Cosas del 28-F

La conmemoración del 28-F es ya pura rutina, mandingas y canapés, izadas de banderas en las que no cree ni el apuntador. Este año ha habido anécdotas significativas, como la traducción al árabe de la letra de ese himno oficial –que Infante derivado de “cantos del solsticio, rectos indudables de la cultura heliolítica (sic)”– por parte de una asociación de inmigrantes magrebíes e, incluso, de un ilegal cambio en la letra perpetrado por la propia Junta en Almería, donde en el verso “España y la Humanidad” ha sido sustituido absurdamente por “los pueblos y la Humanidad”. Ni el himno respetan (art. 3.3 del Estatuto de Autonomía vigente), empezando por la Junta. Imaginen si a alguien se le ocurre cambiar himnos en Cataluña o Euskadi.

Lo que trincan

Tal vez no debería haber saltado nunca a la actualidad, pero ya que ha ocurrido así, lo natural es que los onubenses se enteren de verdad de cuánto trincan sus políticos en medio de la crisis angustiosa que vive la provincia y la capital. Porque no se trata de traer y llevar papelitos con lo que se tiene ‘asignado’, sino de demostrar (con la declaración sobre la renta, miren qué fácil) lo que de verdad se ha percibido, en concepto de sueldo, de complementos, de dietas o de esos chollos mollares que son las consejerías de empresas u organismos públicos. No faltaba más que, encima de trincar esas fortunas, nos dieran con queso las cuentas del Gran Capitán. Muestren lo que Hacienda sabe y les creeremos. Si no  habrá que dar por buenos los cálculos escandalosos que circulan por ahí.

Héroes bajo sospecha

En varios países americanos, singularmente en Colombia, el tema del secuestro a manos de las FARC se está convirtiendo en un pingüe negocio editorial. Se suceden las ediciones testimoniales de ex-cautivos que narran su experiencia en ediciones que superan con mucho la media de las habituales en la región, hasta el punto de convertirse, en ciertos casos, en libros inencontrables y objetos de mercadeo por parte de una suerte de lonja clandestina del libro que funciona con éxito. El último de ellos es uno, escrito a tres manos por otros tantos supervivientes de los campos, que centran su atención en la celebrada figura de Ingrid Betancourt, cuya aceptación en los países libres es cuestionada por los autores, dispuesto a destrozar el mito de esa liberada de oro que ellos describen como una mujer dominante, altiva, insolidaria e incluso, llegado el caso, hostil a sus propios compañeros de cautiverio, de los que se habría sentido separada por un duro complejo de superioridad. Nada podrá desvelarnos, como es lógico, dónde está la verdad del cuento, si en la carita de ángel de la Betancourt y su algo empalagosa correspondencia (“Cartas a mamá desde el infierno”), o en el encrespado alegato de esos memorialistas dispuestos a derribar sin contemplaciones el ídolo de barro en cuya imagen Occidente ha pretendido con éxito simbolizar y rentabilizar la tragedia de la sociedad colombiana. Nunca sabremos la verdad, ya digo, o al menos, es bastante improbable que consigamos una versión del todo convincente de lo que ocurre realmente en la selva bajo la tiranía de esos narcoguerrilleros. Ni siquiera cual fue el papel de la Betancourt, a pesar de las propagandas.

En pocas épocas ha resultado tan fácil la fabricación de héroes como en esta dominada por la férula audiovisual, en ninguna tal vez entronizar de la noche a la mañana a un personaje sin la menor posibilidad de comprobación de sus méritos. Y en cuanto a la Betancourt, la verdad es que en los medios próximos se advierte un intenso y creciente rechazo basado en la crítica de sus actitudes durante y después del secuestro. Cuesta imaginar a la “princesa”, como la llaman con sarcasmo algunos de sus críticos, sisando comida, apropiándose de los pocos libros existentes o negando a los demás la información de la única radio sospechosamente no requisada por los verdugos. Pero eso es lo que andan diciendo por ahí mientras ella y su entorno guardan un significativo silencio. Nunca fue tan fácil edificar prestigios como en la era televisiva, pero a cambio nunca fue tan sencillo derribar mitos. Echen una mirada a ese “Out of captivity” de los tres liberados, por ejemplo, y verán lo que es bueno.

Imagen podrida

Escena en el telediario: el alcalde de Alcaucín, “Pepe el Patillas”, vitoreado por un grupo de ciudadanos mientras es conducido por las fuerzas de seguridad. Otra vez el miserable “torero, torero” que el entonaron al furtivo Bermejo en el Congreso, eco lejanísimo y menor de la escandalosa manifestación contra el TS a las puertas de la cárcel de Guadalajara en apoyo a dos secuestradores convictos. Ha habido muchos casos y sabemos que las urnas ha confirmado, en las últimas municipales, a varios regidores presuntamente corruptos. ¿Qué ocurre, que la corrupción ha calado hasta los huesos del sistema social? Es urgente reflexionar sobre qué significan estos alardes de impudicia y adhesión al delito. Porque a lo peor es que esto empieza a no tener remedio.

La autonomía de Huelva

Denuncian los empresarios con razón y curiosamente callan los sindicatos que la Junta destinará a la provincia de Huelva apenas un 5 por ciento de la cantidad presupuesta para inversión en el presente ejercicio, concretamente, 50 millones de euros de los 1050 de que dispone. Carretera y manta, y luego, claro está, tonantes declaraciones institucionales poniendo por las nubes lo que cada día está más claro que es puro menosprecio de Huelva. Lo que queda por aclarar es la razón: ¿lo hace así desde la Junta de Chaves porque Huelva está segura como feudo provincial o lo hacen para castigar que no lo sea del todo? En cualquier caso, está claro: Huelva es la última para la Junta y para el Gobierno. Que cada cual saque su conclusión.

El dinero secreto

No deja de ser una paradoja desmoralizadora escuchar a ZP sugerir en Berlín, donde anduvo ‘invitado’ en la reunión de “los 20”, que se acabe por las bravas con los”paraísos fiscales”, es decir, con esos cofres de triple llave ocultos a conciencia en la isla global del secreto bancario. Igual el presidente pintaba poco en los 90 y no se enteró de que su partido mantuvo cuentas en esos “paraísos” lo mismo en el Canal de La Mancha, que en Suiza o en Lichtenstein, sigilosamente custodiadas por la plana mayor del guerrismo y del felipismo, que agentes de los dos hubo en la partida. Pero el caso es que su gesto ha venido a coincidir con la insólita decisión de la autoridad que controla el mercado financiero suizo de ordenar al mayor banco del país, UBS, la entrega al fisco americano de los datos pertenecientes a 250 clientes sin rostro, convictos aunque no confesos de fraude fiscal, un éxito que ha animado a los yanquis a reclamar información sobre otros 52.000 emboscados. Parece, pues, que la crisis ha pesado sobre las finanzas y sus responsables hasta el punto de resquebrajar esa piedra miliar del compadreo financiero que es el secreto bancario, acaso el más eficaz protector de la delincuencia del dinero y la tapadera de ese singular milagro que supone el hecho de que nadie sepa donde está, por poner un caso, escandaloso, la fortuna afanada pro el gran estafador Madoff. Claro que no nos engañemos: los “paraísos fiscales” no son ya el refugio exclusivo de las élites sino el fondo de reptiles en que se protege el ahorro oculto de una legión de medianos y hasta pequeños afanadores que han encontrado a su sombra su auténtica isla del tesoro.

Por supuesto, no ha tardado el Gobierno suizo en tranquilizar a los bucaneros asegurando que ese secreto –el gran negocio de la nación—no será vulnerado y seguirá intacto, es decir, abierto a la golfemia negociante del planeta y en competencia abierta con una competencia cada día mayor, declaración que seguro que será vista como un gesto de formalidad apreciable por esa cofradía, pero que de hecho constituye sin más una declaración de protección a la impunidad que ni el seísmo de la crisis ha logrado resquebrajar. El gran capitalismo es secreto y su dinero oculto es, entre otras cosas, como es sabido, el producto sangriento y en todo caso criminal de la piratería que ha convertido a cierta banca en sus nuevas Tortugas. ZP hace bien en reclamar, aunque sea cínicamente, que se persiga a ese finibusterre de guante blanco en el que la política tiene vara alta desde su mismo nacimiento.