Lo propio y lo ajeno

Una experta conservadora del Prado, Manuela Mena, ha dado, por fin, a la luz sus razones para excluir la famosa obra “El Coloso” de la pictografía de Francisco de  Goya, despajando esa duda que anda planteada desde hace algún tiempo junto a la sospecha de que las “pinturas negras” de la Quinta del Sordo no fueran tampoco de la mano del maestro sino de la de su propio hijo. De nuevo, pues, se plantea el tema y problema de la autoría, tan sugerente, hace bien poco ocupado con el plagiazo perpetrado por el gran novelista Bryce Echenique, quien habría firmado en su país un puñado de artículos ajenos publicados en España, pecado por el que ha sido sancionado oficialmente en Perú, pero que, a mi juicio al menos, para nada afecta a la excelencia de una obra como la suya ni, por tanto, cuestiona su condición de eximio escritor. A Juan Ramón se atribuye una anécdota apócrifa, que contaba el desaparecido Juan Collantes de Terán. Contaba Collantes que cuando un aguililla trató de poner en evidencia al maestro retrucándole que un poema que acaba de denostar como muy malo no era suyo sino de un consagrado del 27, Juan Ramón contestó: “Ah, entonces es muy bueno”, réplica cuajada de cinismo pero que sugiere no pocas consideraciones a propósito de la relación de la obra con el autor, como es natural siempre subjetiva, al margen incluso de su entidad estética. Mena ha visto en la tosquedad del trazo, en las correcciones acumuladas o en el desorden lineal, otras tantas buenas razones para desconfiar de la autoría de Goya, incluso prescindiendo de las dos inquietantes iniciales que aparecen  en un ángulo inferior del cuadro, ‘A L’, y que probablemente correspondan a su discípulo Asensio Juliá.

“Lo que no es tradición es plagio”, dejó dicho Eugenio D’Ors, pero Giradoux llegó mucho más lejos al afirmar en su olvidado “Siegfried” que, al fin y al cabo, el plagio es la base de todas las literaturas, excepción  hecha de la primera que, naturalmente, desconocemos. El problema, en todo caso, no es ahora el hecho mismo de la apropiación, sino la cuestión de hasta qué jodido punto la estimativa se doblega voluntaria al prestigio de los grandes nombres, porque quizá desde ahora haya quien mire “El Coloso” con ojos distintos y como velados por la desconfianza, como si sus virtudes y sus defectos non fueran hoy y mañana los mismos que fueron siempre mientras duró la admiración incontestada. Yo dejaría el cuadro donde está. El arte es autónomo desde el momento en que lo firma su autor genuino o el depredador.

Paripé en las cajas

Chaves va a reunirse con las Cajas de Ahorro para pedirles que impulsen la imprescindible concesión de créditos y préstamos a los ciudadanos y pequeñas empresas, condición necesaria para hacer frente al parón forzado por la crisis. ¿Y qué les dirá, el Presidente, a esos subordinados suyos que son los directivos de las Cajas, sin excepción (al margen de la caja de la Iglesias, CajaSur) personas puestas donde están por el partido, tanto a nivel directivo como en su condición de consejeros. Chaves no tiene que pedirle nada a las Cajas sino ordenarles lo que crea conveniente, que para eso es el jefe que pone y quita de los cargos a quien le parece oportuno. Hubo una vez dos presidentes de Caja que lo desobedecieron ya recordarán donde fueron a dar con sus huesos. Por eso digo que esto no es más que una comedia. Y me quedo corto.

El dinero de Beas

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) lleva razón cuando dice que no es el nuevo gobierno municipal de Beas el que debe hacer frente al agujero negro dejado por la anterior administración sociata, sino los responsables de ésta. Hay que recordar que ya el Tribunal de Cuentas ordenó en su momento incluso el embargo de los bienes de quienes dirigían el Ayuntamiento, sin que hasta la fecha nadie haya movido ficha en ese sentido, aparte de alguna promoción especial que el partido le ha proporcionado a la ex-alcaldesa, Rosa Beltrán, actora principal del lío de la desaparición del tesoro. ¿Dónde está el dinero de los contribuyentes desaparecido en Beas? Es un escándalo que, tanto tiempo después, las instituciones –todas—anden mirando para otro lado con tal de co reclamarlo.

Crisis para todos

Las tradicionales rebajas inglesas, ésas que cada enero convocan grandes multitudes continentales en los grandes almacenes, han alcanzado este año hasta el 90 por ciento de descuento. Un intento más de aliviar una crisis galopante que, desde que en mayo entró en recesión, está desmantelando la solidez del país. Lejos queda el modelo imperial, el sistema metropolitano que importaba materias primas y exportaba manufacturados a las propias colonias, los últimos elefantes y virreyes, los lanceros bengalíes, el polo y el cricket, lejos la rara independencia que le permitió vivir al margen de la primera gran crisis, la Gran Depresión, y continuar, tras la segunda gran guerra, con su buen pasar de país privilegiado. Parece que un modelo más o menos dual, basado, como en España, en la construcción, pero también en la especulación financiera, se ha venido abajo sin estrépito haciendo tambalearse las tres grandes joyas de la corona: los bancos, la libra y la deuda, y ahora tiembla ante la perspectiva de tener que tragarse su ‘spleen’ e ingresar humildemente en el euro en busca de ayuda. Dicen que han caído en picado las subastas y las reventas de bienes usados, que se ha disparado el negocio de la ocasión y que de ser el país de la banca se ha pasado a una desconfianza radical en línea con la idea de Jacques Attali de que sólo los gobiernos pueden estar tan locos o tan asustados como para invertir en ella. Hay crisis para todos, faltaría más, y en aquella sociedad hasta ahora no poco opulenta, dicen que cae en picado la moneda, se desploman los salarios y tiritan los dependientes de la escasa protección social. Lejos quedan los últimos elefantes y mucho más cerca el desdeñado Continente.

Es posible que el postcapitalismo que venga tras el gran bache no aparezca ya piafante como lo ha venido haciendo hasta ahora, que tenga que revisar (o lo obliguen a revisar) sus ambiciosos proyectos y a contener su instintiva rapacidad, entre otras cosas porque, tras esta debacle, van a quedar muchos menos ingenuos sueltos por la vida. Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que estemos ante el fin del Sistema, pero tampoco que éste se vaya a ir de rositas de las consecuencias del cataclismo. Los ingleses vendiendo sus cotizadas camisas y jerseys a un 10 por ciento de su precio y con una libra devaluada prácticamente hasta la paridad con el euro, lo saben de sobra, a juzgar por lo que dicen sus responsables. Sólo queda sentarse y esperar a que la crisis amaine para ver si el sufrimiento de tanta gente ha servido, al menos, para algo.

Incómoda imputación

La imputación de la directora general de Formación para el Empleo de la Junta de Andalucía resulta particularmente incómoda no sólo por la razón política de que el PSOE tiene afirmado muchas veces aunque sólo para su aplicación en ajenos, la norma de que el cargo imputado debe dimitir o ser cesado, sino por la propia naturaleza de la trasgresión que se le imputa: facilitar a una opositora por el móvil las respuestas a un examen de cuyo tribunal formaba parte. La especial gravedad del asunto, tan feo como injusto, debería mover a ambas partes, la Junta y la imputada, a aguardar la solución judicial fuera de las responsabilidades políticas.

Decencia y buen sentido

Comprendo que la portavoz sociata en el Ayuntamiento de la capital crea que dar la tabarra es lo suyo, pero no lleva ni pizca de razón al reclamar a aquel que vaya a la juerga de FITUR. Y no sólo porque el consistorio se haya tomado en serio estudiar la pieza y proceder según  un a estrategia bien pensada, sino porque todo el mundo sabe que esa romería a Madrid no es más que un abuso anual que perpetran los políticos con cargo a los depauperados bolsillos ciudadanos. Que pregunte en la calle que opina el contribuyente de este tipo de saraos y verá lo que le contestan, aunque son los políticos quienes mejor conocen la desvergüenza que constituye esa gira anual. No están las cosas para tirar el dinero en Club del AVE, hoteles, jamón y gamba blanca. El que quiera todo eso, señora mía, que se lo pague.