La crisis de Valverde

En el Ayuntamiento de Valverde ha ardido más que Troya. No se sabe si se trata de un simple deseo de presencia del alcalde o de un ajuste de cuentas por hechos pasados, pero lo cierto es que Cejudo ha retirado a su vicetodo, para asumirlas personalmente, las competencias de Urbanismo, ay, de Hacienda y de Personal, o sea, tres cuartos de consistorio. Lo pagarán, por descontado, los sufridos contribuyentes, ya que recurrirá a la ayuda de contratados externos para afrontar la amplia tarea. Claro que el tema está en si todo acabará aquí o la movida sólo acaba de empezar y ahora vienen las conspiraciones. Sea como fuere, los hechos retratan un talante. El mismo con el que desactivó a IU, el mismo con que ahora podría acabar dinamitando al PSOE.

Zarcos y rubios

Entre las pérfidas fantasías de los nazis figuró el plan de seleccionar la raza a base de elegir mujeres ‘arias’, sanas y  de bella figura para ‘cruzarlas’ con garañones elegidos entre la flor y la nata de la vanguardia del régimen, o sea, en la Wehrmacht y las SS. Hasta se dispuso un célebre refugio alpino diseñado para acoger estos fértiles encuentros de los que habría de derivarse una descendencia ideal, alta, rubia y con los ojos azules, garantía de un mundo mejor dominado por esa raza genuina recuperada por los mismos procedimientos empleados desde siempre por los ganaderos para ‘mejorar’ sus cabañas, sin que, sin embargo, los resultados fueran relevantes. El plan de Himmler de los “hogares Lebensborn”, aplicado en poblaciones ‘arias’ como la Noruega o los Países Bajos ocupados, parece que produjo 160.000 niños antes de disolvers, y ni que decir tiene que funcionó, a pesar de su monstruosidad,  como la cara luminosa del vasto plan eugenésico imaginado por aquellos majaras para purificar la raza del futuro. Hoy no se cruza al personal como a los ‘pura sangre’ o a las ave ponedoras, sino que se manipulan sus genes llegado el caso para obtener resultados benéficos tales como evitar la herencia patológica, aunque también, por lo que podemos leer últimamente en la prensa, para obtener ‘productos’ seleccionados, es decir, niños elegidos “a la carta” como los que ya ofrecen ciertas instituciones del ramo, especialmente en EEUU. El color de los ojos, el del pelo, la estructura muscular y hasta el grado de inteligencia del niño por nacer son ofrecidos hoy en esa feria insensata por un precio relativamente asequible, no sin la oposición de los propios sabios y, por el momento, también de la mayoría de opinión. Menos mal.

El debate bioético da la impresión de que no acabará nunca de encontrar el fiel entre la obcecación fundamentalista de quienes se oponen frontalmente a toda manipulación en los genes, incluso si se trata de evitar males gravísimos, y los partidarios de ese maximalismo cientificista que pretende eliminar todo límite a una aventura sin duda peligrosa como las de los mundos felices anunciadas por Huxley o Wells. Juega en ello un papel relevante la misma ignorancia que hace concebir a las familias la ilusión del heredero perfecto, réplica lamentable de la cerrazón moralista que se niega incluso a evitar herencias malignas en nombre de ‘principios’ rígidos e inalterables. Pero el caso es que la elección ‘a la carta’ tiene ya precio cierto –alrededor de 15.000 dólares—en medio de un preocupante vacío legal. La obsesión hitleriana vuelve por sus fueros en el mercado burgués, esta vez sin walkirias ni nibelungos.

El adelanto del curso

No se entiende el emperre de la consejería de la Junta en su plan de adelantar el curso escolar en una semana, es decir, desde del 15 al 7 de septiembre, sin que medie, sino todo lo contrario, un consenso mínimo en la comunidad escolar, como ha evidenciado el rechazo frontal del nada sospechoso Consejo Escolar de Andalucía, el de algunos sindicatos y las manifestaciones masivas de personal docente ya registradas. ¿Van a resolver en una semana los problemas de atraso educativo que nos mantienen a la cola de España y Europa? ¿O se trata tan sólo de un guiño a las familias hartas de vacaciones veraniegas? Más allá del autocratismo juntero, imponer estas cosas implica un riesgo muy superior a sus cuestionables resultados.

‘Nuestros’ tránsfugas

No es lo mismo el tránsfuga que te beneficia que el que te echa abajo el tinglado. No es lo mismo la golfada de Gibraleón que arrebató el Ayuntamiento al PP, que una de signo contrario que le costara un pueblo al partido. El PSOE de Huelva acaba de consagrar ese principio tácito al confirmar en la asamblea de Cajasol al regidor tránsfuga de Jabugo, desautorizando a la propia ministra del ramo y a la propia ejecutiva federal (ni que decir tiene que con permiso bajo cuerda) que en su día condenaron al monterilla en el marco del pacto contra esa perversión de la democracia. Hay tránsfugas y tránsfugas, ya digo, y sólo merecen repudio democrático los que nos perjudican. Muy gordo debe ser el beneficio cuando se deja malparados a los máximos órganos del partido con tal de defender a un alcalde tramposo.

Los niños terribles

Al menos en cinco estados norteamericanos la ley contempla el enjuiciamiento de los menores asesinos desde la edad de diez años, incluyendo la posibilidad de que les caiga encima la cadena perpetua. La prensa neoyorkina comenta estos días, entre confusa e indignada, el caso ocurrido en Pensilvania (uno de esos cinco implacables estados), referente a un niño de esa edad, Jordan Brown,  que ha matado a la compañera de su padre, embarazada y todo, con el rifle que aquel le había regalado, continuando luego su jornada con una naturalidad que ha convencido a los ropones de que se ha tratado de un crimen premeditado. Otra vez salta va la actualidad la inocultable realidad del ascenso de la criminalidad juvenil, e incluso infantil, y otra vez, como era de esperar, se reabre la absurda polémica en torno a la relación de influencia que pueda existir entre la propaganda de la violencia que es propia de nuestras sociedades y esas reacciones temibles que alteran el panorama cada vez con mayor frecuencia y en circunstancias más sombrías, como si no fuera evidente que –al margen de otras concausas siempre posibles–, el impacto demoledor de esa violencia tan extrema como asequible es, con seguridad, la causa, mediata si se quiere pero evidente, de una fenomenología tan desconcertante. Es inútil pretender que una educación en la violencia no rompa en resultados atroces. Fíjense ustedes y comprobarán que cualquiera de esos disparates juveniles ofrece una sugestión mítica tanto como mediática. La violencia real copia a la aprendida. No podemos pretender que nos salga gratis el ensimismamiento de los niños ante una tele que es tantas veces una escuela bárbara.

Sería cosa de ir pensando en buscar las responsabilidades, pero también los remedios a ocurrencias semejantes, en las actitudes adultas antes que en las de los anómicos inmaduros. Ese Jordan Brown, por ejemplo, la equívoca inocencia de cuya imagen nos desarma sin remedio, está clamando, no por su inocencia imposible, sino por la responsabilidad ajena de quienes lo han ‘socializado’ en el mal banalizando la violencia a través de una pedagogía ambiental que ha armado sus manos con un rifle al tiempo que bloqueaba su conciencia. Con independencia de la insensatez que supone situar el límite de la edad penal en plena infancia y pedirle cuentas al niño por los crímenes que lo han enseñado a perpetrar, física y moralmente –y acaso hasta seducirlo–, la violencia de los adultos. He visto, sin embargo, con cierta desolación, que hasta los medios más juiciosos por lo común cierran contra el niño terrible sin mencionar siquiera al padre insensato. El doble mito de Cocteau se ha quedado corto ante esa mirada huérfana del asesino precoz.

El quinto jinete

El paro. No pueden con él. Ni siquiera tienen idea –da la impresión—de por dónde empezar a combatirlo, ni de qué hacer para frenarlo siquiera. Tres cuartos de millón de andaluces sin trabajo significa casi el doble (el 43 por ciento exactamente) en el último año, a razón de 1.044 parados por día de febrero y embalados hacia el temido millón. Y no hacen nada, aparte de gestos para la galería, algún que otro aguinaldo y los famosos “paquetes de medidas” tan vacíos como la pura rutina. No hay un Gobierno capaz de afrontar esta lacra ni una Junta con peso para una política de emergencia cuya necesidad ya no es posible disimular. No saben por dónde empezar y se limitan a decir que peor les va a las autonomías del PP, lo cual es incierto por completo. Urge una crisis contra la crisis. Algo que no harán quienes tienen el gran sueldo asegurado.