Margen obligado

No estoy de acuerdo con la áspera acogida de la oposición al candidato Griñán. Y no lo estoy porque una cosa es prever el continuismo en su tarea (y su discurso de antier ya lo anunció) y otra muy diferente es regatearle absurdamente la legitimidad o presuponerlo “marioneta” de Madrid. No se trata sólo de que hay que darle margen razonable al recién llegado sino de reconocerle una calidad personal que, al margen de cualquier discrepancia, me parece que está a la vista. Aparte de que a ver qué partido en esa oposición, considerando la historia, puede hablar de autonomía con la boca grande.

El pacto de Bollullos

Es lamentable la reacción intemperante de los mandamases de IU ante el pacto libremente adoptado por la mayoría del grupo municipal bollullero de formar gobierno con el PP en lugar de con el PSOE. Y más si cabe, la expulsión del partidito de los cimarrones que optaron por preservar su legítima autonomía, cuyo castigo no es otra cosa que la imaginaria compensación del fracaso de Valderas en su propio pueblo. ¿Ya no se acuerdan esos barandas de la “pinza” con el PP que mantuvo a Chaves en la nevera? IU no es ni sombra de lo que fue, por supuesto, pero con estas maniobras no hace más que retratarse como acólita del PSOE.

El ayuno

Ninguna noticia tan estrafalaria como la que da cuenta de la huelga de hambre emprendida por el presidente de Bolivia contra su propio Estado. Ninguna tan truquista e insensata, a pesar del apoyo enviado por las dictaduras amigas desde Venezuela y Cuba, que ya me gustaría ver qué harían ellas mismas si se les plantara en huelga de hambre un jerifalte de primer nivel empeñado en sus trece personales. Un conflicto entre los poderes del Estado admite arbitrajes y mediaciones institucionales, previstas en la ley, pero resulta absolutamente impropio planteado en términos de presión, como un recurso al margen de la Ley, como un trágala planteado por un poder a otro, que hace trizas el imprescindible equilibrio de poderes democrático garantía genuina del régimen de autogobierno. Imagino, por supuesto, que si se planteara la cuestión al revés, es decir, si fuera la oposición al proyecto autocrático que trae entre manos Evo Morales a imitación de sus mentores la que emprendiera una acción semejante , sería ensordecedor el coro de protestas “revolucionarias” y nada resultaría más claro a sus ojos que la índole finalmente ilegitima de ese berrinche que manifiesta a las claras la endeblez de una vía democrática a la dictadura en que el castrismo está viendo prolongada su agonía. Resulta infantil –que es lo último en la perspectiva política—la imagen de un  Presidente dramatizando su protesta contra los legisladores en demanda de una solución que le permita liquidar el modelo atribuyéndose su control en términos vitalicios, pero sobre todo desconsolador contemplar la utilización demagógica del populismo llevada al extremo paroxístico de esa imagen ridícula. Es casi imposible tragarse la pantomima de un ayuno que, por supuesto, a nadie se le puede pasar por la cabeza que se plantee siquiera llegar más allá de la simulación, pero su mero planteamiento constituye un insulto a la razón democrática.

 

Lo de menos ahora es si el censo de Bolivia está amañado –¿por qué si no el Gobierno se resiste a revisarlo?—o si el medio país que se opone a la huida hacia delante del indigenismo defiende privilegios a socaire de la Ley. Es la propia idea de la huelga del Presidente contra las Cámaras lo que resulta intolerable porque rompe en pedazos la unidad constitucional tratando de imponer –con esa teatralizada coreografía de violencia pasiva—la voluntad realenga de un mandatario. No se trata de descubrir el designio totalitario de este tipo de regímenes, que eso está fuera de dudas, sino de señalar la curiosa mezcolanza de la liturgia “revolucionaria” con la apelación teórica a la legitimidad del orden constituido que, precisamente, se pretende vulnerar desde fuera. La autocracia degenera en panteón, en cuartel o en circo. Lo que está ocurriendo en Hispanoamérica es la mejor constatación de de este axioma de tres patas.

Política y realidad

Escuche usted a un político referirse a la política de menores de la Junta, a la aplicación –lastimosa y truquista—de la ley de Dependencia, al problema de las drogas o al drama del acoso escolar. Le dirán vaguedades, le hablarán del sexo de los ángeles. Y luego pregunte al Defensor del Pueblo y oirán esto: “En menores no podemos demorar las soluciones trece años”, “hay mucha gente que muerto esperando la aplicación de la ley de Dependencia”, “en el acoso escolar hay que tomar ediciones fuertes contra los verdugos”. La verdad por delante, la simple realidad, contrastando con el cameleo de los responsables. Hace falta más administración  y menos política.

Generaciones y semblanzas

Incisivas declaraciones de Carlos Navarrete –el político al que todos en el PSOE le deben su carrera—sobre el relevo de Chaves, el “déficit democrático” de su partido, la pamplinería del feminismo de nómina y cuota. Lástima de que este personal esté retirado por los “renovadores” que no cumplen ya menos trienos que él pero que ha crecido mal calor de la rutina, la comodidad y al decadencia. La mayoría de cargos decisivos en Huelva son tan “viejos” como Navarrete y ahí siguen. La pérdida de nivel del partido tiene evidente relación con este relevo fratricida y ambicioso que respaldó González.

El trabajo negro

En plena Semana Santa corre por Europa un informe de la OCDE sobre el trabajo negro y la economía sumergida que pone los pelos de punta porque evidencia la magnitud de un problema que contribuye a apuntalar este sistema podrido más de lo que se cree. No tienen más que echar una ojeada a los datos. Para empezar, se constata que, en cosa de 10 años, dos tercios de la población activa del planeta trabajará en ese mercado secreto y ajeno a cualquier regulación, un mercado en el que la fuerza de trabajo intercambia su esfuerzo sin contrato ni prestaciones que valgan, y en el que hoy mismo trabajan ya 1800 millones de criaturas, evidenciando que el funcionamiento del actual sistema de producción/explotación depende bastante más de la informalidad (creo que los ‘neo’ llaman a eso “desregulación”) que de la norma. Un cuarto de esas poblaciones en los países en transición, la mitad de ellas en América latina o África del Norte, dos tercios en el sur del continente asiático y, en fin, nada menos que tres cuartos en el infierno subsahariano, han de buscarse el pan de cada día en ese antro calamitoso dentro del que, no está de más recrodarlo, 1.200 millones malvive con un par de dólares al día. ¿No decía la ONU que la pobreza se vería reducida en 2015 –pasado mañana como quien dice— a la mitad de su volumen actual? Pues ya pueden ir corrigiendo previsiones y enterándose de que este traslúcido Sistema funciona sólo sobre esos temibles cimientos de injusticia y de ilegalidad consentida. Y una conclusión obvia: que tanto salarios como rentas son menores en los países más pobres, con lo que se cierra el círculo maldito de la perversión del tinglado.

 

Justo cuando leo el desolador informe escucho decir en España que para tener una idea cabal de nuestra renta sería imprescindible incluir en ella las obtenidas por este negro sector y, ya puestos, las pingües que producen los narcos y el contrabando, una consideración tan evidente como desmoralizadora y que parece sugerirnos la impropiedad q ue supone considerar los avatares de la crisis que nos abruma teniendo a mano sólo la estadística oficial. ¿No sería mejor pensar que la mera supervivencia de nuestro modelo económico implica la existencia de esa crisis estructural que obliga a la inmensa mayoría a buscarse el pan cada mañana sin más condiciones ni derechos que los propios de la selva del egoísmo primordial? El trabajo negro avanza imparable al margen de la crisis y pro encima de ella. Casi podría decirse, en cierto sentido, que a él incumbe mantener viva la pobreza mientras se resuelve ese pleito de ricos que es la crisis.