Negros nubarrones

Un estudio nada hostil al poder, las “Previsiones Económicas para Andalucía. Primavera 2009”, realizado por los expertos de Unicaja, prevé que para finales de año tendremos en la comunidad 1.100.000 parados, es decir, uno de cada cuatro desempleados españoles, la tasa más alta de la nación. Por si fuera poco, anuncia también una bajada de 3 por ciento del PIB lo que da por seguro que entraremos en recesión para finales de año. Nunca estuvimos peor y no sólo por causas ajenas. Mantener esa tesis garantizaría lo peor para ésta ya mala perspectiva.

A zapatazos

Un periodista hindú, interesado y partidario de la causa de los sijs y disconforme con la evasiva respuesta del ministro del Interior, Palaniappan Chidambaram, optó este Martes Santo –que para él no lo era, como es natural—por lanzarle al prócer un tremendo zapatazo que éste logró afortunadamente esquivar con una oportuna flexión. Cunde la moda del zapatazo, por lo visto, cuyo notorio precedente hay que buscarlo en el lanzado a Bush en Bagdad al final de su mandato o el que también eludió por los pelos el primer ministro chino, Wen Jiabao en su visita a Cambridge el pasado mes de febrero, una moda que inaugura una era sin precedentes de irrespetuosidad en las relaciones prensa-poder pero que quién sabe si hunde sus raíces en el abismo inconsciente del hombre, ese irremediable animal mítico. El camino de la improvisación está empedrado de viejos contenidos simbólicos, desde luego, y en este caso no hay más que recordar las numerosas asignaciones de sentido que el calzado ha tenido en nuestro pasado, incluso si descontamos los freudismos extremados, como el popularizado por Bettelheim a propósito del zapato de cristal de Cenicienta, al que él atribuía un simbolismo vaginal que luego ha dado mucho que hablar (y que reír). Recuerdo que Harold Bayle mostraba, en su memorable ensayo sobre el significado de los símbolos, el sentido peyorativo que dio al calzado el genio visionario de Swendenborg, aunque es bien sabido que el imaginario arcaico le asignó valores bien altos y respetables, como lo prueba, por poner un caso, su función en los rituales romanos de compraventa. En el Libro de Ruth se lee que la entrega de la sandalia del vendedor a la otra parte sacralizaba el intercambio, idea a la que quizá hay que remitir alguna interpretación que ha llegado a ver en el zapato la seña genuina del derecho de propiedad. No tienen ni idea, pues, esos alborotadores, de los bueyes con que pretenden arar la expuesta besana del Poder.

 

Puede que pronto veamos a los barandas protegidos tras el cristal blindado tal como ahora vemos a los malandrines más peligrosos, y en ello no debería apreciarse ningún progreso de la opinión exigente sino un signo del imparable deterioro que anda experimentando la autoridad, paralelamente al equívoco proceso que lleva a nuestros reporteros a repreguntar a los dirigentes o a los plumillas deportivos a tutear a  entrenadores que los doblan en años, saber y gobierno. El zapato, por lo demás, es una cosa muy seria que en lo antiguo significaba libertad (los esclavos iban descalzos) y que hasta hace poco culminaba en la zapatilla papal cuya punta bordada besaban los fieles más sumisos. Por lo demás, en los ruedos se pasó de lanzar el sombrero o el abanico a dedicar al diestro el sujetador y hasta las bragas. Cualquiera sabe en qué puede acabar, por su lado, esta moda del zapatazo.

Margen al futuro

No me parece ni justa ni cierta la especie –que me temo se convierta en ‘leiv motiv’ del PP para lo que queda de legislatura—de que Griñán carece de legitimidad al no haber sido elegido por el pueblo. ¿Se diría lo mismo si se tratara de una sucesión forzosa, pongamos por muerte del titular? Seguro que no pero, además, a Griñán lo eligió el pueblo diputado y eso es lo único que precisa para ser Presidente. Se entiende el enojo contra la operación que ha descabalgado a Chaves desde Madrid pero ello no justifica argumentos que no lo son.

Balance onubense

Lleva razón el alcalde de la capital en que Chaves no ha cumplido ninguno de los compromisos importantes contraídos con Huelva: ni el AVE, ni el aeropuerto, ni los tres puentes famosos, ni el pacto local andaluz ni la ley de creación del Área Metropolitana. Y la lleva porque la evidencia no puede negarse, lo que constituye un severo compromiso añadido para el sucesor, José Antonio Griñán, y para el partido en el poder que hasta ahora se ha limitado a encubrir el fiasco y a enredar la madeja. A Huelva no se la ha tratado bien, más que nada por oposición  al alcalde Rodríguez, y eso es algo que puede cambiar en manos de alguien con una idea más leal de la competencia política.

Cultura y propiedad

La llegada de la nueva ministra de Cultura ha provocado, de entrada, reacciones sulforosas en esa masa sin rostro que reside en la Red. Hasta se han creado del tirón varios “sitios” dedicados a pedir/exigir la salida de la recién llegada habida cuenta de que ella representa a las claras la postura intransigente de los propietarios culturales que a duras penas se debaten contra el irreversible progreso de la difusión gratuita de la cultura que supone Internet. El contencioso entre cultura y propiedad está, evidentemente, en un callejón sin  salida del que, en caso de ganar provisionalmente la partida, no va a salir indemne la segunda, aunque lo estupendo de este caso consiste en que sea un Gobierno que se postula “socialista” nada menos el que fiche como ministra a una adalid de la causa propietaria frente a la legión innominada de los piratillas. Ahora bien, ¿se sabe hasta qué punto está justificada la alarma propietaria, se conoce a ciencia cierta el número de filibusteros que opera desde el ordenata bajándose pelis y canciones? En Europa circula un sondeo del prestigioso Ipsos Media CT que demuestra que hay países en que la cosa no es tan grave como la pintan, dado el ‘relarivam,ente’ bajo número de encuestados que defienden la piratería pero, sobre todo, porque esos mismos encuestados dejan en evidencia la llamada “teoría Larusso” –según la cual la pérdida experimentada por los autores es igual al volumen de fraudes producidos en la Red–, puesto que, según dicen, en caso de verse impedidos de navegar bajo bandera negra (como seguramente va a intentar la policía de la nueva ministra), no es cierto que fueran a comprar un disco en el mercado oficial ni mucho menos, sino que o bien recurrirían a préstamos o copias indirectas del disputado bien, o bien, simplemente, renunciarían a poseerlo. Es más, fíjense lo que son las cosas, los estudiosos de mercado canadiense han descubierto que no hay compradores más pródigos que los grandes piratas. La ministra tendría que tentarse la ropa antes de actuar.

 

Este es un pleito difícil, no cabe duda. No queda fácil defender el mangazo cultural, por supuesto, pero tampoco resulta cómodo –e imagino que para un Gobierno tan “humanista”, mucho menos si cabe—plantarse a cara de perro frente al consumidor tramposo que alega, como es natural, ese “derecho a la Cultura” con el que se le llena la boca a los poderes hasta que tienen que vérselas con los propietarios de derecho común. Una encrucijada, ya digo, que por lo demás tiene difícil salida práctica, porque ya me dirán cómo van a conseguir las policías, por más que lo intenten, ponerle puertas a ese campo virtual.

Sentencia desmoralizadora

La decisión del Tribunal Supremo de exonerar del delito de prevaricación al juez Urquía, que solicitó y obtuvo dinero de Roca en Marbella, según el TSJA y el propio TC, puede ser discutible, pero la de permitirle que vuelva a ejercer de juez en tan breve plazo, 21 meses, aún costándole el mangazo, no admite discusión alguna. ¿Un juez mangante enjuiciando a los demás? Eso no tiene pies ni cabeza se mire por donde se mire y sean cuales sean las razones técnicas invocadas por los juzgadores. Se ha sentado un precedente insólito para escándalo de una sociedad desmoralizada.