Pleitos tengas

Pleitos tengas y los ganes, creo que dicen los gitanos. El jugado alrededor del hotel irregular del Algarrobico, por ejemplo: ¿cuánto nos llevará costado a los contribuyentes ese inacabable pleito, cuánto nos costará ahora el derribo? ¿Y cuánto habrá que pagarle a la promotora en compensación ya que la construcción se hizo con el visto bueno de la autoridad? ¿Pagará algo de esas minutas la Junta, tan complaciente durante años, lo pagará el Ayuntamiento si es que resulta responsable de algún permiso indebido, o quizá el Estado que vigila tan malamente los Parques Nacionales? Pues no: lo pagará usted, lo pagaré yo, lo pagará él, como siempre. Los políticos no responden casi nunca por sus errores. Y menos por sus intereses.

Otros canibales

El hombre no tuvo nunca reparos a la hora de comerse al prójimo. En la china remota –creo que era en Chu-Ku-Tien– los paleontólogos descubrieron cráneos perforados que probaban que la antropofagia fue un hábito. Lo mismo sostuvieron los antropólogos que estudiaron la cultura azteca y han atestiguado no pocos etnólogos en tierras africanas. Hobbes se llevó el gato al agua haciendo suyo el famoso “Homo homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre que, evidentemente, había copiado a Plauto de la Asinaria en la que el mercader le niega a un pedigüeño el dinero, con el argumento de que “Lupus est homo homini non homo”, es decir, que quien te es desconocido “es para ti como un lobo, no un hombre”. Muy cierto. Recuerdo unas fotos de Camboya en la que unos soldados exhibían el hígado de un enemigo que se disponían a comerse encebollado, lo mismo que Bokassa se comía a las estudiantes rebeldes. La última modalidad del canibalismo es el tráfico de órganos, denunciado muchas veces en Hispanoamérica, donde una veces se negocia con el donante y otras, simplemente, se rapta a los niños de la calle.

Lo que no conocíamos era la práctica hospitalaria de extraer a los condenados a muerte sus órganos vitales, autorizada por una fatwa que ve justificado el sacrificio de un apóstata cuando es en beneficio de un musulmán. La “religión de paz” ha tocado fondo, no cabe duda. Sé de una madre que, ante el cuerpo de su hijo en coma a causa de un balazo fortuito, autorizó heroicamente a los médicos a disponer de sus órganos como hacen, por desgracia, día tras día, los deudos de las víctimas del tráfico, una legión ajena a los lobunos, que más merece el lema “antropos antropou daimonion” (el hombre es un dios para el hombre) con que los paremiógrafos griegos solemnizaron el optimismo. Los lobos del terrorismo islámico han llegado a los quirófanos dispuestos a celebrar en ellos su bacanal cainita.

Triste foto

Pasó el 28-F, pasaron sus fastos y entusiasmos exclusivamente oficiales. No creo que ni dos docenas de andaluces se tomen en serio eso del “día de la Patria” ni comulguen con ciertos mitos que han sobrevivido al olvido. En la foto oficial de este año posaban dos ex-presidentes pero, ay, faltaban, otros dos, Chaves y Griñán, empapelados, de momento, por los ropones que entienden en los saqueos del último decenio: dos de cuatro (el quinto, quizá el más eminente, sólo lo fue pre–autonómico): no está nada mal. Pero, claro, esa foto elocuente le habrá sugerido a mucho peatón el retrato que podría haberse hecho con los cientos de imputados que en este momento embarran la autonomía. El festival político no puede ocultar la realidad: un 28-F más a la cola de Europa y la Justicia mordiéndonos los talones.

La balanza y la espada

No me sorprende, desde luego, la benigna condena de dos añitos cabales de esos que no se cumplen que le ha caído encima a ese antiguo inquisidor del PSOE –el que le dijo en el Congreso a Mariano Rubio aquello tan gracioso de “míreme usted a los ojos…”—y ex-presidente de la saqueada Caja de Castilla-La Mancha, el compañero Hernández Moltó. ¿Dos años por echar abajo a una entidad de crédito en medio de un aluvión de millones volanderos? Bueno, los jueces sabrán –y el legislador, por supuesto–, pero palabra que uno no entiende ya nada en este negocio de las corrupciones que la Justicia sobrelleva con guante de seda una veces, con mano de hierro otras. El alcalde jerezano Pacheco anda en el trullo y tiene un condenón de no te menees encima por haber contratado ilegalmente asesores, creo recordar, como lo está su sucesora, Pilar Sánchez por haberle dado trato de favor a una empresa, conceptos ambos que me parecen punibles, cómo no, pero que rechinan con la realidad judicial española. ¿Cómo explicar que ningún miembro de la familia Pujol haya estado aún en prisión o que Rodrigo Rato ande suelto después de saberse lo que ya se sabe de él mientras los Pacheco y las Sánchez pagan tan caro culpas indudablemente menores? Ya sé que el Derecho hay que entenderlo, que los legos no debemos juzgar sin conocer sus meandros pues los jueces hacen lo que creen justo de acuerdo con la ley. Y sin embargo, me pregunto –insisto—cómo explicar que por colocar a un tío en el Ayuntamiento o cosas por el estilo, le caiga a un alcalde monterilla un marrón mucho más grave que el que hubieron de padecer en su día un ministro y un secretario de Estado por un secuestro de Estado.
Quizá la causa de mayor desconcierto que experimenta el pueblo soberano sean estas sentencias tan legales, sin duda, pero tan escandalosamente contrarias al sentido común, en un país en el que se ha sancionado a un campurriano por arrancar una mata de poleo o por matar dos jilgueros mientras hay cientos de garduños, más del millar creo, que han arramblado con el erario público y –sin devolver un duro, por supuesto– siguen con su vida normal. ¡A que va a llevar razón el mismo Pacheco con su apotegma de que “la Justicia es un cachondeo”! ¿Correrá su misma suerte ese alcalde que ha dicho que, entre otras irregularidades, dio a dedo un contrato “porque le salió de la polla”? Hombre, si fuera del PP, no duden de que ya se le había caído el pelo.

Cabeza de Rey

Hay ocasiones en que celebro la ausencia de mi padre y otras en que lo lamento aún más intensamente de lo habitual. Ver las cosas que están ocurriendo en España lo hubieran matado o reverdecido el ánimo, según, a aquel consumado monárquico que, como ya he contado alguna vez, llamaba a don Juan Carlos, el Príncipe; a don Juan, el Rey; y a Alfonso XIII, el Señor. Lo lamento en particular cuando me rindo a la evidencia de la respetabilidad de Felipe VI –tan detractado en su día por los antimorganáticos– lo mismo presidiendo el caos partidista que liquidando con su digno silencio las rechiflas de los vándalos. ¡Se lo hubiera llevado por delante su aneurisma si llega a ver a un mequetrefe solemne descolgar el retrato oficial y colocar en su lugar una foto de carné del Jefe del Estado o si hubiera oído decir a los ropones que injuriar a esa primera autoridad o al himno de la nación no es sino usar de la libertad de expresión! ¿Pues y oírle a un trincón de siete suelas que los manguis organizados por Undargarín estaban tan controlados por la Casa Real que hasta una tal Corina –que por lo visto viaja con el Rey “instaurado”– aconsejaba a aquella trama, ¡de parte del monarca!, abrir una empresa-tapadera en un paraíso para ocultar el botín? Ya digo que, a veces, republicano y todo, no tengo más remedio que celebrar que mi padre esté ahora en el otro Paraíso.

Ignoro por completo qué debe hacer o dejar de hacer un fiscal y su juez ante una declaración semejante, dicha y repetida en el telediario, multiplicada luego en los papeles. No sé, francamente, si tomar nota de tan grave imputación y deducir responsabilidades, incluida la presunta de la consejera y del propio Rey emérito, o pasar como sobre ascuas sobre la infamia dejando grabada en el cortex de la opinión pública la imagen de un Rey entonces inmune pero delincuente. Y si en esa perplejidad me veo yo, que soy un peatón, imagino el agobio asfixiante en que se verá un joven monarca que tiene que bregar con la carga del pasado además de recibir impertérrito a un provocador en mangas de camisa. ¿Será verdad lo del correo de esa Corina, será cierto lo del consentimiento de aquel Rey? Don Pedro el Cruel (o el Justiciero, según se mire) mandó colocar en una esquina una cabeza suya cuando la Justicia descubrió su crimen. Mi padre, cuando pasaba por delante, echaba la vista al suelo y me decía conciliador que todo aquello no era más que una leyenda.

Chirigota y gulag

Cádiz tiene hoy, aunque no ganara las elecciones, a un alcalde leninista revestido de bolivariano. Un alcalde con camiseta y mochila. que promete pero que no cumple ni siquiera con los “sin techo”, y que se niega a consentir que se rinda homenaje a los presos políticos encarcelados por sus compadres de la dictadura bolivariana, a los que debía entregar el Premio Libertad. Primero ocultó la convocatoria de ese premio y luego, ya en el brete de la debida solemnidad, ha dispuesto que el galardón se entregue –ya que no tiene otro remedio—pero no en Cádiz, “la cuna de la Libertad”, sino en un cuchitril madrileño alquilado para el caso y sin representación municipal. Les tira el Gulag, está visto, y no lo instalan en la Bahía porque no pueden que si no…