Las rebajas, flojas

Los comerciantes de Huelva sí que notan la crisis. Nada de ‘desaceleración’ ni cuentos chinos, sino retracción pura y dura del consumo que les está dejando en el almacén demasiadas mercancías, y hasta solicitan abrir los fines de semana, para ver si durante el tiempo libre se animan los compradores. UGT, por su parte, reclama que se compense a la provincia proporcionalmente a su aportación y no por debajo de ella y, en general, la conciencia de crisis avanza, como es natural, al tiempo que se comprueban sus efectos. Mal indicio, que hasta en las rebajas se perciba el impacto de una coyuntura adversa que el Gobierno absurdamente se niega a aceptar como una realidad que nadie soporta antes que los propios ciudadanos. Vamos a ver si se arbitran medidas contra la mala situación aunque, probablemente, sus efectos no alcanzarán ya a las rebajas de este año. Mejor evidencia, imposible.

La obra y el ojo

Continúo el asunto de la descatalogación posible de algunas famosas obras de Goya, al que me referí el otro día, con la noticia de que un retrato, el “Perfil nupcial de joven dama”, considerado anónimo por los peritos del XIX y adquirido recientemente por un afortunado coleccionista en diez millones de dólares, acaba de ser filiado, con el concurso de los rayos láser, como un trabajo de la mano de Leonardo. Una vez más el valor de la obra de arte se ve multiplicado por la firma, o lo que es lo mismo, el mercado demuestra su superioridad funcional sobre el criterio, convirtiendo al admirador en rehén de esa legalidad suya cifrada en el nominalismo radical: una obra vale lo que cotiza su autor. El caso es interesante porque demuestra que la pericia, esa función y oficio tan subjetivo, lo va a tener crudo compitiendo en la nueva era con la acuidad penetrante de las técnicas radioscópicas y analíticas cuya pretensión de objetividad es absoluta. Pero también porque prueba que esa nominalismo beato –pura devoción fetichista, en el fondo—no sólo se da en el cuestionado arte no figurativo sino en cualquier valoración que de la obra de arte se haga en el ámbito determinado o influido por el mercado. Es más fácil que se produzca, no obstante, en el primero porque realmente la entidad estética de muchas vanguardias oscila entre el elitismo y el camelo de la manera más desconcertante para el espectador de a pie. Un caso reciente: una investigadora valenciana que hace su tesis sobre el cubismo de Picasso y Braque, Cecilia García, ha descubierto en una exposición enviada por el Museo Reina Sofía al Nacional de Picasso en Paris, que uno de sus cuadros, concretamente, ‘El Violinista’, ha permanecido expuesto durante meses a la mirada pública colgado del revés, sin que haya noticia de que nadie haya advertido el disparate. El ojo espectador es sumiso y la fe de los públicos (incluidos los expertos) capaz de mover montañas.

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No me ha sorprendido esa broma porque ya una vez tuve ocasión de verla perpetrada en una exposición de fotografía artística celebrada en Río, pero sí que recordado la anécdota del comandante Inestrilla, luego asesinado por ETA, cuando colgó del revés en su casa el “Gernika”, evidentemente movido por la intención de poner boca abajo una estimativa que, con razón, consideraba opuesta a sus principios aquel integrista sin fisuras. La rebelión del arte ha escondido mucho fraude, por supuesto, pero no cabe duda de que constituyó un progreso radical y superador respecto a una estética agotada, sobre todo a partir de la discutible constatación de que el mimetismo realista no podría competir con el progreso de la fotografía. Lo malo es que ese proceso redujo drásticamente el destino del arte al someter la obra a una suerte de pontificado hermenéutico, sin precedentes en la larga evolución histórica del arte, que acabaría reduciendo el público a unas elites favorables a la aristocratización de la mirada. Es compatible, a mi entender, el fervor por el arte contemporáneo con el sentido por la representación convencional, sin dejar de ser cierto que la sustitución de la contemplación por la exégesis y del espectador por el experto plantean la cuestión del valor objetivo y fuerzan a replantear el papel del mercado. Yo creo que es elocuente el hecho de que una obra colgada del revés no haya alertado a un solo contemplador durante meses y tengo por cierto que lo mismo ocurriría si se repitiera el experimento con más de un cuadro famoso porque, en definitiva, parece que la autoría, real o supuesta, le dará la vuelta sin problemas en la lonja artística. Ha habido mucho descontento, por lo demás, cuando la restauración nos ha ofrecido el aspecto genuino de los frescos de la Sixtina, de la hoy legendaria ‘Cena’ de Da Vinci o del ‘Caballero de la mano en el pecho”.  A pesar de todo, pues, al mercado le queda tarea larga si quiere acabar con el fuero del ojo.

Ciudad sin ley

Un poco exagerado el título, sin duda, pero, en el fondo, expresivo de lo que está viviendo Estepona, o mejor, su Ayuntamiento, segunda edición del ‘marbellazo’ e igualmente afrontada por la Junta de Andalucía con una parsimonia que evidencia su temor a salir empitonada del lance. El desastre de Marbella no parece haber escarmentado a Chaves que pretende, como hiciera allí, dejar que el tiempo se encargue de devolver las aguas a su cauce haciendo olvidar los desmanes sin aclarar cada día más inquietantes. No es sólo sospechoso, sino elocuente, el emperre en mantener ese consistorio herido de muerte, porque si algo significa es que Chaves, por la razón  que sea, no quiere que se alumbre esa sentina. Si al final han de terminar interviniendo ese ayuntamiento fantasma y poniendo a su frente una Gestora, las viejas sospechas de Marbella volverán a surgir, sólo que con más fundamento.

La crisis y el ensanche

Bien decía ayer el editorial de este periódico que el proyecto del Ensanche Sur no sólo va a ser decisivo para el diseño de la ciudad futura sino providencial para la crisis, que ayudará a paliar con su decisiva creación de empleo, que se estima en más de 10.000 puestos de trabajo. Todas las Administraciones deberían apoyar ahora este empeño municipal, salvo que quieran significarse como absurdos obstáculos a la recuperación de la capital en esta pésima coyuntura, con olvido total de las rivalidades partidistas que han entorpecido durante años los esfuerzos del Ayuntamiento. Huelva tiene más parados que nunca en su historia pero también va a contar, afortunadamente, con una iniciativa capaz de compensarle de sobra el quebranto e incluso permitirle mirar al futuro inmediato desde una perspectiva más cómoda. El Ensanche es de todos para todos. No volcarse con su proyecto sería ya atacar a Huelva.

Las buenas maneras

Me cuesta entender el montaje de la prensa crítica europea en torno al incidente del presidente Sarkozy con unos ayudantes maleducados de la cadena francesa ‘France 3’ que no correspondieron displicentes al saludo educado del mandatario. Ponen cara de asombro y ahuecan la voz ante la reacción del ninguneado que, por lo demás, se limitó a señalar que “se trataba de una cuestión de educación”, añadiendo su propósito de corregir estas actitudes con un escueto “Ça va changer” –esto va a cambiar– al que yo no le veo por ninguna parte ni el autoritarismo ni, mucho menos, la amenaza a las libertades. ‘Sarko’ dio ya mucho que hablar con su discreta idea de forzar disciplinariamente a que los alumnos se pusieran de pie a la entrada del profesor al que habrían de tratar de usted y con el debido respeto perdido hace años, y ahora encara un vendavalillo de verano por ese mínimo rebote sin el cual, a mi modo de ver las cosas, el perjudicado no hubiera sido tanto él mismo como la institución de la Presidencia. ¿Se figuran la que hubiera armado el bonapartista Mitterand si dos monos de un plató se permiten despreciar su saludo o le salen al paso –como ha ocurrido en este mismo enredo— luciendo una camisola con un eslogan agresivo contra su persona? Los franceses tienen varias palabras para designar esa disciplina de mínimos que enseñaba a respetar al otro –‘politesse’, ‘courtoisie’, ‘civilité’…– pero que ha hecho crisis en las sociedades postmodernas en términos insostenibles, hasta el extremo de que hay países, como España, que han debido recurrir a artilugios jurídicos (como considerar ‘funcionarios’ a los docentes y sanitarios) para contener la dramática crecida de la agresividad propiciada por la falta de respeto. Uno de cada tres (otros dicen de cada dos) médicos o profesores han sido agredidos verbal o físicamente en nuestro país. Bueno, pues todo esto empezó cuando mi ínclita generación decidió igualar por abajo, comenzando por el tuteo universal. Hay muchos ciudadanos que reclaman, como Sarkozy, la vuelta al respeto. No hace falta que baile el oso educado del que habló Goethe pero, al menos, no le quitemos la argolla de la nariz.

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Va a costar Dios y ayuda devolver las aguas a su cauce, porque es mucho más fácil soltar la ‘basca’ al recreo que hacerla volver disciplinadamente al aula. Y más aún, lograrlo sin recurrir al añejo autoritarismo que tanto contribuyó a facilitar el triunfo de estas demagogias en el trato, y que hoy resulta, afortunadamente, impensable. Pero cada día es mayor el consenso sobre la necesidad de dar marcha atrás en este experimento fallido que pretendía una convivencia sin más normas que el capricho ni otro remedio que la resignación. La libertad tiene sus límites naturales hasta en la utopía rousseauniana, y la renuncia a ellos supone inevitablemente deslizar el derecho democrático hasta el desgalgadero demagógico. En este sentido, la ofensiva oportunista de los medios hostiles –nadie ignora el empeño de la izquierda europea contra la amenaza que supone este personaje—resulta tan inapropiada como autolesiva, puesto que la democracia somos todos. El otro día un magistrado español se tragó sin rechistar que un reo juzgado por quemar la efigie del Jefe del Estado exhibiera en el pecho un lema que constituía sin más una apología del mismo delito. Miren, llegados a este punto, prefiero a un Sarkozy capaz de poner pie en pared y decidido a poner orden en el corral y a que no se le suba a las barbas republicanas un mozo o una azafata descarados, porque restaurar la “auctoritas” arruinada durante tantos años parece que es condición imprescindible para que esto no acabe como el rosario de la aurora. Se equivoca el progresismo nominal o partidista amparando el desacato. No puede haber organización libre al margen de la jerarquía ni jerarquía que no cuente con el respeto.

Las vacas flacas

Nos iremos de vacaciones sin que la Junta (ni el Gobierno, por lo que se ve y oye) tome medidas serias frente a la crisis galopante, pero no sin datos para imaginar lo que puede ser esto a la vuelta del veraneo, cuando llegue septiembre y nos encontremos con una cifra de parados que, durante años, creíamos ya imposible. Uno de cada dos parados en junio es andaluz y el consejero del ramo dice que lo ve “normal”, háganse cargo. 90.000 parados más en un año, 34.000 en el último trimestre, 20.000 más en el último mes, hasta un total de 570.334 andaluces sin trabajo. ¿Cuántos tendremos en octubre, a este paso, si “lo peor no ha llegado todavía” (Solbes) y Andalucía es, con mucho la gran perdedora de esta coyuntura? Chaves ha surfeado malamente en la ola de la prosperidad y no tiene ni idea de qué hacer ahora a la hora del chapuzón. Son las vacas flacas, las más famélicas de España (y por tanto, de Europa) tras 30 años de hegemonía del PSOE.