Ropones rebelados

Insiste la consejera de Justicia en que hay medios suficientes, en que cada Juzgado  posee los adecuados –como si, al margen de las protestas profesionales, no fuéramos legión quienes hemos podido comprobar en nuestras propias carnes cómo de mal andan esas desdichadas covachuelas—, y declama un baranda sociata, Álvaro Cuesta, que la anunciada huelga de jueces es propiamente una actitud ‘antisistema’. Vale, pero sus Señorías parecen haber superado su capacidad de encaje silencioso y todo indica que el lío no hay ya quien lo pare para la fecha anunciada, es decir, para el próximo 18 de febrero. A ésa huelga no deberían ir los ropones en solitario sino escoltados por la muchedumbre silenciosa que padece la inepcia de las Administraciones y los designios de los políticos.

Vuelve Parralo

Poco duran los propósitos sensatos, el de alejarse de la política –que evidentemente no es lo suyo—de Manuela Parralo, la infortunada candidata a la alcaldía que se inventaron los creyentes en las posibilidades electorales del ‘glamour’. Parralo vuelve a la política con minúscula,  es decir, al cabildeo de las ejecutivas, sin percatarse, por lo visto, de que su renuncia había sido acogida con alivio no sólo por ‘Puerpo Hurraco’ local sino por amplios sectores pijos del partido, que haberlos, haylos. ¿No había dicho Parralo, como fray Luis y como García Morente, eso de “me vuelvo a ‘mi cátedra’ ”? Pues poco ha durado el propósito, a la vista está, quizá porque la política es más cómoda que la docencia, tal vez porque en ella hay y habrá siempre graves intereses a los que desde la calle no se alcanza. Cada cual es muy libre de hacer lo que quiera. Y por supuesto, de equivocarse.

El viejo gurú

Un bloguero, por lo general insultante, que frecuenta mi web ha tenido la cortesía de enviarme por correo aparte una protesta por mi reciente columna “Keynes en tanga” en la que advierte no sé que frondas conspirativas y me reprocha mi presunta y “desfasada” devoción por aquel personaje singular que él atribuye, ingenuamente, a mi incorregible rojez. Bueno, hombre, no se ponga así, porque a Keynes lo exaltaron, es cierto, los totalitarismos de izquierda pero también, no se olvide, las dictaduras de derecha, incluyendo al nazifascismo original. Uno no es economista (como ZP o Solbes, por otra parte) pero estudió en la facultad el pensamiento de ese liberal admirable que nunca perdió la esperanza de conseguir que el liberalismo, con su cortejo de mercadistas y librecambistas, abdicara de su dogmatismo fatal. He leído recientemente, por lo demás, dos biografías del maestro, una de Alain Minc y otra, monumental, de lord Skidelski, el maestro de Warwick, que me han reafirmado en mis viejas devociones por aquel dandy singularísimo y ambigüo que brilló en el grupo de Bloomsbury. ¿Rojo por eso? Francamente, la idea de que la crisis sólo puede abordarse desde el intervencionismo del Estado con sus políticas de reactivación y la inyección de recursos –invento medular de este genio que se pavoneaba tratando de insolventes primerizos a los presidentes, incluido el de USA—la practican hoy todos los conservadurismos del planeta, incluidos los socialdemócratas.

Minc sostiene que, lo que ocurre es que el keynesianismo práctico de esos seguidores sólo utiliza de su proyecto macroeconómico lo que a cada cual conviene para sus planes. Lo que no quiere decir que pueda hablarse de una ortodoxia keynesiana –de hecho él titula su biografía “Une sorte de diable”…–, cosa impensable  por lo demás, en un sujeto poliédrico y escurridizo como nuestro lord. En una crisis hay que meter dinero público si se quiere salvar la producción y el empleo, ése es todo su credo, en síntesis, y eso es lo que todo el mundo propone hoy aunque, la verdad sea dicha, no se ve que anden haciéndolo con rigor ni transparencia. Cuando se hundió el sovietismo se predijo que Keynes había muerto sin caer en la cuenta que Keynes, creador de la macroeconomía, no pasará probablemente nunca. He leído que “hoy hay no pocos antikeynesianos pero ningún prekeynesiano”. Ya ve mi crítico corresponsal lo errado que iba su tiro.

IU a rebufo del PP

Los han cogido con el pie cambiado. La convocatoria de una manifestación contra el paro por parte del PP –la astucia de Arenas, una vez más—dejaba a esa IU rota y desnortada en mala postura, razón por la que la controvertida “dirección” ha optado por convocar otra similar en fechas próximas. Eso se llama ir a rebufo de la acera de enfrente pero, además, no se entiende por qué en una cuestión que afecta a todos en su condición de catástrofe nacional, no se abre el camino a la unidad, siquiera sea en la protesta, contra quien todos los convocantes tienen el convencimiento que es el responsable de la situación y las políticas necesarias para arreglarla. Imagínese IU que, al final, el PP llevara más gente a la calle para defender el empleo digno que ella misma. Sus “críticos” se estarán frotando las manos.

El PSOE promete trabajo

Tres mil puestos de trabajo se ha comprometido a crear el PSOE, según dice el secretario provincial de Organización del partido. Se refiere, claro está a los planes de apoyo a los Ayuntamientos y a la derrama de dineros que se aprobó por el Gobierno para parchear la catástrofe laboral a base de obras públicas menores, y ni que decir tiene que considera que ese dinero de todos es sólo del partido que gobierna y de la Junta que, por cierto, poca vela tiene en ese entierro. Si hubieran sido ciertas las promesas de creación de cientos de miles de puestos de trabajo que llevamos vividas en esta democracia, tras 30 años de hegemonía de ese partido, tendríamos trabajo para dar y repartir en lugar de hallarnos en este pozo sin fondo en el que cada minuto se despeñan nuevos trabajadores sin que se observe ninguna política de envergadura para contener la sangría.

Nieve en Babia

Una nevada en pleno invierno, anunciada desde una semana antes, ha paralizado el país sembrando el caos en las carreteras y en las vías de la propia capital en las que miles de ciudadanos se vieron atrapados sin remedio durante horas. Véase por qué poca cosa se pone patas arriba la “octava potencia industrial del mundo” y ruedan sobre sí mismas esas Administraciones redundantes, tangentes, incluso secantes, incapaces entre todas de prever un fenómeno que es común a todos los países del Norte aunque, en nuestro caso, mucho más benigno. La nieve ha alcoholizado Rusia con y sin soviets, pero no ha logrado detener el país, como no lo ha conseguido en las vastas zonas invernizas de América, incluyendo las próximas al casquete polar, en la Europa interior o en la mítica Siberia, a pesar de poseer los registros de temperaturas más bajos de los que se tiene constancia. Claro que, como no hay mal que por bien no venga, o eso dicen al menos, el soponcio ha servido a los responsables para eclipsar, siquiera durante unos días, el pavoroso panorama del paro y el desplome industrial que acaba de anunciarse, tal vez la peor ocurrida en un país donde es posible incluso que un personaje como la ministra Álvarez se mantenga, soberbia e inútil, por encima de todas las catástrofes imaginables , o en el que el organismo encargado del medio ambiente no es capaz de anunciar un meteoro como el que padecemos si no es ¡media hora después! de desatarse la nevada en toda su intensidad.

Este país no funciona hoy más allá de la rutina, es incapaz de superar incluso las pruebas más predecibles y hay que entender –fuera de cualquier tentación caracteriológica—que ésa no es más que la consecuencia de una organización política que ha hecho de la mediocridad y de la improvisación su norma y sistema. Hubo un presidente andaluz que hizo célebre el apotegma de que “to er mundo vale pa to”, pero han bastado un carámbano y unas capas de hielo para probar su tremendo error. Aquí los presidentes no saben economía, sus ministros del ramo no son economistas, cualquiera puede verse investido de la noche a la mañana de la dignidad que sea y encargarse del problema más arduo fiado a su temeraria iniciativa. Cuando los copos cejen y la nevada acabe levantando su velo, reconoceremos la patria incompetente que tanto tiene que ver con la actual crisis y tan menguada esperanza nos deja sobre su eventual solución.