Ahora, el uranio

De una vez por odas hay que conseguir que la evaluación de riesgos sanitarios derivados del Polo Químico se vea libre de presiones políticas (incluyendo las empresariales) para atenerse en exclusiva a un dictamen científico común y definitivo. No es posible continuar ofreciendo cada cual el informe que le conviene, sino que corresponde a la Junta asumir la responsabilidad y ofrecer un  único referente. Por ejemplo, en el nuevo asunto del uranio que parece que se detecta en los trabajadores próximos a las balsas de fosfoyesos, urge saber qué hay en ello de cierto para poder actuar con todas sus consecuencias. Hay demasiados fantasmas sobre Huelva, en todos los sentidos del término, por supuesto, y eso debe acabar.

Arca de Noé

Son frecuentes las noticias sobre perros y gatos en relación con la política, incluso al margen de la mera relación entre sus protagonistas. Quitando a los linces, al menos en España, pocas criaturas tienen tanta presencia política como esa dos especies domésticas que han adornado pro tradición la intimidad de los próceres retratando de paso, mejor que cualquier espejo, la recóndita condición de sus poseedores. El perro de Obama, quiero decir, el que el Presidente le ha regalado a sus hijas, será al fin un perro de aguas portugués, pero no sin antes haber elevado la polémica a niveles considerables puesto que había en la opinión ideas para todo, desde un razonado catálogo de razas hasta la propuesta derecha que sugería la adopción de un callejero como símbolo de gran alcance político, para suceder al relamido y fotogénico ‘Barney’ del último Bush (toquemos madera) como dueño y señor de los jardines presidenciales. Lo último en la materia, sin embargo, no va de mascotas sino de política pura, pues se trata de la iniciativa de una diputada del PSOE madrileño que ha lanzado sobre aquella abrumada Asamblea nada menos que 77 preguntas sobre la situación en que se encuentran perros y gatos dentro de esa hoy convulsa autonomía. La crisis puede esperar, el fantasma del paro, incluso las comisiones que investigan los escándalos recientes no parecen correr tanta prisa como saber qué tal les va en la vida a esos amigos del hombre tan incondicionales como ese minino de nombre ‘Boïan’, perdido en una mudanza, que acaba de recorrer, en la Siberia Oriental, setenta kilómetros hasta encontrar a sus dueños o como diría Antonio Burgos, hasta dar con su familia.

Yo no sé qué dirían los socialistas clásicos si levantaran la cabeza para ver en qué han quedado sus generosos maximalismos, pero tengo por evidente que una exhibición como la de esa diputada cae más lejos de Pablo Iglesias que del “mínimo y dulce Francisco de Asís”, el que trataba con los lobos y predicaba a los peces. Lo que no sé es que pensarán sobre el particular, arracimados en la cola del comedor público, esos miles de ciudadanos desarbolados por la crisis que andan comprobando lo poco que les sirve en la práctica una presunta izquierda que concentra su atención en las mascotas perdidas, en la suerte del lince, o en el carril bici antes que en sus duquitas negras, en las penas y problemas reales y urgentes que afligen al animal que hasta ayer se tuvo por el rey de la Creación. La frivolidad es un exponente incontestable en toda decadencia. Dentro de la política es, además, una estafa al electorado.

Crisis para largo

Los sindicatos de clase mayoritarios, es decir, CCOO y UGT, se han manifestado en Córdoba con discreto éxito en defensa del empleo aprovechando para decir que no ha llegado aún la hora las huelga general porque la crisis va para largo aunque, eso sí, se plantarán firmes ante la patronal y el Gobierno, y contengan la risa floja, por favor. Es curioso que hasta ahora sea la derecha la única fuerza capaz de mover la gente y llenar la calle frente a la crisis. Pero ni eso inquieta a estos síndicos que ya nos dirán como se van “a plantar” frente al Gobierno que los mantiene con el dinero de la “concertación social”. Menos lobos, porque esta crisis puede que acabe devorándolos también a ellos.

Preguntas, no

Mucho político cree que el derecho de los contribuyentes a la información sobre el uso de los recursos públicos es una prerrogativa caprichosa del Poder. No informar de lo que ha costado el obrón del Hotel París, por ejemplo, ¡y en plenas gurrumías de crisis!, no tiene sentido por más que se anuncien ventajas y ahorros. ¿Por qué apagar la luz, acaso se teme algo, qué partida puede intranquilizar a los responsables tanto como para dar esta muestra de opacidad? A lo peor no es ni siquiera eso sino mera soberbia y gesto despótico. Pues peor que peor. El dinero de la Dipu es de todos y su gestión tiene que ser transparente. Cualquier otra cosa es despreciar a la gente y pasarse la democracia pr el forro.

África amiga

En África suelen ocurrir cosas extraordinarias y difíciles de entender desde nuestra mentalidad política. Jomo Kenyatta, el padre de la patria, amenizaba sus mítines danzando rítmicamente con su plumero chamán. Idi Amí, solía cercenar el miembro de un machetazo a sus enemigos y hablaba con llaneza a los cocodrilos que apenas se dignaban levantar un párpado antes de cerrarlo para continuar reposados su cenagoso sueño. Bokassa, el que le regalaba diamantes a Giscard, se hizo coronar napoleónicamente en medio de la selva y revestido de armiño, tras haberse comido a una estudiante rebelde cuyo solomillo guardaba en su nevera. En el Congo, con motivo de un campeonato mundial de boxeo, echaban a los cocodrilos los leprosos para adecentar el ambiente, mucho antes de que se produjeran las actuales matanzas. Hay muchos ejemplos, entre ellos el de Yahya Jammeh de Gambia, un bárbaro que alardea de curar el sida como los “reyes taumaturgos” curaban las escrófulas, decapita a los gays, autoriza la ablación, prohíbe los partidos y se ufana de ser un “dictador para el desarrollo”, entre danzas rituales y piruetas de bufón. Europa no tiene ni idea de cómo bregar con ese primitivismo más allá de convertirse en su cómplice, que es lo que viene haciendo tras el ahora cuestionado proceso de descolonización de los años 60 que expulsó a los colones de las metrópolis para consagrar a las oligarquías tribales. Como queremos sus diamantes, su coltán, su petróleo o su algodón no nos queda otra que agasajar a sus sátrapas y tolerarles no ya sus extravagancias sino sus crímenes atroces. El interés tiene razones que la Razón no entiende, eso está más claro que el agua.

 

¿Qué pinta nuestra democrática y feminista vicepresidenta del Gobierno halagando a éste último salvaje con quien dice que mantenemos (¡)  una “relación fenomenal”? ¿Cómo se compaginan los principios democráticos con la prohibición de los partidos,  la defensa a ultranza de la mujer con la práctica de su mutilación genital y cómo el vanguardismo en la igualdad sexual con una homofobia tan expeditiva que le corta la cabeza a los homosexuales de ambos sexos? Los amigos de esta África profunda y arcaica son sus sonrojantes cómplices, sus valedores en el ámbito internacional, sus vergonzantes padrinos. En nuestro caso parece que hemos pedido a cambio al salvaje que apoye la candidatura olímpica de Madrid y que vigile más o menos el mamoneo de las pateras. Nos conformamos con poco. Giscard por lo menos no aceptaba más que diamantes.

Situación de emergencia

No es alarmismo reconocer la realidad, pero ocultarla implica engañar al pueblo. No lo es, por ejemplo, decir que el paro en Andalucía va por el 17 pro ciento pero que los cálculos más solventes prevén que en el 2010 alcance el 22 por ciento, una cifra insostenible. ¿Y qué ofrecen el Gobierno y la Junta frente esa catástrofe anunciada? Pues limosneo, aguinaldos y chapuzas municipales, aparte de la consabida promesa de “ventanilla única” para liberar a los productores de la tiranía burocrática. 30 años de hegemonía sociata han servido para evidenciar que un “régimen” exhausto no da para más aunque, lamentablemente, puede dar todavía para menos. Hace falta un pacto sin reservas sobre el empleo. Sólo la cerrilidad partidista puede negar esta evidencia.