Y van tres

Tres Presidentes de la autonomía andaluza han sido liquidados desde Madrid en lo que llevamos de régimen autonómico. A Escuredo lo forzaron a dimitir, a Borbolla lo apearon en marcha y ahora a Chaves le dan la patada hacia arriba, concediéndole tantos años después lo que siempre quiso aunque no lo quiera ahora. Lo que demuestra que ésta es una autonomía de segunda si es que no de tercera y que, con Estatuto o sin él, nunca nuestro autogobierno ha sido pleno ni independiente como lo es, incluso hasta el absurdo, en las regiones que pintan algo en España.

Penosa discusión

Penoso escuchar a la portavoz municipal del PSOE oponerse en el Ayuntamiento de Huelva a la solución sin más del urgentísimo Plan de Inclusión, de cuya imprescindible financiación nada quieren saber ni Gobierno ni Junta. Más penoso que Chaves haya guardado en un cajón desde 2003 el proyecto de ley de Inclusión Social que el Defensor reclamaba con inútil energía en 2007, entre otras cosas porque en él se establecería la “renta básica de inserción”, agua de mayo en esta coyuntura atroz de la crisis. ¿Los pobres? Bueno, hablar de eso dicen que es demagogia. En este teatro político hay demasiados figurantes que creen ya que fuera del interés de partido no hay nada.

Pasión turca

Está costando Dios y ayuda buscarle sucesor al actual secretario general de la OTAN. El problema, como saben sin duda, es que el candidato de los grandes (USA, Alemania, Francia y Gran Bretaña), es decir, el primer ministro de Dinamarca, Anders. F. Rasmussen, es mal visto por el integrismo turco que lo acusa de haber defendido la libertad de expresión para justificar la publicación en un periódico danés de las famosas cacicaturas de Mahoma que desataron la del tigre en 2005, aparte de permitir que desde su país emita libremente una emisora que defiende la causa kurda. Los turcos son una china en el zapato occidental, en Europa como consecuencia de su actitud en el crónico conflicto chipriota y en el contexto atlántico en general a causa de ciertas actitudes chirriantes que no dejan de resultar inquietantes tratándose del país que más tropas mantiene en la alianza después de los propios norteamericanos. Y por todo ello, las negociaciones han sido delicadísimas y han obligado al propio Obama a garantizar que la emisora danesa en cuestión sería cerrada y que, a cambio de su visto bueno a la nominación del candidato, Turquía recibirá la vicesecretaría de la organización y ciertas maniobras diplomáticas tendentes a conseguir un clima propicio al mantenimiento de los mismos criterios integristas que han provocado el problema actual, incluyendo las excusas del propio Rasmussen en el cómico cónclave de la “alianza de civilizaciones”. Bien, eso es lo que hay, se puede uno ciscar en la divinidad o hacer propaganda atea en cualquier país del mundo libre siempre que se excluyan de la invectiva o de la crítica las creencias islámicas. Haga usted Lepanto para esto.

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Se puede defender (y personalmente lo hago) la integración turca en el ámbito comunitario occidental sin por ello tener que tragar con la intolerancia religiosa o del tipo que sea, impuesta a cambio. Pero ése sería otro tema, pues lo que ahora se discute es hasta qué punto es razonable ceder ante las exigencias ideológicas y políticas de un país que tiene abiertos algunos contenciosos de enorme gravedad y que, en cualquier caso, se muestra empecinado en mantener unilateralmente ciertos criterios relativos a la convivencia que, se miren como se miren, resultan inaceptables. No es posible exigirle a nuestra cultura “ilustrada” y a nuestros orígenes cristianos la sumisión a fanatismos religiosos, por ejemplo, ni razonable pasar por alto responsabilidades pendientes tan graves como la cuestión kurda. Ni siquiera por el hecho de que Turquía ofrezca su medio millón largo de soldados, si es que no precisamente por esto. Que haya habido que negociar lo de Rasmussen ha sido ya bastante tomadura de pelo.

Golpe sucesorio

Si se confirman los rumores de cambio, parece lógico pensar que el éxodo de Chaves a Madrid no es sino una “patada hacia arriba” para desatascar por las bravas el problema de su sucesión en Andalucía, incluido el riesgo electoral que suponía para el PSOE su manifiesto desgaste. ZP se lo quita de en medio de esta manera inobjetable para quien tanto se resistió a cambiar Madrid por Sevilla y liquida, aunque sea con el paripé de una recuperación del gonzalismo, a toda una generación, salvo a Rubalcaba. ¿Para Andalucía? Pues probablemente ni bueno ni malo, pero seguro que los motivos de ZP no incluían nuestros intereses.

Socios a palos

Siempre fue así, o casi siempre: los “pactos de progreso” o se han pagado a precio de oro o han acabado como el rosario de la aurora. Ahí tienen la trifulca de Aljaraque, con el alcalde rompiendo la vajilla en la cabeza del socio y viceversa. Son recelos, incluso odios antiguos, una suerte de incompatibilidad congénita entre sociatas y comunistas que viene dando tumbos –aunque muchos de ellos no lo sepan—desde los orígenes de la competición. En Aljaraque pueden salir a palos del camarote del que entre los dos echaron al PP mayoritario. Nada nuevo, pero un ejemplo pésimo que echa por tierra, una vez más, la leyenda de esos pactos “progresistas”.

La sexta vía

Al contrario de lo sucedido en otras grandes ciudades, la gerencia de los transportes berlineses ha negado autorización a los empecinados ateístas comandados por Dawkins –“Probablemente Dios no existe”, ya saben—para exhibir su propaganda en los autobuses berlineses. Lo mismo han hecho ‘in continenti’ sus colegas de las demás ciudades germanas, desde Hamburgo a Dresde y desde Leipzig a Bremen pasando por Stuttgar o Potsdam, acaso en atención al hecho nada despreciable de que, si bien es cierto que un 32 por ciento de la población tudesca se declara no confesional, el resto, es decir, esa amplísima mayoría de casi un 70 por ciento, mantiene relaciones fervorosas o discretas con las iglesias cristianas del país. No habrá “publicidad ideológica”, alega esa autoridad municipal, que acaso no tiene por tal a la que ofrecen con frecuencia las distintas confesiones, pero que teme ver que el concierto público se convierte en un imprevisible berenjenal de continuar sustanciándose la disputa teológica a bordo del autobús. Es curiosa la tenacidad de los ateístas, desde luego, que viene a hacer buena la idea del viejo físico Gustavo Le Bon cuando apostaba porque la propagación del ateísmo rompería fatalmente en una religión más intolerante incluso que las clásicas. En cualquier caso, la verdad es que mal momento han escogido estos salvadores de la especie para dar su batalla, y que extraño humanismo es ése que aparca los enormes problemas de este fenomenal momento histórico para ocuparse a calzón quitado de una cuestión que, salvo a los creyentes, no tendría por qué afectar a nadie y menos aún más allá de su fuero íntimo. Balzac, que era un oráculo, escribió en su “Catéchisme Social” que una sociedad finalmente atea volvería a inventar una religión, hipótesis mucho más práctica, me parece a mí, que la irónica de Voltaire de que si Dios no existiera habría que inventarlo. Conviene no perder de vista a los clásicos.

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El negacionismo hodierno prefiere la publicidad a la teología, como si ese Dios negado fuera una mercancía más en el zoco de nuestra economía libidinal y como si ese propósito erradicador de la creencia fuera nuevo y no tan viejo como la Tana filosófica y la vulgar. Lo que llama la atención, como digo, es la determinación, la tenacidad dignas de mejor causa de estos profetas negativos a los que , por fortuna, nadie va a mandar ya al exilio por defender su causa como los atenienses mandaron a Protágoras ni a ofrecerles la cicuta como al maestro Sócrates. Eso de anunciarse en los autobuses será muy moderno pero no deja de sugerir, se mire por donde se mire, una insoportable levedad.