Coge el dinero y corre

Ahora Isofotón, la empresa malagueña, la misma que ha recibido de la Junta 25 millones de euros 25, sin contar lo trincado de otras Administraciones. De vez en cuando nos enteramos de estos coladeros de pasta, normalmente porque deciden hacer el petate y largarse con subvenciones y todo a sus lugares de origen, dejando tirados a los trabajadores que se suponen la razón de la ayuda juntera. Y la Junta, viéndolas venir, o mejor, viéndolas ir, contemplando el saqueo y si decidirse a implantar criterios severos para que los dineros públicos otorgados como estímulo o ayuda dejen de estar atados con longaniza. Ése de crear empresas subvencionadas y luego largarse, es uno de los mejores inventos de la ingeniería financiera. Y de la Junta, que lo consiente.

La que menos

Huelva es la provincia que menos se beneficiaría de los millones librados pro el Gobierno a la Administración Local para tratar de paliar la crisis a base de obras públicas, se supone que necesarias. Quedamos muy por debajo de todas las demás provincias, con bastante menos de la mitad que Granada, Córdoba, Málaga o Sevilla, a la cola, en fin, como de costumbre, y ni siquiera oímos voces de protesta ante un hecho tan contundente, ni por parte de tirios ni por el lado troyano. A la cola de la cola: ¡vaya sitio! Es de esperar que alguien, al menos una voz, desde el poder o desde la oposición, se levante y diga lo que hasta ahora todos callan aún sabiendo de sobra de qué va.

Leche y colza

No ha habido que esperar demasiado para conocer las consecuencias legales del escándalo de la leche contaminada con melamina, una sustancia para usos industriales empleada por el emporio chino Sanlu para ‘fabricar’ su leche infantil. Nada de contemplaciones: graves condenas de cárcel, una de ellas a perpetuidad, y tres penas de muerte, saldarán, según  los tribunales chinos, las numerosas muertes y 300.000 casos de grave intoxicación registrados antes de que se decidiera poner fuera de juego el pernicioso producto. Ni su condición de miembro destacado del PC chino ha librado a madame Tian Wenhua de una condena de prisión vitalicia, dicen ahora desde el Poder que por haber ocultado el hecho hasta que fue demasiado tarde para evitar la tragedia, pero la verdad parece ser que las autoridades estuvieron prontamente informadas y prefirieron callar durante el periodo olímpico. Un mes ha durado el expeditivo proceso que, salvadas las temerosas circunstancias y el rigor brutal de las sanciones, nos trae a la cabeza el recuero de la colza, aquella infamia nunca aclarada del todo y en la que el Estado –el Gobierno y los tribunales—han jugado descaradamente el papel de la obstrucción contra los derechos legítimos de los damnificados, en pleito inútil o casi desde 1981. Los chinos no quieren bajo ningún concepto que su reputación comercial quede en entredicho y han tenido que hacer uso del chantaje a los EEUU esgrimiendo su peso en la deuda nacional, para parar el presumible boicot. Esta escenificación brutal de la justicia es el complemento de aquella comedia.

Volviendo a lo nuestro, 27 años más tarde muchos son los afectados que han desaparecido, sin contar la inmensa mayoría de ellos que ha debido padecer de por vida los efectos de aquel crimen. Y no se trata de suspirar por un estado de cosas en el que las culpas se liquidan sumariamente con rejas perpetuas o tiros en la nuca, pero sí, quizá, de echar de menos un  término medio entre el leguleyismo que aquí ha arrebatado sus derechos a esos miles de desdichados y la barbarie comentada. Hasta el 2014 andarán rodando por los juzgados los expedientes no resueltos aún. Echen cuenta de los años transcurridos y háganse cargo como estarán, con aquellos devastadores cuadros clínicos, los envenenados de entonces, esto es, los supervivientes. Los chinos han  resuelto en unos meses un caso similar sin encomendarse a Dios ni al diablo. Con un primitivismo salvaje que hay que rechazar sin matices, pero con una eficacia que no deja de darnos que pensar a nosotros, los civilizados.

La sede de la caja

Esta otra “guerra de las cajas” se libra en torno a la cuestión de dónde situar la sede de ese futuro gran banco regional, si en Sevilla o en Málaga. Pero entre todas las protestas y peticiones que llevo escuchadas ni una sola ofrece razones prácticas, ninguna se fundamenta en un criterio técnico, sino que todas, sin excepción, replantean la disyuntiva reproduciendo la añeja disputa regional, la de “las dos Andalucías”. Es la herencia del partidismo, la consecuencia de ser las cajas hoy por hoy auténticas sucursales del poder político, en las que poco cuenta el impositor ni nadie que nos sea partido o sindicato. Y eso es un disparate además de una vergüenza. La clase política se ha apoderado hasta de nuestros ahorros y me temo que más que se va a apoderar.

Ayuntamiento pródigo

Debe aclararse a toda prisa qué ha ocurrido en el Ayuntamiento de Ayamonte, donde la Junta de Personal denuncia que los ediles se han subido a sí mismos el sueldo ¡en un 87 por ciento!, mientras la alcaldía lo desmiente con un argumento tan pobre como que la subida no es sólo para concejales sino también  para los partidos políticos. Otra vez la matraca de que los políticos pierden dinero o poco menos, y de que hay funcionarios que ganan más que ellos, de nuevo el descaro de exigir austeridad a los demás tras blindarse uno mismo. Esta casta no tiene remedio. El Estado al que reclaman fondos debería ser también el que los ponga en su sitio.

Malos tragos

El Rey ha ido a Libia a ver a Gaddafi suscitando en algunos medios europeos una cierta perplejidad que tiene su lógica, y Gaddafi le ha dado la primera en la frente recibiéndolo entre las ruinas del palacio de Bad el Ezeia, en el que murió una de sus hijas durante el bombardeo ordenado por Reagan. Luego le ha presentado un libro de firmas y parece ser que el Rey se ha ido por las ramas limitándose a consignar su contento por la visita al antiguo refugio internacional del terrorismo. Hay que tragar sapos en la política, no cabe duda, y más cuando ésta se mezcla con le economía, o al revés, y de lo que se trata, como en este real viaje, es de tratar de cobrar una vieja deuda. ¡El Rey haciendo de cobrador del frac y, de paso, contribuyendo a redimir de su pasado al bárbaro que ha aceptado liquidar su responsabilidad en el terrible atentado de Lockerbie mediante el pago de 1.800 millones de euros como indemnización a las familias de las víctimas! Es verdad que ha habido otros mandamases españoles que han viajado a Libia anteriormente, Aznar por ejemplo: pues lo mismo digo: una tragicomedia, y así no tengo que decir una vergüenza. Se dirá que más vale un Gaddafi converso que uno terrorista en activo, vale, pero yo no escribo ahora mismo de Gaddafi sino de nuestro Jefe del Estado, y por eso me escandalizo. En un país que sufre hace tiempo el terror, estas cosas deberían tratarse con mayor delicadeza. No hay que olvidar que Libia fue, en su día, campo de entrenamiento de etarras como lo fue de todo matarife que echara la solicitud.

Hay que mirar para otro lado: ése es el postulado más cínico de la política. En Libia como en Venezuela, en Marruecos como en China o Arabia Saudí. ¿Pero es que no queda posibilidad alguna de rectitud y coherencia en los comportamiento  políticos, es que no hay reglas pare “ellos” aparte de las de sus propias conveniencias? Pues eso parece. Y ello explica que un sátrapa como Gaddafi imponga al Rey el trágala de condenar aquel atentado bárbaro que fue el bombardeo americano, como si él fuera una malva y no hubiera matado una mosca en su vida. ¿Sabían que el converso Gaddafi presta ahora lo que fue su santuario terrorista para que la CIA reposte o atraque en esos vuelos prohibidos en que se tortura a los sospechosos de terrorismo? El Rey tiene una buena ocasión para sacarle esa conversa al Coronel que, como está a la vista, tiene de sobra quien le escriba sus cartas de recomendación.