Obama, pie a tierra

El presidente Obama ha sido consagrado por un sondeo americano como el primer héroe de la opinión pública, por encima incluso del tradicional superhéroe, que no era otro de Jesucristo. Y sin embargo, menudean los comentarios que advierten sobre el modo en que se ha mitigado el ‘mito Obama’, o sea, sobre el lento aterrizaje del héroe imaginario sobre la abrupta superficie de la realidad. Es verdad, por ejemplo, que en Río los sambistas han paseado destacada la imagen de un doble de Obama sin lograr el entusiasmo que estaba previsto, pero sobre todo es evidente que el personaje ha echado discretamente pie a tierra, seguramente porque es de sobra consciente de esa condición ‘imaginaria’ de que se ha venido beneficiando hasta ahora. Quizá no haya mejor redefinición del tema que decir que Obama ha descendido del aéreo apoyo del mito, en el que todo está permitido a la imaginación, al ras de ese suelo consistente que son los compromisos reales, los problemas con entidad propia que obligan al héroe a acogerse a sagrado bajo el cielo protector del posibilismo reformista. Así, esta misma semana, enfrentado a las dos Cámaras, Obama ha prometido prudentemente reducir a la mitad el gigantesco déficit heredado de su predecesor, pero sólo en el plazo de cuatro años, o lo que es lo mismo, a lo largo de todo su primer mandato, al tiempo que contenía los entusiasmos provocados por su promesa de reformar la cobertura sanitaria dando plazos e imponiendo condiciones y términos, como era de esperar, dadas las circunstancias. Obama es ya un gobernante real. El héroe imaginado ha hecho un discreto mutis por el foro.

Probablemente la crisis económica ha acelerado este proceso que, en cualquier caso, hubiera tenido lugar antes o después, porque una cosa es el éxito que el carisma proporciona y otra, como bien sabía Max Weber, el prestigio concreto que ya no se obtiene de manera gratuita como un don espontáneo, sino que se conquista o gana día a día en esa otra dimensión tan diferente de los sueños o el deseo. Y Obama ha sabido recorrer ese peligroso tramo sin prisas ni pausas, administrando con tacto los tiempos y las imágenes, de manera que ni hubiera decepciones entre los ilusos ni expectativas impropias entre los pragmáticos. Cuatro años para enjugar la mitad del déficit es una inestimable prueba de cordura. Obama es consciente de que el mito del héroe resulta tan inapreciable en tiempo de elecciones como lo es en todo tiempo el perfil del gobernante serio que tiene los pies en el suelo sin necesidad de bajar la cabeza.

La indignidad política

El “caso Baena” ha pasado con mucho la raya de lo tolerable, incluso en este patio de Monipodio. Y no ya sólo por la delirante hipótesis de la conspiración Guardia Civil-IU (¡) sino por la inhibición indecente de las instituciones concernidas que guardan un silencio inútil en torno a la evidencia. Lean la letra de esa copla, escuchen al alcalde-senador y a su secretario ajustar las cuentas falsas, procuren no desmayarse al comprobar el desparpajo truhán con que se trata el mangazo y la ínfima condición de los objetivos. Y luego traten de buscar una sola razón por la que el PSOE no debiera haber expulsado a esa garduña de sus filas. Después de lo de Ohanes, Chaves lo tiene crudo en esta Babia podrida. Imaginen qué diría Pepino de estos casos si fueran del rival.

La pobre cuenca

Críticas políticas, partidistas, sobre la situación de la cuenca minera, una comarca antaño dinámica que ahora tiene parada a la mitad de su población. El problema no es fácil porque no hay cuenca minera que escape a una crisis de la minería, pero llevan razón quienes alegan que llevamos muchos años, demasiados, sin ser capaces de buscar siquiera alternativas económicas viables, lo que es tanto como inventar una nueva comarca. Y a esa responsabilidad no escapa ningún partido que haya tenido poder en este cuarto de siglo bien despachado, pues unos y otros han dejado correr el tiempo, lo que no impide reconocer que la mayor parte de la culpa se la lleva una Junta incapaz de una sola idea sostenible, como dicen ellos. La cuenca se muere sola pero la ha matado entre todos. Su eventual resurrección también exigiría unanimidad.

El coste de la vida

Nueva polémica en USA. ¿Es demasiado costosa la pena de muerte, tendría sentido abolirla por razones económicas ya que, a pesar de las presiones de los lobbies abolicionistas, los argumentos éticos y morales no bastan frente a una opinión pública favorable? Este nuevo debate, realmente escandaloso si se mira desde una perspectiva moral estricta, ha saltado a la actualidad con motivo del alegato lanzado desde varios Estados que consideran que el mantenimiento de la pena de muerte le sale por un pico al sistema carcelario en los 36 Estados que aún la mantienen en vigor. Hay cálculos que quizá puedan resultarnos fríos, incluso cínicos, pero que están siendo tenidos en cuenta porque afirman que mantener en el sistema la pena capital cuesta aproximadamente diez veces más que la cadena perpetua, una razón de peso para los espíritus mercantilistas, sin duda, que remiten ahora también a la crisis económica para reforzar su proyecto. El convencimiento de que la presión de las familias de las víctimas –como estamos comprobando últimamente en España—influye y acaso mediatiza las decisiones judiciales y políticas, se alega estos días junto a la idea de que el inacabable plazo (entre 20 y 30 años en muchas ocasiones) que media entre la sentencia y la ejecución resulta excesivo para permitir un auténtico cambio moral de los convictos, incapaces con frecuencia de un sentimiento de auténtico arrepentimiento. En Nuevo México el gobernador insiste: “el elevado coste de la pena de muerte es una razón a tener en cuenta en estos tiempos de austeridad”. Ejemplar, no me digan que no. Unos dólares puede que logren lo que no fueron capaces de conseguir todos los discursos morales de la historia.

 

Junto a la razón económica subsisten los argumentos morales y aún los lógicos, aparte de los piadosos. Una reclusión de por vida no es menor castigo ni menor garantía que una inyección letal que, aunque quizá no lo aparente, sale por un pico. Existen comprobadas, además, una infinidad de sentencias erróneas que han acabado en ejecuciones. Mantener un corredor de la muerte, con sus múltiples exigencias de seguridad, junto a una cámara de la muerte con el correspondiente anfiteatro para sádicos y testigos, resulta prohibitivo para una economía penitenciaria y absurdo en medio de la debacle económica. ¡Una sola ejecución puede salirle al contribuyente por un millón de dólares! Puede que la crisis provoque este efecto secundario que no habían podido conseguir todos los esfuerzos humanistas. No sé qué decir, la verdad, pero no resulta fácil a la razón moral evitar el escándalo a pesar del beneficio. Creíamos que la vida no tenía precio pero parece que sí.

La ‘loapilla’ cinegética

Reclaman los cazadores que se unifiquen las licencias autonómicas de manera que haya una sola para todo el territorio nacional. Muy bien, entero y pleno, pero ¿por qué empezar por la cazada cuando la lengua o la gestión de los ríos, la historia o las campañas de vacunación siguen en manos de las taifas que, encima, reclaman cada día una competencia nueva? ¿Qué es más urgente, acabar con las 17 licencias de caza o poner coto a las 17 eventuales versiones de una misma y única Historia, hoy destrozada a placer en función de la ideologías? El plan Chaves de licencia única tiene sentido pero parece mentira que un líder de su relieve haya empezado la casa por el tejado.

Basura para todos

Al portavoz parlamentario del PSOE-A, que reclamaba a la Cámara de Cuentas aclaración sobre si el PP presentó en tiempo y forma, allá por el 2004, las facturas de cierta empresa relacionada hoy con la trama de Garzón, ha respondido el vicesecretario general del PP devolviéndole la pelota al pedir que se aclaren las cuentas del PSOE con la empresa del alcalde de Punta Umbría, es decir, ‘El Paraíso’, durante la campaña electoral del 2008. ¿Qué pasa, que unos y otros guardan la basura como oro en paño, por si acaso, dispuestos a sacarla y esparcirla en el momento más oportuno a los intereses de cada cual? Tan indigna es la corrupción misma como su utilización maquiavélica en la lucha política. Los ciudadanos deberían tomar nota de estas trampas que le tienden a la opinión lo mismo tirios que troyanos.