‘Taedium vitae’

La gente se aburre mucho en esta vida, sobre todo los que no han de ganársela a pulso, duramente, un día tras otro. Siempre fue así, en cierto modo, y de ahí procede el gusto por las llamadas “emociones fuertes” que, tradicionalmente, respondían a modelos en que el observador era el impresionado por el riesgo ajeno. El infeliz en las garras del león o el gladiador nubio aguardando la señal del César para degollar a su rival vencido, tienen mucho en común con el descerebrado que hace “puenting” arrojándose al vacío o con los apostadores que juegan a la ruleta rusa. La Humanidad se aburre, sobre todo después de comer y beber, una vez agotados los beneficios comunes, y recurre a estos inconcebibles expedientes que revolucionan el organismo haciéndole experimentar sensaciones artificiales provocadas por el desorden inducido de sus propias hormonas pero que el sujeto experimenta con placer. ¡”Vivere pericolosamente!”, ya saben, el cuento y la leyenda de la adrenalina. Un grupo de actores ha montado en Barcelona una atracción consistente en ofrecer a los ansiosos de emociones un secuestro fingido, un rapto real pero lúdico, en el que, a cambio de un precio razonable, los falsos secuestradores se comprometen, bajo contrato exculpatorio, a hacer disfrutar a la víctima voluntaria de todos los efectos de un secuestro real, desde la captura por sorpresa y su reducción violenta hasta el cautiverio, las sevicias y amenazas habituales, experiencia que, al parecer, han vivido ya lo menos doce personas. Ahora que está de moda hablar de simios, se me viene a la cabeza aquella ocurrencia de Goethe de que si los monos supieran aburrirse tendrían abierto el atajo para convertirse en hombres.

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La novedad del caso estriba en que, por una vez, la emoción fuerte es reclamada por el propio consumidor, lo que, a mi modo de ver, implica un grado de hastío realmente inusitado. El romano gozaba, según parece, con el padecimiento ajeno tal como el taurino se crece con el valor del otro y el espectador de boxeo se complace a la vista del dolor del púgil, por no hablar de la experiencia sádica en general, pero esta experiencia de índole masoca requieren un grado muy superior de “ennui” que el que resulta habitual en nuestras sociedades. Por supuesto que semejante vivencia tendría otros remedios en línea con la vieja observación de que el aburrimiento es una enfermedad que tiene en el trabajo en remedio bien fácil, pero ¿quién habla de trabajar en nuestro ámbito hedonista? Jules Renard, que las clavaba sin clavo, anotó ya maduro en su impagable diario que el aburrimiento contribuye decisivamente a prolongar una vida que es, queramos o no, demasiado corta y decía algo así como que no hay vida tan corta en la que el “spleen” no consiga hacerse un hueco, lo que nos pondría en la pista de esta búsqueda de la sorpresa como antídoto y esta sobrevaloración patológica de la utilidad del riesgo.Tipos como Lawrence, que se creía por encima de sus emociones, o como Wilde, que las tomaba por un debilidad, anuncian lejanamente a esta caterva de parásitos peligrosos que no son sino productos de una sociedad opulenta con el termostato axiológico averiado. Un portavoz de la policía ha dicho con indignación que no habría mejor remedio para estos esparcimientos que la experiencia real, es decir, que los demandadores de secuestros fingidos sufrieran alguno real, sin contratos ni condiciones por medio, con su carga de riesgo auténtico y no ficticio. Y lleva razón, porque sólo la idea de ese jueguecito supone un escarnio para quienes de verdad han sufrido esa vivencia atroz, y su presencia en nuestra sociedad pone al descubierto una falla profunda cercanamente emparentada con la injusticia característica de la sociedad desigual. Se merecían un susto en condiciones esos héroes aburridos, pero un  susto sin trampa ni cartón. Un susto de muerte.

La UGT, ansiolítica

El secretario general de la UGT, Manuel Pastrana, ah asegurado muy serio que hablar de una previsible subida del paro “es pura ficción” puesto que nadie está condiciones de saber cuánto empleo va a perderse este año. Ignoro cual será la capacitación teórica del síndico, pero parece demasiado transparente su intención desdramatizadota –en línea con el papel que tiene asignado en el pacto de concertación–, sobre toso si se piensa que el desplome del trabajo es una realidad que pinta fatal según  la inmensa mayoría de los observadores. Ojalá todos estén equivocados y acierte Pastrana; hoy por hoy, sin embargo, esa opinión no deja de ser extravagante a la vista de cuántos datos económicos se van conociendo día tras día. Es razonable que el sindicato contribuya a la serenidad. No lo es que se preste a hacer de coartada de unos gobiernos atenazados e inmóviles ante la crisis, por muy amigos que sean.

La crisis de IU

No sé por qué le da tantas vueltas la dirección de IU al procedimiento “exprés” para echar de sus filas a quienes no obedezcan las directrices del mando. “El mando siempre lleva razón”, es un axioma que los fascistas pintaban por las `pareces encaladas de nuestros pueblos pero que podría ser asumido sin problemas por cualquier partido actual. ¿O ya no se acuerna los valderienses de que “el centralismo democrático es un valor en sí mismo”? IU ha demostrado en Bollulos que quedan en la coalición arrestos militantes para oponerse a los chanchullos y el castigo a esos rebeldes con causa le puede costar –como ya le costara en Valverde—una desbandada sin remedio. El liderato de Valderas está amortizado y resuelta demasiado visible que su salvavidas es el PSOE. Sería muy bueno que lo que dicen y repoiten en voz baja esos militantes, lo dijeran alzando sin miedo la voz.

El valor de la firma

Al pobre Goya andan saqueándole la pinacoteca, seguramente con razón, esos expertos que trajinan laboriosos con las pinturas estudiando la pincelada y escudriñándolas con rayos X. El aldabonazo lo ha dado estos días el propio Museo del Prado al anunciar que, en fecha próxima, respaldará oficialmente las hipótesis de sus expertos que han puesto en cuestión la autoría de algunas de sus obras más conocidas, entre las que destaca el célebre “Coloso”, la metáfora clásica de la Independencia, pero también obras como “La Lechera”, “Esopo”, “Menipo” y las mismísimas “pinturas negras” de la Quinta del Sordo que ahora resulta que no serían obra suyas sino de su hijo. Una revolución, que una vez más viene a cuestionar la beatería que rige el gusto y la estimativa pública, fatalmente sometida a la tiranía de la oficial, y que resuelve en términos tremendos la opinión publicada de que resulta probable que, de no mediar estas confusiones que han permitido la atribución de esos apócrifos al autor famoso, las obras en cuestión estarían hoy día rebotando por “el mercado secundario de las subastas”. La mano genial de Goya no sufrirá gran cosa por este motivo, desde luego, pero el caso sirve para demostrar hasta qué punto aquella beatería está siempre dispuesta a asumir disciplinadamente la admiración que se le propone, como consecuencia inevitable de la inexperiencia de su mirada. Hace bien poco las policías española e italiana trincaban a una banda, con experto incluido, que trataba de vender como auténticos, falsos renacentistas, entre ellos algunos Rembrandt, Veronese y un Parmigiano por el que pedían una millonada. Precisamente de Rembrandt dice la Asociación Holandesa para el Avance de la Investigación que al menos la mitad de sus obras no son genuinas, de su mano, sino como en tantos otros casos, trabajos de taller, y Thomas Hoving armó la marimorena en el mundillo del arte al sostener en público que el cuarenta por ciento de las obras exhibidas en el Metropolitan Museum de Nueva York no eran, realmente, lo que aseguraba su atribución. No pasa semestre sin que nos enteremos de que decenas de Dalís subastados o expuestos por ahí son falsificaciones hechas en vida del genio o tras su muerte. No cabe duda de que las devociones artísticas sujetas a catecismo tienen mucho de convencionales.

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Tengo pocas dudas de que ese criterio obediente que hace del arte contemporáneo, por ejemplo, en tantos casos, un tema tan dudoso, acabará cediendo, con el tiempo, como ceden todas las modas, a la exigencia de razón, a pesar del blindaje intelectualista con que lo ha protegido la exégesis desde Ortega a Lyotard y desde Adorno a María Zambrano, cuyo trasfondo ha sido, en definitiva, un duro aristocratismo de origen niestzcheano que ve en la obra de arte un producto para “entendidos” y, en consecuencia, excluye al ojo común de la participación estética. El caso de Goya pone al descubierto que la estimativa elitista en que se funda la “deshumanización del arte” tiene más de ‘pose’ que de razón, pues si resulta tan fácil pasar de matute Veroneses o Goyas, podemos imaginar las inmensas posibilidades que se abren al fraude ante la obra “deshumanizada”. Los maestros de la Escuela de Frankfurt sabían, además, que esa ambiciosa protesta contra el orden estético acaba siendo “un producto de la misma estructura que denuncia” y no hay mejor confirmación de ello que el comportamiento del mercado artístico, regido por esos valores a la hora de cotizarlos por las nubes. Goya sobrevivirá a todas las inquisiciones pero tengo mis dudas sobre las posibilidades a medio y largo plazo de no pocos ‘genios’ actuales. Ya ven: la mitad del Metropolitan va de camelo y nadie se entera. Y eso es algo que no ocurrirá nunca en El Prado o en Los Uffici donde las excepciones no hacen más que confirmar la regla.

Albúm de fotos

No me parece justo sacar esta o aquella foto del ex-alcalde de Estepona, hoy entre rejas, con éste o aquel personaje para sugerir cierta ingenua proximidad que hoy resulta más que incómoda. Y no me lo parece porque con el ex-alcalde de Estepona se ha dejado retratar diciendo ‘patata’ media clase política y empresarial y parte de la otra media, del mismo modo que ocurriera antes con el denostado Jesús Gil, recibido en la Presidencia con todos los honores después de haber demostrado el cohecho del “caso Montaner” del que la Junta se libró sólo por prescripción del delito. Dijimos en su día que había no pocos Jesús Gil campando por sus respetos, y ahora hemos de decir que seguro que todavía quedan sueltos muchos Barrientos haciendo de su capa un sayo con la connivencia mayor o menos de la autoridad correspondiente. Barrientos, por ejemplo, estaba ahí de alcalde con las bendiciones de Chaves: lo demás son cuentos. Mientras la corrupción no se mide desde este desagradable ángulo continuarán estas miserias ensombreciendo la vida pública.

Nuevos en la Plaza

La familia de los Cortés, es decir, la familia de la desdichada Mari Luz, anda rasgándose las vestiduras porque los políticos –como todo el mundo veía menos ella—la han utilizado para hacerse sus fotos y si te vi no me acuerdo. ¿Y qué esperaban los Cortes, que el “establishment” se iba a poner a sus órdenes para hacerles justicia siquiera a toro pasado? A esa familia la ha utilizado el politiqueo local haciéndola apuntar a un juez que no se ve las manos, para salvar la responsabilidad evidente de la Junta de Andalucía y de los órganos judiciales superiores, amén del Gobierno con su Ministerio. Y ya se puede poner como se pongan que, desgraciadamente, poco tienen que hacer en esta batalla perdida. Pero si pretenden seguir la lucha no tienen por qué salir de Huelva, donde están los representantes legítimos de todos los que le han tomado el pelo.