La otra crisis

Estamos hartos de repetir que la derecha española no necesita enemigos porque ella sola se basta y se sobra para autodestruirse. Lo ha hecho dos veces en el cuarto de siglo largo que llevamos de democracia y en las dos por el acreditado procedimiento del rosario de la aurora, es decir, por la implosión de una disciplina que, tradicionalmente, o se pasa o no llega. Y en esas estamos, mientras desde el PSOE se oyen lamentos de cocodrilo alegando que un PP fuerte, como pieza imprescindible de oposición, debe superar lo antes posible la crisis actual, como si no estuviera en la mente de todos que él fue uno de los firmantes del execrable pacto del Tinell diseñado para cargarse a esa “oposición imprescindible” de una vez por todas, aislándola con el concurso de todos, filoterroristas (o sin filo) incluidos. Se disgrega el PP sin remedio, según parece, por tensiones internas surgidas del fracaso electoral y por la incapacidad de un liderato que no ha medido sus fuerzas ni bien ni mal, pero que, a estas alturas, no resulta fácil esperar que recupere el vigor perdido. ¿Las demás causas? Los que reclaman “primarias” olvidan que el PSOE se contentó con un breve paripé de esa excitante experiencia, liquidada, además, por otro par de memorables pucherazos… y ahí está: en el Poder, y más controlado que nunca, fiel al postulado de que todo partido, o es leninista o, más pronto que tarde, acaba yéndose al carajo. Los que cifran el toque en la existencia de alternativas, olvidan que el PP funcionó tan divinamente mientras no las tuvo que hasta logró la mayoría absoluta. Más razón pueden llevar quienes hablan de mantener los “principios” pero ello implicaría aceptar previamente que alguien, desde arriba, está tratando de desvirtuarlos, lo cual legitimaría cualquier rebeldía. Lo que no tiene sentido es postular que la crisis del PP de Rajoy se debe a una conspiración –¡otra vez!—en la que estarían implicados, por lo que estamos viendo, casi todos menos los elegidos de la nueva etapa. El caso es que, a falta de Herrero de Miñón, ya tenemos reproducido el cuadro de la UCD.

 

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 Es decir, que lo que no logró aquel ignominioso y antidemocrático pacto que fue aplicado a rajatabla durante toda la legislatura pasada, lo ha conseguido el reparto de ambiciones y el tironeo interno de las camarillas en su lucha por el poder, en la mejor tradición decimonónica de “las derechas” autodestructivas. Pero algo tendrá que ver en ello el líder cuestionado, sin duda posible, porque lo que no encaja ni a la fuerza es ese puzzle conspiranoico que se ha tratado de cerrar alevosamente encajando en él a una persona de tan probada integridad como María San Gil. No hace falta entrar en vidriosas valoraciones de los nuevos predilectos, pero ¿quién entiende la ausencia de Rato de la escena política, cómo justificar el ostracismo de un personaje tan valorado como Mayor Oreja, de qué modo cubrir la ausencia dialéctica de Zaplana y, en fin, con qué argumento plausible presentar como rebelde sin causa a un personaje como San Gil –uno de los raros políticos capaces de conmover a la opinión pública con la noticia de su enfermedad—a la que, sin ir más lejos, antier el propio Rajoy le estaba ofreciendo secundarle en la codiciada candidatura por Madrid? Esta democracia hemipléjica, y no sólo la derecha, va quedarse a los pies de los caballos que es, en definitiva, lo que persiguen los separatismos y ha propiciado insensatamente, por un egoísmo mal entendido, un PSOE que viene cifrando su ideal de continuidad en la liquidación del único adversario capaz de desalojarlo del Poder. Lo dicho: la derecha española no precisa enemigos porque ella sola se basta para inmolarse. Queda por ver si entre sus filas hay una reserva suficiente para caer en esta cuenta elemental y reaccionar en consecuencia. Si no la hubiera, no será solo la derecha quien lo lamente.

Malo o bueno, según

No es que ahora la Junta de Chaves no envíe manifestantes ni presida manifestaciones frente e Gibraltar para exigir al Gobierno que protesta ante Londres, es que ni se inmuta porque la presencia de esos submarinos nucleares –y no sólo con bandera inglesa– en el puerto de la colonia británica se haya convertido en habitual. Ahora calla y otorga para no importunar al “Gobierno amigo” aunque la realidad es que,  igual antes que ahora, como Chaves sabía perfectamente se agarraba a la pancarta, poco o nada tenemos que hacer frente a ese abuso manifiesto. Lo peor de este embrollo es la mentira, el hecho de que la Junta simulara indignación en tiempos del PP o simule incomodidad ahora, a sabiendas de que no hay nada que hacer en el asunto. Eso sí, que un submarino nuclear atraque junto a nuestra poblada costa es malo si gobierna el adversario, pero indiferente, por lo visto, si en Madrid mandan los nuestros. Nuestros políticos mienten más que hablan y no conocen otra razón que su interés de partido.

La dignidad del profesor

Para el miércoles 21 está convocada la huelga de profesores que ya rechazaron –en el 90 por ciento de los IES y en el 60 por ciento de los colegios—la retirada de la orden de Calidad y Mejora del Sistema Educativo, simple “soborno”, según los sindicatos y los propios profesores, que ofrece un plus salarias a condición de que los docentes aprueben más, con objeto de reducir las tremendas cifras de nuestro fracaso escolar. Se basa la huelga en el argumento de que esa norma no aporta ninguna mejora pero culpa a los profesores de dicho fracaso, como si no fuera público y notorio que Andalucía es la comunidad autónoma que menos invierte en Educación de todas las españolas. Ese día se medirá la dignidad del profesor frente a la terca contumacia de la Junta. Pero son los padres, en realidad, quienes deberían tomar nota de lo que está ocurriéndoles a sus hijos en su centro escolar y de qué es lo que hace y no hace la Junta para remediarlo.

La basura dorada

Este país es muy raro. Se está desintegrando el gran partido de la Oposición, es decir, se está poniendo en precario el sistema de libertades, y sale el Jefe del Estado provocando un debate al hacer un elogio contundente del Presidente del Gobierno inconcebible en cualquier monarquía seria. O bien se monta un quilombo a propósito de la demanda de la hermana de Leticia Ortiz que pide medidas cautelares frente a un montón de ‘medios’, desesperada ante el acoso continuo de la prensa basura, y la prensa entra al trapo como si a los ‘medios’ decentes les fuera algo en ese negocio amarillo que ha descubierto que cuando se carece de personajes a los que despellejar no hay más que crearlos de la nada. ¿Se puede someter a una ciudadana a vigilancia permanente sin que ella pertenezca a ese ámbito alcahuete y sólo busque mantenerse al margen instalada en su derecho a la privacidad? Me asombro oyendo a la colegancia porfiar en tertulias y debates sobre esa cuestión cuya respuesta lógica no precisa juzgados para responderse y no comparto en absoluto la teoría de que cualquiera a quien esos furtivos de la intimidad decidan convertir en un personaje acosado haya de soportar esa lacerante carga bajo le excusa del derecho a la información. ¿Qué derecho ni qué información? A Telma Ortiz nadie ha logrado involucrarla en ese mundo pero ha debido soportar –la vía penal es prácticamente inútil en este terreno—que se acredite una inexistente relación  con Alberto de Mónaco con un fotomontaje declarado falso por la Justicia parisina a demanda del aludido, la patraña de que viaja con pasaporte diplomático o el cuento de que tiene asignada una escolta oficial. Y ahora, de vueltas de una estancia como cooperante, y refugiada en Toledo, ha de soportar que una vigilancia gratuita de paparrazzi aparque ante su puerta día y noche, la siga al súper o a la peluquería y la enfoque permanentemente con sus teleobjetivos. Hay que poner las cosas en su sitio: a eso no hay derecho, aunque no sé si habrá Justicia.

 

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 Es curioso, por lo demás, que esa industria de la infamia no se cebe más que con personajes indefensos. Ningún “periodista” ha perseguido, que yo sepa, las legendarias andanzas extramatrimoniales del Rey, nadie se ha interesado por las salidas nocturnas de los Presidentes del Gobierno a pesar que no han faltado cuentos al respecto, y seguro que se les caería el pelo si se les ocurriera vigilar, pongo por caso, al juez Garzón, que tampoco está exento de rumores “rosa”. Pero volviendo al pleito original, lo que parece claro es que nadie puede forzar la intimidad de nadie que no esté voluntariamente en la escena pública y menos cuando se trata con toda evidencia de casos “construidos”, es decir, de situaciones creadas a partir del propio acoso a personas que renuncian a cualquier clase de popularidad y exigen que se respete su vida y su paz doméstica. ¿Es censura previa, como se viene diciendo, pedirle a la Justicia que prohíba esa injusta cacería, más allá del derecho a la propia imagen y del que asiste a todos a disfrutar de su intimidad? Pues yo creo que no, francamente, y ya digo que a lo peor cambio de opinión si veo a esos perseguidores poner sitio a una ministra, a un mandamás de su propia tele o a los familiares de un Presidente del ejecutivo. Aparte de que el calvario de esa pareja acosada ha venido de perlas para ocultar el borbonazo del Jefe del Estado, la foto de la Vicepresidenta con el polígamo nigeriano, el desafío abierto del Gobierno vasco planteando la separación o las secretas conversaciones “bilaterales” de la Generalitat con el Gobierno para ajustar la financiación a cencerros tapados. España es un país muy raro, ya digo, pero al que se le entiende todo a poco que se conozcan sus claves. Todo el mundo apoyaría a Telma Ortiz si fuera su hija. A mí me parece que lo digno es apoyarla sin conocerla, como la  ciudadana anónima que no la dejan ser.

Baja calidad

La Junta no renuncia aplicar su plan de Calidad, ése que la gran mayoría de los docentes han rechazado calificándolo de “soborno” y que consistía en ofrecer más dinero a cambio de menos dureza en los exámenes para reducir al fracaso escolar, pero tampoco está dispuesta a gastarse en la enseñanza siquiera la media de lo que se gastan las demás comunidades españolas, entre las que figura en último lugar con la inversión más pequeña del país. Seguiremos, pues, con índices máximos de fracaso y de insolvencia del alumnado mientras gastamos lo que no está en los escritos en tantas pavadas para la galería y se dispara el gasto corriente que hasta González critica ya, sin el menor reparo en la crisis que vivimos. Treinta años no han bastado para que este Gobierno ininterrumpido de un solo partido alcance al menos los niveles de inversión de regiones tan pobres o más que la nuestra. Por fortuna, no parece que los profesores vayan a rendirse pero, lamentablemente, tampoco parece que Chaves esté preocupado por el desastre escolar.

Nadie lo quiere

Los agricultores se han unido a las quejas contra el proyecto del oleoducto que atravesará la provincia, incluidos nueve lugares protegidos por la Unión Europea, porque dicen que el número total de hectáreas que el proyecto exige perjudicarán a la agricultura amén de amenazar el prestigio de los productos agrarios por su proximidad eventualmente contaminante. Antes habían protestado ya los conservacionistas que ven en ese oleoducto prometido por ZP en Extremadura –y que en nada beneficiará a Huelva—un riesgo grave para nuestras aguas. Nadie apoya, al parecer, la “hipótesis” del Grupo Gallardo, incluida la Junta de Andalucía que, a pesar de no pasar de “hipótesis” ya advirtió hace tiempo sobre esos riesgos. ¿Por qué se empeña la Junta y el PSOE, entonces, en sacarlo adelante en beneficio del “amigo político”? Esa cuestión va siendo necesario que se aborde de una vez no vaya a ser que Chaves tenga que pararlo en el último momento como en su día paro el macroproyecto de Barrero en Punta Umbría.