Partidismo radical

Lo que han hecho los sociatas en el pleno de la Diputación con los obreros de Tioxide no tiene nombre: oponerse a una moción de apoyo y solidaridad por el solo hecho de que quien la promovía era el Partido Popular. Son los mismos que reclaman constantemente colaboración, actitud abierta, hombro ajeno bajo la trabajadora, pero que, en la práctica, no son capaces ni de imaginar una acción conjunta ni siquiera para apoyar a unos trabajadores que viven angustiados ante la amenaza cierta de su despido. Indigno, descarado, impresentable. Se entiende la competencia política pero el partidismo radical y exclusivista debería estar proscrito en esta democracia cada día más averiada.

La edad del mundo

A medida que se acerca el bicentenario de Darwin circulan por doquier las polémicas más extravagantes. En USA se ha movilizado el ejército fundamentalista partidario de la teoría del “diseño inteligente” contra la lógica del evolucionismo generalmente aceptado en la ciencia actual, en Europa, la tensión  latente se expresa en numerosas convocatorias de manifestaciones públicas tendentes asímismo a aprovechar la ocasión para desacreditar al gran hombre y su hallazgo. Es más, en la propia Inglaterra acaba de conocerse el resultado de un sondeo difundido por The Daily Telegraph según el cual más de la mitad de los ingleses rechaza la teoría evolucionista de la vida y piensa en la necesidad de que en su realidad y discurso haya intervenido activamente la mano de un ‘diseñador’ capaz de explicar, desde la inteligencia, la complejidad de la existencia. Es más, uno de cada tres de esos ciudadanos tan civilizados y cultos, opina que el mundo debe tener una edad aproximada de 10.000 años, además de ser creación voluntaria de un ser superior, como si –ay, Teilhard de Chardin—esa inteligencia activa que reclaman no pudiera ser compatible con eso que los teólogos llaman el ‘plan’ de la divinidad. Estamos hechos al chafarrinón de escuela, a la imagen de trazo grueso con que el mito resuelve el misterio, a la respuesta redonda que alisa las anfractuosidades de la visión ideológica hasta hacerlas propicias al tacto expeditivo del instinto y, francamente, no parece que la cosa tenga remedio.

En el sondeo me ha llamado la atención la extravagante idea de la edad del mundo que antes mencionábamos, esos 10.000 años por donde va ya la añeja cuenta frailuna que todavía el ‘Martiriologio Cristiano’ cifraba con exactitud, en su momento, en los 5199 años, un cálculo de mucho éxito, comos se sabe, que todavía resuena en nuestro Torres Naharro, hace quinientos años, quien se la endosa al primer hombre, “Triste estaba el padre Adán,/ cinco mil años había…”. Es obvio que de poco sirven las evidencias procuradas por la Ciencia a la hora de convencer a la opinión en temas expuestos a su libre albedrío, pero más preocupante –como dicen que ha protestado Dawkins—es esa estadística ignorante que incluye a un tercio de los propios profesores, partidarios de explicar el ‘Big Bang’ al lado del ‘Génesis’. Hemos de oír mucha extravagancia este año con este motivo, ya lo verán. La cosas no han cambiado tanto como parece en estos doscientos años que nos separan de Darwin.

El mundo por montera

Alcaldes monterillas hay cada día más. En Marbella, la alcaldesa no acierta a dar una explicación razonable para sus actuaciones urbanísticas. En Los Barrios, el regidor doblemente condenado alega que los fallos son injustos y se dispone a pedir recurso al Gobierno –como ha hiciera el de Carboneras—que hasta puede que se lo conceda. En Jerez, Pacheco amenaza con “tirar de la manta” y denunciar presuntos delitos de los que mandan ahora que, por lo visto, él conocería desde la oposición, olvidando que callar delitos conocidos es, a su vez, un delito de encubrimiento. A la democracia municipal le falta no poca cochura. O lo sobra lo que no diré.

Aron

La Dipu no cree preciso refutar –¿y cómo podría?—el guiso de la publicidad institucional, repartido entre los medios subvencionados y los negocios de algunos de sus dirigentes de partido. Dice que el criterio empleado para excluir a El Mundo y dar a manos llenas a ‘los suyos’ es el del interés de los ciudadanos, pero ni es eso lo que refleja la difusión de unos y otros, ni es necesario subrayar que por interés ciudadano el PSOE de Huelva entiende su propia conveniencia. Lo que no conseguirá ni la Dipu ni su partido es silenciar a este diario, el único que ha sacado a la luz durante años los abusos y miserias políticas de unos y de otros. Que le hagan el juego los estómagos saciados. Nuestro criterio, efectivamente, es servir al de los ciudadanos, aunque sea en ayunas.

Faroles a la banca

Ha sido espectacular la estudiada puesta en escena de la amenaza a la banca privada por parte del ministro de Industria, Miguel Sebastián, el de las bombillas ecológicas gratuitas. Ha dicho muy serio que “la paciencia del Gobierno se está acabando” y que si la banca no sigue sus dictados –que hay que reconocer que son bastante inconcretos-, no quedaría otro remedio al ejecutivo que “actuar en consecuencia”, ¿Quiere eso decir que entra en lo posible la nacionalización de sus servicios, como ya ha ocurrido en otros países? El ministro, repentinamente cauto, ha respondido que, bueno,  que “hay muchos modelos” a la hora de materializar esa actuación, dando a entender que si pero que no. “La banca es la culpable de la crisis”, ha dicho también el ministro, olvidado ya probablemente de cómo se la mimó desde el Gobierno mientras la burbuja se mantuvo  contribuyendo al éxito político. Pero ¿habrá alguien que tome en serio esa amenaza que ni el fascismo español osó llevar a cabo a pesar de figurar destacada entre sus compromisos programáticos? Quizá el ejemplo de Mitterand queda lejano pero no estaría de más echar una mirada atrás para contemplar su estrepitoso fracaso y ver a los Rothschild recuperando su embargado esplendor, incluso para un destacado funcionario de la banca como Sebastián. Cualquiera tiene claro hoy en España que Botín y unos cuantos colegas tienen las cosas más claras que el Gobierno frente a la crisis y hasta puede que tengan más poder fáctico. Aparte de que nadie se ha ido de rositas tras meterse con la banca. Es de suponer que estos comediantes lo sepan.

Hay que decir, en cualquier caso, que colocar a la banca en el blanco no está justificado ni siquiera partiendo de los proverbiales abusos del sector sobre los particulares, siempre consentidos por el poder. La responsabilidad de la banca en la burbuja dichosa no es mayor que la de los propios hipotecados que actuaron por encima de sus posibilidades, ni que la del Gobierno que aplaudió esa estrategia mientras duró el festín, razón por la que carece de sentido situarla ahora en el punto de mira sin colocar ante él también a sus colaboradores necesarios. Mientras en España andábamos pasando de la segunda vivienda a la tercera, no oímos al Gobierno decir esta boca es mía, a pesar de los vehementes avisos de muchos expertos. Pero ahora sabemos que si lo que es bueno para la banca no tiene por qué serlo para el país, tampoco tiene por qué serlo lo que le resulta bueno al Gobierno. “Ni curas ni banqueros”, pintaban los fascistas por las paredes de la dictadura. Hoy el Gobierno viene a decir lo mismo pero ya verán cómo no va más allá.

Emergencia andaluza

En todas partes cuecen habas pero, según las encuestas, en Andalucía más que en parte alguna. Ahí están los datos: la región ha sumado en un solo mes la cuarta parte de los parados que el optimismo de la Junta calculaba para todo el año, una media oficial de 580 parados por día. Chaves, mientras tanto, esperando a que Madrid mueva ficha para hacer lo propio (y lo mismo), y los sindicatos verticalizados por el dinero de la ‘concertación’ callados como muertos pero diciendo que lo que urge es eso, renovar el chollo vertical. Caen las empresas, sube la morosidad, aumenta el drama del paro, y Chaves predicando la buena nueva en Fitur y negándose a aceptar un pacto de todos contra la crisis. Si el paro alcanzara a ellos, otro gallo cantaría.