Otra de piratas

La marina alemana no sabe qué porras hacer con los nueves piratas aprehendidos en aguas del Mar Rojo. Los ha trincado, cierto, respondiendo a una llamada de socorro de un carguero germano sobre el que los modernos “hermanos de la Costa” habían abierto fuego con inequívocas intenciones, pero ahora los guardan vigilados en tiendas instaladas sobre la cubierta de la propia fragata que los capturó. No tienen ni idea de cómo proceder para llevarlos ante la Justicia, pues las leyes del mar son complejas y delicadas, y además, como en Alemania gobiernan al alimón conservatas y socialdemócratas, pues andan aprovechando para tirarse los trastos a la cabeza de paso que se pasan unos a otros la patata caliente, desde Interior a Exteriores y desde éste a Defensa. Un lío. El gobierno trata, en principio de encontrar el modo de que sean terceros países concernidos los que juzguen penalmente a la bucanería esperando acaso que la UE decida por su lado si encuentra alguna solución adecuada al asunto. ¿Ustedes compreden algo sobre este negocio de la piratería postmoderna, tan despojado ya del nimbo romántico que pudiera entreverse sobre las cabezas cimarronas del Olonés, de Lorencillo, del ‘caballero’ Agrammont, del vesánico Pata (o Pie) de Palo, del legendario Morgan y demás estrellas del ‘finibusterre’, aquellas que tomaban nuestras plazas desafiando al Rey y se instalaban señorialmente en los palacios de los Gobernadores en Veracruz, en Campeche o en Maracaibo? Doctores tienen el derecho y la diplomacia pero me van a permitir que diga que estos trajines constituyen un verdadero cachondeo.

 

Hemos pasado de la lucha contra la piratería, del expeditivo derecho del mar que colgaba a raqueros y corsarios del palo de mesana, a esta maraña papelista que no sabe qué hacer con los filibusteros cuando les echa mano y cree que lo democrático es armar auténticos tingladillos diplomáticos para conseguir que sea otro el que haga el gasto de la soga o los pase por la quilla, en una de las mayores demostraciones de ineficacia jurídica y política que estos tiempos del cólera nos hayan permitido contemplar. La civilización se pone guante de seda para estrechar el garfio de esos malhechores, como si la ceremonia demagógica de este estúpido hipergarantismo no funcionara, en la práctica, como un acicate para una delincuencia que creíamos extinguida. Es un  proceso parecido al que afectó al bandolerismo una vez extinguido el aura romanticón. Por lo demás, confiar la Justicia a países como Kenia, no deja de parecer una broma. Hoy el abordaje se castiga más o menos como un robo de joyería en tierra firme, si es que se encuentra tribunal dispuesto a ello. La impunidad se consagra en los mares no menos que en tierra.

Otro agujero negro

En el PP han echado las cuentas para concluir que el entramado de empresas públicas creadas por la Junta se ha pulido, sólo durante el año 2007, nada menos que 1.176 millones de euros, una cantidad equivalente a la mínima que Chaves ha fijado como montante de la llamada “deuda histórica” de nunca acabar. Un desastre, ciertamente, que el Parlamento ignorará como tantos otros, pero que está pervirtiendo hasta la raíz la gestión de la autonomía a base de burlar los controles de la intervención y funcionar con las manos libres en esos chiringuitos que constituyen una auténtica duplicación de nuestra Administración. Nadie defiende esas empresas públicas salvo los beneficiarios. Pero a este ritmo de gasto, además, la ruina está asegurada.

Otro timo

Barrero y Castillo, dos eminencias de la gestión pública, acaban de hacer un psicodélico balance del año de gobierno de la Junta. Señalan como méritos incuestionables el incremento de la inversión pública (¡), el de las inversiones sociales (¿), las ayudas a las familias (¡¡), la bajada de la inflación (¡¡¡) y hasta el descenso del ‘euribor’, que ya son ganas de tomarle la cabellera al personal. Todo ello dirigido a la creación de empleo (¡menos mal!) y a contener los efectos de la crisis. Una cosa es barrar para adentro y otra diferente apuntarse como mérito hasta el horario de mareas, que es lo que hacen estos dos “expertos” en su descabellado alegato. No tienen más que mirar cómo va Huelva, cómo va el paro, cómo la ayuda por dependencia, para comprender que el partidismo no se detiene ya ni ante el timo puro y duro.

Carne o pescado

Tenía que ocurrir tarde o temprano y hay ya algunos indicios de que, efectivamente, la opinión pública comienza a cansarse de tibiezas y medias tintas para empezar a apostar por un discurso político que traduzca el liderazgo rotundo que reclama esta hora difícil. Un sondeo que veo el sábado en Francia revela que los dos políticos franceses más confiables para el gran público son Sarkozy y Besançenot, es decir, quien encabeza la nueva versión de esa dinámica derecha puesta al día y quien, por el lado contrario, en realidad por las antípodas, encarna la propuesta más revolucionaria que se ha oído en Francia en muchos años, a saber, la del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), nueva faz de la vieja Liga troskista ahora refundada. Cuatro de cada diez franceses señalan con esperanzan al actual jefe del Estado como el hombre más capaz de cambiar realmente el lamentable estado de cosas que vive el país mientras que una cifra sólo ligeramente inferior señala a la nueva esperanza blanca de la izquierda, lo que dice mucho sobre el hartazgo ante la actitud insustancial y vaga (‘floue’, ‘mous’, son los adjetivos del día) y el deseo paralelo y creciente de una definición sin ambages del criterio político. Pasaron los tiempos en que el éxito sonreía a quienes se exhibían de perfil, indefinibles entre la carne y el pescado, cuando no asimilables simultáneamente a ambas categorías. La calle agobiada por la crisis parece demandar posiciones definidas, claras, incluso terminantes, que desde un principio permitan vislumbrar soluciones en lugar de entretenerse con entelequias. Izquierda o derecha, pero sin adobos. La distancia a que se han quedado esos dos líderes del convulso y mareante liderato del PSF resulta elocuente: Besancenot le saca 10 punto a la Aubry. El ocaso de la retórica empieza a ser una realidad.

Cambiar las cosas, ése es el nuevo objetivo. No se quieren ya los buhoneros de la ambigüedad sino que se prefiere la propuesta rotunda que permita elegir con certeza y sin equívocos, lo que, en cierto modo, nos devuelve a la dialéctica presuntamente superada de la dualidad básica que mueve la política desde hace siglos. Una crisis es un escenario demasiado duro para acoger sobre él la comedia política, de modo que la gente ha optado, al parecer, por un modelo en el que el cambio real venga garantizado de fábrica y con su fórmula bien a la vista. Nada de “ni carne ni pescado”: el abismo que separa a Sarkozy de Besançenot se toca por los extremos de la perceptiva pública, harta de coles insípidas. La calle pide un “discurso simple y voluntario”. Está hasta la coronilla de las palabras vacías. Ustedes me entienden.

El gran salidero

Un dato ha revelado de pronto buena parte del secreto de nuestra ruina: las empresas públicas creadas por la Junta para puentearse a sí misma eludiendo de paso los controles de la intervención, han perdido en un solo año el equivalente a la llamada ‘deuda histórica’ o, al menos, al montante que Chaves ha decidido atribuirle a esta entelequia. La Administración autónoma despilfarra lo suyo, pero a través de esos cada día más dudosos chiringuitos alcanza ya límites insostenibles. Habría que averiguar la razón de la existencia de esa auténtica urdimbre gastadora pero, sobre todo, lo que habría que hacer es eliminar esa autocompetencia organizada por los políticos para gestionar con mayor comodidad a la medida de sus deseos. Porque a este paso, o la ‘deuda’ es un cuento o en un decenio estaríamos en la bancarrota.

Bronca sindical

Lo que le faltaba al Polo, con las altas tensiones que está viviendo en medio de la crisis galopante, es una bronca sindical. Y ya ha estallado entre CCOO y UGT, entre las que se cruzan acusaciones de todo tipo y zarpazos de lo menos solidarios. ¿Creerán los  síndicos que ayudan a los trabajadores dirimiendo a dentelladas y en público sus diferencias que no son otra cosa que el producto de la competencia entre ellos? Una bronca sindical es lo que menos puede ayudar en este momento crucial, cuando hay problemas planteados, como el de los fosofoyesos de Fertiberia o el de los despidos de Tioxide que amenazan muy seriamente la misma continuidad de nuestra industria y hasta un zombi como Llamazares se entromete ya en esa riña tumultuaria.