Río revuelto

IU se ha echado  a la calle para protestar por la crisis. Después de muchos años –varias legislaturas—de seguidismo suicida y algunos experimentos de conexión con las fuerzas disolventes del modelo territorial de la nación de todos. Y lo hace cuando el terreno es más que propicio por la dramática caída del empleo y las malas perspectivas, y en consecuencia eventualmente favorable a su proyecto electoralista, pero cuando tiene pocas posibilidades aparentes de rehacerse como un movimiento decisivo. A esta izquierda la han devorado entre su propia ambición aparatista y la “new age”, esos años de las vacas gordas en que ha enflaquecido la utopía. Nada tiene de extraño que ahora tenga que compartir la calle con el PP.

La piscina de nunca acabar

Dicen que el PP va a preguntar en el Parlamento de Andalucía qué ocurre con esa piscina cubierta de Valverde, inaugurada hace la tira, pero que sigue cerrada a cal y canto, según  el Ayuntamiento porque la Junta no la homologa, según la empresa adjudicataria de su gestión porque el Ayuntamiento no paga. Esas deben de ser las consecuencias de las tropecientas medidas  adoptadas por la Junta para agilizar los trámites burocráticos y luchar contra la crisis: una piscina que lleva desde el 2006 en danza e inaugurada desde el 2007 aunque ahora diga aquel Ayuntamiento que no lo está aún. Un buen ejemplo de cómo van las cosas y de la apatía o falta de diligencia de unas Administraciones pendientes en exclusiva de su calendario de partido.

Íntimas prohibiciones

En el estado de California, en la ciudad de Belmont, han prohibido fumar incluso dentro de casa. Los infractores serán castigados con multa de cien dólares, sean cuales fueren las medidas antihumo adoptadas en la intimidad, en detrimento del concepto de soberanía doméstica vigente en todas las civilizaciones y en todos los tiempos. El tabú y la prohibición son parte inseparable de la aventura americana, esa experiencia social apasionante dentro de la que caben, contradictoria pero holgadamente, la libertad más venerable y los más absurdos excesos de control. Obama mismo ha prometido hace poco que no fumará dentro de la Casa Blanca, pero tengo la impresión de que la progresión de las prohibiciones un poco por todas partes tal vez responda a una reacción frente al imparable avance de las libertades que vivimos en zonas cada día más dilatadas del mundo. El gobernador Swarzenegger respalda y solicita la vigilancia del “vecino sospechoso”, pero en los EEUU la prohibición es una tradición que hace mucho que no respeta siquiera el ámbito más íntimo, como lo demuestran las sanciones previstas en diversos estados empeñados en vigilar hasta el tálamo nupcial proscribiendo, por imperativo puritano, prácticas tales como la ‘felatio’ y otras fantasías. Human Right Watch ha denunciado que en aquel gran país, 600.000 personas figuran en un Registro Nacional Obligatorio de Delincuentes que incluye y, de hecho equipara, al violador con el convicto de orinar en la calle o de desnudarse en público, aparte de que, en términos generales, la prohibición del sexo con menores condena en teoría a los adolescentes a abstenerse en sus relaciones personales.

Frente a controles como la prohibición de los teléfonos móviles con cámara, impuesta en Arabia Saudí por la ‘fatwa’ de Abdelaziz al Sheij, la prohibición de un anuncio de la ‘Superbwol’ consistente en la sugestión de un pecho femenino, supone un correlato difícil de asumir, pero se integra en eso que un observador tan agudo como Gore Vidal llamaba las “prohibiciones arbitrarias” de un sistema de libertades, por lo demás, proverbialmente elástico y permisivo. Todo es posible en América, hoy como ayer, desde la pródiga anuencia con el discrepante hasta la vigilancia de alcoba que, por otra parte, imagino más que difícil de llevar a cabo. ¡Imagínense, no poder echar un pito en casa! Tratándose de la patria de las libertades, hay que reconocer que la respuesta al relativismo moral que parece el signo de los tiempos, está en marcha en ese país que, sin embargo, sigue enrocado mayoritariamente a favor de la pena de muerte o asume la tortura como un mal necesario.

Irremediable corrupción?

La noticia sobre la modificación interesada del urbanismo por parte de la alcaldesa de Marbella ha constituido, además de una sorpresa, un duro golpe para tanta gente como creía archivada y bien sujeta la podre que ha hecho tristemente famosa a la ciudad pro culpa de sus políticos especuladores. Hay que suponer que el Partido Popular reaccionará sin dilación hasta poner en claro lo ocurrido y, en caso de ser cierto, hasta poner en su sitio a una alcaldesa que llegó al sillón precisamente como adalid de la lucha contra el agio. Esta es una prueba de fuego para el partido, porque nada haría más daño, no ya a su formación, sino a la democracia en si conjunto que llevar a los ciudadanos al convencimiento de que la corrupción es irremediable.

Dobles posturas

El Defensor del Pueblo, José Chamizo, ha pedido a la Junta algo de lo más razonable: que retire a Fertiberia la famosa ‘AAI’, Autorización  Ambiental Integrada”, o lo que es lo mismo, que salve el obstáculo último para que se pueda acometer la solución del problema de las balsas de fosfoyesos. Es una petición lógica, porque lo no lo es que la Junta juegue con dos barajas a la vez, significando con una que respeta la sentencia que espera su cumplimiento, y con otra proporcionándole a la empresa una coartada para no cumplirla. Que corran malo tiempos para el empleo no debe traducirse en una patente de corso para nadie y menos para una empresa tan importante para Huelva con la que urge un acuerdo y no una postura doble.

Globos sin fronteras

El ministro Miguel Sebastián, tras su extravagante promesa de regalar aquellos millones de bombillas ecológicas, se ha dejado caer con una propuesta a los consumidores españoles a los que incita a consumir productos nacionales como medida clave para combatir la crisis. En EEUU, por su parte, el Congreso ha decidido que las obras públicas que, como remedio contra la misma crisis, vaya a impulsar la inversión del Estado, se lleven a cabo utilizando en exclusiva materiales nacionales, una medida sin precedente en el paraíso del librecambio. ¿Se pueden cerrar fronteras como estímulo a lo propio sin hacer trizas el modelo de intercambios y sin dar la espalda a una realidad tan evidente como es la globalización de la actividad económica y, en consecuencia, la interdependencia de los mercados entre sí? Doctores tiene esa iglesia, por supuesto, pero creo que no hay que ser un gurú para desconfiar de un recurso tan antiguo como ése en un planeta como el actual. Por lo que respecta a España, cuesta imaginar las razones por las que desde el Gobierno se revive una actitud prácticamente desechada por todos, aquella que enfrentó a nuestros trasabuelos decimonónicos en torno a los Figuerolas que apostaban por la apertura total de las fronteras al comercio, y los empresarios lugareños (en este caso, catalanes en su inmensa mayoría)  que predicaban el credo de un aislamiento y una autosuficiencia que se demostraron inviables en la práctica. Son unos románticos estos socialdemócratas o lo que sean, pero más antiguos que la Tana.

 

Cerrar el fielato a los productos exteriores, aquí o en la nueva Babilonia, es, seguramente, un proyecto sin sentido a poco que se eche una mirada alrededor para comprobar los imparables flujos comerciales que ha impuesto una relación determinada sin remedio por las nuevas tecnologías y las circunstancias propias de un mundo que se ha reducido como un pañuelo hasta formar un mercado cada vez más único. Lo que supone que, en efecto, podríamos no consumir más que nuestra propia producción, pero sólo al precio de exponernos a tener que tragarnos nuestros excedentes exportables. Por lo demás, ¿no habrán dado una vuelta nunca por la ‘gran superficie’ o el mercadillo estos aprendices de brujo? De haberlo hecho sabrían hasta qué punto no existen ya siquiera esas fronteras tradicionales en esta aldea de todos y de nadie en la que la división internacional del trabajo y de la producción es apenas una antigualla para el consumidor. Chaucer atestigua que, en el XIV, en Londres se consumía vino de Lepe. Cierto nacionalismo económico pretende solucionar la crisis a base de que cada quisque pise su propio lagar.