Ahora Lucena

Si se confirma la denuncia del alcalde ‘independiente’ de Lucena sobre la situación financiera del consistorio heredada de los equipos de gobierno del PSOE que le precedieron sería cosa de que la Junta adoptara medidas y el partido dijera lo que tenga que decir ante la multiplicación de estas gestiones calamitosas. Lo de Beas se puede aplazar pero será difícil que se olvide el sartenazo propinado por el Tribunal de Cuentas a la alcaldesa del PSOE, aunque esto de Lucena –2.500 habitantes, siete mil temporeros—superaría con mucho, si cabe, aquel estropicio impune: 250.000 euros pendientes a Hacienda, 150.000 a acreedores, 600.000 en préstanos contraídos por aquellos, contabilidad manga por hombro, infraestructuras fantasma, subvenciones por justificar… Alguien debe exigir a los responsables algo más que el silencio.

Vuelve Celestina

Desde hace una temporada he venido rechazando incrédulo la insistente noticia de que la cirugía del himen –el “remiendo de virgos” de nuestra ‘Celestina’—está proliferando exponencialmente en sociedades tan modernas y secularizadas como la italiana o la de estadounidense. No me encajaban las piezas, francamente, no me entraba con facilidad en el coco  que una juventud liberada hasta el extremo exhibicionista como la que conocemos diera marcha atrás luego, a la hora de la coyunda, hasta el extremo de recurrir a la bruja remendadora. Sin embargo, en Francia acaba de desatarse un escándalo descomunal porque un juez de Lille ha anulado un matrimonio musulmán al demostrar el marido que la novia no era virgen, cuestión que ha dividido con vehemencia a la opinión, movilizando, entre otras cosas, a personajes tan destacados como la “guardiana del sello” (no es un juego de palabras, palabra), Rachida Dati, la secretaria de Estado de Derechos de la Mujer, Valérie Létard, el portavoz de la UMD, Frédéric Lefebvre, un alto comisario y la excandidata Ségolène Royal, conformes todos en repudiar un criterio que supondría un retroceso manifiesto en los derechos de la hembra. El juez, claro está, se ha apresurado a aclarar que para él no ha pesado ni la condición religiosa ni la circunstancia simbólica, sino que se ha atenido, simplemente, a la evidencia de que en ese contrato había mediado engaño y eso él no lo podía consentir. Ya está planteada de nuevo, pues, la vieja cuestión que hizo escribir centones a los canonistas desde santo Tomás a Graciano pasando por Pedro Lombardo, conformes y liados todos en una casuística finísima que distinguía el “error in persona” del “error redundans” y oponían al debate sobre  la “cualidad esencial” que plantean hoy los políticos citados el de la “cualidad individuante”, es decir, esa condición de la persona sujeto/objeto del contrato que, de no existir en realidad, la convertía en otra y, por tanto, facilitaba el repudio o la disolución de la pareja legal. La bronca está servida, veremos que sucede a los postres.

 

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 Un argumento ha brillado, a mi modo de ver, sobre todos los demás empleados hasta ahora y ha sido el de que la admisión de esa causa de nulidad constituye sin remedio un trato desigual entre ambos sexos, toda vez que a ningún juez se le ocurriría, probablemente, ni hay noticia de que se le haya ocurrido, anular un matrimonio porque la esposa demostrara que el varón no llegaba intacto a la noche de bodas. Existen “cualidades esenciales” de la persona, en efecto, vienen a decir los opinantes franceses, pero entre ellas no puede contarse, así por las buenas, una que grave a la hembra sin afectar al macho, ‘géneros’ (‘sexos’ quiero decir) que la cultura moderna tiende a igualar en nombre de un progreso de todas las morales y no sólo de las de determinadas confesiones religiosas. No le faltaba a esta sociedad confusa más que “regresar” al simbolismo primitivo de una moral cuyo principal objetivo es obvio que fue el de proteger la herencia bien que disfrazado de vistosas racionalizaciones conectadas con la cultura del honor, revitalizando un sentido patriarcal de la dignidad que no afectaba a los actores sino a sus víctimas. Sigo preguntándome, precisamente por eso, por qué se habrá vuelto por ahí a la cirugía del himen, de dónde puede haber surgido ese nuevo sentido del compromiso que, por sus propias circunstancias, es evidente que pretende el engaño que el juez de Lille se maliciaba en el caso de los esposos musulmanes y el maestro Rojas veía en los remiendos de la vieja puta. Claro que este mundo es contradictorio a ojos vista y tampoco debería sorprendernos tanto que haya quien juegue con dos barajas en la misma timba. Veremos, decía, en qué queda el caso francés, pero vaya por delante cierta desolación por el simple hecho de que andemos todavía enredados en el laberinto del Decreto de Graciano.

Dinero incoloro

El dinero no tiene color ni patria. Ahí tienen como parece que está llegando a buen fin el plan de Gaddafi de construir en nuestra Costa del Sol un imperio en el que cabe, aparte de casi 2.000 viviendas, un hotel y un complejo comercial. ¿Qué habría que cambiar el PGOU? Pues se cambia. ¿Qué ha habido que rebajarle alturas a los demás propietarios de la zona para permitir la exigida por ese personaje hasta antier considerado como uno de los pilares del terrorismo mundial? Pues nada, adelante con los faroles. Verán cómo se la cogen con papel de fumar lo mismo Medio Ambiente (pues la ‘parcela’ incluye un Lugar de Interés Comunitario) que Urbanismo y el Ayuntamiento. El dinero, ya digo, es incoloro, pero mucho dinero, muchísimo dinero es incluso narcótico. Lo más probable es que esos responsables ni se reparen en lo que, en su momento, les pongan a la firma.

La elección del cole

Parece ser que la Junta no se pliega a lo que la Justicia dispone, o por lo menos, da la impresión de que intenta no darse por enterada y concernida por la sentencia reciente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que consagra el derecho de los padres a elegir tipo de educación de sus hijos y, en consecuencia, su derecho a disponer de una plaza en un colegio concertado dentro de su barrio. Y eso no se arregla ampliando la cabida de los colegios públicos, que legítima (y ahora también legalmente) pueden ser desestimados por las familias. La delegación de Huleva, vicaria de las órdenes de Sevilla, claro está, no tiene en su mano la solución, pero s´ñio que va a tener el problema de un ruidoso jaleo cívico si no se adapta razonablemente a lo que la Justicia ha dictaminado.

La otra cruzada

No creo que sea necesario militar en el fundamentalismo para percibir que vivimos una viva campaña antirreligiosa, esto es, en el caso de España, anticatólica y, claro, anticristiana, campaña, como casi todas las registradas en la Historia, inseparables de la intencionalidad política. Una estrategia convergente junta y revuelve, a estos efectos, a los cómicos de la burda contraprocesión  del Corpus toledano con la necia petición de IU y otro grupúsculos de que se retiren de la liturgia oficial el Crucifijo y Biblia o con los reiterados amagos del Gobierno de penalizar a la Iglesia revisando los acuerdos vigentes con Roma, todo en medio de la polémica sobre ese laicismo calcado del viejo modelo republicano que acabó como el rosario de la aurora. Y no sólo en España. Disfrazado de literatura pulula por ahí, en efecto, desde los EEUU a Europa, un exitoso esoterismo que mezcla los enigmas del Temple con la “quête” del Grial o identifica a este rancio símbolo –cierto que a base de una camelística deplorable— nada menos que con el vientre de Magdalena pasar acabar relacionando a Cristo con los reyes merovingios. En Bélgica, como si no tuvieran bastante con la que el país tiene en lo alto, tropiezo con un alegato kilométrico demostrativo, a juicio de su autor, de la inexistencia histórica de Cristo, ya echando mano del renanismo más manoseado ya apelando a sir Frazer para equiparar la Resurrección con las leyendas de Osiris, Attis, Adonis o Dionisio. ¿Nazaret? Simplemente, no existía. ¿Los Magos? Una historieta que procede de Mitra y Krishna. ¿Los Inocentes? Un crimen cometido por el tirano Kamsa quince siglos antes. ¿La ascendencia real? Buda y Osiris. ¿La resurrección de Lázaro? Pues otra leyenda, la de Osiris, cuyo nombre, El Azar’us, el evangelista no se molesta ni en disimular. Josefo, Plinio, Suetonio, Tácito, Luciano y hasta el Talmud judío son revisados con lupa para descubrir las famosas ‘interpolaciones’ o nada más que para desmentirlos. Uno se queda nota sólo de constatar la constancia de los negacionistas y la endeblez del imaginario de una erudición tan esforzada.

 

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 Nada nuevo una vez más. Creo que es Di Trocchio quien cuenta que en la mesilla del hospital en que murió Einstein se encontró el libro de un “crank”, esto es, de un chiflado llamado Velikoski, que había armado la de Dios es Cristo en la comunidad científica por su intento de demostrar que los milagros de la Biblia tenían sin excepción una explicación científico-natural, concretamente los efectos de la cuasicolisión con la Tierra de un gigantesco cometa desgajado de Júpiter hace unos 3.500 años, y que sería el responsable de las plagas con que el Dios de Moisés castigó a Faraón por oprimir al pueblo elegido. La sangre del Nilo sería un pigmento que dejó el cometa a su paso, la granizada prodigiosa una lluvia de meteoritos, las plagas de insectos, ya una consecuencia de la elevación de la temperatura, ya un aporte biológico derivado de la cola del terrible visitante, y todo por el estilo por lo que se refiere al resto. Pocas cosas cambian tan poco como esa antiapologética, hay que reconocerlo, pocas se han repetido tanto desde los primeros siglos y pocas han levantado tan vehemente pasión. Un juez de Viterbo hubo de admitir a trámite no hace mucho la demanda de un ateo que exigía al cura del pueblo que probase la existencia de Cristo en lugar de abusar de su credulidad, algo que seguro que hubiera hecho sonreír al Einstein que leía condescendiente las chifladuras de su amigo Velikoski incluso en el lecho de muerte. Lo que sí se ha perdido en esos empeños es rigor, calidad, a la hora de hacer filología o cultura comparada. Por lo demás, casi me arrepiento de haber recordado lo del cura de Viterbo no sea que se enteren Llamazares y Carod y lleven a Rouco al Juzgado. Tontos son para eso y para más.

El fugado impertinente

Un día recibió este picador un correo electrónico del concejal andalucista Carlos Fernández, muy dolida, la criatura, por haber visto en este recuadro una discreta protesta dirigida al PA por haberlo “amnistiado y readmitido” en sus filas a pesar de que el mangazo marbellí cantaba como una ópera wagneriana. Le contesté que no tenía nada que rectificar y que cada palo aguantara su vela, cosa que ahora celebro al hacerse público que no sólo era un mandante sino que era el protegido del cerebro financiero del golpe antiGil, el misterioso señor Binstock, y que lleva años viviendo su vida en mi Buenos Aires querido. Aguardemos una acción diligente de la Justicia (y de la diplomacia, si es que cuadra a los intereses del Poder) y, de paso, una nota, una excusita siquiera de ese PA que se puso en lamentable evidencia amnistiando a semejante sujeto.