda represión del rey Josías. Nunca más a mano aquello de que nada hay nuevo bajo el Sol que ante la escena del niño martirizado redescubriendo, al cabo de los siglos, esa rancia idea surgida del temor reverencial y de una lógica deslumbrada que lo mismo surge en un sótano austriaco que entre las imágenes del Apocalipsis.

 

                                                                     xxxxx

 Tampoco la urdimbre de la historia del desdichado Félix y sus hermanos es novedad. Con ella se viene a la cabeza el drama de calderoniano de ‘Segismundo’ despertando inesperadamente en palacio tras su vida en la mazmorra, la de Kaspar Hauser rescatado de su misterioso encierro a una edad en la que, si es aún posible amaestrarlo en el idioma y los rudimentos de la convivencia no lo es, en modo alguno, socializarlo en profundidad. No es a ‘El Ingenuo’ volteriano a quien recuerdan estos personajes sino al ‘Calibán’ de Shakespeare, y mucho me temo que, como éste, la insociabilidad se resista, con el tiempo, a cualquier maniobra psicológica y acabe dando problemas. Unos y otros, en todo caso, nos devuelven a la reaccionaria sugestión que expresa la filosofía de que “la vida es sueño”, ese comodín contrarreformista que sigue vivo y coleando tantos siglos después, cuando ya la ideología barroca es apenas un bastión irreductible aunque influyente en medio de nuestra confusa convivencia. Como nos devuelven a la contemplación de la terrible realidad del padre omnipotente, desnaturalizado en su ambición o en sus pasiones, reflejo, en fin de cuentas, de una ideología patriarcalista que no ha variado gran cosa desde Abrahán, conservada en el formol de la costumbre o de los códigos. La tragedia urdida por ese hijo de perra no ha terminado, probablemente, con la liberación de los secuestrados en el búnker, sino que quizá comienza ahora, como el interés del guión de las obras clásicas que antes cito no empieza, en realidad, hasta que no el rescatado no se enfrenta con el orden libre y percibe, medio cegado por la luz del sol desconocido, la disfuncionalidad de una libertad y una razón jamás imaginada. “¿Es eso Dios?”, ha preguntado Félix protegiéndose los ojos con las manos. La piedad ante semejante indefensión psíquica no es suficiente acaso porque los perplejos ante el Mal, como tantas veces, somos nosotros y no las víctimas. No hay remedio ante la inmensidad del daño. Félix y sus hermanos tendrán que aviárselas irremediablemente solos en medio de la insospechada muchedumbre.

Listas y listos

Ahora que la Audiencia Nacional ha tomado cartas en el asunto del “maquillaje” de las listas de espera  –dato que se airea bien poco en nuestros ‘medios’, por cierto—puede que la propuesta del PP de que en el Parlamento andaluz se constituya una comisión investigadora para ver qué hay de verdad en ello, tenga una posibilidad. ¿Qué razón puede ofrecer la mayoría de Chaves para negarse a investigar lo que tantas veces ha proclamado que está más claro que al agua? Aparte de que no se tarta sólo de la denuncia de un sindicato en un hospital, pues hay andaluces a manojitos que conocen casos concretos de citas aplazadas con excusas variadísimas que van desde la necesidad de proceder a una nueva analítica previa a la aplazada cirugía hasta el truco de la pérdida del expediente. Si nada tiene que temer la Junta ¿por qué no autorizar esa comisión? Ni que decir tiene que la pregunta es tan sólo retórica.

Denuncias con sentido

Interesante entrevista la publicada ayer en El Mundo al líder ecologista onubense, Juan Romero. Su denuncia de la crisis de la enseñanza es clara como el agua; la del desinterés práctico de la Junta en Doñana, la de la imprudente presencia de un ex-consejero de Industria en el negocio de la crisis minera riotinteña, elocuente; el rechazo de los biocombustibles, contundente e impecable; la constatación de los planes amontonados en el desván de la Junta, cierta como la vida misma; su escepticismo sobre una solución a las balsas de fosfoyesos, más que probable; el razonamiento sobre el cinismo que implica gastar dinero en reproducir linces mientras se talan bosques para implantar cultivos intensivos, más que sugerente. Un ecologismo enérgico pero discreto, pegado a la tierra y no volandón por las fantasías. Juan Romero conseguirá más o menos pero su ejemplo merece un  respeto.

Sexo en la sopa

Reúno pacientemente materiales sobre la llamada “moda asexual”, un auténtico movimiento que,  apoyado en las posibilidades de la Red, crece por días en Estados Unidos. Una asociación y un “sitio” en Internet tratan de ‘sindicar’, por así decirlo, a una serie de personas empeñadas en obtener un estatus propio de asexuados una vez comprobado por cada una de ellas su absoluta indiferencia ante el sexo, es decir, su inmunidad ante el deseo. No quieren sexo: “No sex, no problem”, dicen y exhiben orgullosos en sus ‘pins’, siempre con la exigencia de no ser considerados de ninguna manera como anormales y menos aún como enfermos en base a esa legítima e inofensiva renuncia. Los “A”, que así se hacen llamar ellos, cuentan ya en EEUU con 18.000 miembros activos, pero algún estudio que encuentro en la prensa británica dice, por su lado, que el uno por ciento de la población inglesa es, de hecho, indiferente al sexo, del que se mantiene a una discreta distancia. Hasta el New York Times ha terciado en el asunto tratando de buscar algún fundamento zoológico a este hallazgo social, para llegar a la conclusión de que, en efecto, aparte de amebas y algunas especies de pájaros (¿), entre las ratas también regiría esa proporción del uno por ciento que, a estos solos efectos, las iguala con los habitantes de la pérfida Albión. Los corderos –siempre según el NYT—serían otra de esas especies desdeñosas con la sexualidad, aunque al parecer sucesivos estudios podrían demostrar que el deseo no es tan universal como siempre supusimos. Un mundo de asexuados –no de abstinentes, que eso es otra cosa, sino de célibes por naturaleza—se abre en medio de este jardín podrido en el que prospera lujuriosa la cizaña de la obsesión sexual. No está mal, en principio, teniendo en cuenta lo que estamos viendo y lo que seguramente hemos de ver todavía a nuestro alrededor.

 

                                                                   xxxxx

 Pero como quizá no podía ser menos, apunta ya en las filas de los “A” un cierto prurito de excelencia y consiguiente elitismo, que resulta también inquietante. Cierto que este mundo saturado de sexo puede provocar cierta vocación escapista y que la sobrevaloración de los roles sexuales en boga es más que probable que provoque rechazo en quienes bastante tienen ya con soportar la carga de su propio instinto y sus consecuencias. Ver exhibirse a Zerolo como si hubiera tomado un fortín o cuadrado el círculo es, desde luego, al menos para los vehementes, una experiencia no poco ingrata que se comprende que haya quien trata de neutralizar devaluando el papel y la cotización del sexo. Lo malo es que, como se desprende de otras observaciones (las del doctor Bogaert, que fue pionera en el tema, o la facilitada por el Instituto de Sexología Waynberg, de París,) de ese primer momento reactivo se pase a proyectos autoselectivos que pudieran acabar redescubriendo el gueto como ‘solución’ para esos ‘diferentes’. Es verdad que sobra sexo en la abrumadora actualidad, que casos como el del monstruo de Amstetten y su imagen en los paraísos pedófilos, por no hablar del nuevo debate francés sobre el ‘matrimonio’ homo, sugieren que algo debería hacerse para devolver a la sexualidad el sitio razonable que tal nunca tuvo en la historia de la especie, la única en la Naturaleza que ha hecho del sexo una teoría y de esa teoría un  negocio. Al fin y al cabo, dicen los “A”, hay millones de parejas indiferentes en la vida considerada normal y nadie dice nada, como nadie había reparado hasta ahora en la desgana sexual de los corderos o de los roedores de cloaca, cuyo éxito reproductor, por cierto, es óptimo. En Francia, siempre más pasional o menos flemática, se habla ya del “orgullo A”, es decir, de abrir un nuevo frente en el debate social en torno a la entrepierna. Éramos pocos y parió la abuela, ¿no? El hombre es capaz de seguir con su partida de dados junto a su casa en llamas. Quién sabe si será ésa su auténtica singularidad.

Manga por hombro

Otro grave delincuente que se escapa por la negligencia de la Justicia, aunque no es posible eludir la causa última de la intolerable situación, que no es otra que el caos provocado en esa Administración desbordada por la falta de medios y el incremento de delitos. En esta ocasión, el beneficiado será un narco condenado a nueve años que estaba a la espera de su recurso al TS pero cuyo plazo de prisión preventiva ha expirado sin que los magistrados competentes prorrogaran su prisión preventiva. Se cumple, pues, el aviso dado por los jueces de que el “caso Mari Luz” podría repetirse en cualquier momento en un sistema saturado.  La Junta no ha movido un dedo tras aquel tremendo caso ni, verosímilmente, lo moverá tras este nuevo. Quizá el pecado auténtico de jueces y magistrados sea no plantarse de una vez y hacer pública sin ambages la circunstancia imposible en que tienen que trabajar.