Humor judicial

Contemplado desde fuera, el paisaje procesal de los ERE está resultando desconcertante. Vaya que la juez sustituta de Mercedes Alaya ande devanando, como Penélope, la madeja del presunto gran saqueo o que todas y cada una de las líneas de investigación propuestas estén siendo paralizadas a ojos vista; que prescriban ésta o aquella responsabilidad clamorosa; o que el gentío barrunte que todo ese lío habrá de quedar en agua de borrajas, pues eso depende del incuestionable criterio de la magistrada. Ahora bien, eso de que la juez sustituta reclame –no se lo pierdan– ¡a Burkina Faso! la extradición de uno de los presuntos que se fugó en su día, merece un premio extraordinario al humor judicial. Si esa decisión la llega a tomar su antecesora, es probable que el fiscal-exconsejero Llera nos hubiera divertido con uno de sus famosos chistes.

La Junta sorda

Las protestas en la calle contra los “recortes” de la Junta en materia de salud acaban de cumplir un año con resultados variables: el trucoplan de las “fusiones” hospitalarias ha fracasado por orden judicial; sus responsables han sido destituidos y vueltos a recolocar sin dilación; ayer mismo volvía el gentío a manifestarse tras haberlo hecho antes toda Andalucía; y el “doctor Spiriman”, su profeta, teme ser liquidado burocráticamente y a instancias de algunos colegas ofendidos. La Junta sigue sorda ante un clamor que la experiencia avala sobradamente. ¡Mala cosa, ahorrar en sanidad! Sobre todo teniendo abiertos tantos salideros como la Junta tiene en sus nóminas y mangaderos. Puede que echen a Spiriman, no digo que no, pero con ello no acabará ese conflicto provocado por una política tramposa y abismada en sí misma.

Riau, riau

Ignoro cómo se resolverá el llamado “juicio de la Manada”, pero tengo claro ya lo difícil que resultará extirpar la fibra más íntima del ideario macho, así como hasta qué punto las “redes sociales” constituyen un territorio peligroso. Un grupo salvaje que viola a una chica en el transcurso de una bacanal pública. ¡Pues vaya un problema! Que no vayan solas por ahí y, si van, que aferren el cinturón de castidad, porque consideren lo difícil que ha de resultar para un juzgador, a toro pasado, determinar el grado de consentimiento de una presunta violada. Vamos, que si van y se arriesgan, pues que pechen luego con las consecuencias. ¿Qué es eso de denunciar “a posteriori” a unos carpetovetónicos –que se llamen a sí mismo “la Manada” es lo de menos, ¿no?–, incluso si alardean de su hazaña? ¿Que hay entre ellos algún militar y hasta un novicio de Guardia Civil? ¡Pues más a favor de su presunción de inocencia! Ya hubo un juez que sentenció que llevar minifalda supone una provocación y, en consecuencia, una eventual atenuante, si es que no una eximente, para el macho irreprimible. “La mujer, la pata quebrada y en casa”, dice un adagio. Y otro: “El hombre es fuego, la mujer, estopa; viene el diablo y sopla”. ¿Lo ven? La estopa, el diablo, cualquiera es responsable, menos el macho.

No sé qué decidirá el tribunal pero, la verdad, el caso no es tan complejo como se pretende. ¿Que cinco tíos fornidos se pasan por la piedra a una piba de dieciocho años? ¿Y dónde está el problema? A esa edad una mujer puede abrir o cerrar las piernas a discreción, pillar una cogorza o morrearse con un desconocido, incluso puede hacer cosas mucho más peligrosas, como votar en unas elecciones libres, ¿o no es verdad? Y nada digo si la piba sigue viviendo al día siguiente sin flagelarse ni beber lejía –como hubieran hecho sus castas abuelas– o apareciendo en las “redes” junto a otra que luce una camiseta obscena. Por no hablar del benéfico efecto disuasorio que su ejemplo ha de ejercer sobre tantas coleguitas. Lo que es de locos es pedirle a los jueces que castiguen a unos verracos que no han hecho otra cosa que obedecer a su naturaleza. ¡Riau, riau!

Todo eso y mucho más llevamos oído antes de que conozcamos la sentencia. ¡Con lo elemental que es el caso: cinco garañones hilvanándose a una mujer libre en un portal y robándole luego el teléfono! El sí o el no se lo llevó el viento, de manera que habrá que creer a los violadores. Porque ya me dirán cómo va a ser igual la libertad de una hembra que la de un macho. El patriarcado es una cosa muy seria, oigan, para jugárselo en las “redes” o ante un tribunal. Y menos por lo que haya podido suceder en un portal oscuro, ¿no creen?

Alguien “ens roba”

Demuestra Hacienda en un informe oficial la enorme distancia que separa a las comunidades forales, País Vasco y Navarra, de las demás y, en esa perspectiva, el desfase que lastima a Andalucía. En resumen, que con la autonomía nos hemos quedado sin el fuero y sin el huevo pero, ojo y que nadie se engañe, porque ello no es responsabilidad exclusiva de este Gobierno sino de cuantos ha habido en nuestra democracia cojitranca. ¡El cupo! –habría que decir el “cuponazo”— es el instrumento que nos separa tanto, igual en sanidad que en educación y demás servicios sociales, y, ciertamente, es tramposo lanzar ahora el agravio contra un Madrid que siempre ha estado en el mismo sitio. Alguien “ens roba” –a nosotros, sí que sí—y todavía hay quien dice que ése es el precio de la paz social.

Presos sin causa

¡Con la de delincuentes que andan sueltos por esas calles y van a meter en una cárcel a unos inmigrantes desesperados que buscan legítimamente su simple supervivencia! Encarcelar en el nuevo penal de Archidona a los desgraciados que acaban de jugarse la vida en el Estrecho, constituye un grave atentado a la condición humana que ninguna razón política puede justificar. Que no funcione la previsión administrativa o falten refugios para acoger a esa previsible ola, será un problema de la gestión política pero no debe ser, en ningún caso, una razón para encarcelar a inocentes, ni siquiera en el supuesto de que los responsables públicos cuenten con la autorización de los jueces. España ha de exigir a la UE que colabore ante este problema frente al que es inútil e injusto cerrar los ojos. Echar el cerrojo no es más que una ignominia.

¿Estarán tontos?

Puedo entender el laberinto en que se mueve el PP capitalino (sevillano), por ejemplo, dividido en dos bandos, me temo que letales. Lo que se me resiste al límite es la noticia de que en el PP de Granada hayan admitido en la organización –y temo que en posición preferente— a un sujeto que hasta hace poco se ha hecho llamar nada menos que “papa Gregorio XVII” en el frenopático hereje del Palmar de Troya. ¿Qué pretenden los conservadores, que los tomen por tontos o será que, en realidad, lo son? Un partido que gobierna España no puede permitirse estos peligrosos malabares, ni sus votantes aceptarán, a buen seguro, estupideces semejantes, que echan por tierra su credibilidad y lo incluyen de pleno derecho en el idiotario nacional. Urge que esa Dirección corte por lo sano una operación tan ridícula.