Aron

Sigue sin aclararse si hubo presión política sobre los alumnos para que asistieran a la charleta del consejero de Empleo –imaginen: ¡un consejero de Empleo para la basca!- en Aljaraque. Los propios responsables dicen que ignoran las circunstancias y hasta tienen la carota de requerir esa información a los propios periodistas, como si hiciera falta demostrar que el alumnado no va a una charla más que a rastras salvo algunas excepciones, que bien conocemos, por cierto. El asunto es que eso no se hace, que a nadie se le ocurre agasajar a un consejero sin el menor interés llenándole (es un decir) la sala con personal arrastrado por los pelos. Y eso es lo que ha pasado en Aljaraque con independiencia de que la portavoza correspondiente lo aclare o pretenda dejarlo en penumbra.

Las dos orillas

El embajador José Cuenca –Sofía, Moscú, Atenas, Ottawa—es un  cazador empedernido. También un escritor excepcional, y digo excepcional, autor de una prosa musculada y recia, como curada al tempero de un sentimiento lírico contenido, con la que ha retratado como nadie, que yo sepa, los secretos de esa pasión que mueve a algunos hombres que no lo necesitan a patear el campo, llueva o ventee, para cazar a mano en la llanura o colgar en la sierra la jaula del perdigón. El embajador también pesca. Y como pescador que es me cuenta algo insólito. ¿Podían imaginar ustedes que en la autonomía que ha hecho de España 17 taifas haya ríos linderos, caudales fronterizos, cuyas truchas y barbos exijan para ser pescados diferentes papeles y. a veces, diferentes “artes”, por mor del celo autonomista? Pues los hay e incluso se está gestando diferenciar las baleares en tres licencias distintas, una para cada isla mayor, aunque también haya en curso algún intento de unificar esos permisos regionales forjando alianzas entre comunidades, como si las autonomías tuvieran competencia para adoptar medidas fuera de su territorio. Pocos ejemplos como éste de la caza para poner en evidencia la absurda realidad de una hiperdescentralización que ha hecho añicos el país añejo al que las crónicas medievales se referían ya con su propio nombre, España, ese nombre sagrado cuyo remoto étimo remite, precisamente, al conejo, la caza más frugal y alimenticia que tanto a contribuido a nuestra subsistencia colectiva. No entro en la porfía de si España se ha roto o no, sólo digo que hay diecisiete en danza y con escopetas de por medio.

Ya no concebimos siquiera aquellas ‘premáticas’ que mandaban ahorcar a los furtivos, y menos mal, porque sería todo menos edificante, tener que colgar a un ministro. Lo que sí hemos conseguido es descuartizar la finca como quien despoja la pieza, arrancando con ello hasta la raíz el sentimiento natural de ‘paisanaje’ que es el prerrequisito de la convivencia ordenada. Hoy en España cada comunidad dice quien puede cazar o no, de la misma manera que determina si es o no lícito que a un niño se inculquen en la escuela ideas ‘morales’ por no decir ‘ideología’ pura y dura. El embajador ha descrito sus extenuantes caminatas, sus lances campurrianos, sus líricos aguardos arrullados por los desafíos perdigueros, sus recesos de pan y tasajo en la sabia compaña del rústico o el guarda memorioso, sus pacientes esperas junto al regajo fragante. Pero sabe también que andan poniéndole al campo sus puertas imposibles. Las dos orillas no son más que un solo río. Las 17 Españas, en cambio, son ya harina de otro costal.

Las barbas del vecino

Dicen que las encuestas andan revolucionadas acercando como nunca al PP al trono hegemónico el PSOE. Esos augurios sólo los confirma el tiempo, pero si el chavismo no cae en la cuenta de que está ante una situación límite creada por la crisis y reacciona como hasta ahora no ha reaccionado, entra dentro de lo posible que la profecía se cumpla, el marasmo se rompa, el clientelismo se cuartee y, quién sabe, hasta que el cambio en Andalucía deje de ser un imposible. ‘Regímenes’ mayores han caído, por supuesto, sobre todo si bajo su manta rebulle esa gusanera corrupta que cuenta los fajos de billetes como si tal cosa o los esconde bajo el colchón. Lo que ha ocurrido en el País Vasco al ‘régimen’ nacionalista o en Galicia a quienes han despreciado a la opinión pública, debe servir de aviso a los navegantes. Son las barbas del vecino que  humean, recomendando el remojo.

Guetos sin ley

Sobran sitios peligrosos en Huelva capital, lugares sin ley, por lo común vinculados a la droga y su tráfico, aunque no necesariamente, guetos verdaderos en los que el hábito de la indisciplina social termina por imbuir en los vecinos el espíritu de la anomia, la idea de que la ley es cosa de fuera cuyo fuero no alcanza al interior de la fortaleza imaginaria. La agresión multitudinaria a la policía que acaba de ocurrir en La Orden demuestra que hace falta abordar ese problema que excede con mucho a las funciones y posibilidades de la autoridad municipal (y no digamos a la policía local) para concernir al Gobierno, es decir, a su Delegación. Nunca existieron en Huelva esos reductos inabordables ni tienen por qué ser consentidos por una autoridad previsora y al mismo tiempo fuerte.

Lázaro en la cola

Lo he visto en la tele: largas colas aguardando turno para entrar en el comedor público, la cara triste de esta ciudad alegre y confiada que todavía no ha asumido a fondo la gravedad de la crisis. Son gente de cualquier edad, padres de familia, niños, ancianos, muchos inmigrantes, claro, algún que otro ‘out sider’ con la marca del sufrimiento y el alcohol grabada en el rostro. En Barcelona, en Madrid, en Sevilla –donde se han duplicado las asistencias–, en Lérida, en Málaga, un poco por toda España, esta variada pelambre se arracima a las puertas del nuevo “Auxilio Social” –¡quién nos lo hubiera dicho antier!– cuando todavía la ‘new age’ permitía soñar con el mundo feliz de los tiempos finales. Parece que sólo en Andalucía –lo asegura IU en el Parlamento—los desahucios ejecutados este año no bajan de diez mil, lo que equivale a decir que otras tantas personas, acaso familias, se han visto de pronto sin hogar. Los cálculos más optimistas cifran la morosidad muy por encima de lo que se había previsto incluso por parte del pesimismo bancario. Eso es lo que hay: la crisis es ya pobreza pura y dura, no sólo amenaza que se cierne sobre ese “Estado del Bienestar” de los cojones con que nos han dado la matraca todos estos años. Y mientras tanto… Mientras tanto los magistrados más altos de la nación se lucen en monterías millonarias, las autoridades autonómicas se entregan a gastos suntuarios inconcebibles incluso en situaciones normales, todo mengua y se retrae salvo los presupuestos del gasto corriente, que hace mucho que dejó de ser tal para ser realmente extraordinario, escandaloso.

En Huelva se debate acaloradamente entre los dos grandes partidos que se arrojan a la cara los sueldos fastuosos que perciben consejeros, diputados, presidentes, alcaldes, concejales y otras especies dilapidadoras, sin que quede del todo claro si es verdad que hay en la provincia –una provincia castigada en la que hay comarcas con un 50 por ciento de paro– un buen puñado de ellos que cobra por encima del millón al mes, en numerosas ocasiones, adocenados de partido sin una cualificación siquiera mediana. Coches de máxima gama, mobiliario suntuoso, sueldos de magnates, facturas del taxidermista, viajes en yate, mientras en la calle, arreciados de frío, se aprietan los parias en espera de la sopa boba, un generoso cazo de lentejas y un pedazo de pan por todo viático. Por parte de los conservadores pero también, ay, de los autopostulados socialistas, de los “rojos”, como diría el furtivo Bermejo, el que pagaba con billetes de 500 euros sus trofeos cinegéticos. Lázaro en la cola. Veremos por donde le sale la crisis a Epulón, cuando apriete el temporal.

Cosas del 28-F

La conmemoración del 28-F es ya pura rutina, mandingas y canapés, izadas de banderas en las que no cree ni el apuntador. Este año ha habido anécdotas significativas, como la traducción al árabe de la letra de ese himno oficial –que Infante derivado de “cantos del solsticio, rectos indudables de la cultura heliolítica (sic)”– por parte de una asociación de inmigrantes magrebíes e, incluso, de un ilegal cambio en la letra perpetrado por la propia Junta en Almería, donde en el verso “España y la Humanidad” ha sido sustituido absurdamente por “los pueblos y la Humanidad”. Ni el himno respetan (art. 3.3 del Estatuto de Autonomía vigente), empezando por la Junta. Imaginen si a alguien se le ocurre cambiar himnos en Cataluña o Euskadi.