Rifirrafe sobre el puente

El Ayuntamiento va a reponer las farolas de la discordia, ciento y pico de ellas fundidas ante la pasividad de la Junta, cuya delega de Obras Públicas debe de creer que con ella no va el cuento. Pero advierte que será la última vez que lo haya y que rompe el pacto de palabra de encargarse de ello, ante esa dejadez juntera y, encima, los ataques de ese Pepino local que nos ha tocado en desdicha, el bachiller Jiménez. Estas Administraciones –todas—tienen la idea de que son compartimentos estancos en lugar de servicios complementarios que el administrado paga con sus impuestos, y creen lo que importa es el interés de su partido. ¡Hasta por unas farolas se pelean ya en Huelva! Nadie menos cívico, en este sentido, que esa casta política.

La estafa perfecta

Los servicios americanos encargados de averiguar cómo maniobró el millonario Bernard Madoff apenas saben algunas cosas seguras, entre ellas, que no hay ni idea de dónde pueden  estar los 50.000 millones de dólares que el financiero logró distraer a sus clientes defraudados. Nada se sabe, entre otras cosas, porque Madoff cortó enseguida su inicial colaboración con los investigadores, desde entonces empantanados en un inmenso sapal de papel y oscuridades, pero crecen las dudas sobre que el colosal estafador haya podido llevar a cabo su proeza en solitario, atravesando a pie enjuto nada menos que cuatro auditorías de la poderosa SEC, es decir, de la comisión del mercado de valores norteamericana, cuya eventual complicidad constituye una hipótesis creciente en el mundo financiero y entre los observadores en general. Madoff, según parece, actuaba desde hace casi treinta años, al menos desde los años 80, lo que  convierte prácticamente en increíble la tesis de la hazaña en solitario y favorece la hipótesis del cohecho. Y encima, Madoff está en la calle –caso raro en los EEUU tratándose de grandes personajes claramente involucrados en crímenes y escándalos–, aprovechando su libertad condicional para poner a salvo su enorme patrimonio, digamos doméstico, que se calcula no inferior a los 1.000 millones de dólares, incluyendo residencias, yates y joyas de alto valor. La estafa perfecta, por una vez perpetrada sólo contra potentados y ‘gente guapa’, pero que deja al menos una pregunta en el aire para la gente del común,. a saber, ¿es que resulta tan fácil esconder 50.000 millones de dólares sin dejar rastro? No sé si será fácil pero, desde luego, es posible.

Estafa piramidal, esquema de Ponzi, lo que vayan queriendo, pero la realidad es que la universalización de los intercambios ha convertido la aldea global en un garito donde desde una matrona portuguesa. un sacaperras filatélico o un magnate de Wall Strett, todas las barajas están marcadas en la gran partida pero los fondos no están a la vista. Piensen en los millones que se han volatilizado en Italia, Francia o España en manos de gestores infieles o políticos sin conciencia, sin que jamás se devolviera una perra ni apareciera un duro. Ése es quizá el mayor estímulo de esta delincuencia de cuello blanco: que el botín nunca aparece. Madoff, en fin de cuentas, no ha sido sino el más listo de todos en un colegio exclusivo donde todos los alumnos levantaban la mano a la vez. ¿Qué se jodan?

Ropones rebelados

Insiste la consejera de Justicia en que hay medios suficientes, en que cada Juzgado  posee los adecuados –como si, al margen de las protestas profesionales, no fuéramos legión quienes hemos podido comprobar en nuestras propias carnes cómo de mal andan esas desdichadas covachuelas—, y declama un baranda sociata, Álvaro Cuesta, que la anunciada huelga de jueces es propiamente una actitud ‘antisistema’. Vale, pero sus Señorías parecen haber superado su capacidad de encaje silencioso y todo indica que el lío no hay ya quien lo pare para la fecha anunciada, es decir, para el próximo 18 de febrero. A ésa huelga no deberían ir los ropones en solitario sino escoltados por la muchedumbre silenciosa que padece la inepcia de las Administraciones y los designios de los políticos.

Vuelve Parralo

Poco duran los propósitos sensatos, el de alejarse de la política –que evidentemente no es lo suyo—de Manuela Parralo, la infortunada candidata a la alcaldía que se inventaron los creyentes en las posibilidades electorales del ‘glamour’. Parralo vuelve a la política con minúscula,  es decir, al cabildeo de las ejecutivas, sin percatarse, por lo visto, de que su renuncia había sido acogida con alivio no sólo por ‘Puerpo Hurraco’ local sino por amplios sectores pijos del partido, que haberlos, haylos. ¿No había dicho Parralo, como fray Luis y como García Morente, eso de “me vuelvo a ‘mi cátedra’ ”? Pues poco ha durado el propósito, a la vista está, quizá porque la política es más cómoda que la docencia, tal vez porque en ella hay y habrá siempre graves intereses a los que desde la calle no se alcanza. Cada cual es muy libre de hacer lo que quiera. Y por supuesto, de equivocarse.

El viejo gurú

Un bloguero, por lo general insultante, que frecuenta mi web ha tenido la cortesía de enviarme por correo aparte una protesta por mi reciente columna “Keynes en tanga” en la que advierte no sé que frondas conspirativas y me reprocha mi presunta y “desfasada” devoción por aquel personaje singular que él atribuye, ingenuamente, a mi incorregible rojez. Bueno, hombre, no se ponga así, porque a Keynes lo exaltaron, es cierto, los totalitarismos de izquierda pero también, no se olvide, las dictaduras de derecha, incluyendo al nazifascismo original. Uno no es economista (como ZP o Solbes, por otra parte) pero estudió en la facultad el pensamiento de ese liberal admirable que nunca perdió la esperanza de conseguir que el liberalismo, con su cortejo de mercadistas y librecambistas, abdicara de su dogmatismo fatal. He leído recientemente, por lo demás, dos biografías del maestro, una de Alain Minc y otra, monumental, de lord Skidelski, el maestro de Warwick, que me han reafirmado en mis viejas devociones por aquel dandy singularísimo y ambigüo que brilló en el grupo de Bloomsbury. ¿Rojo por eso? Francamente, la idea de que la crisis sólo puede abordarse desde el intervencionismo del Estado con sus políticas de reactivación y la inyección de recursos –invento medular de este genio que se pavoneaba tratando de insolventes primerizos a los presidentes, incluido el de USA—la practican hoy todos los conservadurismos del planeta, incluidos los socialdemócratas.

Minc sostiene que, lo que ocurre es que el keynesianismo práctico de esos seguidores sólo utiliza de su proyecto macroeconómico lo que a cada cual conviene para sus planes. Lo que no quiere decir que pueda hablarse de una ortodoxia keynesiana –de hecho él titula su biografía “Une sorte de diable”…–, cosa impensable  por lo demás, en un sujeto poliédrico y escurridizo como nuestro lord. En una crisis hay que meter dinero público si se quiere salvar la producción y el empleo, ése es todo su credo, en síntesis, y eso es lo que todo el mundo propone hoy aunque, la verdad sea dicha, no se ve que anden haciéndolo con rigor ni transparencia. Cuando se hundió el sovietismo se predijo que Keynes había muerto sin caer en la cuenta que Keynes, creador de la macroeconomía, no pasará probablemente nunca. He leído que “hoy hay no pocos antikeynesianos pero ningún prekeynesiano”. Ya ve mi crítico corresponsal lo errado que iba su tiro.

IU a rebufo del PP

Los han cogido con el pie cambiado. La convocatoria de una manifestación contra el paro por parte del PP –la astucia de Arenas, una vez más—dejaba a esa IU rota y desnortada en mala postura, razón por la que la controvertida “dirección” ha optado por convocar otra similar en fechas próximas. Eso se llama ir a rebufo de la acera de enfrente pero, además, no se entiende por qué en una cuestión que afecta a todos en su condición de catástrofe nacional, no se abre el camino a la unidad, siquiera sea en la protesta, contra quien todos los convocantes tienen el convencimiento que es el responsable de la situación y las políticas necesarias para arreglarla. Imagínese IU que, al final, el PP llevara más gente a la calle para defender el empleo digno que ella misma. Sus “críticos” se estarán frotando las manos.