Al derecha y la crisis

No resulta fácil asumir la imagen de una izquierda oficial que, ante la tragedia de la crisis, navega al pairo siguiendo el ejemplo del Gobierno de Madrid, frente a una derecha que se levanta con todo su aparato para reclamar una acción enérgica, realista e inmediata ante la que se avecina en el Polo. Claro está que ahora vendrá la reacción y será el PSOE el que retome esa bandera, pero la iniciativa del PP en este sentido tiene un valor indiscutible y va a poner contra las cuerdas a unos políticos en el poder que están más bien a verlas venir que a otra cosa. Reclaman los conservadores que se eche una mano de verdad a esos trabajadores amenazados, que se estudie en serio la situación global y que, en concreto, se “rescate” a los obreros de Nilefós y Tioxide. Enfrente lo van a tener difícil para remontar el desafío, pero lo importante sería que entiendan que la crisis no es un problema de partido sino de todos.

Víctimas verdugos

Días atrás abrió sus sesiones el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Lo hizo para enjuiciar a un bárbaro distinguido en la recluta de niños-soldados durante al inacabable guerra del Congo, el antiguo negociante y cruel activista Thomas Lubanga, aliado de Uganda o de Ruanda, según, pero siempre presente en esa tragedia que ha costado tantos miles de vidas entre la población civil congolesa. Será la primera vez que se juzgue un delito de utilización de menores en la guerra, lo que en sí mismo es esperanzador, y la ocasión de sentar un  precedente notorio frente a esa desoladora práctica para la que Amnistía Internacional calcula hoy no menos de 300.000 combatientes infantiles. Los reclutados por Lubanga protagonizaron los peores momentos de la guerra congoleña, cuando las tropas destacadas por la ONU permanecieron inmutables ante la barbarie desatada en la codiciada región de las tierras fértiles y las minas de oro, a pesar de que, según los propios cálculos internacionales, las victimas fueron lo menos 60.000. Niños a partir de los 7 años, reclutados entre una población deshecha por el conflicto y en plena zona de hambrunas perpetuas, fueron convertidos en auténticas máquinas de matar y sembraron el pánico, armados con sus ‘kalachnikov’, hasta conseguir una leyenda de crueldad inimaginable. Es hora de que algunos de esos malditos condotieros empiecen a pagar sus culpas. Más vale tarde que nunca.

Claro que niños-soldados, fieras tal vez inocentes, pervertidas por la propia experiencia brutal, los hay un poco por todas partes, en todas las guerras que asolan el mundo, desde Colombia a Afganistán, desde Sri-Lanka a Mozambique o Chechenia. Niños y niñas, por supuesto, cuyos testimonios –que pueden leerse sin salir de Internet—resultan conmovedores en su ingenuo salvajismo, capaz de los crímenes más horrendos y ajeno absolutamente al sentimiento humano. Los hemos visto con indiferencia en el cine, en las revistas, armados con sus fusiles y lanzacohetes, vagando como una irreparable plaga por los escenarios del dolor y la desesperación. Está bien, en fin, ver siquiera a algunos de esos canallas reclutadores rendir cuentas a la Justicia, con independencia de que un castigo tan tardío poco vaya a enmendar la situación. La niñez fue siempre víctima forzada o seducida de la guerra. Lo auténticamente espantoso es que en plena postmodernidad lo sea más que nunca.

Río revuelto

IU se ha echado  a la calle para protestar por la crisis. Después de muchos años –varias legislaturas—de seguidismo suicida y algunos experimentos de conexión con las fuerzas disolventes del modelo territorial de la nación de todos. Y lo hace cuando el terreno es más que propicio por la dramática caída del empleo y las malas perspectivas, y en consecuencia eventualmente favorable a su proyecto electoralista, pero cuando tiene pocas posibilidades aparentes de rehacerse como un movimiento decisivo. A esta izquierda la han devorado entre su propia ambición aparatista y la “new age”, esos años de las vacas gordas en que ha enflaquecido la utopía. Nada tiene de extraño que ahora tenga que compartir la calle con el PP.

La piscina de nunca acabar

Dicen que el PP va a preguntar en el Parlamento de Andalucía qué ocurre con esa piscina cubierta de Valverde, inaugurada hace la tira, pero que sigue cerrada a cal y canto, según  el Ayuntamiento porque la Junta no la homologa, según la empresa adjudicataria de su gestión porque el Ayuntamiento no paga. Esas deben de ser las consecuencias de las tropecientas medidas  adoptadas por la Junta para agilizar los trámites burocráticos y luchar contra la crisis: una piscina que lleva desde el 2006 en danza e inaugurada desde el 2007 aunque ahora diga aquel Ayuntamiento que no lo está aún. Un buen ejemplo de cómo van las cosas y de la apatía o falta de diligencia de unas Administraciones pendientes en exclusiva de su calendario de partido.

Íntimas prohibiciones

En el estado de California, en la ciudad de Belmont, han prohibido fumar incluso dentro de casa. Los infractores serán castigados con multa de cien dólares, sean cuales fueren las medidas antihumo adoptadas en la intimidad, en detrimento del concepto de soberanía doméstica vigente en todas las civilizaciones y en todos los tiempos. El tabú y la prohibición son parte inseparable de la aventura americana, esa experiencia social apasionante dentro de la que caben, contradictoria pero holgadamente, la libertad más venerable y los más absurdos excesos de control. Obama mismo ha prometido hace poco que no fumará dentro de la Casa Blanca, pero tengo la impresión de que la progresión de las prohibiciones un poco por todas partes tal vez responda a una reacción frente al imparable avance de las libertades que vivimos en zonas cada día más dilatadas del mundo. El gobernador Swarzenegger respalda y solicita la vigilancia del “vecino sospechoso”, pero en los EEUU la prohibición es una tradición que hace mucho que no respeta siquiera el ámbito más íntimo, como lo demuestran las sanciones previstas en diversos estados empeñados en vigilar hasta el tálamo nupcial proscribiendo, por imperativo puritano, prácticas tales como la ‘felatio’ y otras fantasías. Human Right Watch ha denunciado que en aquel gran país, 600.000 personas figuran en un Registro Nacional Obligatorio de Delincuentes que incluye y, de hecho equipara, al violador con el convicto de orinar en la calle o de desnudarse en público, aparte de que, en términos generales, la prohibición del sexo con menores condena en teoría a los adolescentes a abstenerse en sus relaciones personales.

Frente a controles como la prohibición de los teléfonos móviles con cámara, impuesta en Arabia Saudí por la ‘fatwa’ de Abdelaziz al Sheij, la prohibición de un anuncio de la ‘Superbwol’ consistente en la sugestión de un pecho femenino, supone un correlato difícil de asumir, pero se integra en eso que un observador tan agudo como Gore Vidal llamaba las “prohibiciones arbitrarias” de un sistema de libertades, por lo demás, proverbialmente elástico y permisivo. Todo es posible en América, hoy como ayer, desde la pródiga anuencia con el discrepante hasta la vigilancia de alcoba que, por otra parte, imagino más que difícil de llevar a cabo. ¡Imagínense, no poder echar un pito en casa! Tratándose de la patria de las libertades, hay que reconocer que la respuesta al relativismo moral que parece el signo de los tiempos, está en marcha en ese país que, sin embargo, sigue enrocado mayoritariamente a favor de la pena de muerte o asume la tortura como un mal necesario.

Irremediable corrupción?

La noticia sobre la modificación interesada del urbanismo por parte de la alcaldesa de Marbella ha constituido, además de una sorpresa, un duro golpe para tanta gente como creía archivada y bien sujeta la podre que ha hecho tristemente famosa a la ciudad pro culpa de sus políticos especuladores. Hay que suponer que el Partido Popular reaccionará sin dilación hasta poner en claro lo ocurrido y, en caso de ser cierto, hasta poner en su sitio a una alcaldesa que llegó al sillón precisamente como adalid de la lucha contra el agio. Esta es una prueba de fuego para el partido, porque nada haría más daño, no ya a su formación, sino a la democracia en si conjunto que llevar a los ciudadanos al convencimiento de que la corrupción es irremediable.