El tren de Obama

El ciudadano americano tiene un marcado respeto por el tiempo. Es lo propio de los pueblos jóvenes, de las naciones con historia corta, que buscan, o mejor, que sienten, en la mitificación del pasado una especie de legitimidad simbólica para el presente. Inmejorable ejemplo son esos museos americanos donde se exhibe la camisa de Bufillo Bill o el tintero y la pluma usados por George Washington junto al coche blindado de Hitler que Patton requisó en Alemania. Se valora más la tradición  allí donde aún está fresca, donde no se puede permitir uno el lujo de desdeñar los escasos testimonios de un pasado corto que no hace sino dilatar el prestigio del tiempo. Sólo un sentimiento de esa naturaleza explica la audacia de trasladar piedra a piedra monumentos europeos para exhibirlos replantados en el joven solar como un reconocimiento implícito y algo ingenuo al notable deseo de historia. Obama, por ejemplo, ha viajado desde Pensilvania a Washington en el tren en que lo hiciera Lincoln y en su investidura parece que van a observarse todos rituales que venera esa nación joven, como si se pretendiera incluir al nuevo presidente en el olimpo de los míticos padres fundadores, venerados a pesar de lo que sabemos de más de uno de ellos. Obama en la plataforma de cola del tren viene a ser una imagen propiciatoria del sentimiento de sacralidad que permite a ese pueblo ungir imaginariamente al presente con el óleo santo del pasado legendario. El homenaje que prestará a Martin L. King ante el ‘Lincoln Memorial’ sugiere que esa pulsión tradicional se mide en los EEUU incluso por decenios.

Lo que Obama sea en realidad, el alcance de sus capacidades, vamos a comprobarlo una vez que termine el festival y comience la política, cuando el presidente deba enfrentarse a las crisis internacionales en marcha y a la herencia imperialista que recibe, al tiempo que se defina frente a la crisis o al terror, es decir, cuando ya no sea tiempo de entretenerse en las mitologías y haya que enfangarse hasta las corvas en el légamo de la realidad actual. Pero estos oficios solemnes de la liturgia patria van a reforzar si cabe el colchón de confianza que le ha deparado –casi sin conocerlo, ésa es la verdad– un pueblo que creído ver en su singularidad personal una revuelta histórica. Obama en el tren de Lincoln es pura propaganda al tiempo que respetuoso homenaje al pasado común. Cuando esté en el Despacho Oval le va a cantar otro gallo muy distinto.

Absentismo y escuela

Creo que se ha entendido mal la propuesta del Defensor del Pueblo, José Chamizo, en el sentido de atender con mayor cuidado a los adolescentes absentistas, que son legión, y ofrecerles, siempre dentro del sistema escolar, alternativas más acordes con sus perspectivas concretas. Lo que está claro es que la Junta va perdiendo esa batalla en toda la línea y que algo hay que hacer para contener la estampida, quizá forzando al máximo pero razonablemente el actual plan escolar. No atender a los propios absentistas es la garantía de prolongar la derrota, porque un sistema educativo no puede mantenerse con las actuales tasas de ausencia escolar.

Iniciativa valverdeña

El zapato de Valverde será exporta, además de sus actuales destinos, a los emiratos árabes. Es una buena noticia y una demostración de energía e imaginación dignas de reconocimiento, en la medida en que constituyen casi una excepción en medio del marasmo expectativo con que afrontamos la crisis económica. Eso es lo que se debería esperar de todos los sectores –que abran nuevos mercados, que estrenen  otras perspectivas para el negocio, un negocio tocado del ala desde hace años y que la férrea estrategia bancaria que padecemos pone –la expresión es de sus propios responsables– al borde de la asfixia. Todo un ejemplo para tomar en consideración dentro y fuera de Huelva y para ser apoyado como es debido por las Administraciones.

Las cosas a medias

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos acaba de revocar una sentencia francesa que condenaba a dos editores, Plon y Perrin, por la publicación de las increíbles memorias del general Ausseresses, el verdugo de Argelia que hizo célebre su crueldad y su parche pirata, poniendo al descubierto el secreto a voces de que las torturas sistemáticas infligidas por los servicios especiales del ejército francés a los independentistas del FLN argelino fueron atroces y contaban, por descontado, con el visto bueno del lejano Gobierno de París. Considera el tribunal que la libertad de expresión prima sobre la corrección política que consideró la exhibición de Ausseresses como un delito de apología de unos crímenes de guerra que, por cierto, estaban indultados desde hacía mucho por la cuenta que les traía a algunos, en especial a Mitterand, más que evidente cómplice de esas prácticas atroces desde su cargo de ministro de Justicia en la época de Guy Mollet. El libro en cuestión apareció en 2001 y constituye no sólo un deplorable y inhumano testimonio de aquella barbarie de Estado, sino la más cínica defensa de sus procedimientos, considerados por el autor como absolutamente legítimos. Es la vieja teoría que resume el burdo adagio “en la guerra como en la guerra”, la idea de que todo vale cuando se trata de ganar una causa que se considera legítima, incluida la destrucción de las más elementales garantías que propone no ya la democracia sino la civilización, teoría cínica que Ausseresses sostuvo hasta el extremo de decir con toda claridad que si Francia perdió Argelia no fue por aquellas barbaridades sino por haberlas hecho sólo a media y de manera acomplejada, en lugar de haber liquidado el problema con la ferocidad necesaria. Hay muchos Ausseresses, la Historia está llena de ellos, no hace falta más que un pretexto (o contexto) histórico y ya los tenemos ahí.

Nada hay en las torturas relatadas que no conozcamos de cerca los demás– los electrodos, el ‘submarino’, las palizas…–, incluso la pretensión de ejercer el Mal de manera ‘científica’ que tanto horrorizaba a Primo Levi o a Hannah Arendt. Estos mismos días una representante de la Administración yanqui acaba de reconocer el uso de esa prácticas en Guantánamo y ciertos medios, ignoro con qué pruebas, las denuncian en Gaza. Casi habría que desear que el espantoso espectáculo de ese viejo canalla se repitiera con más frecuencia. Eso es lo que, seguramente, ha pesado en el ánimo del tribunal.

Pleno empleo, paro doble

En poco tiempo, el que media entre la aprobación de los Presupuestos autonómicos y la actualidad, la Junta ha pasado de predecir un discreto nivel de paro y prometer el pleno empleo a admitir que este año su previsión va a verse doblada en la realidad. Eso se llama hacer las cosas a ciegas, si es que no preferimos hablar de voluntarismo algo cínico, porque la realidad es que la negación de la realidad por parte de nuestras Administraciones se ha convertido en el peor aliado de la crisis. Se dice que hay ya un millón de parados sin cobertura social alguna. Jugar el engaño a corto plazo, como han hecho el Gobierno y la Junta, no tiene perdón.

La historia interminable

El viceportavoz municipal del PSOE, el joven Baluffo, tiene prisas por hacer méritos, pero la verdad es que elige mal los asuntos, incluso contando con la complicidad de los ‘medios’ mantenidos. Insistir, por ejemplo, en la matraca de que la Ciudad de la Justicia no se hace porque el Ayuntamiento no cede terrenos es una falsedad plena y, si no, que le pregunte al consejero de Vivienda y Ordenación del Territorio, Juan Espadas, que se lo puede explicar mejor que nadie. Lo que si es verdad es que la Junta no atiende siquiera a la solución provisional del traslado de los jueces a la antigua delega de Educación, a estas alturas sin electricidad ni calefacción. Baluffo prolonga una historia interminable. Es penoso comprobar la vitalidad de la posición mendaz.