Generaciones y semblanzas

Incisivas declaraciones de Carlos Navarrete –el político al que todos en el PSOE le deben su carrera—sobre el relevo de Chaves, el “déficit democrático” de su partido, la pamplinería del feminismo de nómina y cuota. Lástima de que este personal esté retirado por los “renovadores” que no cumplen ya menos trienos que él pero que ha crecido mal calor de la rutina, la comodidad y al decadencia. La mayoría de cargos decisivos en Huelva son tan “viejos” como Navarrete y ahí siguen. La pérdida de nivel del partido tiene evidente relación con este relevo fratricida y ambicioso que respaldó González.

El trabajo negro

En plena Semana Santa corre por Europa un informe de la OCDE sobre el trabajo negro y la economía sumergida que pone los pelos de punta porque evidencia la magnitud de un problema que contribuye a apuntalar este sistema podrido más de lo que se cree. No tienen más que echar una ojeada a los datos. Para empezar, se constata que, en cosa de 10 años, dos tercios de la población activa del planeta trabajará en ese mercado secreto y ajeno a cualquier regulación, un mercado en el que la fuerza de trabajo intercambia su esfuerzo sin contrato ni prestaciones que valgan, y en el que hoy mismo trabajan ya 1800 millones de criaturas, evidenciando que el funcionamiento del actual sistema de producción/explotación depende bastante más de la informalidad (creo que los ‘neo’ llaman a eso “desregulación”) que de la norma. Un cuarto de esas poblaciones en los países en transición, la mitad de ellas en América latina o África del Norte, dos tercios en el sur del continente asiático y, en fin, nada menos que tres cuartos en el infierno subsahariano, han de buscarse el pan de cada día en ese antro calamitoso dentro del que, no está de más recrodarlo, 1.200 millones malvive con un par de dólares al día. ¿No decía la ONU que la pobreza se vería reducida en 2015 –pasado mañana como quien dice— a la mitad de su volumen actual? Pues ya pueden ir corrigiendo previsiones y enterándose de que este traslúcido Sistema funciona sólo sobre esos temibles cimientos de injusticia y de ilegalidad consentida. Y una conclusión obvia: que tanto salarios como rentas son menores en los países más pobres, con lo que se cierra el círculo maldito de la perversión del tinglado.

 

Justo cuando leo el desolador informe escucho decir en España que para tener una idea cabal de nuestra renta sería imprescindible incluir en ella las obtenidas por este negro sector y, ya puestos, las pingües que producen los narcos y el contrabando, una consideración tan evidente como desmoralizadora y que parece sugerirnos la impropiedad q ue supone considerar los avatares de la crisis que nos abruma teniendo a mano sólo la estadística oficial. ¿No sería mejor pensar que la mera supervivencia de nuestro modelo económico implica la existencia de esa crisis estructural que obliga a la inmensa mayoría a buscarse el pan cada mañana sin más condiciones ni derechos que los propios de la selva del egoísmo primordial? El trabajo negro avanza imparable al margen de la crisis y pro encima de ella. Casi podría decirse, en cierto sentido, que a él incumbe mantener viva la pobreza mientras se resuelve ese pleito de ricos que es la crisis.

Negros nubarrones

Un estudio nada hostil al poder, las “Previsiones Económicas para Andalucía. Primavera 2009”, realizado por los expertos de Unicaja, prevé que para finales de año tendremos en la comunidad 1.100.000 parados, es decir, uno de cada cuatro desempleados españoles, la tasa más alta de la nación. Por si fuera poco, anuncia también una bajada de 3 por ciento del PIB lo que da por seguro que entraremos en recesión para finales de año. Nunca estuvimos peor y no sólo por causas ajenas. Mantener esa tesis garantizaría lo peor para ésta ya mala perspectiva.

A zapatazos

Un periodista hindú, interesado y partidario de la causa de los sijs y disconforme con la evasiva respuesta del ministro del Interior, Palaniappan Chidambaram, optó este Martes Santo –que para él no lo era, como es natural—por lanzarle al prócer un tremendo zapatazo que éste logró afortunadamente esquivar con una oportuna flexión. Cunde la moda del zapatazo, por lo visto, cuyo notorio precedente hay que buscarlo en el lanzado a Bush en Bagdad al final de su mandato o el que también eludió por los pelos el primer ministro chino, Wen Jiabao en su visita a Cambridge el pasado mes de febrero, una moda que inaugura una era sin precedentes de irrespetuosidad en las relaciones prensa-poder pero que quién sabe si hunde sus raíces en el abismo inconsciente del hombre, ese irremediable animal mítico. El camino de la improvisación está empedrado de viejos contenidos simbólicos, desde luego, y en este caso no hay más que recordar las numerosas asignaciones de sentido que el calzado ha tenido en nuestro pasado, incluso si descontamos los freudismos extremados, como el popularizado por Bettelheim a propósito del zapato de cristal de Cenicienta, al que él atribuía un simbolismo vaginal que luego ha dado mucho que hablar (y que reír). Recuerdo que Harold Bayle mostraba, en su memorable ensayo sobre el significado de los símbolos, el sentido peyorativo que dio al calzado el genio visionario de Swendenborg, aunque es bien sabido que el imaginario arcaico le asignó valores bien altos y respetables, como lo prueba, por poner un caso, su función en los rituales romanos de compraventa. En el Libro de Ruth se lee que la entrega de la sandalia del vendedor a la otra parte sacralizaba el intercambio, idea a la que quizá hay que remitir alguna interpretación que ha llegado a ver en el zapato la seña genuina del derecho de propiedad. No tienen ni idea, pues, esos alborotadores, de los bueyes con que pretenden arar la expuesta besana del Poder.

 

Puede que pronto veamos a los barandas protegidos tras el cristal blindado tal como ahora vemos a los malandrines más peligrosos, y en ello no debería apreciarse ningún progreso de la opinión exigente sino un signo del imparable deterioro que anda experimentando la autoridad, paralelamente al equívoco proceso que lleva a nuestros reporteros a repreguntar a los dirigentes o a los plumillas deportivos a tutear a  entrenadores que los doblan en años, saber y gobierno. El zapato, por lo demás, es una cosa muy seria que en lo antiguo significaba libertad (los esclavos iban descalzos) y que hasta hace poco culminaba en la zapatilla papal cuya punta bordada besaban los fieles más sumisos. Por lo demás, en los ruedos se pasó de lanzar el sombrero o el abanico a dedicar al diestro el sujetador y hasta las bragas. Cualquiera sabe en qué puede acabar, por su lado, esta moda del zapatazo.

Margen al futuro

No me parece ni justa ni cierta la especie –que me temo se convierta en ‘leiv motiv’ del PP para lo que queda de legislatura—de que Griñán carece de legitimidad al no haber sido elegido por el pueblo. ¿Se diría lo mismo si se tratara de una sucesión forzosa, pongamos por muerte del titular? Seguro que no pero, además, a Griñán lo eligió el pueblo diputado y eso es lo único que precisa para ser Presidente. Se entiende el enojo contra la operación que ha descabalgado a Chaves desde Madrid pero ello no justifica argumentos que no lo son.

Balance onubense

Lleva razón el alcalde de la capital en que Chaves no ha cumplido ninguno de los compromisos importantes contraídos con Huelva: ni el AVE, ni el aeropuerto, ni los tres puentes famosos, ni el pacto local andaluz ni la ley de creación del Área Metropolitana. Y la lleva porque la evidencia no puede negarse, lo que constituye un severo compromiso añadido para el sucesor, José Antonio Griñán, y para el partido en el poder que hasta ahora se ha limitado a encubrir el fiasco y a enredar la madeja. A Huelva no se la ha tratado bien, más que nada por oposición  al alcalde Rodríguez, y eso es algo que puede cambiar en manos de alguien con una idea más leal de la competencia política.