El negocio urbano

Parece ser que uno de los grandes problemas que se plantea la banca en crisis es cómo deshacerse de la masa de viviendas que los desahucios han echado en sus manos. Se dice que en las de las Cajas está el mayor patrimonio inmobiliario de su historia y un banco señero como el Santander, además de correr con los gastos de Garzón en sus aventuras americanas, proyecta ahora meter el hombro para tratar de vender esas viviendas que nadie está en condiciones de comprar. También que más de uno está amasando un fortuna colosal comprando a la baja lo que mientras duró la burbuja famosa llevó a una considerable mayoría ciudadana a al ilusión de creerse millonarios sobrevenidos, algo que no constituye ninguna novedad histórica pues bien sabemos que la especulación urbana es tan vieja como la civilización urbanita. Los historiadores atentos a la economía (los de la escuela de “Annales”, por ejemplo) vieron claramente la oportunidad que supuso el proceso de urbanización ocurrido en el siglo XIII, pero la cosa es mucho más antigua. En el estupendo blog del profesor Chic, encuentro una breve y brillante nota de Gonzalo Gala recordando la antigüedad del “pelotazo” y el caso de Marco Licinio Craso, el magnate de su  momento, que hizo la fortuna comprando solares de edificios incendiados (y quizá mandándolos incendiar él mismo: ‘nihil novum’, como ven) y reconstruyendo sobre ellos las célebres ‘colmenas’ romanas de muchas alturas que nos son de sobra conocidas. Gala recuerda la normativa romana que hubo de salir al paso de estos abusos entrando a saco en un mercado salvaje en el que podía uno cruzarse con Cicerón o el propio César, acreditados especuladores, y sugiere el absurdo que supone que en España nadie haya pensado en regular esa desbocada carrera  actuando sobre el propio mercado o limitando discretamente los créditos. Nada nuevo, en efecto, bajo el incorregible sol humano.

Ya metidos en harinas, el titular del blog echa su cuarto a espadas en el debate sobre el imaginario “fin del capitalismo” que algunos pretenden ver en la crisis, y lo hace para decir con acierto que probablemente nadie pueda con ese sistema que, en fin de cuentas, salvadas las precisiones conceptuales, nació allá en pleno Neolítico, entre los escombros de las murallas derrumbadas de Jericó. Y apunta que, divididos entre los 44 millones de españoles los 30.000 millones de euros que el Gobierno le ha largado a la Banca, cada español hubiera tocado a 682. He echado mano de la calculadora, incrédulo ante ese hallazgo. Y es verdad. Puede dormir tranquilo el ‘Tio Gilito’. Por que el que no daría yo duro de los antiguos es por el pato ‘Donald’.

O yo o nadie

Ése es le dilema habitual del PSOE, el principio metodológico que articula sus estrategias parlamentarias. Que presenta un proyecto el PP o IU, pues se le tumba con la mayoría absoluta o pactada a precio de oro, y a otra cosa, por necesaria y hasta urgente que pueda ser la materia que se propone regular. La atención a las víctimas, sin ir más lejos, fue antier rechazada por tercera vez en esta Cámara de piñón fijo, en ausencia de Chaves, para más inri, y argumentada por un tercerón desconocido que se agarró a la lenguaje duro y a la agresividad como a un clavo ardiente. Las víctimas pueden esperar. Hasta que el PSOE decida, por lo menos.

Conocer la verdad

Ha sido estupenda la decisión conjunta del PP e IU municipales de exigir a la autoridad, es decir, a la Junta y al Gobierno, una palabra definitiva sobre la vieja cuestión de los riesgos sanitarios derivados de la industria que vienen denunciándose en Huelva hace años. Prudencia y cautela a la hora de tratar este delicado asunto no están reñidas con la necesidad de aclarar de una vez por todas qué ocurre de verdad en Huelva, más allá de dudas e informes contradictorios, pues la mera sombra de sospecha de que estamos sometidos a esa amenaza patológica convierte el silencio administrativo en insensatez cuando no en complicidad. ¿Cómo oponerse a que se sepa la verdad? El PSOE debería plantearse esta sencilla cuestión antes de oponerse a que se investigue debidamente nuestro medio ambiente.

Estrellas fugaces

Un fenómeno característico de los felices 60 fue el de eso que en Francia se llamaban las “étoiles filantes”. Eran esas estrellas fugaces mujeres del común, amas de casa libres de toda sospecha, oficinistas cumplidoras que decidían suplementar sus ingresos ejerciendo ése que suele llamarse, no sé por qué razón, el oficio más viejo del mundo, a saber “ocuparse” en ratos libres en casa de alguna “madame” y volver luego como si tal cosa al tajo o al hogar. No era el caso de “Belle de jour”, evidentemente, el de la señora aburrida o neurótica espoleada por vaya usted a saber qué buñuelesca curiosidad o ansia de aventura, sino el de las currelantes agobiadas por el dichoso fin de mes que se acercaba siempre con su cortejo de facturas y estrecheces. ¿Y dónde no hubo alguna vez ‘estrellas fugaces’, cuerpos en alquiler “part time”, ese puterío a tiempo parcial tan estimado, al parecer, por los “connaisseurs”? Pues quizá en ninguna parte, pero esta temporada hay cierta alarma en muchos de nuestros países desarrollados ante la crecida, dicen que vertiginosa, de una decisión que ahora ha encontrado en ‘sitios’ especializados de Internet un instrumento seguro y fiable. En uno de ellos, que ofrece al ‘cliente’ nada menos que 4.000 ‘servicios’ de chicas estudiantes, se registraron hace poco, en un solo día, 124.000 entradas, lo que da una idea del dinamismo del negocio. En Francia se habla estos días de “prostitudiantes” como de un problema que preocupa ya el propio Elíseo. ¡Como si al campo se le pudieran poner puertas!

Por encima o por debajo de la inútil discusión sobre la prostitución parcial, es evidente que hay dos circunstancias que se imponen, esta vez, a toda consideración. La primera es el efecto de la crisis sobre los presupuestos ajustados en un ambiente de desmoralización generalizado. La segunda, la banalización supina que el sexo sufre en Internet, al margen de su enorme capacidad de conexión. Habrá que contar en adelante con ese gigantesco prostíbulo cibernético, potencialmente el mayor lupanar de la larga historia del género, y en el que la relación se adelgaza hasta ahilarse de modo que se presenta a la conciencia como despojada de su incómoda ganga personal. Buñuel no habría sido capaz, probablemente, de imaginar siquiera este “meublé” electrónico y sin ‘dueña’ que invita silencioso a la ilusión de una libertad que alguien ha definido, con las del beri, como la creencia ingenua en que es posible gestionar el propio cuerpo como si fuera un  fondo de comercio. Hay libertades que encadenan al tiempo que nos quitan los grilletes. Y no sé, pero me da el pálpito de que esos amores mercenarios se acojan a la sombra de alguna de ellas.

Se acabó el cuento

Andalucía ha crecido el año pasado cuatro décimas menos que la media española. Se acabó, pues,  lo que se daba, el cuento del envergue de que cómo crecíamos más, es que éramos mejores y avanzábamos más deprisa. Ahora bien, si creciendo por encima de la media estamos donde siempre estuvimos, es decir, a la cola de la nación, ¿qué sucederá ahora que crecemos menos que los otros? Chaves debería reconocer el fracaso rotundo del “no-modelo” autonómico, el coste, insuperable acaso, de treinta años de tirar p’alante sin un plan de desarrollo auténtico. De momento, se acabó lo que se daba. Ya ni el truco estadístico nos queda como consuelo.

La UHU, a lo grande

El martes se leyó en la Universidad de Huelva, la UHU, una tesis doctoral de las de antes. Nada de temitas (no voy a dar casos, para qué) cogidos al vuelo y resueltos sin vergüenza, nada de camelística académica, sino un asunto grave, elegido en el corazón de la historia del pensamiento político y en torno y rescate del gran “filósofo de la monarquía española” y preclaro humanista, Luis Díez del Corral. La leyó Juan Antonio González Márquez , una cabeza señera en la Huelva de hoy, para dar una lección de inteligencia y cultura muy cercana a los problemas de nuestra actualidad. El martes la UHU resonó como una universidad clásica, demostrando una madurez de la que el nuevo doctor es prueba y vanguardia. Enhorabuena a ambos pero, sobre todo, enhorabuena a Huelva.