El deseo y la realidad

Prolongado debate en la tertulia de Carlos Herrera con el gurú de Ciudadanos, el economista Garicano. En él nos desgrana, a preguntas de Carlos, las medidas que van a tomar Albert Rivera y los suyos en caso de alcanzar el Poder, medidas muy bien traídas la mayoría, deseables todas sin excepción, pero que contienen un altísimo grado de utopía, es decir, que no dejan de ser proyecciones de deseo más que conclusiones de análisis realistas. Hay que bajar los impuestos, faltaría más; sí, pero ¿cómo? Es preciso contar con los mejores para ponerlos en el puente de mando; ya, pero ¿quién decide quiénes esos mejores? Garicano es un cerebro fiable y bien pertrechado aunque tenga en su “debe” –y esto no es más que una apreciación mía—ese halo difuso de infalibilidad en el que se ven envueltos los antiguos alumnos de la London School of Economics, venerados y autoconvencidos pontífices de esa cosa tan subjetiva y que es la objetividad económica. Lo cual no quiere decir que el programa de Ciudadanos no tenga grandes ventajas comparado con otros que andan por ahí dando tumbos. Reconoce las dificultades Garicano, vaya por delante, pero no se apea del catecismo que le ha regalado a Rivera para solaz de esa burguesía española tan defraudada por sus alternativas tradicionales a las que va retirando día a día su confianza (es decir, su voto) cada uno de ellos con su cuenta y razón.

Pero Garicano, por lo menos, sabe lo que dice y dice lo que sabe, que ya es mucho, mientras la mayoría inmutable de nuestra vida pública no es capaz de soltarse de los cepos heredados por la rutina. ¿Acaso Rivera, con Garicano y todo, no hubiera hecho más o menos los mismos “recortes” que Rajoy tuvo que hacer, lo mismo que los tuvo que hacer a la fuerza ZP? Tiene la previsión económica, como tal ciencia, una naturaleza conjetural que nos pone difícil la asunción de sus dogmas. Pero, por lo menos, hay gente como Garicano que no vende humo ni duros a dos pesetas, por más que a ratos –con frecuencia, incluso—hablen con los ojos entornados por la ensoñación de alguna pipa de kif. Después de todo, según ZP y el rescatado Jordi Sevilla –de quien se dice que se comprometió a enseñar la disciplina al Presidente lego en dos tardes– ni las cosas ni los principios (que es lo peor) son iguales hoy que entonces. ¡Cuánta razón llevaba a Pizarro frente a Solbes en el famoso debate televisivo y de qué poco nos valió a todos! Hoy, en todo caso, el personaje es Garicano y no ellos.

Investigar, pero ¿como?

No hay forma de que la comisión parlamentaria que trata de alumbrar la sentina del saqueo de los fondos de Formación haga el menor progreso. De momento, con el apoyo de Ciudadanos, la Junta, o sea, doña Susana, ni siquiera va a los Plenos a dar respuesta concretas, pero es que, además, –hay que insistir con la complicidad de Ciudadanos—la Comisión que representa al Pueblo soberano no conoce todavía siquiera el montante del fraude en cuestión. De más está lo que digan los letrados de la Cámara –algunos rebrincados, me consta—y lo que clame la Oposición en bloque: el PSOE sabe que, con Ciudadanos, no habrá comisión que valga, por lo menos antes de las elecciones. Así son las cosas y así se las hemos contado.

El corazón de Maciá

Pocos intríngulis como la historieta masónica del corazón de Macià que, siguiendo el viejo rito, Tarradellas hizo sepultar, aunque engañando a la familia sobre su localización, camelo descubierto cuando llegó la democracia para desolación de allegados y admiradores. Macià, como Company, hicieron lo mismo que ayer se decidió llevar a cabo en el Parlament catalán, sólo que al día siguiente, en cuestión de horas, ambos salieron al balcón de la plaza de San Jordi para proclamarlo: Cataluña se iba de España, como otra balsa de piedra saramaguiana, a vivir en soledad su travesía imposible. Antes Company ya había ordenado al general Batet que acatara la secesión, pero éste –que era feo, católico y sentimental como Bradomín– lo que hizo fue emplazar dos piezas artilleras en la plaza de la discordia y acabó con el cuadro tan limpiamente que Franco nunca le perdonó el parangón con su sangrienta represión de la rebelión asturiana, dicen que hasta el punto de fusilarlo haciendo oídos sordos a gente como Mola o Queipo. No sé qué ocurrirá hoy y menos mañana, pero les mentiría si no reconociera que –como imagino que a la inmensa mayoría de los cuerdos—me han reconfortado las filtraciones que nos han permitido entrever las intenciones de Rajoy, especialmente la de asumir jerárquicamente el control de los “mossos” y la de aplicarles el Código Penal a los responsables más patentes.
Santiago González se ha dado en la víspera un garbeo por la bella Barcelona y nos ha enviado en su genial artículo un selfie demostrativo de la normalidad urbana que en ella se vive. En fin, lo que sea, sonará, pero lo que ya no tiene remedio, como no lo tiene un espejo roto, será volver a las paces solidarias que entre todos acordamos allá al amanecer de la democracia, y que vienen socavando –con la anuencia o vista gorda de los grandes partidos españoles—los fanáticos y cleptómanos que saben bien que el negocio no es la independencia sino el independentismo. No sé que ocurrirá mañana, ya digo, pero si no pasa nada anormal, que sería lo normal, también habremos perdido mucho entre todos. Hoy no contamos, eso sí, ni con un Batet ni con un Tarradellas, con lo cual ni llegará la sangre al río ni en futuro –que deseo lejano– habrá que enterrar sigilosamente el corazón de la Forcadell o la Gispert con nombre falso como a Evita Perón. Conque alguno pruebe el trullo se conformaría la muchedumbre silenciosa que asiste atónita a la impunidad de los Pujol y Cía.

Se ve el plumero

La Junta de Andalucía ha cerrado el expediente administrativo abierto de modo paralelo a la investigación judicial por las presuntas irregularidades en la concesión minera de Aznalcóllar a esa multinacional mexicana que aquí se esconde bajo otras siglas. ¿Para qué mandó parar el negocio doña Susana, entonces, si ahora –con la directora general investigada por el juez incluso—no espera siquiera a que la Justicia diga lo que tenga que decir? Todo esto es muy raro, por mucho que la Presidenta alegue “interés social” y estén en puertas unas elecciones que no hay que descuidar ni en Aznalcóllar. Pero el plumero se ve a la legua, entre tantos manejos y contradicciones. No hay forma de que la Junta se aferre a la normativa. Ni antes ni, como se ve, ya con doña Susana.

Eva al desnudo

Si hay algo difícil, no ya de asumir, sino de entender, en la realidad sociolaboral española es el pronunciado desfase que existe entre los salarios que reciben los varones y los que reciben las hembras, esa discriminación intolerable –que no me explico por qué no se prohibió en la Constitución—que agrava el problema discriminatorio en nuestra sociedad patriarcal y machista. Los datos que proporciona el mismo ministerio son elocuentes: el salario medio de las hembras en 2014 fue de 1.618 euros frente al de los varones, que percibieron 2.125’9. Ni que decir tiene que los salarios más altos caen en el lado de los hombres y los más bajos en el de las mujeres, agrupadas masivamente en la parte inferior del plano imaginario que divide la cifra del “salario mediano”. ¿Cómo explicar que el 41 por ciento de las trabajadoras españolas cobrara por debajo de los 1.221 euros frente a sólo el 19 por ciento de los hombres o que el 15’5 por ciento de ellas ganara el año anterior menos de 665? No conozco las respuestas, como es natural, pero sostengo que esta desigualdad añadida que padece el sexo femenino nos remite a una grave racionalidad del sistema social que convierte el problema de género también en una cuestión de clase, porque es evidente que un gran colectivo de mujeres de los estratos superiores –las que prestan sus servicios en el empleo público (burocracia, docencia, sanidad, ejército, etc.—logró hace mucho la igualdad salarial de la que carecen las encuadradas en los estratos “menos favorecidos”, que es como eufemísticamente suele decirse.

El mercado de trabajo funciona como uno de los más graves factores de reproducción de la desigualdad “de género” en una sociedad que ni de manera remota se plantea homogeneizar la estructura social sino más bien todo lo contrario. Igual que ocurre en el temible ámbito de la violencia “de género” son las mujeres de estos estratos inferiores –como demuestra la estadística– las que soportan el peso de esa racionalidad patriarcal. La clase condiciona si no es que determina el “valor” de la mujer y, por supuesto, no exclusivamente en el mercado laboral, a pesar de la ventaja creciente de aquella en profesiones que hasta ahora les habían estado vedadas, veto que, de hecho, afecta a la hembra perteneciente al hemisferio pobre por razones ambientales y culturales. Urgiría localizar esa distribución sociolaboral que convierte ese incomprensible abuso en un episodio crepuscular de la secreta guerra de los sexos.

Van a por él

Hay cola de curiosos para hacerse con los libros publicados en base a filtraciones de un monseñor español que tratan de poner patas arriba el orden vaticano revelando sus viejos secretos a voces. Veo como L’ Osservatore romano pasa como sobre ascuas por encima del tema o como La Croix se esfuerza por sustentar la tesis que, hagan lo que hagan, las reformas emprendidas por Francisco resultan ya irreversibles a pesar de la evidente resistencia que lo oponen vastos sectores de la Curia y de las sectas. A finales del XIX situó Gide “Los sótanos del Vaticano”, la inquietante y divertida novela basada en un imaginario secuestro de León XIII por una masonería que pretendía colocar en su lugar a un doble, masón por supuesto, para reformar la incorregible Curia y rehumanizar la Iglesia, con un éxito editorial parecido al que obtuvo Roger Peyreffite con “Las llaves de san Pedro”, gravísimo ataque a la intimidad de Pío XII y al ambiente vaticano. Lo de ahora, me parece mí, es distinto y se inició con el llamado “escándalo Vatileaks” y la difusión de documentos que descubrían la miseria moral de esa Curia, de nuevo relacionada con el lujo y la homosexualidad, para continuarse estos días con una segunda filtración –esta vez facilitada por un monseñor español perteneciente al Opus Dei—que demuestra el insoportable grado de corrupción contra el que este Papa o el que sea tendrá que bregar si pretende, como un nuevo Hércules, limpiar los establos de Augias.
En “Vía crucis”, el periodista italiano Gianluiggi Nuzzi sostiene con pruebas contundentes, por ejemplo, que de cada diez euros que el Vaticano recibe del Óbolo de San Pedro –la contribución de las iglesias a la labor caritativa del papado: 53 millones en 2012—sólo llega a los necesitados un par de ellos, al tiempo que denuncia el tren de vida y execrable conducta de ciertos cardenales y otros monseñores que resultarían ser sus verdaderos destinatarios. Van a por Francisco, no tengo mayores dudas, unos en evitación de que Francisco les cierre el pesebre, y otros –los integristas de diverso pelaje—temerosos de que el pontífice, como el “masón” de Gide, reforme esta Iglesias asfixiada por la secularización y por sus enemigos internos. Me pregunta un cura amigo mi opinión sobre el posible asesinato de Juan Pablo I. Me he limitado a responderle que me alineo ante ese enigma con la visión de Coppola. Porque es que van a por él, no lo duden, como fueron a por el otro o a por su antecesor.